La misión DART cambió la órbita del sistema de asteroides Didymos

Última actualización: 12/03/2026
Autor: Isaac
  • El impacto de DART en Dimorphos alteró la órbita interna del sistema Didymos‑Dimorphos y su trayectoria alrededor del Sol.
  • El período heliocéntrico del sistema cambió unos 0,15 segundos y la velocidad orbital se modificó en torno a 11,7 micrómetros por segundo.
  • La eyección de escombros duplicó el impulso del impacto, confirmando la eficacia del impacto cinético para defensa planetaria.
  • Observaciones desde Tierra, ocultaciones estelares y futuras misiones como Hera y NEO Surveyor consolidan esta estrategia de protección.

Ilustración misión DART y sistema de asteroides

Por primera vez, un artefacto construido por humanos ha modificado de forma medible la órbita de un sistema de asteroides alrededor del Sol. El protagonista ha sido DART, la misión de impacto cinético de la NASA que en septiembre de 2022 se estrelló de forma deliberada contra Dimorphos, la pequeña luna del asteroide Didymos.

Lejos de quedarse en una maniobra espectacular, el experimento ha demostrado que no solo cambió la órbita de Dimorphos alrededor de Didymos, sino también la trayectoria del sistema binario Didymos-Dimorphos en torno al Sol. El hallazgo, detallado en un estudio en la revista Science Advances y respaldado por un amplio equipo internacional en el que Europa tiene un papel clave, coloca la defensa planetaria en un terreno mucho más real y menos propio de la ciencia ficción.

Qué es Didymos, qué es Dimorphos y por qué interesan tanto

Didymos y Dimorphos forman un asteroide binario cercano a la Tierra: dos cuerpos unidos gravitatoriamente que giran alrededor de un centro de masa común. El mayor, Didymos, mide en torno a 800 metros de diámetro; su luna, Dimorphos, ronda los 170 metros de ancho, el tamaño típico de un objeto capaz de causar daños regionales en caso de impacto contra nuestro planeta.

En este sistema, Dimorphos orbitaba a Didymos en unas 12 horas, mientras que todo el conjunto completaba una vuelta al Sol en alrededor de 770 días. Esa geometría lo convertía en un laboratorio perfecto: suficientemente cercano para observarlo desde la Tierra con detalle, pero sin representar ninguna amenaza real.

La elección no fue casual. Al tratarse de un sistema doble, cualquier alteración en la órbita del satélite se refleja claramente en el comportamiento del asteroide principal. Justo lo que los científicos necesitaban para medir con precisión cómo responde un asteroide real a un impacto controlado.

Sistema binario Didymos Dimorphos

El choque de DART: una nave del tamaño de una máquina expendedora contra un asteroide

La nave de la misión DART, de unos 500 kilos de masa y dimensiones comparables a una máquina expendedora, se lanzó con un objetivo muy simple en lo conceptual y muy complejo en la práctica: chocar de frente contra Dimorphos a una velocidad superior a los 22.000 kilómetros por hora para cambiar ligeramente su movimiento.

Ese impacto, ocurrido en la noche del 26 de septiembre de 2022, redujo el periodo orbital de Dimorphos alrededor de Didymos en 33 minutos, un resultado mucho mayor de lo que preveían muchos modelos teóricos. El objetivo mínimo de la misión era acortar esa órbita en apenas unos minutos; el “empujón” fue notablemente más eficaz.

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Pero el nuevo trabajo va un paso más allá: muestra que el impacto no se limitó a reconfigurar la danza interna del sistema binario, sino que también alteró su órbita heliocéntrica. Es decir, la trayectoria de todo el conjunto Didymos-Dimorphos alrededor del Sol también cambió, aunque sea de forma muy sutil.

Según los autores, el periodo de 770 días se acortó en unas 0,15 décimas de segundo. La cifra parece insignificante, pero es la primera vez que se mide un cambio tan fino en la órbita solar de un cuerpo natural provocado de forma directa por la actividad humana.

Impacto de DART en Dimorphos

Cómo una nube de escombros duplicó el empuje de la nave

Al estrellarse contra Dimorphos, DART no solo transfirió su propia energía cinética al asteroide. El choque excavó material de la superficie y generó una enorme nube de rocas y polvo que salió despedida al espacio, visible durante días en imágenes captadas por telescopios y por otras sondas.

Ese material eyectado actuó como un “chorro adicional”: al escapar del sistema, se llevó parte del momento lineal y añadió impulso en la dirección opuesta al impacto. Este efecto se describe mediante el llamado factor de mejora del impulso (o de aumento del momento), que mide cuánto se amplifica el empuje original de la nave gracias a los escombros expulsados.

En el caso de DART, las estimaciones apuntan a un valor cercano a 2: la contribución de la pluma de escombros fue aproximadamente tan grande como el empuje directo de la nave. En términos prácticos, la nube de fragmentos hizo que el “frenazo” al sistema Didymos fuera el doble de eficaz.

Una parte de ese material se quedó atrapada en la vecindad de Didymos y Dimorphos, reconfigurando todavía más la órbita mutua y la distribución de masas. Pero otra fracción escapó completamente, desplazando ligeramente el centro de masas del sistema y contribuyendo al cambio de su órbita alrededor del Sol.

Escombros tras impacto de DART

Un cambio minúsculo en velocidad… con consecuencias enormes a largo plazo

Los cálculos del equipo liderado por Rahil Makadia, de la Universidad de Illinois en Urbana‑Champaign, indican que la velocidad orbital del sistema Didymos-Dimorphos cambió en unos 11,7 micrómetros por segundo, es decir, alrededor de 4,3 centímetros por hora. Es un cambio extremadamente pequeño, pero suficiente para que, con el paso de los años, la trayectoria real se separe apreciablemente de la que habría seguido sin el impacto.

Como explican los investigadores, en defensa planetaria no hace falta un golpe descomunal si se actúa con mucha antelación. Un empujón minúsculo aplicado años o décadas antes de un posible encuentro con la Tierra puede traducirse en miles de kilómetros de diferencia cuando llegue el momento crítico.

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En palabras de Makadia, un cambio tan pequeño en el movimiento de un asteroide puede marcar la diferencia entre un impacto y un simple “pase de largo”. La clave está en conocer con tiempo suficiente qué objetos suponen un riesgo real y en contar con sistemas listos para intervenir.

En este caso concreto, Didymos nunca estuvo ni estará en trayectoria de colisión con la Tierra y la misión DART no podía colocarlo en una órbita peligrosa. Precisamente por eso se eligió este objetivo: permitía ensayar una técnica de desvío en condiciones seguras, sin añadir riesgos adicionales.

Medir 0,15 segundos desde la Tierra: el papel de las ocultaciones estelares

Obtener una medición tan fina de la órbita heliocéntrica del sistema binario no era nada sencillo. Los científicos combinaron observaciones de radar, datos ópticos de la propia aproximación de DART y años de seguimiento desde telescopios en tierra con una técnica muy precisa: las ocultaciones estelares.

Una ocultación se produce cuando un asteroide pasa justo por delante de una estrella y la “apaga” durante una fracción de segundo. Midiendo con gran exactitud cuándo comienza y termina ese parpadeo desde distintos puntos del planeta, se puede reconstruir con enorme precisión la posición, la velocidad y hasta la forma aproximada del objeto que ha pasado por delante.

Entre octubre de 2022 y marzo de 2025, una red de astrónomos profesionales y aficionados repartidos por todo el mundo registró 22 ocultaciones estelares del sistema Didymos-Dimorphos. Esas medidas, combinadas con el resto de datos disponibles, fueron esenciales para detectar la ligera variación en la trayectoria alrededor del Sol.

Como ha subrayado el investigador de JPL Steve Chesley, buena parte de ese trabajo depende del tiempo atmosférico y exige viajar a lugares remotos sin garantías de éxito. El resultado actual es, en buena medida, fruto de la perseverancia de decenas de observadores voluntarios que aportaron sus telescopios y su tiempo.

Observaciones telescópicas del sistema Didymos

Lo que hemos aprendido sobre la estructura de Didymos y Dimorphos

El seguimiento detallado del sistema no solo ha servido para medir el cambio de órbita. Los datos permiten también afinar las estimaciones de masa y densidad de ambos asteroides, lo que ayuda a entender cómo se formaron y cómo podrían responder a impactos futuros.

Los resultados apuntan a que Dimorphos es algo menos denso de lo que se pensaba y encaja bien con el modelo de “montón de escombros”: un cuerpo formado por fragmentos rocosos y polvo, apenas cohesionados por la gravedad. Según esta hipótesis, el material habría sido expulsado de un Didymos que giraba muy rápido en el pasado, para luego reagrupase formando la pequeña luna.

Didymos, por su parte, sería casi 200 veces más masivo que Dimorphos, lo que explica que la alteración más notable se haya detectado primero en la órbita de la luna y solo de forma más sutil en el movimiento del sistema completo alrededor del Sol.

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Conocer esta estructura interna no es un detalle menor. A la hora de diseñar futuras misiones de desvío, no es lo mismo impactar contra un bloque rocoso compacto que contra un objeto poco cohesionado. En un asteroide “pila de escombros” puede ser más fácil generar grandes cantidades de escombros que multipliquen el empuje, pero también hay más incertidumbre sobre la respuesta del cuerpo al choque.

Europa toma el relevo con Hera y refuerza la defensa planetaria

Aunque DART fue una misión liderada por la NASA y construida por el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, Europa juega un papel protagonista en el siguiente capítulo. La Agencia Espacial Europea (ESA) prepara ya Hera, una nave que viajará al sistema Didymos a finales de esta década para estudiar de cerca la huella del impacto.

Hera realizará mediciones detalladas de la forma, el cráter y la estructura interna de Dimorphos, y permitirá refinar aún más las estimaciones de masa y densidad de ambos asteroides. Para la comunidad científica europea, será una oportunidad única de poner a prueba sobre el terreno los modelos numéricos utilizados en defensa planetaria.

En paralelo, la NASA sigue avanzando con el telescopio espacial NEO Surveyor, concebido específicamente para localizar asteroides y cometas cercanos a la Tierra difíciles de detectar con instrumentos ópticos tradicionales. El observatorio trabajará en el infrarrojo, lo que le permitirá identificar objetos oscuros que apenas reflejan luz visible.

Entre NEO Surveyor, la red de telescopios terrestres —incluidos varios en Europa y en España— y futuras misiones como Hera, se está tejiendo un sistema global de vigilancia y respuesta ante amenazas de impacto. La experiencia acumulada con DART será la base técnica y operativa de muchos de estos proyectos.

Misión Hera y defensa planetaria

Con todo lo aprendido, la misión DART se ha consolidado como un hito histórico: primera demostración real de que un impacto cinético puede modificar de forma medible la órbita de un sistema de asteroides alrededor del Sol. El cambio en el periodo heliocéntrico, la pequeña variación en velocidad y el papel protagonista de la nube de escombros ofrecen una hoja de ruta práctica para diseñar futuras misiones de defensa planetaria. A la espera de que Hera complete el retrato de Didymos y Dimorphos sobre el terreno, las agencias espaciales de Europa y Estados Unidos disponen ya de algo que antes no existía: pruebas directas, en un caso real, de que es posible empujar a tiempo a un asteroide para apartarlo de nuestro camino.

desviación de asteroide
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