- Científicos del IBE identifican la Apostamoeba explorator en aguas marinas de Blanes.
- El microorganismo presenta un comportamiento de bipolarización sin llegar a dividirse.
- La especie es capaz de coordinarse en grupo para alimentarse de forma similar a una segadora.
- Este hallazgo revela un linaje genético tan distante que equivale a descubrir un nuevo orden de mamíferos.
Vaya sorpresa se han llevado los investigadores del Institut de Biologia Evolutiva (IBE), un centro mixto del CSIC y la UPF, al analizar unas muestras de agua recogidas en la costa catalana. Resulta que en el mar de Blanes, en la provincia de Girona, habitaba un microorganismo que hasta ahora había pasado totalmente desapercibido para la ciencia. Se trata de la Apostamoeba explorator, una ameba que no solo es una especie nueva, sino que representa un linaje evolutivo que nos era completamente ajeno y que plantea preguntas fascinantes sobre cómo funciona la vida a escala microscópica.
Este pequeño ser vivo no ha sido bautizado así por casualidad; su nombre hace referencia a su curiosa tendencia a explorar el entorno de una manera muy particular. Tras ser hallada en una muestra de agua marina de la playa de este municipio de la Selva, el equipo científico consiguió aislarla y cultivarla con éxito en el laboratorio para observar sus movimientos y su genética. Lo que han descubierto es que este bicho raro ocupa un lugar privilegiado en el árbol de la vida, situándose como un grupo hermano de los animales y los hongos, lo que nos da pistas valiosísimas para entender nuestra propia evolución.
Un comportamiento que desafía lo que sabíamos de la división celular
Lo más llamativo de la Apostamoeba explorator es lo que los expertos llaman un comportamiento de «doble ameba». Normalmente, cuando una célula se bipolariza, es porque está a punto de dividirse en dos, pero esta ameba es capaz de movilizar dos polos independientes de forma simultánea sin llegar a fragmentarse nunca. Según Àlex Gàlvez-Morante, el primer autor del estudio, esta característica es extremadamente inusual y tiene similitudes con los puentes citoplasmáticos que se forman entre las células de los animales.
Este fenómeno no es solo una curiosidad biológica, ya que entender cómo se producen estos procesos de bipolarización en células eucariotas es fundamental para avanzar en el estudio de enfermedades como el cáncer. Los investigadores se dieron cuenta de que podían inducir este comportamiento en el laboratorio simplemente reduciendo la cantidad de nutrientes disponibles, lo que confirma que esta estrategia tiene una clara función exploradora para buscar comida en momentos de escasez.
Trabajo en equipo y estructuras gigantescas
Pero la cosa no se queda ahí, porque este microorganismo también es un experto en comunicación social. La Apostamoeba explorator es capaz de enviarse señales de célula a célula mediante la extensión de unos apéndices llamados subpseudópodos. Gracias a esto, varias amebas se organizan para formar frentes de alimentación en forma de anillo que avanzan de forma conjunta sobre las biopelículas de bacterias, actuando como si fueran una auténtica segadora coordinada que no deja ni rastro a su paso.
Es alucinante pensar que estas células individuales, que apenas miden 5 micras, pueden llegar a fusionar sus estructuras anulares para crear formaciones de más de 1,5 milímetros de tamaño. Estamos hablando de algo mil veces más grande que la propia célula, un nivel de cooperación que rara vez se observa en organismos tan sencillos y que demuestra que la unión hace la fuerza incluso en el mundo microscópico de nuestras costas.
Un linaje oculto que abre nuevas puertas
Los análisis de ADN han dejado claro que no estamos ante una ameba corriente. Genéticamente, está tan alejada de sus parientes conocidos que los científicos comparan este hallazgo con descubrir un orden completamente nuevo de mamíferos, como si de repente aparecieran los primates o los cetáceos por primera vez en los libros de biología. Daniel Richter, el líder de la investigación, sugiere que este descubrimiento es solo la punta del iceberg y que probablemente existan muchísimas más especies desconocidas esperando a ser identificadas en muestras ambientales similares.
Este nuevo linaje arroja luz sobre la evolución de las proteínas en amebozoos, animales y hongos, con posibles implicaciones para la salud y la ecología que todavía estamos empezando a vislumbrar. Al ser los amebozoos un grupo tan cercano a los humanos en términos evolutivos, cualquier avance en su conocimiento nos ayuda a completar el puzle de cómo surgieron las funciones biológicas complejas que compartimos con ellos.
La identificación de la Apostamoeba explorator en las costas españolas supone un hito para la biología marina y evolutiva, demostrando que todavía quedan grandes misterios por resolver a pie de playa. El estudio de su genómica y sus comportamientos sociales no solo amplía nuestro catálogo de biodiversidad, sino que ofrece nuevas herramientas para la investigación médica y ecológica, confirmando que la naturaleza siempre tiene un as bajo la manga en forma de microorganismos capaces de colaborar y sobrevivir de las formas más ingeniosas posibles.