- El sindicato de Hyundai se opone a la introducción de robots humanoides sin acuerdo previo, desatando una huelga parcial en Corea del Sur.
- Estados Unidos prohíbe la entrada de nuevos robots humanoides chinos por motivos de seguridad nacional, beneficiando a fabricantes locales.
- WisdomTree lanza un ETF centrado en inteligencia artificial física, incluyendo humanoides y drones, para captar el interés inversor.
- El catedrático Luis Sentís, fundador de Apptronik, defiende una robótica centrada en las personas y prevé un crecimiento exponencial de humanoides en España.

La robótica humanoide ha dejado de ser una promesa de laboratorio para convertirse en un campo de batalla donde confluyen intereses industriales, regulaciones gubernamentales y reivindicaciones laborales. Mientras los inversores ven en estos robots una oportunidad de negocio, los trabajadores temen por sus puestos y los gobiernos intentan blindar sus cadenas de suministro. En las últimas semanas, tres frentes han marcado la actualidad: la huelga en Hyundai por la llegada del humanoide Atlas, la prohibición de la FCC a los robots chinos y el lanzamiento de un ETF especializado en inteligencia artificial física.
El debate no es nuevo, pero la velocidad a la que avanzan los humanoides —como el Atlas de Boston Dynamics o los desarrollos de Apptronik— ha acelerado los acontecimientos. En España, el catedrático Luis Sentís, fundador de Apptronik, asegura que la población de humanoides en ciudades como Austin crece de forma exponencial y que lo mismo ocurrirá en Barcelona y Madrid. Mientras tanto, la inversión global en este sector ha pasado de 40 millones a 40.000 millones de dólares en solo cuatro años, según datos del propio Sentís.
La disputa laboral en Hyundai: el robot Atlas como detonante
El sindicato de trabajadores metalúrgicos de Hyundai, con casi 40.000 afiliados, ha puesto el grito en el cielo ante la intención de la empresa de introducir robots de nueva generación en las fábricas sin un acuerdo previo. El conflicto se centra en Atlas, el robot humanoide de Boston Dynamics, controlada por Hyundai, que el grupo coreano presenta como su apuesta por la inteligencia artificial física. Los trabajadores no se oponen a la máquina en sí, sino a que se implante sin negociar las condiciones. Exigen que cualquier robot basado en nuevas tecnologías requiera un pacto entre las partes antes de entrar en las naves de producción.
La reivindicación va acompañada de una plataforma salarial: una prima del 30% del beneficio neto, aumento de la edad de despido de 60 a 65 años, subida del salario base y un sistema de retribución fija mensual que evite depender de horas extra. La empresa ha ofrecido propuestas muy alejadas de estas demandas, alegando la caída de beneficios en 2025 y la necesidad de reservar fondos para inversiones. A mediados de julio, el conflicto derivó en una huelga parcial de tres días en las principales fábricas coreanas, con dos horas de paro por turno.
Este pulso no es un caso aislado. Forma parte de una ola de movilizaciones que recorre el sistema industrial coreano, desde Samsung Electronics hasta SK Hynix, y que ahora alcanza a la automoción. Los trabajadores de Hyundai han obtenido el 87% de los votos a favor de la movilización, lo que demuestra el respaldo interno a una lucha que trasciende lo meramente salarial. La pregunta de fondo es quién decide cómo y cuándo se automatiza, y cómo se reparten los beneficios de la productividad.
La prohibición de la FCC: Estados Unidos cierra la puerta a los humanoides chinos

El 28 de julio de 2026, la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos añadió dos categorías a su lista de equipos vetados: dispositivos robóticos avanzados —humanoides y cuadrúpedos— e inversores de potencia conectados. La medida afecta directamente a fabricantes chinos como Unitree, que no podrán obtener autorización para nuevos modelos en el mercado estadounidense. Los robots ya vendidos o autorizados siguen operativos, pero las próximas generaciones se quedan fuera.
La FCC justifica la decisión por riesgos de ciberseguridad, vulnerabilidades en la cadena de suministro y la posibilidad de vigilancia remota por actores extranjeros. La definición de ‘dispositivo robótico avanzado’ es amplia: cualquier máquina que se desplace por el suelo, navegue o evite obstáculos, con sensores y conectividad, y que pese más de dos kilogramos. Esto podría incluir incluso robots aspiradores avanzados, como los de DJI.
China ha condenado la decisión y amenaza con tomar medidas. Mientras, empresas estadounidenses como Tesla, Figure AI, Agility Robotics y Apptronik se benefician de la reducción de competencia. La prohibición no es total, pero marca un antes y un después en la geopolítica de la robótica. Para las startups europeas y españolas, la medida abre una ventana: si logran producir fuera de China, pueden acceder al mercado estadounidense con menos rivales.
El auge de la inversión en inteligencia artificial física

Mientras los conflictos laborales y regulatorios copan titulares, el mundo financiero mueve ficha. WisdomTree, uno de los principales proveedores de ETF, ha lanzado el WisdomTree Physical AI, Humanoids and Drones UCITS ETF (WPAI), con una comisión del 0,45%. El fondo cotiza en varias bolsas europeas, como Xetra, Borsa Italiana, Euronext Paris y SIX Swiss Exchange, y llegará a Londres el 19 de febrero de 2026.
El ETF sigue un índice propio que rastrea empresas implicadas en inteligencia artificial física, con cinco categorías: robótica humanoide, drones y movilidad autónoma, fábricas inteligentes, logística de nueva generación y aplicaciones emergentes en sanidad, agricultura, construcción y defensa. El énfasis actual está en los humanoides y los drones, según explica Pierre Debru, responsable de investigación en Europa de WisdomTree. La idea es ofrecer a los inversores una exposición temprana a un ecosistema que aún está en fase de formación, donde los ganadores a largo plazo no están claros.
Este movimiento financiero refleja la confianza en que la inteligencia artificial física —máquinas que operan de forma autónoma en el mundo real— será el próximo gran ciclo tecnológico. La inversión global en humanoides ha pasado de 40 millones a 40.000 millones de dólares en cuatro años, según Luis Sentís, lo que indica que el capital está apostando fuerte por esta tecnología.
El desarrollo de la robótica humanoide en España y Europa
En el plano tecnológico, la figura de Luis Sentís, catedrático de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad de Texas y fundador de Apptronik, es clave. Sentís desarrolló la teoría del ‘whole body control’, que permite a los robots caminar y manipular objetos al mismo tiempo, y ahora trabaja en la ‘whole body communication’, donde el robot recopila información del entorno para ofrecer servicios a las personas. Su empresa, Apptronik, ha abierto un centro para entrenar robots mediante la recopilación masiva de datos del mundo real.
Sentís, que comenzó su posgrado en Stanford gracias a una beca de la Fundación ‘la Caixa’, defiende una robótica centrada en las personas. Los robots necesitan emociones para comunicarse mejor, no para sustituir a los humanos, afirma. En su opinión, el coste de fabricación ha caído drásticamente: se puede tener un robot humanoide por unos 3.000 euros, lo que los hace asequibles para fábricas, hospitales y hogares.
Para España y Europa, las perspectivas son prometedoras. Sentís predice que el crecimiento exponencial de humanoides que se ve en Austin se replicará en Barcelona y Madrid. La combinación de fondos europeos NextGen, startups locales como Theker Robotics —que colabora con Mango en la robotización logística— y el interés inversor crea un ecosistema favorable. Sin embargo, la regulación estadounidense y los conflictos laborales en Corea recuerdan que el camino no será sencillo.
La robótica humanoide avanza a un ritmo imparable, pero su implantación plantea preguntas que van más allá de la tecnología. Quién decide cómo se introducen los robots, cómo se reparten los beneficios de la automatización y qué países controlan la cadena de suministro son cuestiones que definirán el futuro del trabajo y la industria. Mientras los inversores apuestan por el próximo gran salto, los trabajadores y los gobiernos intentan no quedarse atrás en un tablero global que se reconfigura a toda velocidad.

