- Digi prepara una salida a bolsa en España con una OPS de entre 150 y 200 millones, posiblemente acompañada de una OPV secundaria.
- La filial española se ha escindido del grupo para facilitar su acceso a los mercados y financiar un fuerte plan inversor en fibra y móvil.
- El debut bursátil se ve condicionado por la volatilidad geopolítica, aunque la compañía mantiene los trabajos y descarta un calendario cerrado.
- España es ya el gran motor del grupo: más de 10 millones de clientes, ingresos cercanos a 1.000 millones y ambiciosos objetivos hasta 2030.
La posible salida a bolsa de Digi en España ha dejado de ser un simple rumor para convertirse en uno de los movimientos corporativos más seguidos del sector de las telecomunicaciones. La operadora de origen rumano lleva meses preparando el terreno y afinando los detalles de una operación con la que aspira a reforzar su músculo financiero en un mercado donde se ha disparado en clientes e ingresos.
En los encuentros mantenidos con inversores y periodistas durante su Capital Markets Day en Madrid, la dirección ha dejado claro que la decisión final aún no está tomada y que no existe una fecha cerrada para el debut en el parqué. Sin embargo, la estructura, los rangos económicos y los objetivos estratégicos del salto al mercado continuo español están ya bastante perfilados.
Estructura de la operación: OPS, posible OPV y ampliación de capital
El núcleo de la salida a bolsa pasará por una oferta pública de suscripción (OPS) de nuevas acciones de la filial española, con una ampliación de capital estimada en una horquilla de entre 150 y 200 millones de euros. Ese dinero se inyectará directamente en Digi España para alimentar el plan de crecimiento y acelerar el despliegue de infraestructuras.
Junto a la OPS, la compañía contempla articular también una oferta pública de venta (OPV) de títulos ya existentes en manos de la matriz. Ese tramo secundario aún no está cuantificado, pero permitiría a la holding rumana monetizar parte de su participación sin perder el control de la filial, manteniendo a España como uno de sus pilares estratégicos.
En las conversaciones con el mercado se baraja que el conjunto de la operación, sumando nuevas acciones y parte de las ya emitidas, pueda rondar los 600 millones de euros. Con ese volumen, la transacción implicaría colocar aproximadamente una cuarta parte del capital resultante, lo que situaría la valoración de Digi España en una horquilla aproximada de entre 2.000 y 2.500 millones de euros, aunque la empresa evita confirmar cifras.
La compañía tampoco cierra la puerta a que, dentro de la estructura de la operación, haya un tramo específico para pequeños inversores. La opción de reservar una parte de la oferta a accionistas minoristas sigue sobre la mesa, aunque la dirección admite que el encaje regulatorio de este tipo de colocaciones en España no es sencillo.

Escisión de la filial española y acceso a capital
Uno de los movimientos clave que explican este paso es la reorganización corporativa que ha separado a Digi España del resto del grupo. La filial se ha escindido para operar con una estructura propia, con el objetivo de facilitar su acceso directo a los mercados de deuda y capitales y presentar unas cuentas diferenciadas al inversor.
Desde la matriz en Bucarest se subraya que España se ha convertido en la joya de la corona, hasta el punto de que es uno de los dos grandes mercados del grupo junto a Rumanía. La segregación societaria se interpreta como una forma de poner en valor este negocio, darle visibilidad propia y, al mismo tiempo, abrir la puerta a nuevas fuentes de financiación sin sobrecargar el balance consolidado.
Las fuentes internas insisten en que la operación bursátil no es imprescindible para la supervivencia de la compañía, pero sí se considera una vía atractiva para obtener capital alternativo, reducir deuda y seguir creciendo a un ritmo elevado. La lectura dentro del consejo es que no se trata de una medida desesperada, sino de un paso adicional dentro de una estrategia a largo plazo en el mercado español.
La decisión de celebrar el Capital Markets Day en Madrid, el primero de este calibre en ocho años, es otra señal del peso que ha adquirido la filial. La cita ha servido para exponer a analistas e inversores el modelo de negocio, los planes inversores y el encaje de la eventual salida a bolsa dentro de una hoja de ruta que mira a 2030.
Calendario condicionado por la geopolítica y la volatilidad
Aunque el diseño financiero avanza, el cuándo sigue siendo la gran incógnita. En un primer momento se trabajó con la hipótesis de aprovechar una ventana de mercado en primavera, entre finales de abril y finales de mayo. Posteriormente, algunos analistas veían más probable que el estreno se desplazase hacia septiembre.
Sin embargo, la escalada de tensión en Oriente Próximo, con el conflicto que implica a Estados Unidos, Israel e Irán, ha disparado la volatilidad en las bolsas europeas y ha obligado a la compañía a actuar con más prudencia. Desde la dirección se repite el mensaje de que “no hay ninguna decisión tomada” y que el foco está puesto en preparar internamente a la empresa y dejarla lista para actuar cuando las condiciones sean razonables.
Fuentes de la operadora recalcan que el conflicto en la región no ha paralizado los preparativos: los trabajos técnicos, financieros y legales continúan, de forma que, si el mercado se estabiliza, Digi pueda activar la operación con rapidez. La lógica es clara: antes de aprovechar una ventana, la casa tiene que estar ordenada.
Este enfoque prudente también se percibe en el mensaje que lanza la cúpula sobre la necesidad de compaginar estabilidad financiera y coherencia estratégica con el deseo de cotizar. La prioridad, aseguran, será mantener la capacidad inversora y no comprometer la ejecución del plan industrial solo por encajar la salida a bolsa en una fecha concreta.
España, motor de crecimiento: clientes, ingresos y red
Detrás del interés de los inversores está el fuerte tirón del negocio de Digi en España. La compañía se ha consolidado como cuarto operador nacional por número de clientes, y en algunos segmentos concretos, como la fibra residencial, ya figura como tercer actor del mercado, solo por detrás de las grandes telecos históricas.
Según las últimas cifras facilitadas, la filial española suma más de 10,8 millones de clientes en conjunto. De ellos, unos 7,3 millones corresponden a líneas móviles, alrededor de 2,6 millones son accesos de fibra óptica y el resto se reparte entre telefonía fija y televisión. En los últimos 16 trimestres, Digi ha liderado las altas netas en fibra y móvil de manera continua, hasta el punto de alcanzar cuotas de mercado del 13% en banda ancha de fibra y del 12% en servicios móviles.
El tirón comercial también se refleja en las portabilidades: solo en los primeros meses del año, la operadora ha registrado más de 300.000 cambios de compañía a su favor, uno de sus mejores registros históricos. Este ritmo de captación ha obligado al grupo a plantearse fórmulas adicionales de financiación que permitan sostener el esfuerzo inversor sin frenar el crecimiento.
En el terreno financiero, Digi cerró su último ejercicio completo en España con ingresos cercanos a los 929 millones de euros, lo que supone un aumento cercano al 19%-20% respecto al año anterior y encadena varios años con tasas de crecimiento alrededor de ese nivel. El objetivo inmediato pasa por rebasar por primera vez la barrera de los 1.000 millones en el mercado español.
Pese a estos avances, la filial continúa en una fase de expansión intensiva que implica consumir más caja de la que se genera. El ebitda anualizado se sitúa en el entorno de los 200 millones de euros, con un ebitda ajustado que ha rondado en ejercicios recientes los 175 millones, pero las fuertes inversiones en red y la agresiva política comercial mantienen al negocio en pérdidas contables. El punto de equilibrio pleno se sitúa, según la guía interna, entre 2029 y 2030.
Plan inversor: fibra propia, 10.000 antenas y horizonte 2030
La utilización de los fondos que se capten con la ampliación de capital está bastante definida: alimentar un intenso plan inversor en infraestructuras. Para el ejercicio actual, la compañía prevé destinar alrededor de 400 millones de euros a España, concentrados en el despliegue de red de fibra óptica y en la extensión y modernización de su red móvil, incluidos los servicios 5G.
A partir de 2027, y una vez completada la fase más intensa del desembarco, Digi planea reducir el capex recurrente por debajo del 10% de los ingresos, pero manteniendo un esfuerzo relevante en crecimiento. Entre 2027 y 2029 se invertirán, según las proyecciones, entre 850 y 900 millones de euros adicionales en el mercado español, aproximadamente la mitad de ellos dirigidos a ampliar la huella de fibra.
La red de banda ancha fija es uno de los grandes activos de la operadora: la cobertura de Fibra SMART ya alcanza a unos 13,7 millones de hogares en España, y la meta fijada de cara a 2030 es llegar a alrededor de 21 millones. Esa escala situaría a Digi a la altura de las llamadas fibreco de los grandes incumbentes, con presencia en la práctica totalidad de los núcleos donde el despliegue es rentable.
En el frente móvil, la firma cuenta actualmente con unas 700 antenas propias operativas en territorio nacional. El plan pasa por encender 5.000 estaciones base antes de que termine 2028 y alcanzar un parque de 10.000 antenas activas en torno a 2033, reduciendo progresivamente la dependencia de acuerdos mayoristas con otros operadores.
Esta estrategia de red propia se complementa con un modelo de precios ajustados, que ha sido una de las señas de identidad del operador. Los ingresos medios por cliente se mueven en niveles significativamente inferiores a los de sus competidores —cifras en torno a algo más de 13 euros al mes en fibra y algo más de 6 euros en móvil—, pero los márgenes mejoran a medida que la base de usuarios migra a infraestructuras propias, lo que permite combinar tarifas contenidas con rentabilidad creciente.

Valoración, banca colocadora y apetito inversor
La complejidad de la operación y su tamaño relativo en el mercado español ha llevado a Digi a rodearse de un potente sindicato bancario. Barclays, Banco Santander y UBS actuarán como coordinadores globales del proceso, mientras que BNP Paribas y Citi se encargarán de labores de colocación conjunta.
En el plano del asesoramiento, el grupo ha contratado a Rothschild como asesor financiero, mientras que el despacho Uría Menéndez llevará el peso del componente legal para la compañía. Por parte de las entidades financieras, el bufete internacional Linklaters será el responsable del asesoramiento jurídico, configurando así una estructura típicamente utilizada en grandes operaciones de mercado de capitales en Europa.
Las estimaciones de valoración que se manejan en el mercado sitúan a Digi España en una cifra de referencia cercana a los 2.200-2.500 millones de euros, en función de los múltiplos aplicados sobre el ebitda (alrededor de diez veces, en línea con estándares del sector de las telecomunicaciones) y del peso asignado a los activos de red. Estos niveles la colocarían como una de las salidas a bolsa de mayor tamaño de los últimos años en España, con potencial incluso para aspirar en el futuro a entrar en índices de referencia como el Ibex, algo que por ahora la empresa evita valorar.
Por parte de la comunidad inversora, el interés es notable. La combinación de crecimiento orgánico elevado, precios competitivos y expansión de red propia sitúa a Digi como un caso particular dentro del panorama europeo. No obstante, algunos analistas señalan también los riesgos asociados a un modelo basado en fuertes inversiones, márgenes todavía en construcción y un entorno competitivo muy intenso.
Independencia frente a Telefónica y apuesta por el crecimiento orgánico
En paralelo al diseño de la salida a bolsa, la dirección de Digi ha querido cerrar abiertamente la puerta a una eventual venta de la filial española, en un contexto en el que el mercado de las telecomunicaciones en Europa se encuentra inmerso en procesos de concentración y fusiones de gran calado.
Preguntado por la posibilidad de una operación corporativa con Telefónica u otros grandes grupos, el consejero delegado del grupo, Serghei Bulgac, ha sido tajante al señalar que “no hay ninguna razón para vender la filial de España”. El mensaje que transmiten es que el objetivo de cotizar no es ponerse en escaparate, sino ganar músculo financiero para consolidar una posición ya muy relevante en el país.
La propia estructura de la operación que se baraja —con un tramo principal de ampliación de capital y, en su caso, ventas parciales pero no mayoritarias de la matriz— apunta a que Digi pretende mantener el control sobre su negocio español. En este sentido, la compañía insiste en que su modelo seguirá basándose en el crecimiento orgánico, apoyado en la extensión de la red y en su propuesta de precios, sin descartar eventuales oportunidades de compra de activos si aportan valor.
Este enfoque ha permitido a la teleco, hasta ahora, superar a algunos competidores históricos en líneas de fibra residencial y acercarse en otros segmentos al podio del sector. Aunque el ritmo de crecimiento es intenso, la hoja de ruta contempla una fase posterior de desapalancamiento, con una reducción progresiva de la ratio deuda/ebitda a medida que las inversiones empiezan a devolver caja.
Con todos estos elementos sobre la mesa —estructura de OPS y posible OPV, valoración potencial, reorganización corporativa, plan inversor a largo plazo y un contexto geopolítico complejo—, la eventual salida a bolsa de Digi en España se presenta como una de las operaciones más relevantes del mercado continuo en los últimos tiempos y como un test importante para medir el apetito de los inversores por compañías de telecomunicaciones en pleno ciclo de expansión.
