- Windows 11 concentra cerca del 68 % de los equipos que se conectan a Steam, consolidando su liderazgo.
- Windows 10 mantiene una presencia notable y, junto a otras versiones, hace que Windows supere el 93 % de cuota.
- Linux pierde peso en la encuesta de Valve y baja hasta el 4,52 % pese a las mejoras en gaming.
- El PC tipo en Steam combina CPU Intel, GPU NVIDIA RTX 3060, 16 GB de RAM y resolución Full HD.
En la última encuesta de hardware y software de Valve, los datos confirman algo que muchos jugadores ya intuían: Windows 11 se ha convertido en la plataforma de referencia para jugar en PC a través de Steam. El sistema operativo más reciente de Microsoft no solo lidera, sino que sigue recortando distancia sobre el resto de alternativas, incluidas otras versiones de Windows.
Este informe mensual de Steam se ha transformado en uno de los pocos termómetros fiables para medir la adopción real de los sistemas operativos en el terreno del gaming. Microsoft rara vez ofrece cifras detalladas sobre el uso de Windows 11, de modo que la radiografía que ofrece Valve resulta especialmente valiosa para entender qué está pasando en los equipos de los jugadores de España, Europa y el resto del mundo.
Windows 11 se afianza como el sistema preferido para jugar
Los datos de abril señalan que Windows 11 concentra ya un 67,74 % de todos los equipos que se conectan a Steam. Es decir, más de dos tercios de los jugadores de PC utilizan la versión más reciente del sistema operativo de Microsoft para disfrutar de su biblioteca de juegos, desde los títulos indie más modestos hasta los grandes lanzamientos AAA.
La cifra no solo es alta, sino que sigue en ascenso: el sistema ha sumado casi un punto porcentual en apenas un mes, lo que indica que la migración desde versiones anteriores continúa a buen ritmo. Incluso Windows 10, lejos de desplomarse, registra un ligero repunte técnico de alrededor del 0,27 %, hasta situarse en torno al 25,63 % de cuota dentro de Steam.
Si se suman todas las versiones, Windows copa ya más del 93 % de los equipos que acceden a la plataforma de Valve. Ediciones veteranas como Windows 7 apenas resisten con cifras simbólicas, rozando el 0,07 % de uso y quedando relegadas a casos muy puntuales. El escenario es claro: para el jugador de PC medio, el ecosistema de Microsoft sigue siendo el estándar casi incuestionable.
Este dominio se apoya, en gran parte, en la compatibilidad prácticamente total del catálogo de Steam con Windows, algo que se acerca al 99 % de los juegos disponibles. Además, la presión del calendario de soporte también pesa: el fin del soporte oficial para versiones más antiguas empuja a muchos usuarios europeos y españoles a actualizar su sistema cuando renuevan equipo o instalan nuevo hardware.

Por qué Windows 11 domina Steam con tanta claridad
Que Windows 11 haya pasado de generar dudas en su lanzamiento a ser el sistema más usado en Steam no es casualidad. La madurez de la plataforma y la llegada de varias mejoras técnicas centradas en el rendimiento y funciones como el modo Xbox han terminado por convencer a una buena parte de los jugadores, incluidos los más reacios a cambiar de sistema operativo.
Entre las características que han impulsado su adopción destacan tecnologías como DirectStorage en sus versiones más recientes, pensadas para acelerar los tiempos de carga en unidades SSD modernas, así como un mayor cuidado en la gestión de procesos en segundo plano para liberar recursos cuando se ejecutan juegos. Son ajustes que, sin hacer milagros, ayudan a exprimir algo más el hardware existente.
A esto se suma que el ecosistema de Windows sigue siendo un refugio cómodo para quienes priorizan la compatibilidad por encima de todo. Lanzadores de terceros, mods, herramientas de streaming, software de captura de vídeo o aplicaciones de monitorización de rendimiento, suelen estar pensados primero para Windows, y eso facilita que muchos usuarios ni se planteen cambiar de sistema si su principal uso del ordenador es jugar y crear contenido relacionado.
Curiosamente, incluso el éxito de dispositivos como Steam Deck, que utiliza una distribución basada en Linux, ha tenido efectos indirectos a favor de Microsoft. La competencia en el terreno de los equipos portátiles, como muestra nuestra comparativa Windows 11 vs SteamOS, ha empujado a mejorar la experiencia de Windows 11 en pantallas pequeñas y dispositivos híbridos, algo que termina beneficiando a quienes usan mini PCs, portátiles gaming o consolas portátiles con Windows en España y el resto de Europa.
Linux pierde protagonismo a pesar de las mejoras en gaming
Mientras Windows 11 consolida su liderazgo, Linux vuelve a ceder terreno en la encuesta de Steam. Pese a los esfuerzos constantes de la comunidad y de distintos fabricantes por pulir drivers y lanzar distribuciones centradas en el juego, el sistema abierto no ha logrado mantener el empuje de meses anteriores.
En abril, la participación de Linux en Steam se situó en torno al 4,52 % de los usuarios, lo que supone una caída de 0,81 puntos respecto al mes de marzo, cuando consiguió rozar y superar ligeramente la barrera simbólica del 5 %. No se trata de un desplome dramático, pero sí de un toque de atención para un ecosistema que llevaba tiempo encadenando pequeñas subidas.
Lo más llamativo es que solo unas pocas distribuciones han conseguido ganar usuarios en este periodo: Debian, Ubuntu y Fedora aparecen como los nombres que resisten mejor el tirón. En cambio, muchas otras distros más específicas o experimentales han perdido presencia, lo que sugiere que buena parte del público prefiere opciones más conocidas o, directamente, regresar a la comodidad de Windows cuando se encuentra con problemas de compatibilidad.
Aunque el soporte para juegos en Linux ha mejorado notablemente en los últimos años, con capas de compatibilidad cada vez más eficaces y lanzamientos pensados desde el principio para funcionar en sistemas libres, el usuario medio sigue valorando la facilidad de uso por encima de la filosofía del software. Cuando alguien solo dispone de un rato al día para jugar, normalmente busca encender el PC y arrancar su juego sin tener que ajustar nada más.
Las oscilaciones en la cuota de mercado también pueden deberse a factores externos, como los cambios en los hábitos de conexión o la limpieza de cuentas inactivas que realiza Valve periódicamente. Aun así, la tendencia del mes refuerza la idea de que, por ahora, Linux continúa siendo una opción minoritaria, aunque mucho más relevante que hace unos años en el panorama global del gaming en PC.
El perfil del PC gaming medio en Steam
La misma encuesta de Valve ofrece una fotografía bastante precisa del hardware más habitual entre los jugadores de Steam, algo que ayuda a entender qué equipos son capaces de mover con soltura los títulos actuales y qué tipo de configuraciones predominan en países como España y el resto de Europa.
Según los datos recopilados, el procesador típico sigue siendo un modelo de seis núcleos de Intel, compañía que mantiene la delantera con algo más del 54 % de cuota frente al 45 % aproximado de AMD. Ambas marcas continúan repartiéndose prácticamente todo el pastel, pero la inercia favorece, de momento, a la empresa de Santa Clara.
En el apartado gráfico, NVIDIA conserva una mayoría amplia con más del 73 % de los usuarios, mientras que AMD ronda algo menos de una quinta parte y las soluciones integradas de Intel se quedan en torno al 8 %. En ocasiones Windows 11 ha provocado caídas de FPS en GPUs NVIDIA. Esta ventaja se nota especialmente en el ranking de tarjetas concretas: la NVIDIA GeForce RTX 3060 de sobremesa sigue siendo la GPU más popular, con una cuota cercana al 3,99 %.
Muy cerca aparecen otros modelos como la RTX 3050 y la RTX 5070, que rondan el 3,04 % y el 2,86 % respectivamente. El hecho de que una tarjeta de la serie 50 ya se haya colado en los primeros puestos ilustra el ritmo relativamente rápido de adopción de la nueva generación de gráficas entre los jugadores que buscan un salto de rendimiento notable sin llegar a las gamas más altas.
En cuanto a memoria, los 16 GB de RAM se mantienen como el estándar del jugador medio, aunque los equipos con 32 GB crecen de forma constante a medida que los títulos actuales piden más recursos y que muchos usuarios combinan juego, streaming, navegación y otras tareas en paralelo. A nivel de vídeo, disponer de 8 GB de VRAM en la gráfica continúa siendo la configuración más frecuente en Steam, con alrededor del 26,7 % de presencia.
Resolución, configuraciones típicas y lectura de los datos
La encuesta también confirma que, pese al empuje de monitores más avanzados, la resolución Full HD (1920×1080) sigue siendo la reina con algo más del 52 % de cuota. El salto a 1440p y 4K avanza, pero a un ritmo más pausado, probablemente frenado por el coste de las pantallas de alta tasa de refresco y por la potencia extra que exige mover juegos modernos a esas resoluciones con calidades altas.
Al cruzar todos estos datos, se dibuja un perfil bastante reconocible: un PC con Windows 11, procesador Intel de seis núcleos, 16 GB de RAM, gráfica NVIDIA GeForce RTX 3060 con 8 GB de VRAM y monitor Full HD. Esa podría ser perfectamente la descripción de muchos equipos de juego que vemos en hogares españoles y europeos, así como en cibercafés y locales especializados.
Valve publica esta encuesta de hardware y software cada mes para quien quiera analizarla al detalle, y se ha convertido en una referencia habitual para medios, fabricantes y jugadores que desean saber qué mueve realmente el mercado. Más allá de las variaciones puntuales, el informe de abril vuelve a subrayar una realidad difícil de discutir: en el terreno del gaming de PC, Windows 11 no solo domina Steam, sino que continúa ampliando su ventaja respecto a sus competidores.
Todo apunta a que, mientras el catálogo de juegos siga desarrollándose con Windows en mente y la experiencia general siga siendo tan directa para el usuario, la combinación de Windows 11 con hardware de gama media-alta continuará siendo la elección principal de la mayoría de jugadores, al tiempo que Linux y otros sistemas deberán seguir trabajando para ofrecer una alternativa igual de cómoda si quieren recortar distancias en los próximos años.