- WISPIT 2b, un planeta de unos 5 millones de años, ha sido observado aún inmerso en su disco natal.
- El VLT del ESO, con el instrumento SPHERE, permitió detectarlo en luz infrarroja y un equipo independiente lo confirmó en luz visible.
- Es la primera detección clara de un planeta en un disco con múltiples anillos alrededor de una estrella tipo Solar.
- El sistema, a unos 430 años luz, ofrece un laboratorio natural para estudiar cómo se forman y evolucionan los planetas gigantes.

Madrid — Un equipo internacional ha logrado fotografiar un planeta recién nacido mientras todavía permanece incrustado en el material que rodea a su estrella. El objeto, denominado WISPIT 2b, se sitúa a aproximadamente 430 años luz y orbita una estrella joven parecida a cómo debió de ser el Sol en sus primeros millones de años.
El hallazgo supone la primera confirmación nítida de un planeta inmerso en un disco con múltiples anillos, y uno de los pocos casos en que se observa un mundo tan joven, con una edad estimada de alrededor de 5 millones de años. La detección se ha logrado combinando imágenes en infrarrojo y en luz visible.
Qué se ha encontrado exactamente
WISPIT 2b es, con alta probabilidad, un gigante gaseoso comparable en tamaño a Júpiter que continúa acumulando gas para completar su atmósfera. Su brillo actual procede del calor residual de la formación y del material que sigue cayendo sobre el planeta, lo que delata su condición de mundo en construcción.
Este planeta orbita a la estrella WISPIT 2, una versión temprana de nuestro Sol. El sistema presenta un disco rico en polvo y gas con estructuras bien definidas, lo que lo convierte en un entorno ideal para estudiar la interacción entre un planeta en crecimiento y su cuna protoplanetaria.
La detección se enmarca en un proyecto de varios años que investiga si los gigantes gaseosos de órbitas amplias son más frecuentes alrededor de estrellas jóvenes o maduras. En este caso, las observaciones iniciales revelaron un disco multianillo especialmente llamativo que motivó un seguimiento específico.
Se trata solo de la segunda ocasión en que se observa un planeta en una etapa tan temprana alrededor de una estrella parecida al Sol, un escenario poco común que ofrece pistas directas sobre los procesos que moldean los sistemas planetarios.
Cómo se logró observarlo

El descubrimiento fue posible gracias al Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral, en el desierto de Atacama (Chile). Con el instrumento SPHERE, diseñado para bloquear gran parte de la luz de la estrella y realzar el entorno inmediato, se captaron imágenes en infrarrojo cercano que revelaron el punto de luz del protoplaneta.
Un equipo independiente, empleando un instrumento especializado en luz visible, confirmó la señal del planeta en una longitud de onda sensible a la acreción de gas. Este detalle indica que WISPIT 2b sigue creciendo, con material cayendo todavía sobre su atmósfera.
Las primeras tomas, planificadas como exposiciones breves dentro de una campaña de cribado de estrellas jóvenes, ya insinuaban un sistema inusual. Solicitar observaciones de seguimiento permitió desvelar con mayor claridad al protoplaneta en un hueco del disco.
El uso combinado de técnicas de alto contraste en infrarrojo y visible, junto con el coronografo de SPHERE, ha sido clave para discriminar la débil luz del planeta frente al resplandor de la estrella anfitriona.
Un disco con múltiples anillos

Alrededor de la estrella se extiende un disco con múltiples anillos y huecos, una arquitectura que los astrónomos relacionan con la presencia de planetas en crecimiento. Estas estructuras, que incluyen posibles brazos espirales, delatan cómo los mundos jóvenes remueven y despejan el material del que nacen.
El disco alcanza un radio de alrededor de 380 unidades astronómicas (unas 380 veces la distancia media entre la Tierra y el Sol) y ofrece pistas sobre el nacimiento de un nuevo sistema solar. En su interior se distinguen regiones más despejadas que podrían haber sido esculpidas por la interacción gravitatoria del planeta con el polvo y el gas.
Ver un planeta en pleno proceso de formación, dentro de su entorno natal y con signos de acreción activa, aporta una instantánea directa de mecanismos que, hasta ahora, se exploraban sobre todo con simulaciones y modelos.
Por qué es relevante para la formación planetaria

Con miles de exoplanetas ya catalogados, los últimos hallazgos sobre exoplanetas —en tamaños, órbitas y composiciones— sugieren múltiples caminos de formación. Este sistema aporta evidencia observacional de cómo un planeta recién nacido modifica su disco, abriendo la puerta a comparar directamente teoría y datos.
El trabajo, liderado por la Universidad de Leiden con colaboración de equipos de la Universidad de Galway y la Universidad de Arizona, ha sido publicado en Astrophysical Journal Letters. La coordinación entre grupos y técnicas ha permitido verificar de forma robusta la naturaleza del objeto.
Más allá del caso concreto, estudiar WISPIT 2b ayudará a aclarar por qué algunos sistemas evolucionan hacia configuraciones muy distintas a la del Sistema Solar, y qué papel juegan los discos con anillos múltiples en esa evolución temprana.
Este descubrimiento ofrece una ventana privilegiada a un momento fugaz en la vida de un planeta, cuando su atmósfera aún se está montando y su entorno inmediato refleja las fuerzas que lo esculpen; una oportunidad difícil de capturar que los astrónomos seguirán vigilando de cerca en los próximos años.
