La UAL impulsa un método más sostenible para detectar pesticidas en frutas y verduras

Última actualización: 14/12/2025
Autor: Isaac
  • La Universidad de Almería desarrolla un método químico para detectar hasta 257 pesticidas en frutas y verduras.
  • La técnica micro-flow LC-MS/MS mejora la sensibilidad y reduce cinco veces el uso de disolventes.
  • El procedimiento genera menos residuos, consume menos energía y se alinea con la química verde europea.
  • Validado con 39 muestras reales, cumple los exigentes estándares de la UE y prepara su implantación en laboratorios.

Análisis de pesticidas en frutas y verduras

La preocupación por los residuos de pesticidas en frutas y verduras no es nueva, pero en los últimos años se ha intensificado en Europa por la combinación de una mayor sensibilidad social, normativas más estrictas y un consumo creciente de alimentos frescos. En ese contexto, los laboratorios se ven obligados a afinar al máximo sus métodos analíticos para garantizar que lo que llega al plato cumple con los límites legales y con las expectativas de los consumidores.

En este escenario, un grupo de la Universidad de Almería (UAL) ha desarrollado una estrategia química que apunta precisamente en esa dirección: controles más completos, más sensibles y con un impacto ambiental mucho menor. El nuevo enfoque permite rastrear un número muy elevado de plaguicidas en matrices vegetales como tomates o naranjas, reduciendo de forma notable el uso de disolventes y reactivos, un aspecto clave si se quiere avanzar hacia una seguridad alimentaria más sostenible.

Un método de la UAL para vigilar mejor los pesticidas en frutas y verduras

El equipo científico de la UAL ha puesto a punto una nueva estrategia de análisis multirresiduo para el control de pesticidas en frutas y hortalizas. El objetivo es doble: por un lado, aumentar el número de compuestos que se pueden detectar en un solo análisis; por otro, reducir al mínimo el consumo de sustancias químicas necesarias para realizar las pruebas.

Según los datos difundidos por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación, esta metodología ha demostrado capacidad para identificar hasta 257 pesticidas distintos en muestras de tomates y naranjas. Es una cifra claramente superior a la de muchos métodos de rutina, que suelen moverse entre las 100 y 200 sustancias detectables en este tipo de alimentos durante los controles oficiales.

Este incremento en el abanico de moléculas analizadas refuerza de manera evidente la vigilancia de la cadena alimentaria. Cuantos más residuos se pueden rastrear a la vez, mayor es la probabilidad de detectar posibles incumplimientos y de disponer de una fotografía muy precisa del estado sanitario de frutas y verduras que se comercializan en España y en el resto de Europa.

Los resultados del trabajo se recogen en el artículo científico “Advancements in multiresidue pesticide analysis in fruits and vegetables using micro-flow liquid chromatography coupled to tandem mass spectrometry”, publicado en la revista Analytica Chimica Acta. En él se detalla cómo el nuevo método se plantea como una opción avanzada que puede complementar, e incluso en un futuro sustituir, a las técnicas más extendidas actualmente en laboratorios públicos y privados.

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La propuesta responde a una preocupación compartida por administraciones, empresas y consumidores europeos: disponer de procedimientos que mantengan la máxima protección de la salud pública, pero que al mismo tiempo reduzcan la huella ambiental asociada a los análisis de control, especialmente en regiones con una fuerte producción hortofrutícola como Andalucía.

Laboratorio analizando residuos de pesticidas

Cromatografía de microflujo y espectrometría de masas: el corazón del sistema

El avance se basa en una combinación de cromatografía líquida de microflujo con espectrometría de masas en tándem, una configuración conocida como micro-flow LC-MS/MS. Se trata de una tecnología que, aplicada a alimentos, permite separar y detectar simultáneamente un gran número de pesticidas, incluso cuando se encuentran en trazas casi imperceptibles.

A diferencia de los sistemas de cromatografía líquida convencionales, este enfoque trabaja con caudales de disolvente muy reducidos y volúmenes mínimos de muestra. Ese cambio de escala implica que se necesita menos disolvente orgánico, se generan menos residuos y, además, se obtiene una mejora en la sensibilidad analítica, es decir, en la capacidad de “ver” cantidades extremadamente pequeñas de cada compuesto.

En los ensayos realizados, el método ha logrado detectar pesticidas en concentraciones del orden de una milésima de miligramo por kilogramo de alimento. Los investigadores comparan este nivel de detección con encontrar el equivalente a una gota de agua en una piscina olímpica, una imagen que ayuda a entender hasta qué punto se puede afinar el rastreo químico con esta configuración.

El responsable del estudio, el investigador de la UAL Amadeo Rodríguez Fernández-Alba, ha destacado en declaraciones a la Fundación Descubre que el sistema mantiene e incluso mejora la sensibilidad y la precisión respecto a los métodos que se utilizan habitualmente en el control de residuos. Es decir, no solo no se pierde calidad en los datos, sino que se gana capacidad para detectar más compuestos y en niveles todavía menores.

Para comprobar su rendimiento, el equipo ha trabajado con un conjunto representativo de muestras reales de frutas y hortalizas, con especial atención a productos emblemáticos de la agricultura mediterránea como los tomates y las naranjas. En todos los casos, el comportamiento del método ha sido coherente y estable, sin desviaciones relevantes que pudieran atribuirse al tipo de alimento analizado.

Menos disolventes, menos residuos y una química más verde

Uno de los puntos que más valoran los autores del trabajo es la reducción del impacto ambiental asociada a este enfoque. El nuevo método requiere aproximadamente cinco veces menos disolvente que las metodologías convencionales utilizadas para el análisis multirresiduo de pesticidas en frutas y verduras.

Ese ahorro en disolventes se traduce de forma directa en menos generación de residuos químicos que, una vez finalizado el análisis, hay que gestionar y tratar. Se reducen así los costes asociados al tratamiento de desechos, se minimiza la huella ecológica de los laboratorios y se disminuye la exposición del personal técnico a sustancias potencialmente peligrosas, algo que también influye en la seguridad laboral.

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La propuesta encaja de lleno en los principios de la química verde, una corriente que busca diseñar procesos más respetuosos con el entorno, minimizando el uso y la producción de compuestos contaminantes. En el contexto de la Unión Europea, donde las políticas medioambientales son cada vez más exigentes, disponer de métodos analíticos alineados con estos criterios supone una ventaja añadida para los centros que realizan controles de calidad.

Además de reducir residuos, el uso de microflujos en cromatografía líquida contribuye a un menor consumo energético. Al trabajar con volúmenes pequeños, los equipos requieren menos energía eléctrica tanto para el funcionamiento de los sistemas de bombeo y detección como para la climatización de los laboratorios, algo especialmente relevante en instalaciones que procesan un gran número de muestras a diario.

Todo ello se traduce no solo en un beneficio ambiental, sino también en costes operativos más bajos para laboratorios públicos y privados. En un sector donde los márgenes económicos tienden a ser ajustados y los volúmenes de análisis son elevados, cualquier reducción en consumo de disolventes y energía tiene un peso considerable en la viabilidad a largo plazo de los servicios de control.

Frutas y verduras en controles de seguridad alimentaria

Mayor fiabilidad en distintos tipos de frutas y hortalizas

Más allá de la sensibilidad y del ahorro de recursos, uno de los aspectos clave de este método es su baja influencia de la matriz alimentaria. En términos prácticos, esto significa que propiedades como la textura, la acidez, el contenido en agua o los azúcares propios de cada fruta o verdura interfieren muy poco en el análisis final.

En las pruebas con tomates, naranjas y otras muestras vegetales, el sistema ha mostrado un comportamiento estable, reproducible y fiable, sin grandes variaciones atribuibles al tipo de alimento. Esa estabilidad resulta esencial para que los laboratorios puedan comparar resultados entre campañas, zonas de producción diferentes o incluso entre países de la Unión Europea que compartan estándares de control.

La técnica no solo fue capaz de detectar hasta 257 compuestos pesticidas, sino que lo hizo con un grado de exactitud y repetibilidad considerado adecuado por la comunidad científica para su uso en protocolos de control rutinario. Esto garantiza que dos análisis realizados en momentos distintos sobre muestras comparables ofrezcan resultados coherentes y comparables entre sí.

Para respaldar esta robustez, el equipo de la Universidad de Almería ha realizado una validación completa con 39 muestras reales, siguiendo los criterios que marca la normativa europea. En este proceso se evalúan parámetros como los límites de detección, la precisión, la exactitud y la linealidad, entre otros, que permiten determinar si un método es apto para su introducción en los sistemas oficiales de vigilancia.

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El hecho de que el procedimiento cumpla los exigentes estándares de la Unión Europea en materia de seguridad alimentaria abre la puerta a su adopción por parte de laboratorios oficiales de control y de empresas agroalimentarias que exportan a mercados comunitarios, donde el respeto a la normativa de residuos de pesticidas es un requisito imprescindible.

Implantación en laboratorios y proyección en Europa

Tras demostrar su eficacia en condiciones de laboratorio, los investigadores de la UAL trabajan ahora en la implantación progresiva de esta técnica en los propios servicios analíticos de la universidad. Este paso no se limita a incorporar equipos o protocolos internos, sino que exige una serie de adaptaciones normativas y acreditaciones específicas para que el método pueda utilizarse con plenas garantías en controles oficiales.

Aunque estos trámites administrativos y técnicos requieren tiempo y recursos, el equipo señala que los beneficios a medio y largo plazo son claros: menor consumo de disolventes, reducción de residuos orgánicos peligrosos, disminución del gasto energético y una mejora global en la eficiencia de los análisis multirresiduo.

Según detalla Amadeo Rodríguez Fernández-Alba, la incorporación del sistema permitirá que los análisis de residuos en alimentos sean no solo más precisos, sino también más sostenibles y económicamente asumibles para los laboratorios que trabajan con grandes volúmenes de muestras. En un contexto de creciente demanda de controles y de exigencia regulatoria, disponer de metodologías que abaraten costes sin perder calidad resulta especialmente relevante.

El proyecto ha contado con financiación de la Comisión Europea, lo que enlaza esta investigación con las estrategias comunitarias orientadas a reforzar la seguridad alimentaria y a promover tecnologías más limpias en toda la cadena agroalimentaria. Ese respaldo europeo sugiere que, una vez consolidado, el método podría servir de referencia para otros centros del continente interesados en modernizar sus sistemas analíticos.

Los laboratorios de control de calidad y las empresas exportadoras de frutas y hortalizas que operan en mercados muy regulados pueden beneficiarse de una herramienta que acelera los tiempos de análisis y permite abarcar un espectro mucho más amplio de pesticidas en una sola sesión. Todo ello encaja con las demandas de los consumidores europeos, cada vez más atentos a lo que comen y a cómo se controla.

Con este tipo de avances, la investigación aplicada que se realiza en universidades como la de Almería muestra que es posible mejorar el control de pesticidas en frutas y verduras sin renunciar a la sostenibilidad: se amplía el número de compuestos vigilados, se afinan los límites de detección y, al mismo tiempo, se reduce la huella ambiental de los laboratorios y los costes asociados, reforzando la confianza en la seguridad de los alimentos frescos que llegan a la mesa en España y en el resto de Europa.

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