- Windows 12 se desarrolla bajo el nombre en clave Hudson Valley Next y usaría la arquitectura modular CorePC.
- La inteligencia artificial con Copilot sería el eje central del sistema, con muchas funciones ejecutándose de forma local.
- Se barajan requisitos elevados: NPU de al menos 40 TOPS, 16 GB de RAM y SSD, dejando fuera a muchos PCs actuales.
- Microsoft estudia un modelo de suscripción para desbloquear funciones avanzadas de IA y servicios premium.

La próxima versión de Windows apunta a ser uno de los cambios más profundos en la historia del sistema operativo de Microsoft. Diversos informes de la industria tecnológica señalan que Windows 12 estaría previsto para la segunda mitad de 2026, con una , un diseño modular y la posibilidad de que algunas funciones se ofrezcan mediante suscripción.
Aunque la compañía no ha hecho un anuncio oficial, las referencias internas a Hudson Valley Next y la arquitectura CorePC han ido apareciendo en documentación filtrada y en análisis de medios como PCWorld, ZDNet o portales europeos especializados. El movimiento coincidiría con el fin del soporte extendido de Windows 10 en octubre de 2026, un momento clave para empujar a usuarios y empresas hacia una nueva plataforma.
Hudson Valley y CorePC: la base modular de Windows 12
En los documentos internos y filtraciones se menciona que Windows 12 se desarrolla bajo el nombre en clave “Hudson Valley” o “Hudson Valley Next”. Detrás de ese nombre se esconde una transformación profunda del corazón técnico del sistema, que pasaría a construirse sobre una arquitectura modular conocida como CorePC.
CorePC no es simplemente una actualización de lo que ya existe, sino un rediseño en capas que permite separar mejor los componentes del sistema operativo. La idea es que los fabricantes y, en menor medida, los administradores de TI puedan elegir qué módulos instalar según el tipo de dispositivo: equipos ligeros para ofimática, ordenadores de sobremesa para gaming, portátiles educativos o estaciones de trabajo profesionales.
Este enfoque supone romper con el modelo tradicional de Windows, más monolítico y cargado de elementos heredados. Con CorePC, Microsoft podría desplegar actualizaciones más pequeñas y específicas para cada bloque del sistema, reduciendo el impacto de los parches y facilitando el mantenimiento, algo especialmente relevante para empresas europeas que gestionan grandes parques de PCs.
Las filtraciones también apuntan a que la naturaleza modular de CorePC permitiría versiones recortadas o especializadas de Windows 12, similares a lo que en su día se intentó con Windows 10X, pero con un enfoque más flexible y sin bloquear necesariamente la instalación de programas fuera de la Microsoft Store.
En paralelo, se baraja que algunos fabricantes puedan recibir builds a medida optimizadas para ARM, gaming o educación, aprovechando este sistema por bloques para adaptar mejor el software al hardware vendido en Europa y otros mercados, incluyendo mejoras en la compatibilidad con CPUs y ARM.

La inteligencia artificial como eje del sistema
Si algo se repite en prácticamente todas las filtraciones es que Windows 12 giraría alrededor de la inteligencia artificial. No se trataría de añadir solo un par de funciones “inteligentes”, sino de convertir la IA en el pilar sobre el que se organiza gran parte de la experiencia de uso.
El protagonista de esta estrategia sería Microsoft Copilot, que pasaría de ser un añadido a convertirse en una capa estructural del sistema. En los portátiles más recientes ya existe una tecla física dedicada al asistente, y la intención de Microsoft sería ir un paso más allá: Copilot funcionando como agente que entiende el contexto, automatiza tareas, ajusta la configuración y propone acciones sin que el usuario tenga que buscar manualmente opciones en menús.
Entre los usos que se barajan se incluyen resúmenes automáticos de contenidos, organización inteligente de archivos, recomendaciones de productividad o ajustes dinámicos del rendimiento según el tipo de tarea. La IA podría analizar qué está haciendo el usuario y adaptar la asignación de recursos, priorizando por ejemplo una videollamada, un juego o una aplicación de edición de vídeo.
Para reforzar este enfoque, Windows 12 combinaría procesamiento local y computación en la nube. Las tareas más ligeras se ejecutarían directamente en el equipo, mientras que los procesos más complejos podrían delegarse en los servidores de Microsoft, siempre que el usuario disponga de conexión y acepte este modelo híbrido.
Distintos informes coinciden en que la compañía quiere que el PC tradicional evolucione hacia el concepto de “AI PC”, una etiqueta que ya se está utilizando en el mercado y que encaja con las exigencias técnicas que traería la nueva versión del sistema operativo.

Requisitos de hardware: NPU de 40 TOPS y salto generacional
La cara menos amable de este giro hacia la inteligencia artificial son los requisitos de hardware que se están barajando. Según distintas fuentes técnicas, Windows 12 podría exigir una NPU (Unidad de Procesamiento Neuronal) con al menos 40 TOPS de capacidad para aprovechar plenamente sus funciones de IA.
Este umbral, similar al que se está usando para los llamados PCs con Copilot+, dejaría fuera a millones de ordenadores actuales en España y el resto de Europa, incluidos muchos que hoy siguen siendo perfectamente válidos para tareas ofimáticas o incluso profesionales. No es la primera vez que ocurre algo así: el salto de Windows 10 a Windows 11 ya estuvo marcado por la exigencia de TPM 2.0, que impidió actualizar una cantidad considerable de equipos.
Además de esa NPU de 40 TOPS, algunas filtraciones hablan de 16 GB de memoria RAM como mínimo y una unidad SSD de al menos 256 GB. Se trataría de requisitos alineados con los equipos de gama media-alta actuales, pero alejados de la realidad de muchos PCs domésticos y corporativos que siguen montando 8 GB de RAM y unidades más modestas.
La consecuencia evidente es que una parte importante del parque informático europeo tendría que renovarse si quiere acceder a todas las capacidades de Windows 12. Para la industria del PC esto supondría un estímulo en ventas tras varios años de caídas, pero para usuarios y empresas supondría un gasto significativo, especialmente en contextos de inflación y contención de costes.
Ante este escenario, se ha especulado con la opción de que Microsoft ofrezca dos variantes del sistema: una versión “agentiva” con IA avanzada y otra con funciones básicas o sin IA, con requisitos menos exigentes. Esta dualidad ayudaría a ampliar la base de instalación, pero también podría incrementar la fragmentación del ecosistema, algo con lo que Windows ya convive desde hace años.

Suscripciones y funciones premium: Windows como servicio ampliado
Más allá de la parte técnica, uno de los aspectos que más debate está generando es el posible modelo de suscripción asociado a Windows 12. Fragmentos de código analizados por medios especializados mencionan un “estado de suscripción”, lo que sugiere que determinadas capacidades del sistema podrían estar ligadas a un plan de pago recurrente.
La idea no sería convertir la instalación básica de Windows en un producto de alquiler mensual, sino bloquear tras una cuota ciertas funciones avanzadas, en especial las más potentes relacionadas con la inteligencia artificial. La licencia tradicional seguiría existiendo, pero quien quisiera ir un paso más allá tendría que añadir una suscripción, de forma parecida a lo que ya ocurre con Microsoft 365.
En los análisis de ZDNet y otros medios se manejan precios hipotéticos que irían en torno a los 10-20 euros al mes para estos planes premium, aunque de momento no hay cifras oficiales. El atractivo para Microsoft es evidente: ingresos recurrentes adicionales en un contexto en el que Windows supone un porcentaje menor del negocio total frente a la nube y los servicios profesionales.
Desde el punto de vista del usuario europeo, este enfoque plantea varias dudas: hasta qué punto el sistema operativo seguirá siendo “completo” sin pagar suscripción, qué pasará con quienes no puedan o no quieran asumir otra cuota mensual y cómo se gestionará la coexistencia entre licencias clásicas, Windows 365 (escritorio en la nube) y posibles planes de IA avanzada.
Lo que sí parece claro es que Windows 12 mantendría la filosofía de Windows como servicio, con grandes actualizaciones periódicas distribuidas primero a través del Programa Insider y, posteriormente, al canal general. Cada una de esas versiones podría traer nuevos paquetes de funciones, algunas gratuitas y otras asociadas a distintas modalidades de pago. Esta trayectoria ha generado debates sobre la calidad de las actualizaciones y su impacto en los usuarios.

Diseño, ARM y videojuegos: otros frentes clave
Aunque la parte más comentada es la IA, Windows 12 también traería cambios visibles en la interfaz y mejoras específicas en otros ámbitos. Las filtraciones hablan de un escritorio con más elementos translúcidos, efectos de “cristal” y una barra de tareas flotante, alejándose ligeramente del diseño actual de Windows 11.
En el terreno de la arquitectura de procesadores, Microsoft seguiría reforzando su apuesta por chips ARM con soporte pleno y optimizaciones concretas. Se esperan avances en la emulación de aplicaciones x86 mediante Prism y en el soporte nativo de software clave, con la idea de que los equipos basados en ARM puedan competir en rendimiento y autonomía con los portátiles tradicionales.
El sector del videojuego tampoco quedaría al margen. Distintas fuentes apuntan a que Windows 12 integraría mejor el ecosistema Xbox en el PC, con mejoras en DirectStorage para reducir tiempos de carga y ajustes en la latencia para el juego en la nube. La propia IA podría intervenir en la configuración de gráficos y recursos, adaptando automáticamente la calidad visual al hardware disponible. Estas decisiones llegan en un contexto donde actualizaciones han afectado al rendimiento en juegos.
Todo esto se enmarca en la intención de posicionar a Windows 12 como una plataforma más flexible y segmentada, donde haya versiones orientadas a educación, entorno empresarial, uso ligero o gaming, y en la que la experiencia se vaya ajustando a cada caso a través de la modularidad de CorePC.
Sin embargo, también hay voces dentro del sector que señalan que Microsoft deberá cuidar especialmente la calidad de las actualizaciones, después de una etapa con Windows 11 en la que no han faltado problemas tras algunos parches importantes y críticas por la integración algo agresiva de la IA en el escritorio.

Si se confirman las previsiones actuales, Windows 12 supondría un salto que va más allá de una simple actualización de versión: un sistema operativo modular construido sobre CorePC, con la inteligencia artificial en el centro, requisitos de hardware más exigentes y un esquema de monetización donde las suscripciones ganarían peso. Para usuarios y empresas en España y el resto de Europa, la cuestión ya no será solo cuándo llegue la nueva versión, sino qué coste —en hardware y en servicios— estarán dispuestos a asumir para aprovecharla al máximo.