La UE exime a los wearables de tener baterías reemplazables por el usuario

Última actualización: 19/07/2026
Autor: Isaac
  • La Comisión Europea exime a relojes inteligentes, pulseras y gafas inteligentes de la obligación de baterías fácilmente extraíbles por el usuario.
  • La medida, que entra en vigor en 2027, permite que la sustitución la realicen profesionales independientes en lugar del consumidor.
  • La decisión responde a razones técnicas de miniaturización, seguridad y estanqueidad, pero genera críticas por limitar el derecho a reparar.
  • Fabricantes como Apple, Samsung y Meta se benefician, mientras que la normativa busca equilibrar intereses de consumidores y empresas.

Wearables

La Comisión Europea ha aprobado una modificación del Reglamento de baterías que exime a los wearables de la obligación de incorporar baterías fácilmente extraíbles por el usuario. La decisión, adoptada mediante un acto delegado el pasado 14 de julio, afecta directamente a relojes inteligentes, pulseras de actividad, gafas inteligentes y otros dispositivos portátiles integrados en la ropa. La normativa general, que entra en vigor el 18 de febrero de 2027, exigía que todos los productos con baterías portátiles permitieran su sustitución con herramientas comunes, sin necesidad de calor, disolventes ni utillaje propietario. Sin embargo, la nueva exención deja fuera a una categoría entera de dispositivos que cada vez tienen más presencia en el día a día de los consumidores europeos.

La medida ha generado un intenso debate entre defensores del derecho a reparar y fabricantes tecnológicos. Bruselas argumenta que la excepción responde a criterios de seguridad y diseño, ya que en dispositivos tan miniaturizados como un smartwatch, permitir el acceso del usuario a la batería podría comprometer la estanqueidad, la durabilidad o incluso provocar daños en la propia celda de litio. No obstante, organizaciones de consumidores y expertos en sostenibilidad consideran que la decisión supone un paso atrás en la lucha contra la obsolescencia programada y la generación de residuos electrónicos.

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¿Qué dispositivos quedan exentos?

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La Comisión ha definido seis nuevas categorías de productos que no tendrán que cumplir con el requisito de baterías reemplazables por el usuario. Entre ellas se encuentran los relojes inteligentes, las pulseras de actividad, las gafas inteligentes y cualquier dispositivo integrado en prendas de vestir. También se incluyen juguetes eléctricos y equipos industriales utilizados en atmósferas explosivas. La exención beneficia directamente a productos emblemáticos como el Apple Watch, los Samsung Galaxy Watch, las pulseras Fitbit o Xiaomi, y las gafas inteligentes de Meta, como las Ray-Ban Display, que hasta ahora no podían comercializarse en la UE por no cumplir con la normativa original. La Comisión aclara que las baterías de estos dispositivos seguirán siendo reemplazables, pero únicamente por profesionales independientes, no por el usuario final. Esto significa que, en la práctica, el cambio de batería requerirá acudir a un servicio técnico autorizado o a un taller especializado.

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Razones técnicas y de seguridad

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La justificación oficial de la Comisión se basa en tres pilares: miniaturización, seguridad y estanqueidad. En un documento publicado junto al acto delegado, el Ejecutivo comunitario explica que la batería de un wearable suele estar tan encapsulada en su receptáculo que su extracción por parte del usuario podría provocar daños o perforaciones con riesgo de incendio o fuga de electrolitos. Además, estos dispositivos están diseñados para soportar condiciones húmedas: sudor, duchas, natación. Un cierre mal realizado tras una sustitución casera podría comprometer la resistencia al agua y arruinar el aparato. La Comisión también señala que la naturaleza anatómica o ergonómica de estos productos dificulta su rediseño para alojar una batería extraíble sin aumentar el tamaño o perder funcionalidades. El argumento de la responsabilidad jurídica también pesa: si un usuario sufre una quemadura o una medición errónea tras manipular la batería, la responsabilidad recaería sobre el fabricante, algo que la normativa quiere evitar.

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Presiones políticas y reacciones

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Detrás de esta decisión no solo hay razones técnicas. Según ha revelado Politico, la Comisión recibió presiones de representantes políticos estadounidenses preocupados por el impacto que la normativa original tendría en empresas como Apple, Google o Meta. El embajador de Estados Unidos en la UE, Andrew Puzder, llegó a calificar las reglas como «tan amplias y restrictivas que impiden la venta de productos maravillosos en la UE». Meta, por su parte, confirmó que sus gafas Ray-Ban Display no cumplían con la regulación y que estaba en conversaciones con Bruselas para encontrar una solución. La Comisión, sin embargo, niega haber cedido a presiones externas. Un portavoz aseguró que la propuesta es fruto de una consulta pública con asociaciones de consumidores, fabricantes y Estados miembros, y que no está pensada para beneficiar a un producto concreto. El texto ahora debe ser examinado por el Parlamento Europeo y el Consejo, que disponen de dos meses para presentar objeciones. Si no hay oposición, la norma se publicará en el Diario Oficial y entrará en vigor veinte días después.

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Impacto en fabricantes y consumidores

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Para los fabricantes, la exención supone un alivio. Empresas como Apple, Samsung, Google y Meta podrán seguir vendiendo en Europa sus wearables con diseños compactos y sellados, sin tener que rediseñarlos para incluir una batería extraíble por el usuario. Esto es especialmente relevante para productos como el Apple Watch, cuya construcción actual hace casi imposible mantener las dimensiones y funciones si se añadiera un compartimento accesible. Sin embargo, para los consumidores, la medida tiene un coste claro: cuando la batería se degrade, la opción de cambiarla uno mismo desaparece. En la práctica, habrá que pagar por un servicio técnico, esperar semanas o, en muchos casos, sustituir el dispositivo entero. La propia página de soporte de Apple reconoce que una batería envejecida puede provocar ralentizaciones, pérdida de conectividad o incluso fallos en la medición de la frecuencia cardiaca. La decisión de la UE, aunque técnicamente justificada, deja en el aire la pregunta de si el diseño debe priorizar la reparabilidad o la estética, y si el derecho a reparar debe ceder ante la conveniencia industrial.

La normativa europea sobre baterías, que en su origen buscaba alargar la vida útil de los productos y facilitar el reciclaje, se topa así con una excepción que muchos consideran contradictoria. Los wearables son precisamente los dispositivos que más dependen de una batería diminuta sometida a ciclos diarios de carga, y los que más rápido quedan obsoletos cuando la química de la celda se degrada. La Comisión ha optado por un equilibrio que, según defiende, protege al usuario de riesgos innecesarios, pero que a la vez consolida un modelo donde la reparación queda en manos de terceros. Mientras tanto, el mercado de wearables sigue creciendo: según IDC, en el primer trimestre de 2026 se enviaron 47 millones de unidades, un 2% más que el año anterior, con los relojes inteligentes copando el 78% de las ventas. La decisión de Bruselas, lejos de ser un paréntesis, marca el rumbo de una industria que avanza hacia la miniaturización y la conectividad, pero que aún no ha resuelto cómo hacer compatible la innovación con la sostenibilidad y el derecho del consumidor a no tener que tirar un dispositivo cada dos años.

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