- La querella solicitó a la NASA archivos satelitales de 2002 para detectar movimientos de tierra en el campo de la familia Gill.
- El trámite requiere gestiones estatales: Cancillería, Ministerio de Justicia y autoridades de Estados Unidos.
- Se señalan fallos iniciales de la investigación: allanamiento tardío y causa aún caratulada como averiguación de paradero.
- Hay una recompensa de $12 millones por datos sobre el paradero; el patrón Alfonso Goethe fue señalado pero nunca imputado y falleció en 2016.

Tras más de dos décadas sin respuestas firmes, la representación de la familia Gill solicitó a la NASA copias de imágenes satelitales de 2002 con el fin de detectar alteraciones del terreno en el campo donde vivían. La apuesta es valerse de una herramienta técnica que hasta ahora no se había explotado con esta profundidad.
El abogado Marcos Rodríguez Allende, quien reimpulsó el expediente, subrayó que el requerimiento debe cursarse por vía oficial: no basta con un oficio judicial de Nogoyá, sino que precisa la intervención del Estado nacional mediante Cancillería y el Ministerio de Justicia.
Una desaparición que marcó a Entre Ríos
El domingo 13 de enero de 2002, Rubén José «Mencho» Gill (56), su esposa Norma Margarita Gallego (26) y sus cuatro hijos —María Ofelia (12), Osvaldo José (9), Sofía Margarita (6) y Carlos Daniel (3)— fueron vistos por última vez en un velorio en Viale. Desde entonces, nada volvió a saberse de su paradero.
Para los allegados y para la sociedad entrerriana, el caso se ha convertido en una deuda sin saldar: seis personas desaparecieron sin dejar rastro, con todas sus pertenencias en el lugar.
La vía tecnológica: imágenes de 2002 y trámite diplomático
La querella se apoya en un dato clave: los registros satelitales argentinos permiten identificar movimientos de suelo relevantes a partir de 2007, pero los archivos estadounidenses podrían cubrir 2002. De allí la gestión ante la NASA para acceder a esas tomas históricas.
El camino administrativo no es sencillo. Requiere gestiones coordinadas entre Cancillería, el Ministerio de Justicia y autoridades de Estados Unidos. Como remarcó Rodríguez Allende en diálogo con Elonce, la solicitud debe elevarse por canales diplomáticos para tener curso formal.
El objetivo es localizar indicios de alteraciones del terreno en unas 600 hectáreas del campo donde residía la familia, lo que podría orientar nuevos rastrillajes o confirmar zonas de interés para excavaciones.
Irregularidades y errores tempranos
La causa acumuló cuestionamientos desde el inicio. El allanamiento del campo ocurrió ocho meses después de la desaparición y, según denunció la querella, aquel procedimiento terminó incluso con un asado entre el dueño del lugar y el juez, algo que dejó heridas abiertas y sospechas sobre la seriedad de las primeras diligencias.
Dos décadas más tarde, el expediente continúa caratulado como «averiguación de paradero». Para la parte acusadora, si se hubiera trabajado desde el inicio con la hipótesis de desaparición forzada u homicidio, las probabilidades de encontrar respuestas habrían sido mayores.
Hipótesis, búsquedas y ayuda internacional
Circulares fueron muchas: desde una partida voluntaria hasta un conflicto con el patrón o versiones más crudas que hablaban de cuerpos arrojados a cerdos o a un pozo. Ninguna línea de investigación, sin embargo, se consolidó con pruebas firmes.
La Policía y la Justicia recorrieron hospitales, escuelas y estaciones de servicio, aplicaron tecnología de observación remota e incluso pidieron apoyo del FBI. El esfuerzo llegó al punto de instalar una casa rodante en la estancia para trabajar sin traslado constante.
En palabras del letrado, el propósito ahora es poder dar una respuesta a la madre de Norma y al resto de la familia, ofreciendo certezas sobre qué ocurró y dónde buscar.
El patrón bajo la lupa
Alfonso Goethe, propietario de la estancia La Candelaria —donde trabajaba y vivía el clan Gill—, fue señalado públicamente durante años, aunque nunca resultó imputado. Se lo conoció por su carácter fuerte y por rumores en la zona, pero nada de ello se tradujo en una acusación formal.
Goethe denunció la desaparición tres meses después, aduciendo que les había concedido vacaciones. Falleció en 2016 en un siniestro vial, llevándose consigo posibles respuestas. La familia de Norma recordó que el patrón llegó a hacer comentarios hirientes, algo que profundizó el dolor y la desconfianza.
Recompensa y expectativas
Hoy está vigente una recompensa de $12 millones ofrecida por el Ministerio de Seguridad de la Nación a quienes aporten datos concretos que conduzcan al paradero del matrimonio y de los cuatro menores.
Para los querellantes, acceder a los archivos satelitales de 2002 podría marcar un antes y un después: si se confirman anomalías del terreno, se orientaría con precisión el próximo paso de la búsqueda y se daría un nuevo impulso a una causa que lleva años pidiendo respuestas.
La posibilidad de abrir esa ventana tecnológica alimenta la expectativa de un giro en la investigación: con coordinación institucional y pericias rigurosas, las imágenes podrían aportar pistas valiosas para esclarecer un caso que conmueve a Entre Ríos y al país.