¿Las semillas de la vida están repartidas por todo el espacio?

Última actualización: 25/07/2025
Autor: Isaac
  • Se han encontrado 17 moléculas orgánicas complejas, precursoras de la vida, en el disco protoplanetario de la estrella V883 Orionis.
  • Estos compuestos incluyen etilenglicol y glicolonitrilo, básicos para la formación de aminoácidos y nucleobases.
  • El hallazgo indica que la materia prima para la vida no se forma solo en los planetas, sino que podría heredarse de etapas anteriores del Universo.
  • La investigación refuerza la hipótesis de que los ingredientes necesarios para la vida son comunes y están ampliamente distribuidos en el cosmos.

Moléculas en el espacio

Cada vez aparecen más pruebas de que los bloques fundamentales para la existencia de vida en el universo pueden encontrarse más allá de nuestro planeta. Lejos de ser exclusivos de la Tierra, estos ingredientes parecen estar diseminados por el espacio, flotando entre nubes de polvo, estrellas jóvenes y sistemas planetarios en formación.

Un reciente y llamativo descubrimiento, llevado a cabo por un equipo internacional de astrónomos gracias al radiotelescopio ALMA en el desierto de Atacama (Chile), podría cambiar el modo en que entienden el origen y la distribución de la vida en el cosmos. El hallazgo se centra en la protoestrella V883 Orionis, rodeada por un disco protoplanetario aún en plena turbulencia de formación.

Moléculas orgánicas complejas en un entorno primordial

Vida en el espacio

Utilizando ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), los científicos identificaron hasta 17 moléculas orgánicas complejas en el disco de V883 Orionis. Entre ellas destacan el etilenglicol y el glicolonitrilo, compuestos considerados esenciales para la síntesis de aminoácidos y nucleobases como la adenina. Estos últimos son componentes cruciales para la formación de proteínas y el ADN, los «ladrillos» de la biología tal y como la conocemos.

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Hasta ahora, se pensaba que los procesos violentos de nacimiento estelar destruían muchos de estos compuestos, obligando a que se formaran de nuevo en los discos donde más tarde surgirían los planetas. Sin embargo, este descubrimiento desafía esa idea, incluyendo la hipótesis de «reinicio químico”: los discos protoplanetarios parecen heredar parte de la complejidad química desarrollada en etapas anteriores de la evolución estelar.

¿La vida puede empezar mucho antes que los propios planetas?

Semillas de la vida en el espacio

Los estudios realizados muestran que la complejidad molecular no se limita al entorno de las estrellas maduras. En regiones de formación estelar y en nubes frías de polvo y gas, los expertos ya habían encontrado compuestos orgánicos simples, como el metanol. Sin embargo, la detección de compuestos más complejos —como el etilenglicol y el glicolonitrilo— directamente en esos entornos, confirma que el proceso de enriquecimiento químico es continuo y más generalizado de lo que se pensaba.

La observación de V883 Orionis ofrece una instantánea de cómo los copos de hielo del disco protoplanetario, cuando son calentados por estallidos de radiación de la estrella en crecimiento, liberan moléculas atrapadas en su interior. Es entonces cuando esos compuestos muestran su «firma» en forma de ondas de radio, que ALMA es capaz de captar con gran sensibilidad y precisión, incluso a millones de kilómetros de distancia.

Un rompecabezas químico universal

El descubrimiento encaja con otros trabajos previos sobre meteoritos y cometas en nuestro propio Sistema Solar. Muchos de estos cuerpos contienen moléculas orgánicas complejas que, tras impactar en los planetas, podrían haber «sembrado la vida» tanto aquí como potencialmente en otros lugares. Un ejemplo emblemático es el meteorito de Murchison, que mostró una sorprendente riqueza de aminoácidos y precursores biológicos jamás detectados en la Tierra.

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Estos nuevos hallazgos extienden la idea de que los ingredientes básicos para la vida están presentes en distintos rincones del espacio y pueden sobrevivir a los periodos más caóticos de la formación planetaria. Eso implica que los procesos que dieron lugar a la vida en la Tierra podrían estar ocurriendo, o haber ocurrido ya, en una multitud de otros sistemas en el universo.

Según Kamber Schwarz, coautor de la investigación, «los discos protoplanetarios no solo son lugares de fabricación de planetas, sino auténticos archivos de memoria química heredada de generaciones previas de nubes estelares». Así, la formación de moléculas clave para la biología podría ser la norma y no la excepción en el cosmos.

Pese a la emoción, los científicos subrayan que aún quedan incógnitas por resolver. Están trabajando con datos de altísima resolución para confirmar la detección exacta de cada compuesto y, presumiblemente, encontrar moléculas aún más complejas que hasta ahora permanecen en la sombra.

Estos avances científicos confirman la enorme capacidad de la tecnología astronómica actual para desvelar los secretos químicos del universo. Lo que hace solo unas décadas pertenecía al terreno de las conjeturas ahora empieza a estar respaldado por pruebas tangibles: los ingredientes de la vida, lejos de ser exclusivos de nuestro planeta, podrían encontrarse preparados y dispuestos en muchos otros lugares del espacio, esperando quizás la chispa adecuada para desplegar toda su complejidad biológica.

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