- Más del 92% de los hogares gallegos respaldan la creación de un marco legal para regular la tecnología en las aulas.
- El uso de teléfonos móviles con fines pedagógicos quedará restringido de forma general hasta el tercer curso de la ESO.
- Se garantiza por ley el derecho a la desconexión digital de los estudiantes fuera del horario lectivo.
- La normativa apuesta por un modelo híbrido que equilibra los recursos digitales con los libros de texto tradicionales.
Galicia se prepara para dar un paso de gigante en la organización de su sistema de enseñanza con una normativa que promete poner orden al desembarco tecnológico en los pupitres. La futura normativa autonómica ha logrado algo difícil de ver hoy en día: un consenso social prácticamente unánime entre los padres y madres de la comunidad. Según los últimos datos recogidos por la administración, la inmensa mayoría de las familias ve con buenos ojos que se pongan reglas claras para evitar que las pantallas campen a sus anchas sin supervisión.
El ambiente que se respira en los hogares gallegos es de una mezcla entre aceptación de la modernidad y prudencia necesaria. No es para menos, ya que el texto legislativo, que está a punto de ser aprobado de forma definitiva, pretende cubrir huecos que hasta ahora quedaban en una zona gris, como el uso de la inteligencia artificial en clase o la protección de los datos de los menores. El objetivo es que la tecnología sea una aliada y no una fuente de distracciones o riesgos innecesarios para los más jóvenes.
Frenazo a los móviles y control en redes sociales

Uno de los puntos que más ampollas suele levantar en las reuniones de padres es el tema de los teléfonos. Con la nueva ley, se ha decidido ir sobre seguro y limitar su uso educativo hasta llegar a tercero de la ESO, lo que supone un cambio importante respecto a la flexibilidad actual. Esta medida cuenta con el apoyo del 93% de los encuestados, quienes consideran que ya habrá tiempo de sobra para trastear con los dispositivos cuando los chavales tengan una mayor madurez.
En cuanto a las redes sociales, la preocupación es todavía más palpable en el día a día de las casas. Las familias gallegas han dado un toque de atención claro, pidiendo que se restrinja el acceso a estas plataformas a los menores de 16 años, analizando los retos y riesgos de la educación digital en adolescentes. De hecho, ya es muy habitual ver cómo los padres aplican mecanismos de control parental por su cuenta, especialmente en las etapas de Primaria y los primeros años de secundaria, para vigilar qué hacen sus hijos cuando están conectados.
El equilibrio del modelo híbrido

Nadie quiere volver a las cavernas, pero tampoco que los libros de papel desaparezcan por completo de la mochila. Por eso, el modelo que se propone es híbrido, una mezcla que combina lo mejor de dos mundos: la agilidad de los recursos digitales y la solidez de los manuales de toda la vida. Este sistema cuenta con el respaldo de casi nueve de cada diez familias, que valoran positivamente cómo los docentes están integrando estas herramientas en el aprendizaje cotidiano.
A pesar de que los alumnos se manejan con soltura en las plataformas del colegio, todavía queda camino por recorrer en lo que a autonomía se refiere. Se nota que los estudiantes saben entregar tareas online y organizar sus carpetas virtuales, pero flaquean un poco a la hora de discernir si una información que encuentran en internet es de fiar o si el sitio por el que navegan es del todo seguro. Es ahí donde la ley quiere poner el foco para mejorar sus competencias.
Derecho a desconectar y comunicación oficial

Una de las grandes novedades que trae este texto es el reconocimiento explícito del derecho a la desconexión digital del alumnado. La idea es que, una vez terminada la jornada lectiva, los chavales no vivan pegados a las notificaciones del colegio o del instituto. Se busca evitar esa sensación de estar siempre conectados y que los deberes o avisos no interrumpan el tiempo de descanso o de ocio familiar de forma constante.
Por otro lado, se acabó lo de usar aplicaciones de mensajería generalista para temas oficiales. La comunicación entre el centro y las familias se canalizará exclusivamente por vías autorizadas, lo que refuerza la seguridad y la privacidad de todos. Herramientas como AbalarMóbil ya son casi universales en Galicia y los padres las valoran muy bien por su rapidez, así que la ley solo viene a confirmar una práctica que ya funciona de maravilla en la mayoría de los centros.
Seguridad y formación: las tareas pendientes

Si algo han dejado claro los padres en este proceso participativo es que necesitan ayuda para seguir el ritmo. La principal demanda es recibir formación específica en seguridad digital, ya que muchos se sienten superados por la velocidad a la que cambian las aplicaciones y los riesgos en la red. Quieren herramientas para poder acompañar a sus hijos en este viaje tecnológico sin miedo a meter la pata o a dejarles expuestos.
No solo las familias piden formación; también se contempla un refuerzo para el profesorado y una mayor orientación para que el uso de la tecnología no sea algo impuesto, sino una ventaja real. Al final, lo que se busca es que el entorno digital sea saludable y que los estudiantes gallegos salgan preparados para un mundo laboral que es digital por definición, pero sin perder de vista los valores de una educación humana y equilibrada.

Esta nueva normativa llega en un momento clave para poner sentido común a la transformación digital que ya se vive en las aulas gallegas desde hace años. Al blindar derechos como la desconexión y establecer límites claros al uso de dispositivos en las edades más tempranas, Galicia se sitúa a la vanguardia nacional con una ley que escucha a la calle. El gran reto ahora será llevar todo este papel a la práctica diaria de los colegios, asegurando que cada niño y niña tenga las mismas oportunidades de aprender a usar la tecnología de forma crítica, segura y, sobre todo, con cabeza.