- Fragmentos de tejido del pepino de mar Psolus fabricii permanecen vivos más de 1.000 días en agua de mar natural.
- El hallazgo, publicado en Science Advances, revela mecanismos de autocuración y renovación celular sin precedentes.
- Investigadores españoles del SMC destacan su potencial para la medicina regenerativa y la ingeniería de tejidos.
- Los fragmentos, apodados 'pequeños zombies de laboratorio', mantienen actividad neuronal y absorben nutrientes del agua.
La naturaleza nunca deja de sorprender, y esta vez lo ha hecho con un descubrimiento que rompe todos los esquemas. Un equipo de científicos de la Universidad Memorial de Terranova, en Canadá, ha documentado cómo pequeños fragmentos de tejido de un pepino de mar de aguas frías, el Psolus fabricii, no solo sobreviven tras ser separados del animal, sino que mantienen procesos biológicos activos durante más de tres años. El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Science Advances, desafía las teorías actuales sobre la autonomía celular y abre nuevas puertas en el campo de la medicina regenerativa.
Todo empezó por casualidad. La autora principal, Sara Jobson, observó que varios pies ambulacrales del invertebrado se desprendían y quedaban adheridos al cristal de un tanque, sin pudrirse. Intrigados, el equipo inició un experimento formal sumergiendo estos fragmentos en agua de mar corriente, sin nutrientes artificiales ni condiciones estériles. El resultado fue asombroso: los tejidos no solo sobrevivieron, sino que continuaron funcionando de manera independiente, como si fueran organismos autónomos.
¿Cómo logra el pepino de mar mantener sus tejidos vivos?
La clave de esta resistencia radica en una combinación de respuestas inmunes y metabólicas únicas. A diferencia de otros equinodermos, como las estrellas o los erizos de mar, cuyos tejidos amputados se degradan en pocos meses, el Psolus fabricii activa mecanismos de autocuración inmediata. Los científicos han identificado varios procesos fundamentales en estos fragmentos, denominados LiPfe (living immortal P. fabricii explants):
- Respuesta inmunitaria activa: unas células llamadas celomocitos migran hacia la herida para sellarla y protegerla de patógenos externos.
- Renovación celular constante: el tejido mantiene ciclos sincronizados de mitosis y apoptosis cada 24 horas.
- Alimentación autónoma: los fragmentos absorben aminoácidos disueltos directamente del agua marina para obtener energía.
- Protección química: se sospecha que unos compuestos llamados psolusosidos, exclusivos de esta especie, actúan como un escudo antibacteriano natural.
Incluso los tentáculos amputados mostraron sorpresas: continuaron extendiéndose y retrayéndose ante estímulos táctiles durante todo el estudio, lo que sugiere que las redes neuronales internas permanecen funcionales de forma independiente. Este comportamiento, apodado por los expertos como «pequeños zombies de laboratorio», demuestra una autonomía celular que hasta ahora se consideraba imposible para tejidos complejos y organizados.
Un nuevo paradigma para la medicina regenerativa

Mientras que líneas celulares famosas, como las células HeLa, requieren entornos de laboratorio extremadamente controlados y nutrientes específicos, el tejido del pepino de mar sobrevive en un medio natural «sucio» y no estéril. El Science Media Center (SMC) de España destaca que este hallazgo podría revolucionar la investigación biomédica al ofrecer un modelo de estudio ético y de bajo mantenimiento para la ingeniería de tejidos y el estudio del envejecimiento.
Aunque los investigadores mantienen la cautela con el término «inmortalidad» hasta que se analice la longitud de los telómeros, los extremos de los cromosomas que marcan el envejecimiento celular, la realidad es que estos fragmentos no muestran signos de deterioro tras años de observación. El estudio concluye que el océano todavía alberga innovaciones biológicas ocultas capaces de cuestionar la frontera entre el organismo completo y la autonomía de sus partes.

Por último, este descubrimiento no solo amplía nuestro conocimiento sobre la biología marina, sino que también plantea interrogantes sobre los límites de la vida. Si un simple fragmento de tejido puede mantenerse funcional durante tanto tiempo, ¿qué otros secretos esconde la naturaleza? La ciencia, una vez más, demuestra que la realidad supera a la ficción y que la investigación básica es la base de futuras aplicaciones médicas. Sin duda, un avance que merece la pena seguir de cerca.
