Las primeras fotos de la Tierra desde la misión Artemis II

Última actualización: 04/04/2026
Autor: Isaac
  • La NASA ha publicado las primeras imágenes en alta resolución de la Tierra tomadas por la tripulación de Artemis II desde la cápsula Orión.
  • Las fotos muestran el planeta completo, África, Europa y la península ibérica, junto con auroras y la luz zodiacal.
  • Las imágenes se captaron tras la maniobra de inyección translunar, cuando Orion abandonó la órbita terrestre rumbo a la Luna.
  • La misión, con cuatro astronautas a bordo, marca el primer viaje humano más allá de la órbita terrestre desde 1972 y prepara el regreso a la superficie lunar.

Imagen de la Tierra captada por Artemis II

La NASA ha difundido las primeras fotografías en alta resolución de la Tierra tomadas por la tripulación de la misión Artemis II mientras se dirige hacia la Luna, en un hito que no se producía desde los tiempos del programa Apolo. Estas imágenes, captadas desde la cápsula Orión cuando la nave ya se encontraba a cientos de miles de kilómetros de nuestro planeta, muestran un globo azul pálido recortado sobre el negro del espacio con un nivel de detalle pocas veces visto.

La publicación de las fotos ha llegado en los primeros días de vuelo, justo después de que la misión completara la maniobra clave que la ha sacado de la órbita terrestre y la ha puesto en ruta hacia el satélite, y plantea retos para conservar este material digital. Desde el control de misión en Houston se subraya que no se trata solo de un logro técnico, sino también de un recordatorio visual de que, por muy lejos que viajemos, seguimos compartiendo un mismo mundo.

Un planeta azul desde la ventana de Orión

Vista de la Tierra desde la cápsula Orión

Las imágenes más comentadas han sido tomadas por el comandante de la misión, Reid Wiseman, utilizando tanto su dispositivo personal como las cámaras a bordo de Orión. En una de las tomas, bautizada por la NASA con el mensaje «Hello, World» o «Hola, mundo», se aprecia la Tierra completa: un disco luminoso con tonos azules y marrones en el que se distinguen claramente África, Europa y buena parte del Atlántico.

En esa vista global, la agencia espacial detalla que se ve una gran masa continental marrón identificada como África, con la península ibérica resaltando en el borde del planeta, iluminada por las luces nocturnas. Sobre el hemisferio norte aparece un resplandor verdoso, una aurora boreal que se eleva ligeramente sobre la superficie, mientras que en la parte inferior se intuye otra aurora en el hemisferio sur.

Las descripciones oficiales señalan también la presencia de la luz zodiacal, un brillo tenue y triangular en la zona donde la Tierra eclipsa al Sol. Ese resplandor, causado por el polvo cósmico que refleja la luz solar en el plano del sistema solar, resulta casi imposible de observar desde la superficie terrestre, pero se revela con claridad desde la altitud y el ángulo que proporciona Orión.

En otra de las fotografías difundidas, la Tierra no llena todo el encuadre: solo un segmento del planeta asoma por una de las ventanas principales de la cápsula. El interior aparece en penumbra, se insinúan correas y componentes del habitáculo, y al fondo destaca el mismo disco azul pálido con nubes blancas girando en espiral. Para la NASA, esa composición resume la esencia de la misión: somos nosotros mismos, observando nuestro hogar desde el interior de una nave humana en ruta a la Luna.

Las agencias y medios que han tenido acceso al material subrayan que muchas de estas vistas se han obtenido usando las cámaras fotográficas oficiales a bordo, entre ellas cuerpos profesionales como Nikon D5, además de los dispositivos personales de los astronautas. El propio inventario de la misión recoge que la tripulación dispone de varios equipos para documentar y previsualizar imágenes del viaje, algo que están aprovechando prácticamente cada vez que se asoman a las ventanillas.

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El momento clave: la inyección translunar y el “adiós” a la órbita terrestre

Trayectoria de Artemis II hacia la Luna

Las primeras fotos de la Tierra se han tomado inmediatamente después de la maniobra de inyección translunar, el encendido prolongado del motor del módulo de servicio de Orión que permite abandonar definitivamente la órbita terrestre y encaminarse hacia la Luna. Esta maniobra, que duró en torno a seis minutos, se ejecutó tras un periodo inicial en órbita alta alrededor de la Tierra, diseñado para verificar en detalle los sistemas de la nave.

Antes de ese impulso decisivo, el cohete SLS (Space Launch System) despegó desde la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy, en Florida, llevando a bordo a los cuatro integrantes de la misión: Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, este último de la Agencia Espacial Canadiense. Tras alcanzar el espacio, Orión desplegó sus cuatro paneles solares, se separó de la etapa superior del cohete y realizó una serie de comprobaciones, incluida una demostración de pilotaje manual usando la etapa de propulsión criogénica como referencia de acoplamiento.

Una vez completados estos pasos, la etapa superior realizó un nuevo encendido para colocar la nave en una órbita elíptica muy alta, de unos 74.000 kilómetros sobre la Tierra. Durante aproximadamente 24 horas, la tripulación y los equipos en tierra monitorizaron el comportamiento de los sistemas. Tras esa fase, llegó el momento de la inyección translunar, que dio a Orión el “empujón” final para escapar de la gravedad terrestre y poner rumbo al entorno lunar.

Desde la sede de la NASA en Washington, la responsable de la dirección de misiones de desarrollo de sistemas de exploración, Lori Glaze, destacó que este encendido «se realizó de forma impecable» y marcó la primera vez desde 1972 que seres humanos volaban más allá de la órbita terrestre. Cada hito, recalcó, supone un avance importante para el programa Artemis y para el objetivo de volver a la Luna de forma sostenible.

Con la maniobra completada, la nave quedó en una trayectoria en bucle que llevará a los astronautas a sobrevolar la cara oculta de la Luna y regresar después a la Tierra, en un recorrido de aproximadamente 1,1 millones de kilómetros durante unos diez días de misión. Según los datos en tiempo real del Artemis Real-time Orbit Website (AROW), en distintos momentos del trayecto Orión se ha situado ya a más de 200.000 kilómetros de la Tierra y a distancias similares de la Luna, en pleno espacio profundo.

Lo que ven los astronautas: el lado oscuro de la Tierra, auroras y media luna azul

Además de la clásica imagen del planeta completamente iluminado, la tripulación de Artemis II ha compartido vistas menos habituales del lado nocturno de la Tierra. El especialista de misión canadiense, Jeremy Hansen, relató en una conexión con el control de Houston que, tras la inyección translunar, los cuatro astronautas estaban «pegados a las ventanas» contemplando la escena mientras la Luna iluminaba la cara oscura del planeta.

En algunas de las fotografías y transmisiones se aprecia la frontera entre el día y la noche, la llamada línea del terminador, dividiendo la esfera terrestre en una zona iluminada y otra en penumbra. En la parte oscura se distinguen redes de luces de ciudades y regiones densamente pobladas, mientras que sobre los polos las auroras se despliegan como cintas verdes curvas, visibles tanto en el hemisferio norte como en el sur.

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Desde el punto de vista fotográfico, la NASA ha compartido incluso datos técnicos de algunas tomas: sensibilidades muy altas, del orden de ISO 51.200, y exposiciones prolongadas para poder registrar a la vez la luz de las auroras, el brillo tenue de la atmósfera (airglow) y el resplandor de los núcleos urbanos. El resultado difiere mucho de las imágenes diurnas habituales, en las que el intenso reflejo del Sol obliga a usar tiempos de exposición muy cortos que apagan el fondo estrellado.

En otra de las vistas difundidas, el planeta aparece como una media luna azul, con gradaciones de color que van del azul profundo del océano al marrón de las masas continentales, envuelto por una atmósfera que forma un halo fino y luminoso. Se trata de una perspectiva que recuerda, salvando las distancias, a las fotografías que solemos hacer desde la ventanilla de un avión, pero en este caso con la Tierra ocupando el papel de «paisaje exterior».

Los testimonios de la tripulación insisten en la carga emocional de estas escenas. Christina Koch explicó durante una transmisión en directo que, aunque sabían de antemano qué iban a encontrar, nada prepara realmente para ver el propio planeta iluminado como si fuera de día y, a la vez, coronado por un resplandor procedente de la Luna. Según sus palabras, esas vistas hacen todavía más emocionante pensar en las imágenes similares que obtendrán de la superficie lunar cuando la nave alcance su punto más cercano al satélite.

Europa en el encuadre: África, península ibérica y el Atlántico

En España y en otros países europeos, buena parte de la atención mediática se ha centrado en el hecho de que varias fotos muestran Europa y, en particular, la península ibérica dentro del encuadre. En las descripciones divulgadas por la NASA se precisa que, en una de las instantáneas de planeta completo, entre aproximadamente las ocho y las nueve en un imaginario reloj, se ve una masa continental correspondiente a África, con la península ibérica brillando por sus luces en el borde donde la esfera comienza a curvarse hacia la oscuridad.

Esas luces nocturnas, que agrupan grandes áreas urbanas de España y Portugal, aparecen como pequeños puntos y manchas luminosas que se suman a otros núcleos de Europa occidental. Para los observadores desde nuestro país, ver el territorio nacional en una fotografía de este tipo, tomada por humanos que viajan rumbo a la Luna, supone una forma tangible de conectar con una misión que, aun siendo liderada por Estados Unidos, se presenta como un esfuerzo internacional en el que también participa la Agencia Espacial Europea (ESA) a través del módulo de servicio de Orión.

Más allá del simbolismo, estas imágenes también tienen interés científico y técnico. El contraste entre las zonas iluminadas y las partes en sombra permite estudiar la intensidad de la actividad humana nocturna, mientras que las auroras y el brillo atmosférico ofrecen pistas sobre la interacción entre el campo magnético terrestre y el viento solar. Para los equipos europeos implicados en instrumentos y sistemas de la nave, disponer de este tipo de datos visuales forma parte de la validación del comportamiento de los sensores en condiciones reales.

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En las comunicaciones oficiales, la NASA ha aprovechado estas fotos para lanzar mensajes de unidad global, subrayando que, vistas desde esa distancia, todas las regiones del planeta, desde Europa y África hasta América del Sur, forman parte de una misma esfera frágil suspendida en el vacío. La idea de «un solo mundo» ha aparecido en varias notas y publicaciones en redes sociales asociadas a las imágenes de Artemis II.

Una misión de prueba con la mirada puesta en el regreso a la Luna

Aunque las fotografías de la Tierra acaparan buena parte del protagonismo, Artemis II es ante todo una misión de ensayo para preparar futuras misiones de alunizaje. No está previsto que la tripulación descienda a la superficie lunar: su objetivo es rodear el satélite, comprobar a fondo los sistemas de Orión en condiciones de vuelo con humanos y regresar de forma segura al océano Pacífico, frente a la costa de San Diego.

Durante los aproximadamente diez días de viaje, la tripulación sobrevolará la cara oculta de la Luna, una región que nunca es visible desde nuestro planeta. Allí realizarán observaciones y tomarán imágenes de alta resolución de zonas que, aunque ya han sido cartografiadas por sondas robóticas, nunca han sido observadas directamente por ojos humanos desde una nave tripulada. Las condiciones de iluminación previstas, con zonas parcialmente en sombra, permitirán resaltar relieves, bordes de cráteres, crestas y valles.

Los responsables del programa Artemis subrayan que esta misión sirve como banco de pruebas para validar tanto los sistemas de soporte vital y navegación de Orión como los procedimientos de trabajo de la tripulación en vuelos de larga distancia. Se evalúan, por ejemplo, las cargas de trabajo, la respuesta de los astronautas a periodos prolongados en microgravedad y la coordinación con los centros de control en la Tierra.

En paralelo, Artemis II forma parte de una hoja de ruta más amplia que aspira a establecer en la próxima década una presencia humana sostenida en el entorno lunar. A medio plazo, el programa contempla misiones que sí descenderán en la superficie, el desarrollo de módulos habitables y, eventualmente, la construcción de una especie de «base lunar» permanente, apoyada por la estación orbital Gateway y por sistemas de transporte reutilizables.

Portavoces de la NASA han descrito Artemis II como el «acto inaugural» de una serie de misiones tripuladas que, de forma escalonada, demostrarán que es posible viajar de ida y vuelta a la Luna de manera regular. La ambición final es que este entorno sirva como plataforma para probar tecnologías y operaciones que, en un futuro más lejano, puedan aplicarse a misiones humanas hacia Marte u otros destinos del sistema solar.

Con Artemis II todavía en pleno viaje, las primeras fotos de la Tierra tomadas desde la cápsula Orión ya se han convertido en uno de los símbolos más potentes de esta nueva etapa de exploración espacial: muestran un planeta azul delicado, con Europa, África y la península ibérica perfectamente reconocibles, envuelto en auroras y luz zodiacal, mientras una pequeña nave tripulada se aleja rumbo a la Luna para verificar que la humanidad está preparada para dar el siguiente paso.

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