- Modelos recientes explican la desaparición del agua en Marte debido a ciclos climáticos autorregulados y a la formación de carbonatos, que atraparon el dióxido de carbono.
- Los hallazgos del rover Curiosity en el cráter Gale han identificado grandes concentraciones de carbonatos antes ocultos, clave para explicar la pérdida atmosférica.
- El clima marciano osciló entre breves periodos húmedos y largos episodios áridos, impidiendo el desarrollo continuo de vida en superficie.
- Factores como la inestabilidad orbital, la falta de vulcanismo activo y las variaciones en la inclinación del eje intensificaron el escape de hidrógeno, acelerando la pérdida de agua al espacio.
Durante muchos años, los científicos se han enfrentado al misterio de por qué Marte, que en el pasado albergó ríos, lagos e incluso océanos, es actualmente un paisaje desértico y helado. La respuesta a esta incógnita estaba aún lejos de esclarecerse, hasta la llegada de nuevos métodos de análisis y sondas robóticas como Curiosity. Ahora, recientes investigaciones publicadas en revistas especializadas comienzan a esclarecer este enigma planetario, revelando detalles sorprendentes sobre el destino del agua marciana y su impacto en la posible habitabilidad del planeta rojo.
Los últimos trabajos se apoyan en modelos climáticos avanzados y en datos recabados por los rovers que exploran la superficie marciana. En especial, el proyecto liderado por Edwin Kite, de la Universidad de Chicago, y el de investigadores del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) han logrado identificar mecanismos que explican cómo Marte fue perdiendo progresivamente el agua que alguna vez cubrió extensas regiones del planeta.
El papel de los carbonatos ocultos y la retroalimentación climática

El rover Curiosity ha logrado detectar importantes cantidades de carbonatos en las capas sedimentarias del cráter Gale, unos minerales formados mediante la interacción del agua líquida y el dióxido de carbono atmosférico. Estos carbonatos resultaron ser invisibles para los instrumentos en órbita, pero no para aquellos que estudian el suelo de cerca. Este hallazgo cambia significativamente la visión previa sobre la atmósfera antigua marciana, ya que durante tiempo se pensó que esos minerales eran escasos y, por tanto, que no había habido suficiente CO₂ para mantener agua líquida durante largos periodos.
El modelo climático desarrollado por Kite y sus colaboradores propone un mecanismo parecido a un termostato natural. Cuando el Sol era más intenso, aumentaba la temperatura y parte del hielo superficial se derretía, permitiendo la presencia de agua líquida. Sin embargo, esa misma agua ayudaba a formar carbonatos que atrapaban el CO₂, reduciendo el efecto invernadero y volviendo a enfriar el planeta. Este proceso se repetía en ciclos, limitando los periodos de condiciones húmedas a momentos y lugares muy concretos, algo similar a la aparición de oasis efímeros en medio de un desierto.

Uno de los avances más notables de estos estudios ha sido la construcción de modelos informáticos que simulan la evolución climática marciana durante los últimos 3.500 millones de años. Dichos modelos tienen en cuenta factores como el aumento gradual del brillo solar, la inclinación variable del eje marciano (la oblicuidad), la inestabilidad orbital y el comportamiento químico de la atmósfera y la corteza. Los resultados indican que los periodos en los que Marte tuvo agua líquida fueron muy breves y esporádicos: la mayor parte del tiempo, el planeta permaneció seco y frío.
Las simulaciones plantean que los periodos húmedos duraron menos de 100.000 años y representaron menos del 2% del tiempo total. Eso bastó para generar las huellas de canales y sedimentos fluviales, pero fue insuficiente para consolidar sistemas de ríos estables como los terrestres. Además, estos “oasis” de agua estaban vinculados a cambios en la inclinación del eje de Marte, lo que intensificaba el ciclo de pérdida de agua al espacio.

Una de las claves propuestas por el equipo del IAA-CSIC fue analizar la influencia de la oblicuidad: cuando el eje de rotación de Marte se inclinaba más, la radiación solar en los polos aumentaba y el vapor de agua lograba subir hasta las capas altas de la atmósfera. Allí, los rayos solares descomponían el agua en hidrógeno y oxígeno. Por ser tan ligero, el hidrógeno escapaba fácilmente al espacio. Las simulaciones climáticas, adaptadas para Marte y validadas con datos de misiones como MAVEN y Mars Express, permitieron calcular cuánto agua ha podido perder el planeta rojo en estos episodios.
¿Dónde fue a parar la atmósfera perdida?

El enigma de la atmósfera marciana se resuelve en gran parte con esta nueva hipótesis: gran parte del dióxido de carbono no se perdió directamente al espacio, sino que quedó atrapado en las rocas como carbonatos. Así, Marte fue perdiendo poco a poco su atmósfera por un proceso de almacenamiento mineral, y no solo por escape al espacio exterior. Este proceso minó la capacidad del planeta para mantener agua líquida en superficie y propició la aparición de condiciones cada vez más áridas.
Los científicos comparan este proceso con el ciclo de carbono de la Tierra, aunque señalan las diferencias clave: en nuestro planeta, el vulcanismo activo recicla el CO₂, manteniendo un equilibrio climático. En Marte, sin volcanes activos, la acumulación de carbonatos acabó con cualquier posibilidad de recuperar el efecto invernadero suficiente.
Implicaciones para la habitabilidad y la búsqueda de vida
Estos hallazgos tienen gran relevancia para el campo de la astrobiología y la investigación planetaria. No basta con detectar agua en un planeta para considerarlo habitable; es esencial que existan mecanismos que aseguren condiciones estables durante suficiente tiempo. En Marte, el clima caótico y los ciclos de aridez hicieron que incluso si existió vida, esta tuviera que adaptarse a condiciones extremas y a periodos muy cortos de agua líquida.
El cráter Gale aparece como uno de los pocos laboratorios naturales donde estudiar estos procesos, gracias a su combinación de altitud baja y localización ecuatorial. Sin embargo, los autores reconocen que hacen falta más investigaciones y perforaciones en otras regiones marcianas para comprobar si los niveles de carbonato encontrados son realmente representativos del planeta entero.
La idea de que Marte fue una vez un planeta húmedo y capaz de albergar vida se ha transformado radicalmente con estos nuevos modelos y descubrimientos. El planeta rojo muestra que la presencia de agua no garantiza, por sí sola, la habitabilidad a largo plazo. La estabilidad climática y los procesos geológicos internos juegan un papel igual de fundamental.