- Meta consigue que desestimen la demanda de 13 autores por derechos de autor en EEUU al entrenar su IA Llama con libros sin permiso.
- El juez reconoce que el caso no crea precedente legal general y deja abierta la puerta a futuras demandas mejor fundamentadas.
- El debate sobre el “uso justo” enfrenta a tecnológicas y autores por los límites jurídicos en el uso de contenidos protegidos para entrenar IA.
- La resolución coincide con otras victorias judiciales para el sector de la IA y aumenta la controversia en el mercado editorial y tecnológico.

El conflicto por el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial utilizando libros protegidos por derechos de autor ha dado un nuevo giro en Estados Unidos. Un tribunal federal de San Francisco ha dictaminado que Meta no debe responder por ahora ante la acusación de usar obras literarias sin permiso para alimentar su sistema Llama, una decisión que podría marcar tendencia en la industria tecnológica pero que dista de zanjar definitivamente el debate legal.
El fallo recaído sobre Meta afecta únicamente a trece escritores, entre los que figuran nombres reconocidos como Sarah Silverman y Junot Díaz, que sostenían que la empresa dirigida por Mark Zuckerberg se habría beneficiado de la descarga de libros desde sitios piratas para mejorar la capacidad de su IA generativa. La demanda, presentada en 2023, alegaba que la reproducción de obras sin autorización perjudicaba el valor comercial de las mismas y suponía un uso ilícito a ojos de la ley estadounidense.
Un caso con muchas aristas legales

El juez Vince Chhabria, encargado de analizar el caso, desestimó la denuncia al considerar que los autores no lograron aportar pruebas sólidas de que la actividad de Meta supusiera un daño económico real o una reducción tangible en el mercado de sus obras. En palabras del juez, la defensa adolecía de argumentos y carecía de material probatorio: los demandantes “presentaron los argumentos equivocados y no desarrollaron un expediente que sustente el correcto”.
No obstante, Chhabria quiso dejar claro que el uso de materiales protegidos por derechos de autor para el entrenamiento de sistemas de IA puede resultar ilegal en otros contextos y con otras pruebas. Es decir, el dictamen solo afecta a los autores implicados en este pleito y no establece una regla general para todas las plataformas tecnológicas ni para futuros litigios.
El “uso justo” como punto de fricción entre creadores y tecnológicas
La doctrina del “uso justo” ha sido el eje central del debate, tanto en este caso como en otros que involucran a compañías como Anthropic u OpenAI. Según defienden las empresas del sector, el entrenamiento de sistemas de IA con grandes volúmenes de datos, incluidos libros y artículos protegidos, constituye un “proceso transformador”: no se busca copiar o suplantar los textos originales, sino proporcionar aprendizaje para generar nuevos contenidos.
Por el contrario, para escritores y titulares de derechos, las compañías de IA estarían utilizando material ajeno para crear productos que compiten directamente en el mercado editorial. El dictamen del juez Chhabria reconoce el valor de estos argumentos, advirtiendo el potencial de la tecnología para “inundar el mercado” con textos y obras generados en tiempo récord, lo que podría debilitar el incentivo económico para la creación tradicional por parte de autores humanos.
Una cuestión viva en la jurisprudencia estadounidense
La sentencia de San Francisco no es la única en la que el sector de la inteligencia artificial ha salido airoso. En la misma semana, otra resolución judicial respaldó a Anthropic, fabricante del chatbot Claude, también acusado de utilizar libros sin permiso para entrenar sus modelos. En ese caso, el tribunal consideró que la práctica podía estar amparada por el “uso justo” siempre que se hubieran adquirido legalmente los ejemplares empleados.
Pese a estos reveses para los autores, no se descarta una avalancha de futuras demandas respaldadas por una mejor documentación del daño económico. El juez Chhabria, de hecho, sugirió que litigios similares podrían prosperar si los demandantes presentan registros más sólidos sobre el impacto real en el mercado de sus obras.
El futuro del contenido protegido ante la expansión de la IA
Grandes tecnológicas como Meta celebraron el fallo al entender que facilita el desarrollo de nuevas herramientas, mientras que creadores y editores consideran que la batalla está lejos de concluir. El sector argumenta que, con el actual ritmo de innovación, es fundamental establecer límites claros para equilibrar la protección de la propiedad intelectual y el avance de la IA. En paralelo, otros actores reclaman la creación de mercados más transparentes en los que los autores puedan negociar la licencia de sus obras para uso en la inteligencia artificial, evitando así el “vale todo” actual.