- El Índice Mundial de Innovación evalúa cerca de 140 economías con más de 80 indicadores para medir su desempeño en I+D+i.
- Suiza lidera de forma sostenida el ranking, mientras China escala al top 10 y presiona a potencias tradicionales como Alemania.
- España se sitúa en torno al puesto 29 global, con fortalezas en infraestructuras y clústeres como Barcelona y Madrid, pero debilidades institucionales.
- La inversión global en I+D se desacelera, aunque siguen avanzando tecnologías claves como robótica, vehículos eléctricos y redes 5G.
Cuando se habla de los países más innovadores del mundo, no es una etiqueta que se ponga al azar ni una moda pasajera. Detrás de ese ranking hay una maquinaria estadística muy potente, con decenas de indicadores que miden desde cuánto se invierte en I+D hasta cuántas patentes se registran, pasando por la calidad de las instituciones o la capacidad para transformar las ideas en productos, servicios y creatividad económica real.
En los últimos años, el Índice Mundial de Innovación (Global Innovation Index, GII) se ha convertido en la referencia global para entender quién lo está haciendo mejor en este terreno y por qué. A través de este índice, elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), la Universidad Cornell, el INSEAD y el Instituto Portulans, se puede ver qué países lideran la carrera tecnológica, cuáles están recortando distancias y qué tensiones económicas y geopolíticas están condicionando el futuro de la innovación.
Qué es el Índice Mundial de Innovación y cómo se elabora
El Índice Mundial de Innovación clasifica el desempeño innovador de países y economías de todo el planeta a partir de unos 80 indicadores diferentes. No es una simple lista de quién invierte más dinero, sino un análisis muy amplio que combina datos de instituciones, capital humano, infraestructuras, inversiones, difusión del conocimiento y resultados creativos, entre otros factores clave.
Este índice es fruto de una colaboración internacional en la que participan la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual), la Universidad Cornell, el INSEAD y el Instituto Portulans. Cada año, el informe analiza cerca de 140 economías (139 en la edición más reciente) y estudia su rendimiento innovador, cruzando información como el gasto en I+D, el volumen de capital riesgo, las exportaciones de alta tecnología y la presentación de solicitudes de derechos de propiedad industrial.
Dentro de esos 80 indicadores se recogen datos tan variados como el nivel educativo y de investigación, la calidad de las infraestructuras digitales, el entorno regulatorio y empresarial, la facilidad para acceder a financiación, la generación de conocimiento científico y tecnológico o la capacidad para convertir ese conocimiento en productos, servicios, marcas y contenido creativo que tengan impacto económico.
El GII también pone el foco en la relación entre políticas públicas e innovación, analizando hasta qué punto las estrategias gubernamentales ayudan (o dificultan) el crecimiento, el desarrollo y la competitividad. De este modo, no solo sirve para comparar países, sino también como guía para responsables públicos y empresas a la hora de diseñar sus hojas de ruta en I+D+i.
En sus últimas ediciones, el índice ha destacado además algunas tendencias globales: un crecimiento del gasto en I+D que se está ralentizando, cambios en los flujos de capital riesgo, la evolución de las patentes internacionales y el avance (a ritmos desiguales) de tecnologías punteras como la robótica, los vehículos eléctricos, las redes 5G o las infraestructuras de computación de alto rendimiento.
El top mundial de países más innovadores
Aunque hay ligeros matices entre distintas ediciones del índice, hay un mensaje que se repite con bastante claridad: Suiza domina el ranking mundial de innovación desde hace más de una década. La Confederación Helvética encabeza la clasificación desde hace alrededor de catorce años consecutivos, consolidándose como el ecosistema innovador más sólido y equilibrado del planeta.
Suiza combina una altísima inversión en I+D, un sistema educativo y científico de primer nivel, una fuerte protección de la propiedad intelectual, una industria muy orientada a la tecnología y un entorno regulatorio estable que anima a las empresas a arriesgarse e innovar. No es casualidad que WIPO la sitúe como el mercado más innovador desde el auge de la llamada «Nueva Economía» y del giro hacia la revolución digital, con la tecnología como auténtico motor de crecimiento.
Tras Suiza aparecen países como Suecia y Estados Unidos, que completan el podio en varias de las últimas ediciones. Suecia destaca por su combinación de bienestar social, educación y tejido empresarial tecnológico, mientras que Estados Unidos sigue siendo la gran potencia en términos de ecosistema digital, capital riesgo, empresas tecnológicas globales y capacidad para escalar ideas a nivel mundial.
En el grupo de cabeza, el índice sitúa también a economías como Corea del Sur y Singapur, dos ejemplos muy claros de países que han apostado por la tecnología como vía de desarrollo. Corea del Sur lleva años liderando la densidad de robots industriales, el despliegue de infraestructuras de telecomunicaciones avanzadas y la innovación en sectores como la electrónica de consumo. Singapur, por su parte, se ha convertido en un hub global de innovación, logística y servicios financieros avanzados.
Entre los países europeos, además de Suiza y Suecia, destacan Reino Unido, Finlandia, Países Bajos, Alemania y Dinamarca, que ocupan posiciones muy altas en el top mundial. Aun con oscilaciones, el peso del entorno europeo en el ranking sigue siendo muy relevante, aunque con la presión creciente de potencias emergentes como China, que se ha colocado de forma estable entre los diez primeros.
El ascenso de China y la pugna global en I+D
Uno de los movimientos más llamativos en los últimos años es la entrada de China en el top 10 de países más innovadores. El gigante asiático ha ido escalando posiciones gracias a un empuje sostenido en inversión en I+D, a un fuerte respaldo público a la tecnología y a la rápida consolidación de un tejido empresarial privado que ya compite de tú a tú con los grandes actores occidentales en campos como la inteligencia artificial, las telecomunicaciones o la electrónica.
China se está aproximando a convertirse en el mayor inversor mundial en I+D, recortando con rapidez la distancia en financiación privada respecto a Estados Unidos, Japón o Alemania. Este avance se refleja con claridad en el terreno de las patentes: de China procede aproximadamente una cuarta parte de todas las solicitudes de patentes internacionales presentadas en 2024, manteniéndose como la principal fuente individual de solicitudes ante la OMPI.
Mientras tanto, países tradicionalmente fuertes en innovación como Estados Unidos, Japón y Alemania han mostrado descensos ligeros en el número de solicitudes internacionales de patentes, hasta el punto de que el volumen total registrado por estas tres economías, que ronda el 40% del total, ha perdido algo de tracción. Esto no significa que hayan dejado de innovar, pero sí que el dinamismo relativo de China los está presionando.
La creciente relevancia china ha tenido consecuencias directas en la tabla de posiciones. Alemania ha salido del top 10 en algunas clasificaciones recientes y ha caído al puesto 11, cediendo su lugar precisamente a China. Aun así, los analistas subrayan que la economía alemana no debe alarmarse en exceso por este descenso puntual, ya que las clasificaciones no captan todavía del todo el impacto de ciertas decisiones políticas y comerciales, como las tensiones arancelarias impulsadas en su día por la administración Trump.
En paralelo, el informe «Most Innovative Economies» de WIPO distribuye el liderazgo según niveles de renta. En el grupo de países de renta alta, Suiza, Suecia y Estados Unidos son las tres potencias que encabezan el ranking de ecosistemas de innovación. Entre las rentas medio-altas, China, Malasia y Turquía se sitúan como los países más avanzados. En el segmento de rentas medio-bajas destacan India, Vietnam y Filipinas, mientras que en el grupo de rentas bajas aparecen Ruanda, Togo y Uganda como referentes de innovación relativa en sus respectivas categorías.
Alemania: potencia robótica europea bajo presión asiática
Aunque ha perdido el puesto de honor en el top 10 del índice global, Alemania sigue siendo un actor clave en la innovación industrial, especialmente en el campo de la robótica. Dentro de Europa, el país germano es el mayor mercado de robots industriales y mantiene un liderazgo muy claro en automatización de procesos productivos.
Según datos de la Federación Internacional de Robótica (IFR), en 2022 se instalaron en Alemania alrededor de 26.000 nuevos robots industriales, una cifra ligeramente superior a la del año anterior que confirma la apuesta sostenida de su industria por la automatización. En total, el país cuenta con un parque operativo de más de 230.000 robots industriales, lo que lo convierte en el primer mercado europeo en este ámbito.
La economía alemana aglutina aproximadamente un tercio de todos los robots instalados en Europa, reflejo de su alto nivel de industrialización y de su vocación por la innovación tecnológica aplicada a la producción. Sectores como el automóvil, la maquinaria, la química o la industria de bienes de equipo utilizan de forma intensiva soluciones de robótica avanzada para mantener la competitividad y responder a exigencias crecientes en calidad y productividad.
Ahora bien, si se mira el mapa global, Alemania está empezando a perder impulso relativo frente a países asiáticos como China y, sobre todo, Corea del Sur. Estos países no solo instalan más robots en términos absolutos, sino que también muestran una mayor densidad de robots por trabajador en determinadas ramas industriales, situándose a la cabeza de la carrera por la automatización inteligente.
El informe sobre innovación subraya que, pese a esta presión asiática, Alemania sigue jugando un papel decisivo en la robótica europea y conserva una enorme capacidad de ingeniería, diseño y producción de sistemas automatizados. El reto para los próximos años pasa por acelerar la adopción de tecnologías de vanguardia -como la inteligencia artificial aplicada a la industria, la robótica colaborativa o los sistemas ciberfísicos- sin perder el tren frente a sus competidores de Asia oriental.
España en el ranking de los países más innovadores
En el caso de España, el Índice Mundial de Innovación ofrece una foto matizada. En la edición más reciente analizada, nuestro país se sitúa en el puesto 29 global, perdiendo una posición con respecto al informe anterior, y ocupando el 18.º lugar entre las 39 economías europeas. Es decir, España se mantiene en la mitad alta de Europa, pero lejos todavía de los grandes líderes del continente.
La puntuación global se encuentra en línea con el nivel de desarrollo económico e ingresos de España, lo que indica que el país aprovecha razonablemente sus recursos, pero aún tiene margen de mejora para exprimir todo su potencial innovador. En el subíndice de «Resultados de Innovación», que mide especialmente lo que se consigue a partir de las inversiones (patentes, publicaciones, productos creativos, etc.), España escala hasta la posición 24, un dato que pone en valor su capacidad de transformar inputs en resultados tangibles.
Si se analiza por áreas específicas, España presenta una fortaleza particularmente notable en el ámbito de las infraestructuras, donde alcanza un destacado undécimo puesto mundial. Esto incluye aspectos como las infraestructuras tecnológicas, energéticas y logísticas, así como la conectividad digital, elementos clave para sostener la innovación a largo plazo.
En los apartados de Producción de Conocimiento y Tecnología, España se sitúa también en la mitad superior de la clasificación, concretamente en los puestos 23 y 26, respectivamente. Este desempeño refleja el peso de su sistema científico, la generación de conocimiento y la transferencia tecnológica que se produce hacia el tejido productivo, aunque todavía con recorrido para estar al nivel de los líderes europeos.
El punto más débil se encuentra en el área de Instituciones, donde España aparece en la última plaza de la clasificación. Este indicador recoge factores como la estabilidad regulatoria, la calidad del marco legal, la eficiencia de la administración o el entorno para hacer negocios. Una puntuación baja aquí lastra el resultado global, ya que puede dificultar que las buenas ideas y la capacidad científica se traduzcan en innovación empresarial a gran escala.
Datos recientes de I+D, patentes y adopción tecnológica en España
Más allá de la posición exacta en el ranking, conviene fijarse en algunos indicadores de corto plazo que muestran cómo se está moviendo la innovación en España. Uno de los datos positivos es el aumento del 4,3% en las solicitudes internacionales de patentes, indicador claro de que crece el número de invenciones con aspiración de protección y explotación a nivel global.
También se observa un incremento de alrededor del 9% en la inversión en I+D, tanto pública como privada. Esta subida, aunque todavía insuficiente para alcanzar los niveles de los países punteros, va en la dirección correcta y sienta las bases para mejorar el posicionamiento del país en futuras ediciones del índice, siempre que se mantenga y se gestione de forma eficaz. En particular, el impulso de cátedras y proyectos de computación avanzada en España está representando un foco de atracción para talento e inversión vinculada a la investigación.
En cuanto a la adopción de nuevas tecnologías, España presenta tasas de implantación cada vez más elevadas en algunas áreas concretas. Destaca, por ejemplo, que en el caso de los vehículos eléctricos se alcanzan tasas de adopción cercanas al 25%, lo que indica un cambio paulatino del parque móvil y una mayor sensibilidad hacia la movilidad sostenible y las soluciones de transporte de bajas emisiones.
El informe también subraya el papel de los principales clústeres de innovación dentro del territorio español. En la clasificación internacional de clústeres, España sitúa dos de ellos entre los más relevantes del mundo: las áreas de Barcelona y Madrid. Estos polos concentran una parte significativa de las patentes obtenidas en el país, especialmente en sectores como «otras máquinas especiales» y «comunicación digital», donde se combina la presencia de grandes empresas, startups, centros de investigación y universidades punteras.
Todo ello dibuja un panorama en el que España cuenta con fortalezas claras en infraestructuras y resultados tecnológicos, además de ecosistemas urbanos muy dinámicos, pero donde persisten desafíos en el entorno institucional y en la dimensión total del esfuerzo inversor en I+D+i si se la compara con las economías europeas de cabeza.
Panorama global de la inversión en I+D+i y la innovación
El Índice Mundial de Innovación no solo ordena países, también ofrece una radiografía de cómo evoluciona la innovación a escala global. En su 18.ª edición y en informes específicos como «Most Innovative Economies», se observa que el crecimiento del gasto en I+D se está desacelerando después de un ciclo de fuerte expansión, especialmente tras la crisis financiera de 2010 y el impulso posterior a la pandemia.
El crecimiento en I+D se redujo hasta el 2,9% en 2024, el nivel más bajo desde la crisis de 2010. Por su parte, el gasto en I+D de las empresas privadas, en términos reales, se ralentizó hasta en torno al 1%. Otro análisis del período reciente apunta a que las inversiones en I+D+i aumentaron alrededor de un 5% entre 2022 y aproximadamente un 3% en 2023, mientras que el gasto en innovación del sector privado creció algo por encima del 6%, dos puntos por debajo de la media de los seis años anteriores y muy lejos de los picos del 10% en 2019 o el 13% en 2021.
Las solicitudes internacionales de patentes presentadas ante la OMPI repuntaron ligeramente (en torno a un +0,5%) en una de las últimas mediciones, con un crecimiento especialmente intenso en la República de Corea (+7%), pero siguieron disminuyendo en Estados Unidos, Japón y Alemania. Aun así, en 2023 se registró un descenso global del 1,8% en las tramitaciones de patentes internacionales, lo que supone la primera caída interanual desde 2009.
Un fenómeno paralelo se observa en las publicaciones científicas, que se redujeron alrededor de un 5% durante el último ejercicio analizado. Esta cifra contrasta con el crecimiento del 21% en el año que consolidó la fase post-Covid y con el 8% registrado en 2020, cuando se iniciaba el repunte vinculado a la Gran Pandemia. El ciclo expansivo de publicaciones parece haberse estabilizado, y habrá que ver si se recupera o se consolida esta nueva tendencia moderada.
El capital riesgo, tradicionalmente un termómetro de la salud del ecosistema emprendedor, también muestra signos de enfriamiento. Tras el boom de 2021, los flujos de inversión de venture capital cayeron cerca de un 36% en 2022 y un 39% adicional en 2023. El número de operaciones cerradas con fondos de VC descendió prácticamente un 9,5% respecto a 2021, evidenciando un mayor cuidado a la hora de financiar startups y proyectos tecnológicos. En este contexto, movimientos de inversión privada de grandes actores globales siguen siendo relevantes para sostener ecosistemas locales y regionales, como muestran las grandes apuestas por infraestructuras de datos y centros de I+D en España.
Detrás de esta ralentización se encuentran factores como los conflictos geopolíticos, la incertidumbre económica y el largo ciclo de tipos de interés elevados que se ha vivido en buena parte del mundo. Aunque en la segunda mitad de 2024 ha empezado un proceso de bajada del precio del dinero, el panorama que se dibuja para 2025 es todavía dudoso en cuanto a la intensidad de las inversiones en I+D+i y el ritmo de los avances tecnológicos, especialmente en áreas críticas como la investigación biomédica, las baterías eléctricas, la computación avanzada o la tecnología para la transición energética.
Avances tecnológicos, adopción de robótica y vehículos eléctricos
A pesar de la moderación en algunos indicadores financieros, el progreso tecnológico no se ha detenido. El informe del GII destaca que se ha mantenido un avance firme en tecnologías clave, con mejoras en el rendimiento y los costes de varias soluciones de vanguardia que marcan el futuro de la economía global.
Por ejemplo, continúa reduciéndose el coste de la secuenciación del genoma, lo que permite expandir la medicina personalizada y la investigación biomédica de forma mucho más amplia. También se observan saltos relevantes en la eficiencia de las supercomputadoras, fundamentales para tareas de simulación, modelado de sistemas complejos y desarrollo de inteligencia artificial a gran escala.
En el campo de la energía, la evolución de las baterías muestra una mejora en costes y prestaciones, lo que resulta clave para el despegue de los vehículos eléctricos, el almacenamiento energético a gran escala y el despliegue de redes eléctricas más flexibles. Estos avances han contribuido a que tecnologías como la movilidad eléctrica o las renovables sean cada vez más competitivas frente a las opciones tradicionales.
La adopción tecnológica, en general, continúa creciendo, aunque de manera menos explosiva que en años anteriores. Se registran progresos muy claros en ámbitos como la robótica y la conectividad de alta capacidad, y se están expandiendo las redes ferroviarias de alta velocidad en diversas regiones del mundo. En paralelo, las redes 5G van desplegándose y ganando cobertura, allanando el camino para nuevas aplicaciones industriales, ciudades inteligentes y servicios digitales avanzados.
Sin embargo, el crecimiento en la implantación de robots y vehículos eléctricos ha empezado a mostrar una cierta ralentización después de varios años de expansión muy intensa. Aunque el número total de unidades sigue aumentando, el ritmo de crecimiento porcentual es algo menor, lo que refleja tanto la maduración de algunos mercados como la influencia de factores macroeconómicos (inflación, tipos de interés, incertidumbre regulatoria, etc.).
Clústeres mundiales de ciencia y tecnología
Otro aspecto clave del GII y de los informes asociados es la identificación de los clústeres de ciencia y tecnología (S&T) más importantes del planeta. Estos clústeres son regiones o áreas metropolitanas donde se concentra una elevada densidad de empresas tecnológicas, centros de investigación, universidades, startups y capital de riesgo, generando un entorno especialmente fértil para la innovación.
La mayor concentración de estos clústeres se encuentra en el Extremo Oriente. El área de Tokio-Yokohama se sitúa como el clúster de mayor dimensión global, con una enorme masa crítica de actividad tecnológica e industrial. Le siguen de cerca grandes polos chinos como Shenzhen-Hong Kong-Guangzhou, Pekín, Shanghái y Suzhou, así como el clúster surcoreano de Seúl. En conjunto, China acumula 26 de los 100 clústeres de innovación más relevantes del mundo, lo que da una idea del peso que está adquiriendo su ecosistema tecnológico.
En economías emergentes fuera de China, también aparecen clústeres de alto interés, como el de Sao Paulo en Brasil, El Cairo en Egipto, los de Delhi, Chennai y Mumbai en India, el de Teherán en Irán, y los ubicados en Kuala Lumpur (Malasia), Estambul y Ankara (Turquía) o Moscú (Rusia). Estos polos cumplen un papel esencial como motores regionales de innovación y como puntos de conexión con la economía global.
Si se mide no solo el tamaño, sino la intensidad de capital innovador, el clúster británico de Cambridge y el área de San José-San Francisco (Silicon Valley, en California) aparecen en los primeros puestos de la clasificación. Junto a ellos destacan también Eindhoven en Países Bajos, Oxford en Reino Unido, el eje Boston-Cambridge en Massachusetts y Daejeon en Corea del Sur, este último como único representante asiático en este top específico de intensidad innovadora.
En el continente europeo, el clúster de Múnich es el único que entra en el top ten de clústeres de países europeos, lo que muestra la fortaleza de Alemania en sectores como la automoción, la ingeniería avanzada y la industria 4.0. Por su parte, en África destaca el caso de Egipto, que lidera el censo regional con 11 clústeres; le siguen Sudáfrica (8), Marruecos (5) y, con 4 clústeres cada uno, Nigeria y Túnez.
En el caso de España, como se mencionaba antes, los clústeres de Barcelona y Madrid figuran entre los más importantes del mundo, con especialización en sectores relacionados con maquinaria avanzada y comunicación digital, integrando tejido industrial, startups, centros de conocimiento y empresas tecnológicas globales.
Trazando el mapa por regiones, los informes señalan que Brasil, Chile y México son los países latinoamericanos que encabezan los niveles de tecnología más avanzada; en África, los líderes regionales son Sudáfrica, Botsuana y Senegal; en Oriente Próximo, destacan Israel, Emiratos Árabes Unidos y Turquía; en la zona de Asia-Pacífico, los países más innovadores son Singapur, Corea del Sur y China; y en Asia Central, despuntan India, Irán y Kazajistán.
En conjunto, el panorama que dibuja el Índice Mundial de Innovación es el de un mundo en el que la innovación se ha convertido en el auténtico motor de competitividad, pero en el que las tensiones económicas, geopolíticas y financieras están condicionando el ritmo de avance. Suiza, Suecia, Estados Unidos y otras economías de renta alta mantienen la delantera; China y varios países asiáticos pisan fuerte con grandes inversiones en I+D y clústeres de primer nivel; Europa trata de consolidar su posición combinando capacidad científica e industria avanzada; y economías como España, con buenos mimbres en infraestructuras, conocimiento y polos urbanos de innovación, tienen por delante el desafío de reforzar sus instituciones y su apuesta inversora para no quedarse a medio camino en esta carrera global.

