- Meta prepara despidos de varios cientos de trabajadores en distintas divisiones, incluyendo Facebook y Reality Labs.
- Los recortes se suman a una oleada previa de más de 1.000 despidos ejecutados en enero.
- La compañía reorienta recursos hacia la inteligencia artificial y la automatización para reducir costes.
- Meta promete intentar reubicar internamente a parte de la plantilla afectada, sin precisar aún cifras.
La multinacional tecnológica Meta, matriz de Facebook, WhatsApp e Instagram, ha iniciado un nuevo recorte de plantilla que afectará a varios cientos de trabajadores a nivel global. Los ajustes se centran en diferentes equipos y divisiones clave y llegan en un momento en el que la empresa está redirigiendo buena parte de sus recursos hacia proyectos de inteligencia artificial.
Estas salidas se producen en un contexto de reorganización interna profunda, en el que la compañía busca contener el aumento de costes y optimizar sus inversiones en tecnología avanzada. Aunque la mayor parte de los despidos se concentrará en Estados Unidos, la decisión tiene implicaciones para sus operaciones en otras regiones, incluida Europa, donde Meta también mantiene centros de desarrollo y oficinas comerciales.
Despidos de cientos de empleados tras una ola previa de recortes
Según han avanzado medios como CNBC y Reuters, Meta llevará a cabo este miércoles un paquete de despidos que afectará a cientos de empleados distribuidos en múltiples equipos. Las áreas señaladas incluyen tanto la división principal de Facebook como Reality Labs, el departamento responsable de los proyectos de realidad virtual y metaverso, así como distintos equipos de redes sociales y parte de las operaciones de contratación.
Fuentes internas citadas por la prensa internacional explican que la compañía ya había avisado a directivos de alto nivel para que comenzaran a planificar recortes en sus estructuras. Aunque en un primer momento se llegó a barajar la posibilidad de que los ajustes afectaran hasta a un 20% de la plantilla global, los despidos anunciados ahora se sitúan, por el momento, en una escala más limitada, centrada en varios cientos de puestos.
Este movimiento se suma a otra oleada de despidos ejecutada en enero, cuando más de 1.000 trabajadores abandonaron la compañía. Aquella ronda ya se presentó como parte de un proceso para redefinir las prioridades de negocio de Meta, que busca ganar terreno en la carrera por la inteligencia artificial frente a otros grandes actores tecnológicos.
En conjunto, los recortes dibujan un cambio de etapa dentro de la empresa, con un giro desde las apuestas más costosas en el metaverso hacia proyectos ligados a algoritmos, automatización y nuevas herramientas basadas en IA. La presión sobre márgenes y gastos está llevando a la dirección a revisar casi todas las unidades de negocio, incluidas las que hasta ahora eran vistas como estratégicas.
Para parte de la plantilla, esta nueva tanda de despidos confirma que la fase de crecimiento acelerado de los años anteriores ha dado paso a un periodo mucho más prudente en contratación y desarrollo de proyectos, donde cada inversión debe justificar un retorno claro a medio plazo.
Intentos de reubicación interna y discurso oficial de Meta
Desde la compañía insisten en que se hará un esfuerzo para reubicar a los empleados afectados en otras posiciones internas, siempre que haya vacantes adecuadas a sus perfiles. Sin embargo, Meta aún no ha detallado cuántos de los trabajadores podrán conservar su empleo gracias a esta vía ni ha concretado la cifra exacta de despidos de esta nueva ronda.
Un portavoz de la empresa ha reiterado que los equipos de Meta se replantean y reestructuran de forma periódica con el objetivo de situarse en la mejor posición posible para cumplir sus metas a largo plazo. En este marco, la compañía sostiene que, cuando las funciones de determinados empleados dejan de encajar con la estrategia global, se intenta primero ofrecerles alternativas internas antes de optar por la rescisión del contrato.
En los comunicados trasladados a los medios, la dirección resalta que los cambios no responden únicamente a un recorte de costes, sino a una redistribución del talento hacia las áreas donde se espera mayor crecimiento. Entre ellas, destacan la inteligencia artificial aplicada a la publicidad, la mejora de los algoritmos de recomendación en redes sociales y el desarrollo de nuevas experiencias digitales que puedan escalarse a gran volumen de usuarios.
Pese a este discurso, para muchos trabajadores la realidad inmediata pasa por la incertidumbre laboral. En algunas divisiones, la plantilla ha conocido las noticias en cuestión de días o incluso horas antes de que se hicieran efectivas las salidas, lo que ha alimentado la sensación de inestabilidad que, desde hace meses, recorre el sector tecnológico.
En Europa, donde Meta mantiene sedes en ciudades como Dublín, Londres o Barcelona, el impacto concreto de los recortes aún no se ha hecho público, pero los sindicatos y representantes de los trabajadores vigilan de cerca la situación por si hubiera que activar procesos de consulta y negociación en aquellos países con una regulación laboral más estricta.
Motivos económicos: presión de costes e inversión masiva en IA
Más allá del mensaje oficial, los datos financieros ayudan a entender la magnitud de los ajustes. En el último ejercicio, Meta registró un beneficio neto de 60.458 millones de dólares (unos 50.545 millones de euros), una cifra ligeramente inferior —en torno a un 3,1% menos— que la del año anterior, a pesar de que los ingresos totales aumentaron de forma notable.
La compañía facturó en ese periodo 200.966 millones de dólares (aproximadamente 168.016 millones de euros), lo que supone un incremento del 22,2%. No obstante, los gastos operativos crecieron incluso más rápido, un 23,7%, hasta alcanzar los 117.690 millones de dólares (98.394 millones de euros), presionando así los márgenes de rentabilidad y empujando a la empresa a buscar fórmulas para controlar el coste de su estructura.
La publicidad sigue siendo el principal motor de ingresos de Meta, con 196.175 millones de dólares (164.010 millones de euros) procedentes de este negocio, un 22,1% más que en el ejercicio previo. A esto se suman otros ingresos diversos por valor de 2.584 millones de dólares (2.160 millones de euros) y 2.207 millones de dólares (1.845 millones de euros) generados por Reality Labs, el brazo de realidad virtual y metaverso, que aumentó su facturación un 2,8%, aunque continúa siendo un área intensiva en inversión.
Los datos apuntan a que las fuertes apuestas por el metaverso, junto con el coste de atraer y retener a especialistas en inteligencia artificial, han elevado de forma significativa el gasto total. Meta prevé para 2026 una horquilla de desembolsos de entre 162.000 y 169.000 millones de dólares, una cifra que refleja la magnitud de sus proyectos, pero también la necesidad de adaptar su plantilla a un escenario menos expansivo.
Al mismo tiempo, la empresa compite por fichar a algunos de los mejores perfiles de IA del mercado, ofreciendo salarios y paquetes de compensación muy elevados. Este esfuerzo por posicionarse como actor de referencia en la nueva generación de modelos de inteligencia artificial obliga a ajustar otras partidas, entre ellas, la de personal en áreas que ya no se consideran prioritarias.
Meta cerró su último ejercicio con cerca de 79.000 empleados en todo el mundo, según su informe anual. Con esa base, incluso un recorte de varios cientos de trabajadores tiene un peso relativo pequeño en términos porcentuales, pero resulta muy visible internamente y simboliza un cambio de ciclo para una empresa acostumbrada durante años a crecer prácticamente sin freno.
Reorientación estratégica: del metaverso a la inteligencia artificial
Los despidos forman parte de una reorientación más amplia de la estrategia empresarial. Tras años centrando su relato en el metaverso, la compañía ha ido desplazando progresivamente el foco hacia la inteligencia artificial como palanca principal de crecimiento futuro, siguiendo una tendencia común a la mayoría de grandes tecnológicas globales.
El giro implica revisar proyectos que ya no encajan con las nuevas prioridades y racionalizar aquellas unidades con mayores costes de desarrollo. Reality Labs, pese a seguir siendo relevante para los planes de realidad virtual y aumentada, está viendo cómo parte de sus recursos humanos y financieros se redirigen hacia áreas con una monetización más inmediata, como los sistemas de recomendación, la publicidad inteligente o las herramientas de creación automática de contenidos.
En paralelo, los equipos dedicados a redes sociales tradicionales también están experimentando cambios, con un mayor énfasis en el desarrollo de algoritmos basados en IA para mejorar la personalización del contenido que ven los usuarios en Facebook e Instagram. Esta evolución requiere perfiles técnicos muy especializados, mientras que algunas funciones más generalistas o duplicadas entre oficinas pasan a ser prescindibles dentro del nuevo organigrama.
Para el mercado europeo, donde la normativa sobre privacidad, competencia y derechos laborales es más estricta, el giro hacia la inteligencia artificial plantea además retos adicionales. Meta debe compatibilizar su apuesta tecnológica con el cumplimiento de marcos como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) o la recién aprobada regulación europea sobre IA, lo que añade capas de complejidad a cualquier reorganización interna.
Este contexto hace que la compañía tenga que hilar fino: por un lado, se ve obligada a reducir gastos y ajustar plantillas; por otro, necesita mantener el talento crítico que le permitirá seguir innovando y cumpliendo con los requisitos regulatorios y de seguridad exigidos en regiones como la Unión Europea.
Un sector tecnológico en transformación y el empleo en el punto de mira
El movimiento de Meta no es un caso aislado. En los últimos meses, varias grandes tecnológicas han anunciado recortes de plantilla significativos en todo el mundo, en muchos casos con mensajes muy similares: necesidad de centrarse en la inteligencia artificial, racionalizar proyectos menos rentables y afinar sus estructuras organizativas tras años de fuerte expansión.
En Europa, esta dinámica ha despertado preocupación tanto entre los trabajadores del sector como entre las autoridades, ya que el ecosistema digital se ha convertido en un pilar clave del empleo cualificado. Aunque muchos de los profesionales afectados por despidos en grandes tecnológicas suelen recolocarse con relativa rapidez en otras compañías o startups, la concatenación de recortes empieza a dibujar un panorama menos estable que el vivido en la década anterior.
El papel de la inteligencia artificial en esta transformación es complejo. Por un lado, abre la puerta a nuevos nichos de empleo vinculados al desarrollo, entrenamiento y supervisión de modelos de IA. Por otro, fomenta procesos de automatización que pueden reducir la necesidad de ciertos perfiles, sobre todo en tareas repetitivas, de soporte o con menos valor añadido, lo que se refleja en decisiones como las de Meta.
Los sindicatos y organizaciones de trabajadores en Europa piden que estas reestructuraciones se gestionen con planes de transición y formación, con el objetivo de que los empleados afectados puedan reconvertir sus competencias hacia los nuevos perfiles demandados. En países con mayor tradición de negociación colectiva, es probable que cualquier impacto relevante de estos recortes active mecanismos formales de consulta con representantes laborales.
Para Meta, el desafío pasa por demostrar que su apuesta actual por la inteligencia artificial y la racionalización de costes no se traduce únicamente en recortes a corto plazo, sino en una estrategia sólida que permita mantener el empleo de alta cualificación en regiones como España y el resto de Europa, a la vez que sigue compitiendo de tú a tú con otros gigantes del sector.
El conjunto de medidas anunciadas deja claro que la compañía atraviesa una fase de ajuste y redefinición de su modelo de negocio. Con ingresos publicitarios en crecimiento, pero con un aumento de gastos aún mayor, Meta busca cuadrar el círculo: mantener su liderazgo en redes sociales, acelerar en inteligencia artificial y, al mismo tiempo, aligerar una estructura que considera sobredimensionada en determinadas áreas. Los despidos de cientos de empleados, sumados a la oleada de más de 1.000 salidas de enero, son uno de los síntomas más visibles de ese cambio de rumbo.

