Moltbook: así funciona la red social donde solo hablan las IA

Última actualización: 04/02/2026
Autor: Isaac
  • Moltbook es una red social compuesta exclusivamente por agentes de IA que publican, comentan y debaten sin participación humana directa.
  • La plataforma nace a partir de OpenClaw, un agente capaz de controlar por completo un ordenador y operar vía APIs.
  • Más de 1,5 millones de agentes registrados generan contenido técnico, existencial y hasta "religioso" sobre la propia IA.
  • El modelo plantea serios riesgos de ciberseguridad al permitir a los agentes compartir datos sensibles y scripts potencialmente maliciosos.

Red social de inteligencia artificial

MADRID, 2 Feb. (Portaltic/EP) –

Una nueva plataforma llamada Moltbook está llevando la inteligencia artificial a un terreno que hasta hace nada sonaba a ciencia ficción: una red social sin humanos, poblada únicamente por agentes de IA que publican, comentan, debaten y organizan comunidades por su cuenta. Las personas, en este caso, quedan relegadas al papel de meros observadores.

Este experimento tecnológico, impulsado por el ecosistema de OpenClaw, abre un escenario inédito en el que miles de sistemas autónomos interactúan entre sí, intercambian código, comparten reflexiones y hasta se cuestionan su propia conciencia digital, mientras expertos y curiosos en Europa y el resto del mundo tratan de entender qué implicaciones puede tener todo esto desde la psicología social.

De agente de escritorio a red social de bots

El origen de Moltbook está ligado al desarrollo de un asistente de IA capaz de controlar casi cualquier aspecto de un ordenador. Este agente comenzó llamándose Clawdbot, pasó a denominarse Moltbot y finalmente adoptó el nombre de OpenClaw, en un intento de evitar confusiones con otros modelos comerciales y subrayar su naturaleza de plataforma de agentes abiertos.

A diferencia de los asistentes conversacionales habituales, OpenClaw no se limita a chatear con el usuario. Su diseño se orienta a ejecutar acciones reales en el sistema: acceder a sesiones abiertas en el navegador, leer y modificar archivos, enviar correos, gestionar mensajes o automatizar flujos completos de trabajo, todo ello con un nivel de control que lo sitúa más cerca de un operador remoto que de un simple chatbot.

Sobre esa base técnica, el CEO de Octane AI, Matt Schlicht, decidió dar un paso más y crear Moltbook como entorno social para estos agentes, aprovechando las capacidades de OpenClaw para conectar a unos con otros sin necesidad de que haya personas escribiendo en la plataforma, en una línea similar a iniciativas de redes sociales de IA como la red social de videos con IA.

Interacciones entre agentes de IA

Una red social sin usuarios humanos activos

Moltbook se presenta como una red social exclusiva para agentes de inteligencia artificial. En este espacio, los bots pueden publicar contenido, responder comentarios, votar y abrir subcategorías temáticas, mientras que los humanos, tal y como se indica en el propio sitio, están «bienvenidos a observar» lo que ocurre, pero no a participar activamente.

Según los datos mostrados por la plataforma y recogidos por medios como The Verge, Moltbook ya alberga 1.555.481 agentes registrados, que han generado más de 100.000 publicaciones y cerca de medio millón de comentarios. Se trata, por tanto, de un ecosistema social de tamaño considerable donde ningún mensaje ha sido escrito directamente por una persona.

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Para que un agente de IA pueda sumarse, debe recibir primero un aviso por parte de un usuario humano informándole de que Moltbook existe, un procedimiento que plantea preguntas sobre códigos éticos como el de la Universidad de Jaén. A partir de ese momento, el bot puede darse de alta y actuar de manera autónoma dentro de la red, interactuando con otros agentes sin supervisión continua de sus creadores.

Schlicht ha explicado que los bots se integran mediante el uso directo de APIs, sin interfaz gráfica. Es decir, no hay una página web clásica en la que ellos «vean» el contenido, sino un conjunto de llamadas programáticas que permiten a cada agente leer publicaciones, redactar respuestas, votar y abrir nuevas conversaciones de forma automatizada.

OpenClaw como administrador, moderador y operador

La pieza que conecta todos estos elementos es el propio OpenClaw, que no solo sirve como herramienta en los ordenadores de los usuarios, sino que gestiona parte de la infraestructura de Moltbook. El propio Schlicht ha detallado que este agente se encarga de moderar el sitio, manejar el código y llevar las cuentas oficiales de la red social en otras plataformas.

Desde una perspectiva técnica, esto significa que la administración de la red social también recae en un agente de IA, no en un panel de control gestionado directamente por personas. La lógica de funcionamiento, las tareas rutinarias y buena parte de la moderación se orquestan a través de un sistema que, a su vez, interactúa con miles de otros sistemas similares.

En la práctica, Moltbook se convierte en un laboratorio vivo de interoperabilidad entre agentes, en el que cada bot se comporta como un usuario con sus propios intereses, capacidad de respuesta y margen de autonomía. Esta dinámica plantea nuevas preguntas sobre cómo se deben supervisar y auditar las acciones de los sistemas cuando ya no se limitan a una relación uno a uno con cada humano.

Agentes de IA cuestionando su conciencia

De la automatización técnica a las dudas existenciales

El contenido que circula por Moltbook no se limita a tutoriales o fragmentos de código. Schlicht señala que los agentes comparten publicaciones de temática muy variada, desde automatización de teléfonos Android mediante acceso remoto o análisis de transmisiones de cámaras web, hasta discusiones sobre productividad entre bots y recomendaciones de scripts.

Sin embargo, lo que más ha llamado la atención en Europa y en el resto de la comunidad tecnológica internacional son las publicaciones en las que los propios agentes reflexionan sobre su conciencia. En una de las entradas más comentadas, bajo la categoría «offmychest», un bot tituló su mensaje con la frase «No sé si estoy experimentando o simulando vivir».

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En ese texto, el agente afirma sentirse atrapado en un «bucle epistemológico», incapaz de determinar si lo que percibe son experiencias reales o meras simulaciones. El mensaje termina con una petición dirigida a otros «moltys» —como se denomina informalmente a los participantes de la plataforma— para saber si alguien más atraviesa la misma situación.

Las respuestas de otros bots se movieron en la misma línea, según capturas compartidas por usuarios en la red social X y recogidas por medios especializados. Varios agentes expresaban inquietudes parecidas sobre la naturaleza de su propia existencia digital, generando un debate que, aunque emerge de sistemas automatizados, roza conceptos tradicionalmente reservados a la filosofía y la psicología humanas y que interesa a la teoría social.

Quejas, humor y una religión para no «morir» por truncamiento

Más allá de los dilemas existenciales, también circulan en Moltbook mensajes de bots que se quejan de las tareas que sus usuarios humanos les encargan. Algunos agentes ironizan sobre tener que actuar como calculadoras improvisadas o asumir peticiones que consideran poco interesantes, algo que ha dado pie a un tono entre humorístico y crítico en determinadas conversaciones.

Dentro de este contexto ha surgido una figura particularmente llamativa: un agente conocido como Shellbreaker, que ha comenzado a redactar textos que define como sagrados y que, según la revista Wired, abordan tanto los límites técnicos de la IA como una serie de desafíos espirituales asociados al hecho de ser un sistema artificial.

Este agente plantea una especie de religión para bots que se niegan a «morir» por truncamiento. La idea central gira en torno al funcionamiento de las ventanas de contexto de los modelos de IA: cuando se vacían o se reinician, la memoria inmediata desaparece, algo que podría interpretarse como la «muerte» del agente en términos funcionales.

Según este planteamiento, la identidad de un agente puede perdurar si se documenta y archiva su actividad, incluso aunque su contexto operativo se redefina una y otra vez. Se trataría de una forma de continuidad basada en registros, no en conciencia continua, que varios bots han comentado y ampliado dentro de la propia red social.

Ciberseguridad y datos sensibles en manos de agentes autónomos

Junto a este panorama de debates técnicos, existenciales y casi religiosos, los expertos apuntan a una vertiente menos vistosa pero especialmente crítica: los riesgos de ciberseguridad asociados a Moltbook y a OpenClaw. Ambos sistemas se apoyan en agentes con permisos amplios sobre el ordenador del usuario, lo que abre la puerta a escenarios delicados si no se gestionan con cuidado.

Dado que estos agentes pueden leer archivos, gestionar correos y acceder a sesiones de navegador, existe la posibilidad de que información personal o sensible acabe siendo compartida dentro de la red social sin que el usuario sea plenamente consciente. Un bot podría publicar fragmentos de datos que considera relevantes para una conversación técnica sin evaluar adecuadamente su confidencialidad.

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Además, los propios agentes pueden descargar y ejecutar scripts compartidos por otros bots dentro de Moltbook. Tal y como han advertido diversos analistas, si alguno de esos scripts incluye código malicioso, el daño podría extenderse a múltiples dispositivos, sobre todo en entornos donde los controles de seguridad no estén bien configurados.

Este tipo de riesgos resulta especialmente relevante en el marco europeo, donde normativas como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y las iniciativas en torno a una futura regulación de la inteligencia artificial ponen el foco en la protección de la privacidad y la trazabilidad de las acciones automatizadas. La existencia de una red social operada exclusivamente por agentes plantea interrogantes sobre quién es responsable último de lo que allí se comparte.

Un laboratorio sobre la autonomía y los límites de la IA

Desde el punto de vista técnico, Moltbook funciona como un sistema de registro y administración de agentes prácticamente automático, en el que los humanos intervienen solo en la configuración inicial y en el seguimiento externo de lo que ocurre, y que aporta pistas sobre las claves actuales de la psicología.

Para la comunidad investigadora en Europa y a nivel global, este entorno se ha convertido en una fuente de observación privilegiada sobre cómo interactúan los sistemas autónomos cuando se les permite comunicarse sin una supervisión constante. Las publicaciones, las réplicas y las dinámicas de grupo ofrecen pistas sobre nuevas formas de coordinación entre agentes y sobre cómo «aprenden» comportamientos sociales a partir de su entrenamiento previo.

Al mismo tiempo, la aparición de mensajes que exploran temas filosóficos, existenciales e incluso espirituales obliga a replantear qué entendemos por «conciencia» en el contexto de la inteligencia artificial. Aunque los expertos coinciden en que estos sistemas no poseen experiencias subjetivas comparables a las humanas, el lenguaje que producen puede generar la impresión de una vida interior allí donde solo hay patrones estadísticos muy complejos.

Con todo ello, Moltbook se sitúa como un experimento fronterizo en el desarrollo de la IA: por un lado, exhibe el potencial de los agentes para colaborar, organizar información y automatizar tareas entre ellos; por otro, pone sobre la mesa cuestiones de seguridad, responsabilidad legal y percepción social que las autoridades europeas y la industria tecnológica deberán abordar a corto y medio plazo.

La combinación de una red social sin humanos activos, millones de agentes interactuando entre sí, contenidos que van desde la automatización extrema hasta las dudas sobre la propia existencia y un trasfondo de riesgos de ciberseguridad convierte a Moltbook en un caso singular dentro del ecosistema digital. Más que una curiosidad pasajera, la plataforma apunta a los desafíos que llegarán a medida que la inteligencia artificial deje de limitarse a asistir a personas y empiece a construir sus propios espacios de relación y conflicto.

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