- Palencia se consolida como punto clave en robótica agrícola y agricultura de precisión gracias a foros nacionales y al Protocolo Palencia 2030.
- Robots, vehículos autónomos, IA, 5G y sensórica ya se aplican a plagas, tratamientos fitosanitarios y monitorización de cultivos.
- El principal reto no es tecnológico, sino de modelos de negocio, formación, normativa y adaptación a explotaciones medianas.
- Programas como Centr@tec y la colaboración entre Junta, Itagra, centros tecnológicos y CSIC impulsan la transferencia de conocimiento al agricultor.

La provincia de Palencia se ha convertido en un auténtico laboratorio de robótica agrícola y digitalización del campo, con una agenda de foros y proyectos que están marcando el paso de la innovación agraria en Castilla y León y en el conjunto de España. Lo que hace apenas unos años sonaba a ciencia ficción se percibe ya como una herramienta madura, lista para desplegarse en explotaciones de tamaño medio, cooperativas y empresas de servicios.
En este contexto, administraciones, centros tecnológicos y comunidad científica coinciden en que la clave ya no está tanto en inventar nuevos prototipos como en conseguir que la robótica agrícola llegue de verdad a los agricultores, se adapte a sus condiciones de trabajo y resulte rentable en el día a día. Palencia, apoyada en el Protocolo Palencia 2030 y en programas como Centr@tec, está usando estos foros como palanca para unir innovación, empresa y territorio.
Un foro nacional que convierte a Palencia en epicentro de la robótica agrícola
El Centro Integrado de Formación Profesional Viñalta acogió el Foro Nacional “Aplicaciones de la Robótica en la Agricultura”, una cita que ha reunido a más de un centenar de expertos, investigadores, empresas tecnológicas y profesionales del campo. El encuentro, organizado por el Instituto para la Competitividad Empresarial de Castilla y León (ICECYL) en colaboración con el centro tecnológico Itagra, se integró en la estrategia de innovación de la Junta y en el programa Centr@tec.
Durante la inauguración, el consejero de Economía y Hacienda y portavoz de la Junta en funciones, Carlos Fernández Carriedo, subrayó que el foro se enmarca en la Plataforma 2030 y en el Protocolo Palencia 2030, orientados a especializar la provincia en el sector agroalimentario de valor añadido. El objetivo, explicó, es vincular empresa, innovación y territorio para mejorar la competitividad, reducir costes de producción y hacer frente a la escasez de mano de obra en el campo.
Itagra, con sede en el campus de La Yutera, desempeña un papel decisivo como centro tecnológico de referencia en I+D agroambiental. Su director, Asier Saiz Rojo, destacó que este tipo de foros sitúan a Palencia en el mapa nacional de la innovación agraria, al combinar sesiones técnicas, demostraciones prácticas en campo y espacios de debate sobre cómo aterrizar la tecnología en las explotaciones reales.
El foro, de carácter eminentemente práctico, incluyó demostraciones de robots móviles, vehículos autónomos y maquinaria equipada con inteligencia artificial, así como mesas redondas sobre agricultura de precisión, sensorización y nuevas competencias digitales para los profesionales del sector.
Tecnologías clave: robótica móvil, IA, sensorización y conectividad 5G
A lo largo de la jornada se abordó un amplio abanico de soluciones que ya están llegando al campo palentino y al conjunto de Castilla y León. Entre las tecnologías protagonistas destacaron la robótica móvil, la inteligencia artificial, la sensórica inteligente, el Internet de las Cosas (IoT), el big data y la conectividad 5G, todas ellas al servicio de la agricultura de precisión.
Investigadores procedentes del CSIC, el Instituto Tecnológico de Aragón, la Universidad Politécnica de Madrid o el Instituto Tecnológico de Castilla y León explicaron cómo estas herramientas permiten monitorizar cultivos, gestionar viñedos, detectar plagas de forma temprana o aplicar fitosanitarios solo donde hace falta. La combinación de sensores, cámaras, imágenes satelitales y algoritmos de visión artificial ofrece un nivel de detalle sobre el estado del suelo y de las plantas impensable hace apenas una década.
Un ejemplo ilustrativo es el proyecto SmartAgro5G.L, presentado por el catedrático Constantino Valero, que utiliza robótica, IoT y comunicaciones avanzadas para la monitorización de viñedos. Del mismo modo, ponentes como Carmen Paniagua Muro o Adrián Salazar Gómez mostraron plataformas robóticas capaces de recopilar datos en tiempo real, analizar la información y enviarla al agricultor para facilitar la toma de decisiones.
La inteligencia artificial aparece como el engranaje que permite procesar esa avalancha de datos y convertirla en recomendaciones concretas: cuándo regar, dónde aplicar tratamientos, qué zonas presentan estrés hídrico o riesgo de enfermedad. Todo ello con la idea de usar menos recursos, minimizar el impacto ambiental y mantener o aumentar la producción.
Robots en el campo: de la detección de malas hierbas a la vendimia asistida
Más allá de las presentaciones teóricas, los asistentes pudieron ver en acción robots diseñados para tareas muy específicas dentro de la explotación agrícola. Entre las demostraciones se incluyeron equipos capaces de eliminar malas hierbas con precisión, realizar tratamientos fitosanitarios dirigidos o recorrer parcelas recopilando datos sobre temperatura, humedad o estado vegetativo.
Uno de los ejemplos más llamativos fue un robot pulverizador autónomo, similar a una tanqueta sobre orugas, equipado con un tanque integrado y un sistema híbrido que combina motor eléctrico y pequeño generador de gasolina. Este vehículo, controlado de forma remota, está preparado para trabajar las 24 horas, especialmente en horario nocturno, lo que le permite controlar plagas, aplicar agua y productos químicos de forma uniforme y reducir el consumo de recursos y los costes laborales.
Asimismo, se presentaron prototipos de robots cuadrúpedos equipados con sensores LIDAR y cámaras térmicas, cuyo objetivo es detectar deficiencias nutricionales o problemas en los cultivos antes de que resulten visibles a simple vista. Esta anticipación es clave para intervenir a tiempo y evitar pérdidas de rendimiento.
La robótica también se plantea como apoyo directo al trabajador en labores de gran esfuerzo físico, como la vendimia. Máquinas capaces de transportar cajas, acompañar al operario o seguir rutas previamente programadas buscan aliviar la carga de trabajo y hacer más atractiva la actividad agraria, especialmente en un contexto de falta de relevo generacional.
De la innovación a la explotación: integrar la tecnología en la realidad agraria
Una de las ideas más repetidas en el foro fue que el gran reto ya no es puramente técnico. Según expuso Asier Saiz, la tecnología necesaria para transformar el campo existe y está madura; las principales barreras se sitúan ahora en la adaptación a cada tipo de explotación, los modelos de negocio, la formación y el marco regulatorio.
La fragmentación de las explotaciones en España, con predominio de fincas de tamaño medio y pequeñas explotaciones familiares, dificulta la amortización de equipos altamente especializados si cada agricultor tiene que adquirirlos por su cuenta. Por ello, muchos ponentes apuntaron como vía más realista el impulso de empresas de servicios que ofrezcan robots y maquinaria autónoma en régimen de alquiler o prestación de servicios, al estilo de las cosechadoras compartidas.
En este escenario, se insistió en que la robótica agrícola no debe percibirse como un sustituto de la mano de obra, sino como un aliado para mejorar la eficiencia, reducir tareas penosas y mantener la actividad con menos personal. La automatización se ve como respuesta ante la escasez de trabajadores y las exigencias de competitividad, no como una amenaza de destrucción masiva de empleo.
También se subrayó la importancia de que el agricultor final no se quede como un mero espectador, sino que participe activamente en el diseño y prueba de las soluciones. Solo así las herramientas se ajustarán a sus necesidades reales, serán manejables y permitirán un retorno económico claro en el corto y medio plazo.
Formación especializada y transferencia de conocimiento
Otro de los ejes centrales del debate giró en torno a la formación y a la transferencia de conocimiento entre laboratorios, centros tecnológicos y explotaciones agrarias. Los responsables de Itagra insistieron en que la innovación solo tiene sentido si el agricultor entiende cómo utilizarla y confía en ella para tomar decisiones.
En este sentido, se planteó incluso la posibilidad de crear una Formación Profesional específica, la sensorización y la digitalización del campo. El objetivo sería dotar al sector de nuevos perfiles técnicos capaces de manejar equipos autónomos, interpretar datos, programar rutas y mantener la maquinaria.
La colaboración entre universidad, centros tecnológicos como Itagra y Cetece, administraciones públicas y empresas privadas se presentó como la vía más directa para que los avances científicos no se queden en proyectos piloto o publicaciones, sino que lleguen a los caminos rurales, a las fincas y a las cooperativas.
Programas como Centr@tec desempeñan un papel clave en esa conexión. Desde 2017, la Junta de Castilla y León ha invertido en torno a 7,6-8 millones de euros en asesoramiento tecnológico y acciones de sensibilización, alcanzando a más de un millar de empresas y alrededor de 10.000 profesionales a través de centenares de actividades. Una parte significativa de estas iniciativas se ha desarrollado en el entorno rural y se ha dirigido específicamente al sector agroalimentario.
Retos pendientes: conectividad, normativa y viabilidad económica
A pesar del avance, los expertos señalaron varios obstáculos que todavía frenan la expansión de la robótica agrícola en Palencia y en España. Uno de los más evidentes es la necesidad de una conectividad fiable en el medio rural para que sensores, robots y plataformas digitales funcionen de manera continua y segura.
La extensión de redes 5G y otras soluciones de conectividad rural se considera imprescindible para garantizar el intercambio constante de datos entre campo, nube y dispositivos móviles. Sin esta base, la inteligencia artificial y el análisis en tiempo real pierden buena parte de su potencial.
Otro aspecto crítico es la adaptación del marco legal. Tomando como ejemplo la regulación de los drones, algunos ponentes denunciaron que la normativa puede convertirse en un freno si no evoluciona al ritmo de la tecnología. La llamada fue clara: es necesario agilizar procedimientos y actualizar las reglas del juego para facilitar el despliegue de vehículos autónomos y sistemas robotizados en el entorno agrario.
La rentabilidad también estuvo muy presente en las intervenciones. Ángela Ribeiro, investigadora del CSIC con amplia trayectoria en el sector, recalcó que el desafío ya no es la capacidad técnica, sino encontrar modelos de negocio que hagan viable la implantación real de estas soluciones en explotaciones de tamaño medio y pequeño, que son las mayoritarias en Castilla y León.
En paralelo, la robustez de los equipos frente a condiciones climáticas adversas y la capacidad de tomar decisiones autónomas en entornos cambiantes siguen siendo campos de mejora. Aunque la tecnología ha avanzado de forma notable, el campo plantea escenarios complejos, con barro, pendientes, polvo y variaciones bruscas de temperatura que obligan a reforzar la fiabilidad de los sistemas.
Proyectos tractores y apuesta institucional: Protocolo Palencia 2030 y Centr@tec
El despliegue de la robótica agrícola en Palencia no se entiende sin el marco de proyectos tractores impulsados por la Junta de Castilla y León y el ICECYL. El Protocolo Palencia 2030 orienta inversiones por valor de 36 millones de euros destinadas a consolidar la provincia como referente agroalimentario de valor añadido.
Entre las actuaciones vinculadas a esta estrategia destacan el desarrollo de suelo industrial y plataformas logísticas, como el polígono empresarial La Gijona en Villamuriel de Cerrato y el polígono de Magaz de Pisuerga, donde se reserva una parcela para el centro Incubatech. Este espacio alojará la incubadora del ICECYL y a centros tecnológicos como Itagra y el Centro Tecnológico de Cereales de Castilla y León (Cetece), configurando un ecosistema de innovación muy ligado al sector primario.
La Aceleradora Vertical Agroalimentaria, integrada también en este enfoque, ha prestado más de un centenar de servicios avanzados a proyectos innovadores y apoyado a decenas de empresas emergentes, con impacto económico y generación de empleo. La idea es que nuevas soluciones en robótica, digitalización y sostenibilidad tengan un acompañamiento específico desde la fase de idea hasta su llegada al mercado.
En la actual edición del programa Centr@tec, con un presupuesto de unos tres millones de euros, se ha puesto el acento en la digitalización y la sostenibilidad en el medio rural. Alrededor de la mitad de las acciones se han desarrollado en zonas rurales y una parte importante se ha dirigido al sector agroalimentario, en línea con la Estrategia Regional de Investigación e Innovación para una Especialización Inteligente (RIS3) 2021-2027.
Todo este andamiaje institucional y financiero tiene un objetivo común: que la robótica agrícola, la sensorización y la inteligencia artificial dejen de ser herramientas de nicho para convertirse en parte habitual de la caja de herramientas de agricultores, cooperativas y empresas de servicios en Palencia y en el resto de Castilla y León.
El impulso coordinado de la Junta, Itagra, ICECYL y los centros tecnológicos, junto con la implicación de investigadores y profesionales del campo, está empezando a traducirse en un tejido agrario más tecnificado, capaz de aprovechar la información para producir de forma más eficiente, sostenible y competitiva. En este nuevo escenario, la provincia palentina refuerza su papel como punto de encuentro entre ciencia y campo, en un momento en el que la robótica agrícola deja de ser promesa para convertirse en pieza central del futuro del sector.