Meta apuesta por energía nuclear para sostener su IA y centros de datos

Última actualización: 10/01/2026
Autor: Isaac
  • Meta firma acuerdos para asegurar más de 6 GW de energía nuclear limpia y estable para sus centros de datos de IA.
  • Los convenios combinan plantas nucleares existentes de Vistra con proyectos avanzados de Oklo y TerraPower.
  • La energía nuclear se consolida como factor competitivo clave frente al auge de la inteligencia artificial.
  • Los contratos a largo plazo buscan estabilidad de costes, menor huella de carbono y seguridad energética hasta la década de 2030.

Infraestructura nuclear para centros de datos e IA

Meta Platforms ha dado un paso de gran calado en su estrategia energética al cerrar una serie de acuerdos de suministro nuclear que desbloquearán más de 6 GW de capacidad eléctrica en Estados Unidos. El objetivo declarado es claro: garantizar energía abundante, estable y con bajas emisiones para sostener el despliegue de su infraestructura de inteligencia artificial y la expansión continua de sus centros de datos.

Con estos contratos, la compañía matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp se sitúa como uno de los mayores compradores corporativos de energía nuclear del país norteamericano. La operación combina generación procedente de centrales ya en funcionamiento con proyectos de reactores avanzados y pequeños modulares (SMR) que entrarán en operación a partir de la próxima década.

La energía, nuevo campo de batalla de la inteligencia artificial

En el ecosistema de la IA de gran escala, el cuello de botella ya no es solo el acceso a chips punteros o a talento especializado, sino la capacidad de asegurar electricidad suficiente, predecible y de baja huella de carbono. Entrenar y operar modelos de lenguaje de gran tamaño, superclusters y servicios de inferencia en tiempo real exige un consumo eléctrico sostenido que no deja de crecer trimestre a trimestre.

En ese contexto, la energía nuclear reaparece como pieza estratégica para garantizar carga base 24/7. A diferencia de fuentes renovables intermitentes como la solar o la eólica, los reactores pueden operar de forma continua y soportar picos de carga sin depender de las condiciones meteorológicas, algo clave para que los centros de datos no se vean interrumpidos.

Meta enmarca esta ofensiva energética como una respuesta directa a la escalada de demanda de sus infraestructuras de IA en Estados Unidos, donde la competencia por megavatios se ha intensificado con la proliferación de complejos de servidores. Contar con contratos a largo plazo ya no es un detalle técnico, sino un elemento de ventaja competitiva frente a otros gigantes tecnológicos.

Este tipo de acuerdos ofrece a la compañía mayor visibilidad sobre el coste energético futuro, facilita la tramitación de permisos y permite planificar nuevas instalaciones sin la incertidumbre de si la red podrá absorber el incremento de consumo. Para la industria, la señal es clara: la energía se ha integrado en el corazón mismo del modelo de negocio digital.

La consecuencia colateral es que la llamada “carrera por los megavatios” puede afectar a la disponibilidad y al precio de la electricidad para otros sectores industriales y para el consumo residencial, lo que añade presión a reguladores y operadores de red a la hora de planificar nuevas infraestructuras.

Estrategia energética nuclear para IA y data centers

Vistra, TerraPower y Oklo: combinación de plantas existentes y nueva generación nuclear

El paquete de acuerdos anunciado se apoya en un mix entre extensión de vida de centrales nucleares en operación y el desarrollo de nuevos reactores avanzados. Sobre la mesa figuran nombres de peso del sector eléctrico como Vistra, junto a startups como Oklo y TerraPower, que están apostando por tecnologías de SMR y diseños innovadores.

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En el frente más inmediato, el contrato con Vistra se firma por un periodo de 20 años y cubre 2,1 GW de electricidad procedentes de las plantas nucleares de Perry y Davis-Besse, ambas en Ohio. Estas centrales ya están conectadas a la red, por lo que el suministro a Meta se apoyará en activos existentes con costes de generación relativamente bajos.

Además, el acuerdo prevé ampliar la capacidad de Perry, Davis-Besse y la central de Beaver Valley en Pensilvania, lo que permitirá añadir unos 433 MW extra a principios de la década de 2030. Gran parte de esta energía circulará a través de la red PJM, una de las mayores interconexiones eléctricas de Estados Unidos, que abastece a 13 estados del Atlántico medio y del Medio Oeste y que ya muestra signos de tensión por la concentración de centros de datos.

La otra pata del plan de Meta se apoya en la innovación nuclear: Oklo aportará alrededor de 1,2 GW mediante una flota de reactores Aurora Powerhouse de 75 MW cada uno, a instalar en el condado de Pike (Ohio), siempre que obtenga las autorizaciones regulatorias necesarias. Para cumplir con el volumen comprometido, la empresa deberá levantar más de una docena de estas unidades.

Oklo, que salió a bolsa en 2023 a través de una fusión con una SPAC y ya ha firmado acuerdos con operadores de data centers como Switch, todavía no cuenta con la aprobación definitiva de su diseño por parte de la Comisión Reguladora Nuclear estadounidense. Su calendario apunta a comenzar a suministrar electricidad a la red en torno a 2030, pero el sector observa con atención la evolución de los procesos de licencia.

El tercer gran socio, TerraPower —compañía cofundada por Bill Gates— prevé iniciar el suministro eléctrico a Meta a partir de 2032. Su propuesta se basa en un reactor avanzado refrigerado por sodio fundido, que transfiere calor del núcleo al generador y integra un sistema de almacenamiento térmico capaz de liberar potencia adicional en momentos de alta demanda.

Según los detalles conocidos, cada reactor de TerraPower podrá producir 345 MW de potencia eléctrica, a lo que se sumaría un bloque de almacenamiento capaz de aportar entre 100 y 500 MW extra durante más de cinco horas. Los dos primeros reactores comprometidos para Meta sumarían 690 MW, con opción a que la tecnológica adquiera hasta seis unidades adicionales, lo que podría elevar la capacidad contratada hasta unos 2,8 GW y 1,2 GW de almacenamiento asociado.

Costes, plazos y riesgos de ejecución

Aunque Meta no ha desvelado los términos económicos de los acuerdos, las referencias disponibles permiten afirmar que la energía que procede de plantas nucleares ya operativas será previsiblemente la más barata. En muchas redes eléctricas, estos reactores amortizados ofrecen una de las formas de generación de carga base más competitivas en términos de coste por MWh.

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La gran incógnita está en los reactores modulares pequeños y en los diseños avanzados. Tanto TerraPower como Oklo han presentado estimaciones orientativas: la primera confía en situarse en una horquilla de 50-60 dólares por MWh en proyectos maduros, mientras que la segunda maneja rangos de 80-130 dólares por MWh. En cualquier caso, es probable que las primeras unidades comerciales resulten sensiblemente más costosas que las posteriores, a medida que se escale la producción en serie.

Más allá del precio, el factor crítico para el mercado será el calendario real de entrada en operación de esta potencia. Extender la vida útil de centrales existentes puede resultar relativamente rápido, pero exige inversiones de mantenimiento, revisiones técnicas y autorizaciones adicionales. En tecnologías nuevas, la combinación de trámites regulatorios, desafíos de ingeniería, inflación de costes y aceptación social añade un nivel de incertidumbre relevante.

Los analistas ponen el foco en el desglose año a año de la capacidad firme disponible, así como en la naturaleza contractual de los acuerdos (contratos de compra de energía a largo plazo, participación en activos o fórmulas híbridas). En una industria digital que se mueve por ciclos trimestrales, la energía, sin embargo, se construye en plazos de años o incluso de décadas.

En paralelo, el anuncio de Meta encaja en un momento en que la política energética e industrial de Estados Unidos prioriza la seguridad de suministro y la autonomía tecnológica. Reforzar la nuclear se ve como una forma de sostener el crecimiento digital y la descarbonización sin depender en exceso de importaciones de combustibles fósiles ni de redes vulnerables a interrupciones.

Centro de datos impulsado por energía nuclear

Nuclear y renovables: hacia un portafolio energético diversificado

La ofensiva nuclear no implica que Meta abandone otras tecnologías limpias. La compañía mantiene una estrategia de diversificación que incluye grandes contratos de energía solar y eólica. Entre ellos figuran, por ejemplo, acuerdos para incorporar centenares de megavatios de potencia fotovoltaica en estados como Texas, lo que sitúa su cartera global de renovables contratadas por encima de los 12 GW.

El enfoque que se perfila es más bien complementario: usar renovables para maximizar el aporte de generación baja en carbono cuando hay recurso disponible y apoyarse en la nuclear como “columna vertebral” capaz de ofrecer un flujo continuo de electricidad para los centros de datos. De este modo, Meta busca reducir al mínimo el uso de combustibles fósiles en su mix energético.

En clave de reputación y de objetivos climáticos, la empresa presenta esta estrategia como parte de su hoja de ruta hacia emisiones netas cero en sus operaciones. La alta densidad energética de la nuclear y su bajo requerimiento de suelo encajan, además, con la realidad de unos centros de datos que no siempre pueden desplegar grandes superficies de paneles solares en su entorno inmediato.

Este movimiento se alinea también con la trayectoria de otros grandes actores tecnológicos. Compañías como Microsoft o Google han empezado a explorar fórmulas similares de suministro nuclear, aunque el volumen contratado por Meta destaca especialmente por su escala, lo que refuerza la percepción de que el átomo vuelve a ganar protagonismo en la transición energética asociada a la economía digital.

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De cara a Europa y España, donde el debate sobre la prolongación de la vida útil de las centrales y el papel de la nuclear en la transición energética sigue abierto, la operación de Meta añade un argumento adicional sobre el papel de la generación firme y baja en carbono en el despliegue de la IA y los servicios digitales. Aunque los acuerdos actuales se centran en Estados Unidos, el patrón podría replicarse si la demanda de centros de datos crece con fuerza en el Viejo Continente.

Impacto económico, empleo y oportunidades para el ecosistema tecnológico

Según las estimaciones vinculadas a estos proyectos, los acuerdos podrían generar miles de empleos en la fase de construcción y cientos de puestos de trabajo estables para la operación y el mantenimiento de las instalaciones nucleares. A ello se suma el efecto tractor sobre cadenas de suministro locales, ingeniería, servicios técnicos y proveedores especializados.

En las regiones donde se ubican las plantas —como Ohio, Pensilvania o Wyoming—, el refuerzo de la actividad nuclear y la llegada de nuevos proyectos se traduce en mayores ingresos fiscales, inversión en infraestructuras y dinamización económica. Para muchas comunidades, la alianza entre grandes tecnológicas y operadores energéticos supone una oportunidad para consolidar su posición en la nueva economía digital.

Para el ecosistema tecnológico en sentido amplio, estos acuerdos envían una señal de oportunidad para startups y empresas emergentes que trabajen en ámbitos como la eficiencia energética, la optimización de redes, la gestión inteligente de la demanda o el almacenamiento de energía apoyado en IA. El auge de la infraestructura digital sostenible abre nichos de mercado tanto en Estados Unidos como en Europa.

Desde el punto de vista financiero, el movimiento de Meta refuerza la idea de que el capex ligado a la IA no se limita a chips y servidores, sino que incorpora cada vez más inversión en infraestructura energética. Para los inversores, la posibilidad de que estos contratos a largo plazo estabilicen parte de la estructura de costes de la compañía añade un elemento relevante al análisis de su negocio.

Si otras grandes tecnológicas siguen la misma senda y cierran acuerdos similares, es probable que se produzca un “efecto contagio” en la demanda de generación firme, lo que podría acelerar proyectos nucleares que aún están sobre el papel y reconfigurar parte del mapa energético de las próximas décadas.

La jugada de Meta deja claro que, en la nueva fase de la economía digital, la capacidad de asegurar energía limpia, estable y a gran escala se ha convertido en un factor decisivo. Más allá de quién tenga el modelo de IA más avanzado, la verdadera ventaja puede residir en quién dispone de la red y del suministro eléctrico necesarios para escalarlo sin fricciones y sin disparar su huella de carbono.

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