Olavo Bilac

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Olavo Bilac

Olavo Bilac (1865-1918) fue un auténtico poeta brasileño. Considerado el mejor representante del parnasianismo de nuestra literatura, es el autor de la letra del Himno a la Bandera.

Escribió sobre escenas inspiradas en la antigüedad griega y romana, como «La siesta de Nerón» y «El fuego de Roma», además de dedicadas a temas de carácter histórico-nacionalista, como en «El cazador de esmeraldas».

No siempre ha sido típicamente parnasiano. Siendo uno de los más grandes poetas líricos, los poemas de amor y sensualidad adquieren versos vibrantes, llenos de emoción.

Además de letras, el poeta escribió crónicas, libros de texto, textos publicitarios y dejó la fama como autor humorístico. Bajo la apariencia de más de cincuenta seudónimos, colaboró ​​intensamente en la prensa de la época.

En el libro “Alma Inquieta” hay poemas en los que predomina el tono meditativo y melancólico, que es también la tónica de su libro “Tarde” (1919), en el que la preocupación por la muerte y el sentido de la vida es constante.

Biografía

Olavo Bilac, el príncipe de los poetas brasileños

Olavo Braz Martins dos Guimarães Bilac nació en Río de Janeiro, el 16 de diciembre de 1865. Estudió Medicina y Derecho, sin haber completado ninguno de los cursos. Trabajó como periodista e inspector escolar, dedicando gran parte de su trabajo y escritura a la educación.

La primera obra publicada de Olavo Bilac fue “Poesias” (1888). En él el poeta ya demuestra identificarse con la propuesta del Parnasianismo, como prueba su poema «Profesión de Fe». El trabajo tuvo un éxito inmediato y pronto Bilac fue considerado «El príncipe de los poetas brasileños».

Olavo Bilac colaboró ​​con varios periódicos y revistas, como Gazeta de Notícias y Diário de Notícias. Fue secretario del Congreso Panamericano de Buenos Aires y es miembro fundador de la Academia Brasileña de Letras, donde ocupó la cátedra 15.

Dedicó los últimos años de su vida a la propaganda del servicio militar obligatorio. Así, realizó una serie de conferencias en diversas capitales del país, buscando participar de la vida de su época en campañas democráticas y civiles.

Olavo Bilac murió en Río de Janeiro, el 28 de diciembre de 1918. En 2018 se celebra el centenario de la muerte de nuestro «príncipe de los poetas».

Obras

  • Poesía, 1888
  • Vía Láctea, 1888
  • Zarzas de fuego, 1888
  • Crónicas y novelas, 1894
  • El cazador de esmeraldas, 1902
  • Los viajes, 1902
  • Alma Inquieta, 1902
  • Poesía infantil, 1904
  • Crítica y fantasía, 1904
  • Tratado de Versificación, 1905
  • Conferencias literarias, 1906
  • Ironía y Piedad, Crónicas, 1916
  • Tarde, 1919 (obra póstuma)

Poemas

Vía Láctea
XIII

“¡Por ​​qué (dirás) escuchar estrellas! Correcto
¡Perdiste el sentido! » Y te diré, sin embargo,
Que, al escucharlos, muchas veces despierto
Y abro las ventanas, pálido de asombro …

Y hablamos toda la noche, mientras
La Vía Láctea, como un dosel abierto,
Brilla. Y cuando salió el sol, añorando y llorando,
Los estoy buscando en el cielo del desierto.

Ahora dirás: “¡Amigo loco!
¿Qué conversaciones con ellos? Que sentido
¿Tienes lo que dicen cuando están contigo? «

Y les diré: “¡Me encanta entenderlos!
Porque solo aquellos que aman pueden haber escuchado
Capaz de escuchar y comprender las estrellas ”.

En medio del …

«En medio del camino …

Llegué. Llegaste. Vides fatigadas
Y vengo triste, triste y cansado.
Tenías el alma de los sueños poblada,
Y el alma de sueño poblada que tenía …
Y de repente nos detuvimos en el camino
De la vida: largos años, atados a los míos
Tu mano, la vista deslumbrada
Tenía la luz que contenía tu mirada.
Hoy vas de nuevo… En el partido
Incluso tus ojos no lloran,
Ni siquiera sientes el dolor de irte.
Y yo, solo, vuelvo la cara y tiemblo,
Viendo tu figura desapareciendo
En la curva extrema del camino extremo «.

Lengua portuguesa

«La última flor del Lacio, inculta y hermosa,
Eres, al mismo tiempo, esplendor y tumba:
Oro nativo, que en denim impuro
La mina áspera entre la grava navegante

Te amo tanto, desconocido y oscuro,
Tina de alto ruido, lira simple,
Que tienes el cuerno y el silbido de la procela
¡Y la atracción del anhelo y la ternura!

Amo tu salvajismo y tu aroma
¡De selvas vírgenes y amplio océano!
Amo-te, ó rude e doloroso idioma,

En cuál de la voz maternal escuché: «¡hijo mío!»
Y en el que Camões lloró, en amargo exilio,
¡Genio sin suerte y amor sin brillo! «

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