- Lanzamiento de una nueva Raspberry Pi 4 con 3 GB de RAM como punto intermedio entre 2 y 4 GB
- Subidas fuertes de precio en casi todo el catálogo con 4 GB o más por la DRAM LPDDR4
- Los modelos con 1 y 2 GB y las placas clásicas mantienen precios al usar memoria LPDDR2
- Raspberry Pi promete revertir las subidas cuando baje el coste de la RAM, aunque el mercado sigue muy tenso

La aparición de una Raspberry Pi 4 con 3 GB de RAM llega en un momento especialmente complicado para todo el sector tecnológico. La escalada del precio de la memoria, impulsada por la demanda de infraestructura para inteligencia artificial, ha obligado a la fundación británica a reajustar su catálogo y a replantearse cómo seguir siendo una opción asequible para proyectos educativos, domésticos y profesionales.
Lejos de tratarse de una simple variante más en la tabla de especificaciones, esta nueva configuración de 3 GB pretende encajar entre los modelos de 2 GB y 4 GB para que los usuarios no tengan que pagar por memoria que quizá no necesiten. El movimiento coincide con una de las rondas de subidas de precios más duras que ha afrontado Raspberry Pi desde su creación, con incrementos significativos en Europa y particularmente visibles en países como España.
Una Raspberry Pi 4 de 3 GB para no pagar por memoria extra
La nueva Raspberry Pi 4 de 3 GB se sitúa como opción intermedia para quienes se les queda corta la versión de 2 GB, pero no quieren asumir el coste actual de los 4 GB. La fundación insiste en una idea que repite en todos sus comunicados recientes: ajustar la compra a las necesidades reales de memoria del proyecto, en lugar de ir «sobrado» por si acaso y acabar pagando mucho más.
Este modelo de 3 GB sale al mercado con un precio oficial de 83,75 dólares (en torno a 72 euros al cambio), una cifra llamativa si se compara con generaciones anteriores. En su día, una Raspberry Pi 4 de 8 GB se lanzó por unos 75 dólares, y una Raspberry Pi 5 de 8 GB rondaba los 80 dólares. Que una placa con menos memoria se mueva ahora por encima de esas referencias deja claro hasta qué punto la memoria LPDDR4 se ha encarecido.
El propio Eben Upton, fundador y CEO de Raspberry Pi, explica que el precio de la RAM LPDDR4 usada en las Raspberry Pi 4 y 5 se ha multiplicado aproximadamente por siete en los últimos doce meses. Esa subida no solo encarece las nuevas placas, sino que hace inviable mantener las tarifas originales de las variantes con más memoria, especialmente en la gama alta.
La elección de 3 GB, y no otra cifra, responde a esa lógica de escalones. Hasta ahora, la gama se movía entre 1, 2, 4, 8 y 16 GB, lo que dejaba un salto bastante brusco para ciertos proyectos intermedios. Con 3 GB se cubren muchos usos habituales en educación, servidores caseros ligeros, proyectos maker o pequeños despliegues en empresas, sin tener que dar el salto económico que supone la versión de 4 GB en el contexto actual.
No deja de llamar la atención que el anuncio se realizara el 1 de abril, día clásico de bromas en el mundo anglosajón. De hecho, muchos usuarios pensaron al principio que se trataba de una broma, pero tanto la propia fundación como los distribuidores oficiales han dejado claro que la placa es completamente real y ya puede adquirirse a través de los canales habituales en Europa.
Subidas generalizadas en las Raspberry Pi con más memoria
La introducción de la Raspberry Pi 4 de 3 GB llega acompañada de una nueva oleada de subidas de precios en buena parte del catálogo que utiliza memoria LPDDR4. No es un ajuste puntual de un modelo aislado, sino una revisión amplia que afecta tanto a placas sueltas como a productos integrados y módulos para integradores.
En las Raspberry Pi 4 y Raspberry Pi 5 con 4 GB de RAM, el incremento ronda los 25 dólares por unidad. Las variantes de 8 GB pasan a ser 50 dólares más caras, y el caso más extremo es la Raspberry Pi 5 de 16 GB, cuya subida se sitúa en torno a los 100 dólares. En el mercado europeo esto se traduce en precios que, en algunos distribuidores, llevan la versión de 16 GB a rondar los 370 euros en España, una cifra impensable hace solo unos meses.
No solo las placas principales se ven afectadas. También registran subidas los ordenadores integrados en teclado Raspberry Pi 500 y Raspberry Pi 500+, que sufren incrementos especialmente notables. En el caso del modelo 500+ se habla de alzas que pueden llegar a los 150 dólares o alrededor de 130 euros en Europa, tanto en la unidad suelta como en los kits completos.
La lista de productos afectados incluye igualmente los Compute Module 4, 4S y 5 en distintas capacidades de memoria, el kit de desarrollo para Compute Module 5 y la Raspberry Pi AI HAT+ 2, orientada a proyectos con aceleración de inteligencia artificial. Según el desglose facilitado por la compañía, los ajustes oscilan desde unos 11,25 dólares para algunos módulos de 1 GB hasta 100 dólares adicionales en la variante de 16 GB del Compute Module 5.
Este cuadro de precios supone un cambio profundo para una plataforma que siempre se ha posicionado como alternativa económica. Por lo que cuesta ahora una Raspberry Pi 5 de 16 GB en España, no es raro encontrar mini PC x86 más potentes para usos como ofimática, multimedia o emulación, lo que lleva a algunos usuarios a replantearse si el ecosistema Raspberry Pi sigue encajando en todos los escenarios donde antes era la opción casi automática.
La culpa es de la memoria LPDDR4 y de la fiebre de la IA
Detrás de esta cascada de subidas hay un factor muy concreto: la memoria DRAM LPDDR4 que utilizan las Raspberry Pi más recientes. La fundación explica que los fabricantes de chips están destinando gran parte de su capacidad a producir memoria para centros de datos de inteligencia artificial, donde los márgenes son mucho más altos que en el segmento de consumo.
Ese cambio de prioridades ha provocado una escasez directa de memoria para productos como las placas de desarrollo, obligando a pagar mucho más por cada chip. Raspberry Pi ya había aplicado ajustes de precio en diciembre y posteriormente en febrero, pero la tendencia no se ha detenido, y la organización se ha visto forzada a introducir una tercera ronda de incrementos en cuestión de semanas.
La situación impacta especialmente en los modelos con más memoria, porque son los que concentran más chips LPDDR4 por placa. De ahí que, en muchos casos, las variantes de 4 GB, 8 GB y 16 GB sean las que registran los mayores saltos. Mientras tanto, los dispositivos basados en memoria LPDDR2 más antigua, como las Raspberry Pi Zero, las distintas variantes de Raspberry Pi 3 o modelos veteranos como la 3B+ y los Compute Module 1 y 3+, se mantienen al margen de esta tormenta de precios gracias a un inventario todavía amplio.
Upton y su equipo reconocen que esta coyuntura complica su misión original: ofrecer informática de propósito general a bajo coste. Aun así, consideran que ampliar la gama de densidades de memoria, con pasos como este modelo de 3 GB, les permite seguir ofreciendo un cierto margen de maniobra a quien busca optimizar cada euro invertido en hardware.
En paralelo, la fundación insiste en que se trata de una situación “difícil pero temporal”. En varios comunicados recalca que no espera que los precios actuales de la memoria se mantengan indefinidamente, y que su intención es revertir los aumentos en cuanto el mercado dé un respiro. No obstante, también advierte de que los niveles de precio elevados podrían prolongarse más de lo que muchos desearían.
Qué modelos se salvan y siguen siendo relativamente asequibles
En medio de tantas cifras al alza, Raspberry Pi también se ha esforzado en destacar qué productos mantienen sus precios. La referencia más repetida es la Raspberry Pi 400 con 4 GB, el ordenador integrado en teclado que sigue anclado en torno a los 60 dólares, una cifra que se considera estable dentro de la estrategia de la fundación.
Igualmente se mantienen, según la propia empresa, las versiones de 1 GB y 2 GB de Raspberry Pi 4 y Raspberry Pi 5, con precios que se sitúan entre unos 35 y 65 dólares según el modelo y el mercado. Estas configuraciones, aunque más ajustadas para ciertos usos, se convierten de facto en la puerta de entrada más económica al ecosistema actual.
La gama más veterana también conserva sus tarifas de siempre. Modelos como Raspberry Pi Zero, Zero W, Zero 2 W, así como las distintas Raspberry Pi 1, 3, 3B+ y 3A+, no ven cambios porque dependen de memoria LPDDR2, de la que la fundación asegura mantener un “inventario sustancial”. Esto les permite seguir siendo una opción sólida para proyectos de muy bajo coste o para quienes ya conocen sus limitaciones y se ajustan a ellas.
En este escenario, la nueva Raspberry Pi 4 de 3 GB entra como una especie de bisagra entre los modelos de entrada y los que ya han notado de lleno la subida de la memoria. Para muchos proyectos educativos, laboratorios de centros de formación o iniciativas maker con presupuesto muy controlado, esa combinación de precio y memoria puede marcar la diferencia entre seguir en el ecosistema Raspberry Pi o buscar alternativas en otras placas ARM o mini PC x86 de gama básica.
Más allá del catálogo de la propia fundación, otros fabricantes de placas similares —como Banana Pi, Orange Pi o LePotato— tampoco se han librado del encarecimiento de la RAM. Según distintas fuentes del sector, todos han tenido que ir trasladando parte del sobrecoste al consumidor final, lo que confirma que el problema no es exclusivo de Raspberry Pi, sino un síntoma de una presión generalizada sobre la cadena de suministro.
Impacto en usuarios, educación y proyectos de bajo presupuesto en Europa
Para la comunidad de usuarios en España y en el resto de Europa, estas subidas tienen un efecto directo. Muchos centros educativos, asociaciones y pequeños desarrolladores habían apostado por Raspberry Pi como herramienta estándar para enseñar programación, robótica básica, redes o sistemas embebidos. Con las nuevas tarifas, equipar un aula o un laboratorio completo con modelos de 4 GB u 8 GB resulta notablemente más caro que hace apenas uno o dos años.
Esta realidad está llevando a parte de la comunidad a mirar de nuevo hacia alternativas más antiguas dentro del propio catálogo, como Raspberry Pi 3 o Zero 2 W, o incluso a combinar varias unidades de menor memoria en lugar de optar por una sola placa más potente con 8 o 16 GB. No es la solución ideal para todos los casos, pero permite seguir trabajando con costes contenidos.
En proyectos personales o profesionales con márgenes estrechos, la percepción también ha cambiado. La Raspberry Pi, que durante años se veía como sinónimo de ordenador barato y versátil, ahora compite en algunos segmentos de precio con mini PC x86 de entrada, especialmente cuando se habla de las configuraciones con más memoria. En España, donde cada euro extra pesa en presupuestos educativos o de pequeños negocios, esta comparación es cada vez más habitual.
En este contexto, la opción de 3 GB se sitúa como un punto de compromiso razonable para quienes necesitan algo más que 2 GB, sobre todo en usos como servidores ligeros, pequeños contenedores, proyectos de domótica o estaciones de trabajo sencillas basadas en Linux. No será la alternativa más económica de toda la gama, pero puede reducir el salto de precio que supondría ir directamente a un modelo de 4 GB u 8 GB en la situación actual.
La propia fundación anima a los usuarios a dimensionar la memoria en función de la aplicación real, es decir, a revisar qué tareas va a realizar cada proyecto antes de decidir cuánta RAM comprar. Es una recomendación que, en un entorno de precios tensionados, cobra más sentido que nunca para evitar gastar de más en capacidades que luego no se aprovechan.
Con todo este escenario sobre la mesa, la nueva Raspberry Pi 4 de 3 GB llega como una respuesta pragmática a un problema global de suministro: amplía el abanico de opciones en un catálogo presionado por la memoria, ofrece una salida intermedia a quienes no quieren renunciar al ecosistema ni disparar el presupuesto, y mantiene vivo el objetivo de seguir acercando la informática de propósito general a un coste razonable, aunque hoy ese “razonable” sea bastante menos amable de lo que acostumbraba la comunidad.


