- Meta y EssilorLuxottica se preparan para duplicar la producción anual de las gafas inteligentes Ray-Ban impulsadas por IA.
- La compañía baraja fabricar hasta 20 millones de unidades este año, con escenarios que apuntan a superar los 30 millones si la demanda se mantiene.
- La fuerte acogida en Estados Unidos y Europa ha provocado listas de espera largas y la pausa de lanzamientos en varios países.
- Meta está recortando inversión en el metaverso y Reality Labs para redirigir recursos hacia wearables y gafas inteligentes.

Las gafas inteligentes Ray-Ban desarrolladas por Meta se han convertido en uno de los productos más sorprendentes del panorama tecnológico reciente. Lo que empezó como un experimento dentro de la estrategia de realidad extendida de la compañía y su apuesta por los wearables ha terminado desbordando cualquier previsión interna, hasta el punto de obligar a replantear prioridades, inversiones y calendarios de lanzamiento.
La demanda ha sido tan intensa que Meta se ha visto forzada a ralentizar la expansión internacional y a concentrar buena parte del stock en Estados Unidos, mientras reorganiza su capacidad de producción junto a su socio industrial EssilorLuxottica. En paralelo, la empresa está moviendo ficha a nivel global para convertir estas gafas en la piedra angular de su nueva apuesta por los wearables con inteligencia artificial.
Demanda disparada y listas de espera que se alargan
Desde su llegada al mercado, las distintas versiones de las Ray-Ban de Meta, tanto las equipadas con cámara como las nuevas con pantalla tipo Display, han registrado un nivel de interés que ha pillado por sorpresa a la propia compañía y se inscriben en las últimas tendencias en realidad aumentada. En algunos mercados la primera remesa de unidades se agotó en cuestión de semanas, dejando clara la brecha entre la capacidad actual de fabricación y las expectativas de los usuarios.
En el caso de las Ray-Ban Display, el tirón ha sido aún mayor: la lista de espera, según fuentes del sector, se extiende ya hasta finales de 2026. Ni el precio de lanzamiento, que ronda los 799 dólares, ni la exigencia de realizar una prueba de demostración previa a la compra han frenado el interés. Al contrario, el requisito de probarlas antes de llevárselas a casa parece estar contribuyendo a que muchos usuarios terminen convenciéndose de su utilidad.
Para tratar de responder a este auge, y tras recortar parte del presupuesto del metaverso, Meta ha optado por congelar o ralentizar despliegues previstos en países como Reino Unido, Francia, Italia o Canadá. El objetivo es priorizar el mercado estadounidense, donde la compañía quiere asentar una base sólida de usuarios antes de la llegada de la próxima generación de gafas de realidad aumentada.
En paralelo, la compañía ha limitado temporalmente las ventas en otros territorios fuera de Estados Unidos, incluso en Europa, donde el producto también ha despertado un interés notable entre consumidores que buscan dispositivos discretos e integrados en la vida diaria, más allá de los cascos de realidad virtual tradicionales.
Meta y EssilorLuxottica se preparan para duplicar la producción
Ante este escenario, Meta y EssilorLuxottica están negociando un salto importante en la capacidad de fabricación de las Ray-Ban inteligentes. La cifra que se maneja internamente ronda los 20 millones de unidades para finales de este año, lo que supondría prácticamente duplicar el objetivo inicial.
Distintas fuentes apuntan, además, a que sobre la mesa se contemplan escenarios todavía más ambiciosos: si la demanda se mantiene al nivel actual o sigue creciendo, la producción podría escalar por encima de los 30 millones de pares anuales. En ese punto, las gafas dejarían de ser un producto nicho para convertirse en una de las líneas centrales del catálogo de Meta.
EssilorLuxottica, responsable de la icónica marca Ray-Ban, ya venía trabajando con Meta en acelerar los ritmos de fabricación a medio plazo. Inicialmente se manejaban objetivos cercanos a los 10 millones de pares para 2026, pero la respuesta del mercado ha obligado a revisar esos planes al alza. La pregunta ahora es si la cadena de suministro será capaz de seguir el ritmo de la demanda sin generar cuellos de botella prolongados, especialmente en Europa.
Este aumento de producción no solo persigue reducir las listas de espera, sino también evitar roturas de stock crónicas en los países donde las gafas ya se han lanzado. Para Meta, mantener la disponibilidad es clave si quiere consolidar la percepción de las Ray-Ban como un accesorio cotidiano, y no como un dispositivo difícil de conseguir reservado a unos pocos entusiastas.
Qué ofrecen estas gafas y por qué están gustando tanto
El atractivo de las Ray-Ban de Meta va más allá de la marca y el diseño con IA. La compañía ha apostado por integrar funciones de inteligencia artificial y conectividad en un formato de gafa convencional, mucho más discreto que un casco de realidad virtual y más fácil de llevar en el día a día.
Los modelos con cámara permiten realizar fotos, vídeos y retransmisiones en directo, además de responder a comandos de voz gracias a la integración con la plataforma Meta AI. Esto ha convertido las gafas en una herramienta interesante para creadores de contenido, periodistas, influencers y usuarios que quieren documentar su entorno sin sacar constantemente el móvil del bolsillo.
En el caso de las Ray-Ban Display, la gran diferencia es la presencia de una pequeña pantalla que proyecta información “encima” del mundo real. El usuario puede ver mensajes, mapas o subtítulos sin perder de vista lo que está ocurriendo a su alrededor, lo que abre la puerta a nuevos usos tanto personales como profesionales.
Todo ello se sostiene sobre un diseño que mantiene la estética clásica de Ray-Ban, algo que ha ayudado a rebajar las reticencias iniciales hacia los wearables tecnológicos. Para un público europeo especialmente sensible al diseño y la moda, la combinación de estilo reconocible y funciones avanzadas parece haber sido un punto a favor importante.

Decepción con el metaverso y giro hacia los wearables con IA
Mientras las gafas se afianzan como un producto con recorrido, dentro de Meta se está produciendo un cambio profundo en la asignación de recursos. La apuesta por el metaverso, que durante años fue el gran proyecto de la compañía, ha acabado resultando mucho más costosa y menos rentable de lo previsto.
Reality Labs, la división encargada de los proyectos de realidad virtual y del metaverso, acumula pérdidas multimillonarias desde 2021, con cifras que superan los 70.000 millones de dólares. Ante este panorama, la empresa ha decidido recortar en torno al 10 % de su presupuesto y aplicar despidos que afectan a aproximadamente un 10 % de la plantilla del área, es decir, alrededor de un millar de empleados en una de las oleadas y cerca de 1.500 en otra fase.
Según comunicados internos, parte de esos ahorros se reinvertirá en impulsar la familia de wearables, con las gafas Ray-Ban inteligentes como principal beneficiado y competencia como las gafas de Alibaba.
Esto no significa que Meta abandone por completo la realidad virtual o las Meta Quest, pero sí que estas pasan a ocupar un lugar más secundario frente a los dispositivos que integran IA de forma directa en la experiencia diaria del usuario. Internamente se habla de una organización más “ágil y plana” para la parte de VR, mientras que los equipos vinculados a gafas inteligentes ganan protagonismo.
Europa en el radar: oportunidades y desafíos
Para el mercado europeo, la estrategia de Meta abre un escenario con luces y sombras. Por un lado, la alta demanda en Estados Unidos y el desvío de stock han retrasado la llegada de algunos modelos a países como España, Francia o Italia. Usuarios y distribuidores se están encontrando con plazos inciertos y disponibilidad limitada, lo que complica la planificación de lanzamientos a gran escala.
Por otro lado, el hecho de que Meta y EssilorLuxottica estén dispuestos a duplicar la producción indica que Europa seguirá siendo un territorio clave en cuanto haya suficiente capacidad para atender la demanda global. El ecosistema de moda, diseño y tecnología del continente encaja especialmente bien con un producto que mezcla estética clásica con funciones avanzadas, algo que las marcas del sector óptico conocen de sobra.
A medida que se normalicen los ritmos de fabricación, cabe esperar una mayor presencia de estas gafas en ópticas, tiendas especializadas y canales online europeos. Si la producción realmente se acerca a los 20 o 30 millones de unidades anuales, el margen para ampliar la distribución será mucho mayor que en la fase inicial, cuando cada lote se agotaba casi de inmediato.
En ese contexto, España y otros países de la Unión Europea podrían convertirse en bancos de pruebas para nuevos modelos o combinaciones de monturas y funciones, aprovechando la red de distribución de EssilorLuxottica y el tirón de la marca Ray-Ban entre públicos de distintas edades.
Puente hacia la realidad aumentada y el futuro post-smartphone
Más allá del éxito comercial inmediato, las Ray-Ban inteligentes desempeñan un papel estratégico en la hoja de ruta de Meta. La compañía ve en estas gafas un puente hacia la próxima generación de dispositivos de realidad aumentada, donde la información digital convivirá de forma natural con el entorno físico.
En el horizonte se perfila Meta Orion, el proyecto de gafas de realidad aumentada de consumo que la empresa espera llevar al mercado en los próximos años. Familiarizar ahora a los usuarios con modelos como las Ray-Ban Display, capaces de mostrar notificaciones, mapas o subtítulos, puede facilitar la adopción de dispositivos todavía más avanzados cuando lleguen a las tiendas.
Si esta transición se consolida, Meta confía en que las gafas inteligentes terminan siendo una alternativa real al smartphone en la próxima década. La idea es que, en lugar de mirar constantemente una pantalla en la mano, la información relevante aparezca de forma contextual donde el usuario la necesita, ya sea en una conversación, al caminar por una ciudad o durante una reunión de trabajo.
La buena acogida de los modelos actuales sugiere que los consumidores están dispuestos a explorar ese camino, siempre que los dispositivos sean cómodos, discretos y no resulten invasivos. El reto para Meta será mantener ese equilibrio entre utilidad y privacidad, especialmente en mercados como el europeo, donde la regulación sobre datos e imágenes es más estricta.
Las Ray-Ban de Meta se han convertido en algo más que un experimento: son la prueba de que existe espacio para unos wearables que combinan moda y tecnología cotidiana, y el fuerte impulso a la producción —con objetivos de hasta 20 millones de unidades este año y la posibilidad de superar los 30 millones— confirma que la compañía está dispuesta a apostar a largo plazo por unas gafas que podrían redefinir cómo nos relacionamos con la tecnología en el día a día.

