OpenAI prepara un smartphone propio centrado en agentes de IA

Última actualización: 30/04/2026
Autor: Isaac
  • OpenAI trabaja en un smartphone propio para 2028 basado en agentes de inteligencia artificial que sustituyen a las apps clásicas.
  • El proyecto se apoya en chips diseñados junto a MediaTek y Qualcomm y un ensamblaje exclusivo a cargo de Luxshare.
  • El dispositivo busca control total de hardware y sistema operativo para sortear las limitaciones de iOS y Android en acceso a datos y funciones.
  • El plan incluye un ecosistema de hardware (auriculares, gafas y otros dispositivos) ligado a modelos de suscripción y servicios en la nube.

Smartphone de OpenAI con inteligencia artificial

OpenAI, la compañía detrás de ChatGPT, está dando pasos decididos para lanzar su propio smartphone, un dispositivo que llegaría a la producción en masa alrededor de 2028 y que quiere romper con el modelo tradicional de móvil lleno de iconos y aplicaciones. La idea no es simplemente añadir funciones de IA a un teléfono convencional, sino diseñar un terminal donde la inteligencia artificial sea el eje de todo lo que ocurre en la pantalla y en segundo plano.

Según múltiples filtraciones procedentes de la cadena de suministro, encabezadas por el analista taiwanés Ming-Chi Kuo, OpenAI ya trabaja con socios clave como MediaTek, Qualcomm y Luxshare para construir un ecosistema de hardware propio que le permita escapar de las reglas que hoy imponen Apple y Google en sus plataformas. El objetivo declarado es claro: dejar de depender de las restricciones de iOS y Android para ofrecer asistentes realmente integrados en la vida diaria del usuario.

Un móvil para romper con las reglas de Apple y Google

La motivación de fondo de este proyecto pasa por evitar el “peaje” que suponen las tiendas de aplicaciones y las políticas de Apple y Google. En los móviles actuales, servicios como ChatGPT están encerrados en apps limitadas por permisos, APIs restringidas y controles de privacidad que impiden un acceso continuo a datos clave como la ubicación, el historial de pagos o la actividad en segundo plano.

Para OpenAI, esas barreras hacen inviable un asistente verdaderamente útil y proactivo, capaz de anticiparse a las necesidades del usuario en tiempo real. De ahí la apuesta por un smartphone propio: controlando tanto el hardware como el sistema operativo, la compañía podría definir sus propias interfaces, decidir qué sensores se usan y cuándo, y orquestar acciones complejas sin estar a merced de decisiones ajenas.

El movimiento supone un giro respecto a los planes iniciales de hardware de la empresa, centrados en dispositivos alternativos al móvil (como altavoces inteligentes, auriculares o dispositivos sin pantalla) diseñados junto al equipo de Jony Ive. Aunque esos proyectos siguen sobre la mesa como parte de un catálogo más amplio, el análisis de Kuo apunta a que el smartphone se ha convertido en la pieza central de la estrategia.

Este paso coloca a OpenAI en competición directa con gigantes como Apple, Google o Samsung, precisamente en el segmento más exigente del mercado tecnológico: la gama alta de smartphones, donde se concentran las mayores inversiones en chip, diseño, cámara y prestaciones de red.

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Concepto de teléfono OpenAI con IA

Un agente de IA en lugar de decenas de aplicaciones

La característica más disruptiva del futuro teléfono no está tanto en la carcasa o la pantalla como en su filosofía de uso: eliminar el concepto de app tal y como lo conocemos. En lugar de abrir aplicaciones individuales para cada tarea, el usuario interactuaría con un agente de inteligencia artificial que entiende peticiones complejas y coordina todo el trabajo por detrás.

En un escenario típico, en vez de entrar en la app de cámara, editar una foto y subirla manualmente a redes, el usuario solo tendría que pedir con la voz que haga todo el proceso. Lo mismo ocurriría con acciones como reservar un vuelo, organizar la agenda semanal, pagar un recibo o pedir un taxi: el agente conectaría con los servicios necesarios y resolvería la gestión, informando del resultado sin obligar a navegar por múltiples menús.

Esta idea se inspira en el concepto del “agente reemplaza a la app”, que varios actores de la industria llevan tiempo defendiendo. El smartphone de OpenAI sería uno de los primeros intentos serios de construir un terminal desde cero asumiendo que la relación principal con el dispositivo es conversacional, no táctil. La pantalla seguiría existiendo, pero como apoyo visual para mostrar tareas, estados y resultados, más que como mosaico de iconos.

Los bocetos que han trascendido apuntan a una interfaz organizada en torno a tareas y no a aplicaciones. En lugar del clásico escritorio lleno de apps, el móvil mostraría una lista de encargos pendientes o completados —desde «comprar billetes de tren» hasta «recordar renovar el seguro»—, cada uno con un porcentaje de progreso. El sistema se estructuraría en secciones como Home, Actions, Memory e Inbox, pensadas para que el usuario vea qué está haciendo el agente en cada momento.

Esta aproximación también busca reducir el ruido constante de notificaciones típico de los móviles actuales. En vez de recibir avisos de decenas de aplicaciones, el usuario trataría casi siempre con un único canal: su asistente, que filtra, resume y presenta la información relevante cuando realmente hace falta.

Interfaz con agente de IA en smartphone

Un chip a medida con MediaTek, Qualcomm y producción de Luxshare

Para sostener este tipo de experiencia, OpenAI no puede conformarse con un procesador genérico. Las filtraciones detallan que la compañía colabora con MediaTek y Qualcomm en el diseño de un SoC específico para móviles centrado en IA, mientras que Luxshare Precision se encargará del codiseño del sistema y de la fabricación del dispositivo como socio exclusivo.

Las prioridades técnicas del chip se dividen en tres grandes bloques: consumo energético, gestión de memoria y capacidad de ejecutar modelos pequeños de IA en el propio teléfono. La idea es que el dispositivo pueda mantener al agente activo y atento al contexto del usuario sin devorar la batería en unas horas, delegando solo las consultas más pesadas a los centros de datos de OpenAI.

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Kuo sostiene que cerrar el diseño definitivo del procesador y la cadena de proveedores llevará hasta finales de 2026 o el primer trimestre de 2027. A partir de ahí, la producción en masa arrancaría en 2028, con vistas a lanzar un móvil que compita directamente en la gama alta. El plazo es largo, pero coherente con la complejidad de coordinar a varios fabricantes de chips y a un ensamblador de primer nivel.

Desde el punto de vista de negocio, el proyecto resulta especialmente atractivo para la industria de semiconductores. Fabricar un único chip avanzado de inteligencia artificial puede equivaler en ingresos a vender varias decenas de procesadores convencionales, lo que explica la predisposición de actores como MediaTek y Qualcomm a involucrarse en una aventura arriesgada pero con un margen potencial muy superior al habitual.

Luxshare, por su parte, consigue una victoria estratégica frente a otros gigantes de la manufactura como Foxconn. Convertirse en el socio exclusivo del smartphone de OpenAI le permite diversificar más allá de Apple, de quien hasta ahora dependía en gran medida, y posicionarse desde el principio en lo que podría ser la siguiente generación de hardware centrado en agentes de IA.

Cadena de fabricación de smartphone con IA

Acceso total al contexto del usuario y dilemas de privacidad

El pilar de todo este planteamiento es que el smartphone sigue siendo el dispositivo que mejor captura el estado del usuario en tiempo real. Ubicación, hábitos diarios, comunicaciones, pagos, movimiento, uso de otras aplicaciones… todo pasa por el móvil, y esa mezcla de señales hace posible que un agente de IA pueda anticiparse de verdad a lo que la persona va a necesitar.

OpenAI justifica así la necesidad de un teléfono propio: solo con acceso directo y continuo a esos datos se puede construir un asistente realmente proactivo, capaz de, por ejemplo, detectar que el usuario va camino del trabajo, sabe que tiene una reunión a primera hora y le propone automáticamente un resumen de los correos clave o de las noticias relevantes en su sector.

Al mismo tiempo, este enfoque abre interrogantes importantes en términos de privacidad, seguridad y control del usuario. Si el agente puede leer el historial de pagos, seguir la posición del móvil en todo momento o analizar patrones de comportamiento, la confianza en cómo se almacena, se procesa y se anonimiza esa información será un factor decisivo, especialmente en Europa, donde el RGPD y otras normativas ponen el listón muy alto.

Las filtraciones apuntan a una arquitectura de proceso doble: el chip local interpreta el contexto y ejecuta tareas ligeras consumiendo la menor energía posible, mientras que las operaciones más intensivas o que requieren cruzar grandes bases de datos se derivan a los servidores remotos de la compañía. Este modelo híbrido recuerda al de los móviles Android más avanzados, donde las NPUs internas conviven con la potencia bruta de la nube.

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En Europa y España, la estrategia de OpenAI tendrá que alinearse con las regulaciones sobre datos personales, IA y competencia. Cualquier apuesta por un acceso tan profundo al comportamiento del usuario tendrá que venir acompañada de mecanismos claros de consentimiento, transparencia y posibilidad real de limitar qué comparte cada persona con el sistema.

Ecosistema de dispositivos OpenAI con IA

Un ecosistema cerrado de dispositivos y suscripciones

El smartphone no llegaría solo. Los diferentes informes describen un catálogo físico que iría desde auriculares con chips de dos nanómetros hasta posibles gafas inteligentes, todo conectado a la misma plataforma de agentes de IA. La idea es atrapar al usuario en un ecosistema propio donde cada aparato, por sí mismo, tenga sentido, pero funcione mejor cuando se combina con el resto.

Esta estrategia recuerda a la integración vertical de Apple, aunque con un énfasis mucho mayor en la IA: OpenAI aspira a controlar el recorrido completo, desde el chip hasta la interfaz y los servicios de suscripción. Se habla de modelos de pago recurrente que vincularían la compra del hardware a cuotas mensuales por el acceso a agentes más avanzados, almacenamiento de memoria a largo plazo o funciones premium orientadas a productividad.

En paralelo, la compañía prepara otros lanzamientos de menor escala antes del desembarco del smartphone. Entre 2026 y 2027 se esperan productos como auriculares inalámbricos y posiblemente un altavoz doméstico siempre conectado a sus modelos, concebidos como pruebas de concepto para ir afinando la experiencia del asistente y construyendo una base de usuarios familiarizada con este tipo de interacción.

El camino no está exento de riesgos. El mercado arrastra cierta fatiga con las promesas de hardware “revolucionario” basado en IA, después de fiascos recientes como el Humane AI Pin, que prometía cambiar nuestra relación con la tecnología y terminó lastrado por problemas de batería, sobrecalentamiento y mala experiencia práctica. OpenAI, que estuvo cerca de ese proyecto y ha observado sus errores, sabe que un discurso grandilocuente no basta sin un producto sólido.

En cualquier caso, el movimiento envía una señal potente a toda la industria móvil: si OpenAI, Nothing y otros actores siguen empujando en la dirección de los agentes, Apple, Google y fabricantes europeos tendrán que decidir hasta qué punto adoptan este paradigma o se arriesgan a quedar como plataformas más “tradicionales” frente a una nueva generación de dispositivos IA‑first.

Todo este plan es aún, en buena parte, una apuesta de futuro, pero pinta un escenario en el que el móvil de finales de la década podría parecerse mucho menos a una pantalla llena de apps y mucho más a un asistente permanente con pantalla. Si OpenAI logrará ser quien lidere esa transición o solo empujará a otros a moverse más rápido es algo que sabremos con el tiempo, pero el simple hecho de que una empresa nacida en el software se atreva a la batalla del hardware ya indica que el tablero del smartphone está lejos de estar cerrado.