- OpenAI ha desactivado las sugerencias de aplicaciones en ChatGPT que los usuarios percibían como publicidad.
- La compañía insiste en que no hay incentivos económicos ni pruebas de anuncios en vivo en la plataforma.
- Las quejas se dispararon tras recomendaciones de apps como Peloton, Spotify o Target en contextos poco relacionados.
- OpenAI revisa el sistema de recomendaciones y prepara más controles para que los usuarios puedan reducir o apagar estas sugerencias.

OpenAI ha tomado la decisión de desactivar las sugerencias de aplicaciones dentro de ChatGPT que muchos usuarios interpretaban como anuncios encubiertos. La compañía, que gestiona una de las herramientas de inteligencia artificial más populares del mundo, se ha visto obligada a reaccionar tras una oleada de críticas, especialmente de clientes de pago que no esperaban ver este tipo de mensajes promocionales en sus conversaciones.
La polémica ha puesto el foco en cómo se integran las nuevas funciones en la plataforma y en los límites entre una recomendación útil y algo que se percibe como publicidad. Directivos de OpenAI, como Mark Chen y Nick Turley, han tenido que salir públicamente a aclarar que no hay anuncios en ChatGPT ni pruebas comerciales activas, pero han admitido que la forma en la que se mostraron estas sugerencias no ha sido la más acertada.
Qué ha pasado con las sugerencias de aplicaciones en ChatGPT

El origen del conflicto está en un sistema de recomendación de aplicaciones desarrollado sobre la plataforma de apps de ChatGPT, anunciada por OpenAI en octubre. La idea de la empresa era que el propio modelo de IA pudiera sugerir, de forma contextual, el uso de determinadas aplicaciones integradas para completar tareas dentro de la conversación.
Sin embargo, varios usuarios comenzaron a compartir en redes sociales capturas de pantalla con recomendaciones inesperadas. El caso más sonado fue el de una sugerencia para instalar o conectar la app de Peloton en medio de una charla sobre un podcast con Elon Musk, algo que muchos interpretaron como un anuncio mal encajado y nada relacionado con el tema de la conversación.
Uno de los usuarios más críticos, el cofundador de la startup Hyperbolic, Yuchen Jin, explicó en X (antes Twitter) que paga el plan Pro de ChatGPT por unos 200 dólares al mes y que no esperaba ver lo que, a su juicio, parecían inserciones publicitarias dentro de una herramienta profesional. Su queja se hizo viral y fue uno de los detonantes de la reacción de OpenAI.
Al mismo tiempo, otros clientes empezaron a señalar que el modelo recomendaba servicios como Spotify o Target en situaciones donde no parecían aportar valor real, reforzando la sensación de que ChatGPT estaba empezando a introducir “cuñas” promocionales sin previo aviso ni opción clara para desactivarlas.
La postura oficial de OpenAI: no hay anuncios ni pruebas comerciales

Ante el revuelo, distintos portavoces de la compañía salieron a aclarar la situación. El director de investigación, Mark Chen, insistió en que no existen anuncios en vivo ni pruebas de publicidad en ChatGPT, y que las recomendaciones mostradas no respondían a ningún acuerdo económico con terceros.
Según la versión de OpenAI, lo que se estaba testando era un sistema para mostrar aplicaciones construidas sobre la plataforma de ChatGPT de forma más integrada en las conversaciones, sin incentivos financieros asociados. La intención, según Chen y otros directivos, era ayudar al usuario a descubrir funciones adicionales que pudieran serle útiles dentro del propio ecosistema de ChatGPT.
El responsable directo de ChatGPT, Nick Turley, también abordó el tema de forma pública. A través de un mensaje, explicó que estaba viendo “mucha confusión sobre los rumores de anuncios” en el chatbot y remarcó que no había ninguna prueba comercial activa. Añadió que, de tomarse la decisión de explorar la publicidad en el futuro, se haría con un enfoque muy meditado y priorizando la confianza de los usuarios.
Un representante de la compañía, Daniel Macaulay, fue algo más concreto al afirmar que no existía un “motivo financiero” detrás de estas recomendaciones, pero reconoció que la forma en la que aparecieron fue “inapropiada” y generó una experiencia confusa para muchos clientes, que en ningún momento supieron si lo que veían era una función del sistema o una campaña encubierta.
Reconocimiento de errores y desactivación de las sugerencias conflictivas
Pese a las aclaraciones iniciales, la controversia no se frenó y obligó a OpenAI a dar un paso más. En un mensaje con un tono mucho más autocrítico, Mark Chen admitió que la empresa “se quedó corta” en la manera en la que gestionó estas recomendaciones. Según sus propias palabras, “cualquier cosa que se sienta como un anuncio debe manejarse con cuidado, y fallamos en eso”.
Como resultado, la compañía ha desactivado temporalmente este tipo de sugerencias de aplicaciones mientras trabaja en mejorar la precisión del modelo y revisar los criterios que activan esas recomendaciones. El objetivo es evitar que vuelvan a aparecer mensajes que puedan confundirse con publicidad, especialmente para quienes pagan suscripciones avanzadas.
OpenAI también ha adelantado que está valorando introducir nuevos controles para los usuarios, de forma que puedan reducir al mínimo o directamente apagar estas sugerencias si no las consideran útiles. Esta opción resulta particularmente relevante para profesionales y empresas en Europa y España, donde la sensibilidad hacia la transparencia y el control de la experiencia digital es especialmente alta.
El episodio ha servido, además, para recordar a la empresa que cualquier cambio que afecte al modo en que el modelo interactúa con contenido de terceros debe comunicarse de forma clara y anticipada. La falta de información concreta sobre cómo y cuándo se mostrarían estas recomendaciones ha sido uno de los principales motivos de enfado entre los usuarios.
Contexto: la plataforma de apps de ChatGPT y su despliegue en Europa
Las sugerencias polémicas están vinculadas a la plataforma de aplicaciones de ChatGPT, presentada por OpenAI en octubre como una forma de integrar mini-programas interactivos dentro del propio chat. Estas apps permiten, por ejemplo, reservar viajes, crear diseños, acceder a cursos o consultar información de servicios externos sin salir de la conversación.
Entre las compañías con las que OpenAI está colaborando se encuentran Booking.com, Canva, Coursera, Figma, Expedia o Zillow, entre otras. La hoja de ruta de la empresa pasa por que estas integraciones aparezcan “de forma natural” en el flujo de diálogo, para que el usuario pueda activar la app adecuada justo cuando la necesite. Algunas integraciones, como integraciones como Canva, están orientadas a facilitar tareas creativas sin salir del chat.
No obstante, el despliegue de estas funciones todavía es limitado. Actualmente, el acceso a las aplicaciones de ChatGPT está restringido a usuarios autorizados fuera de la Unión Europea, Suiza y el Reino Unido. Esto quiere decir que, por ahora, buena parte de los usuarios en España y en el resto de Europa continental no tienen acceso generalizado a la misma experiencia que se está probando en otros mercados.
La exclusión temporal de la UE del programa de apps no es casual: el entorno regulatorio europeo, con normas como el RGPD y el futuro Reglamento de IA, obliga a las empresas tecnológicas a ser especialmente cuidadosas con la privacidad, la transparencia y el tratamiento de datos cuando integran servicios externos en sus plataformas.
En este contexto, la polémica por las sugerencias que parecían anuncios llega en un momento delicado. Cualquier paso en falso en materia de transparencia o percepción publicitaria podría complicar la futura expansión plena de la plataforma de apps de ChatGPT en Europa, donde los reguladores y los consumidores están muy atentos al uso de la IA en servicios comerciales.
Prioridad: mejorar ChatGPT antes que lanzar productos publicitarios
Mientras se discutía la naturaleza de estas sugerencias, también ha salido a la luz el debate interno en OpenAI sobre el papel de la publicidad en su modelo de negocio. A principios de año, la compañía incorporó a Fidji Simo, exejecutiva de Instacart y Facebook, como CEO de Aplicaciones, y muchos analistas interpretaron este movimiento como una señal de que la empresa quería explorar seriamente la monetización a través de anuncios u ofertas comerciales integradas.
Sin embargo, un reciente memorando interno atribuido al CEO de OpenAI, Sam Altman, descrito por el Wall Street Journal, habría declarado una especie de “alerta roja” o “código rojo” dentro de la compañía. El mensaje, según estas informaciones, pide priorizar los esfuerzos para mejorar la calidad de ChatGPT y postergar otros productos, incluida cualquier iniciativa relacionada con publicidad.
Este giro encaja con la decisión de parar las sugerencias que se perciben como anuncios y centrarse en pulir la experiencia básica del chatbot. Para OpenAI, la confianza en el modelo principal es un activo crítico, y la polémica ha mostrado hasta qué punto los usuarios reaccionan con rapidez cuando sienten que se les está empujando hacia contenido promocional sin una explicación clara.
En mercados como el español, donde el uso de ChatGPT crece tanto en entornos personales como profesionales, esta prioridad puede tener un impacto directo: menos experimentos agresivos con funciones comerciales y más trabajo en precisión, seguridad y control por parte del usuario. Algo que, a medio plazo, puede resultar clave para mantener la aceptación social y regulatoria de la herramienta.
La combinación de presión competitiva, exigencias regulatorias y expectativas de los clientes hace que cualquier paso hacia la publicidad integrada en IA conversacional tenga que darse con especial cautela. La decisión de OpenAI de pisar el freno en este terreno indica que la compañía prefiere consolidar su reputación antes que explorar vías de ingresos que puedan ponerla en entredicho.
Tras las quejas por las recomendaciones de apps como Peloton, Target o Spotify y las aclaraciones de directivos como Mark Chen y Nick Turley, OpenAI ha optado por desactivar las sugerencias que se confunden con anuncios y revisar a fondo su sistema de recomendaciones, en paralelo a un refuerzo de su compromiso público de no introducir publicidad sin una comunicación clara y controles adecuados. Todo apunta a que, al menos por ahora, la prioridad seguirá siendo ofrecer un ChatGPT fiable y transparente, algo especialmente relevante de cara a su despliegue completo en España y el resto de Europa.
