- La región activa AR 4366 se ha convertido en una mancha solar gigante en rápido crecimiento, alcanzando un tamaño cercano a la mitad del del evento Carrington.
- Ha generado decenas de erupciones solares, incluidas potentes llamaradas de clase X8.1 y X8.3, algunas asociadas a eyecciones de masa coronal.
- Las tormentas geomagnéticas previstas entre el 4 y el 5 de febrero podrían provocar auroras en latitudes inhabituales y ligeras perturbaciones en comunicaciones y sistemas tecnológicos.
- Agencias como la NOAA y la NASA siguen monitorizando la región AR 4366, que permanece orientándose hacia la Tierra en plena fase de máxima actividad solar.

Durante los primeros días de febrero, el Sol se ha convertido en protagonista absoluto del clima espacial por culpa de una mancha solar gigante en crecimiento, catalogada como AR 4366, que ha disparado la actividad de nuestra estrella con una sucesión de erupciones poco habitual por su intensidad y ritmo.
Esta región activa ha pasado en cuestión de días de ser un pequeño grupo de manchas a una estructura enorme y compleja, capaz de producir algunas de las llamaradas más potentes del actual ciclo solar 25, con potencial para alterar comunicaciones, favorecer la aparición de auroras en latitudes medias e incrementar el interés de los observatorios de todo el mundo, especialmente en Europa.
Una mancha solar gigante en rápida expansión
La región activa AR 4366 apareció en la superficie del Sol el 30 de enero con apenas cuatro manchas y un área cercana a los 180 millones de kilómetros cuadrados. En tan solo cuatro días, su evolución ha sido espectacular: el número de manchas ha aumentado hasta unas 45 y la superficie total ha superado los 3.500 millones de kilómetros cuadrados, más de siete veces el área de la Tierra.
En los días posteriores, el recuento de manchas ha ido creciendo de forma acelerada: alrededor de 7 el 31 de enero, 21 el 1 de febrero y 45 el 2 de febrero, confirmando que se trata de una estructura en pleno desarrollo. A medida que se expande, la configuración de sus campos magnéticos se vuelve más intrincada y propicia para liberar enormes cantidades de energía.
Las observaciones en el espectro visible muestran un enjambre de manchas de distintos tamaños, cada una con un núcleo muy oscuro (umbra) rodeado por una zona algo más clara (penumbra). Estas áreas marcan los puntos donde los intensos campos magnéticos del interior del Sol rompen la superficie y emergen hacia la atmósfera.
En términos magnéticos, AR 4366 ha sido clasificada como región beta-gamma-delta, la categoría más compleja y explosiva que se maneja en física solar. Esta configuración mezcla polaridades opuestas dentro de una misma penumbra y combina una estructura bipolar con un entramado desordenado de campos, lo que incrementa al máximo la inestabilidad.
Los astrónomos estiman que la mancha gigante ha alcanzado ya alrededor de la mitad del tamaño de la región responsable del histórico evento Carrington de 1859, la tormenta geomagnética más intensa registrada. Sin que el escenario actual sea comparable en gravedad, la referencia ayuda a dimensionar la magnitud del fenómeno.
Piel solar llena de cicatrices magnéticas
Las imágenes obtenidas con magnetómetros, que representan la polaridad de los campos magnéticos, revelan una estructura especialmente delicada. A gran escala, las zonas de campo positivo aparecen separadas de las negativas (+ a la derecha y − a la izquierda), pero al acercar el zoom se observa cómo pequeñas islas de polaridad opuesta se cuelan unas dentro de otras.
En áreas dominadas por tonos rojos o amarillos, asociados a polaridad negativa, se distinguen manchas verde-azul de polaridad positiva, y viceversa. Esta mezcla íntima de polaridades es el caldo de cultivo perfecto para que se produzcan reconexiones magnéticas violentas, el mecanismo físico que desencadena las erupciones solares.
La imagen es comparable a tener dos cables eléctricos sin aislamiento, uno positivo y otro negativo, enredados entre sí. Cuando entran en contacto directo, se genera un cortocircuito capaz de liberar energía de forma casi instantánea en forma de calor, radiación y partículas cargadas.
Cuanto más compacta y compleja es la configuración de estos campos en la superficie y en la atmósfera solar suprayacente, mayor es la probabilidad de que se produzcan esos “cortocircuitos” magnéticos. En AR 4366, esta condición se está cumpliendo con creces y se traduce en una cascada de explosiones.
La región, situada actualmente en el hemisferio norte del Sol y desplazándose por efecto de la rotación hacia posiciones cada vez más centradas respecto a la Tierra, se ha convertido en el principal foco de interés para los observatorios solares, desde los telescopios espaciales como el Solar Dynamics Observatory (SDO) de la NASA hasta los instrumentos terrestres europeos.
Oleada de erupciones: de clase M a potentes llamaradas X
Desde que AR 4366 entró en el disco visible desde la Tierra, la actividad se ha disparado. En apenas tres días, los registros suman en torno a 60 erupciones: unas 20 de clase C, 36 de clase M y, al menos, 4 de clase X, las más energéticas en la clasificación basada en rayos X.
Entre los episodios más destacados figuran varias llamaradas extremas: una de clase X8.1 y otra de clase X8.3, ambas situadas en la parte alta de la escala X (que va del 0 al 9). Estos valores colocan a AR 4366 entre los fenómenos más potentes del actual ciclo solar 25, iniciado a finales de 2019.
La llamarada X8.3 se produjo alrededor de la medianoche entre el 1 y el 2 de febrero (hora GMT) y está considerada la más intensa detectada en lo que va de 2026 y la tercera más fuerte de todo el ciclo. Por su parte, la X8.1 registrada el 2 de febrero también figura entre las erupciones más energéticas de los últimos años.
En las últimas 36 horas analizadas por los centros de predicción del clima espacial, se han contabilizado más de 26 erupciones, en su mayoría de intensidad elevada. Varios expertos han descrito el comportamiento del Sol en estos días como “excepcional” y han advertido de que podría tratarse solo del preámbulo de eventos aún más intensos si la mancha gigante sigue creciendo.
Buena parte de esta actividad se ha visto acompañada de eyecciones de masa coronal (CME), es decir, enormes nubes de plasma y campos magnéticos lanzadas al espacio que pueden recorrer la distancia hasta la Tierra en un plazo aproximado de dos a cuatro días, dependiendo de su velocidad.
Radiación, CME y primeros efectos en la Tierra
Las llamaradas más fuertes asociadas a AR 4366 han emitido radiación ultravioleta extrema hacia la alta atmósfera terrestre, provocando alteraciones casi inmediatas en la ionosfera. La luz y la radiación tardan apenas unos ocho minutos en cubrir la distancia Sol-Tierra, de modo que sus efectos se sienten prácticamente en tiempo real.
La erupción X8.3 generó una eyección de masa coronal particularmente destacada, que se ha ido expandiendo a lo largo de su viaje por el espacio. Modelos de propagación y datos de coronógrafos apuntan a que parte de ese material ha rozado o rozará el entorno de nuestro planeta, aunque sin un impacto frontal directo.
En las horas posteriores al estallido, los sistemas de vigilancia registraron un primer apagón de comunicaciones por radio en ciertas franjas de frecuencia, especialmente sobre amplias zonas del océano Pacífico, afectando a regiones como el este de Australia y Nueva Zelanda. Estos apagones de alta frecuencia son un efecto típico de las grandes llamaradas X.
Según los análisis disponibles, una de las CME asociadas a la X8.1 podría llegar a las cercanías de la Tierra entre el 4 y el 5 de febrero. Los modelos indican que el grueso de la nube pasaría al norte y al este del planeta, lo cual reduce la probabilidad de una tormenta geomagnética extrema, pero no descarta episodios moderados.
Las estimaciones actuales apuntan a tormentas geomagnéticas leves o moderadas, clasificadas entre G1 y G2 en la escala internacional, con un índice Kp todavía por debajo de los niveles de alerta más severos pero susceptible de elevarse en las próximas horas si se producen nuevas eyecciones dirigidas más directamente hacia la Tierra.
Tormenta solar prevista y riesgo de auroras en latitudes medias
De confirmarse el pronóstico, la combinación de las CME emitidas por AR 4366 podría desencadenar una tormenta geomagnética entre el 4 y el 5 de febrero. Este tipo de episodios son objeto de especial interés en Europa, tanto por sus posibles efectos técnicos como por el atractivo de las auroras boreales.
Para que las auroras sean visibles en latitudes como las de España o el centro de Europa, deben confluir varios factores: velocidad suficiente de la eyección, trayectoria adecuada y una orientación concreta de su campo magnético al llegar al entorno terrestre. Una configuración sur del campo magnético solar favorece una mayor interacción con el de la Tierra.
En este caso, las simulaciones sugieren que la nube principal asociada a la X8.3 pasará principalmente al norte y al este de nuestro planeta, de manera que la probabilidad de un espectáculo auroral tan intenso como el de otras tormentas recientes es menor. Aun así, no se descartan episodios puntuales en latitudes algo más bajas de lo habitual si el índice Kp repunta.
La experiencia de las últimas semanas demuestra que la situación puede cambiar con rapidez. El pasado 19 de enero, una tormenta geomagnética potente, catalogada por la NOAA como la más intensa desde 2003, permitió observar auroras incluso desde España y otros países situados lejos de los círculos polares, algo históricamente inusual.
Con AR 4366 todavía en fase de crecimiento y orientándose progresivamente hacia la línea de visión directa con la Tierra por la rotación solar, los próximos días seguirán siendo clave para determinar si se repiten episodios aurorales llamativos sobre Europa o si la actividad se concentra en latitudes más altas.
Impacto potencial en comunicaciones y tecnología
Las tormentas solares relacionadas con esta mancha gigante no suponen, a día de hoy, un peligro directo para la población, pero sí pueden provocar alteraciones medibles en diversos sistemas tecnológicos, algo que preocupa especialmente a operadores de satélites, compañías aéreas y gestores de redes eléctricas.
Durante las fases más activas, se han reportado interferencias en comunicaciones de radio de alta frecuencia, utilizadas por la aviación y por determinadas redes de emergencia y servicios marítimos. Estas molestias pueden obligar a reorganizar rutas de comunicación o a emplear frecuencias alternativas.
Las partículas energéticas y la variación del campo magnético terrestre pueden generar, además, pequeñas perturbaciones en sistemas de navegación y posicionamiento satelital, lo que se traduce en errores puntuales en la precisión de GPS y servicios similares, algo que los sistemas de control tratan de compensar activamente.
Otro efecto posible es la expansión temporal de las capas superiores de la atmósfera, lo que incrementa el rozamiento sobre satélites en órbita baja. Ese aumento de fricción puede alterar ligeramente las trayectorias, obligando a realizar maniobras de corrección o a reajustar modelos de predicción de órbitas.
En la superficie, las mayores preocupaciones se centran en la inyección de corrientes inducidas en redes eléctricas de alta tensión durante las tormentas geomagnéticas más severas. Aunque los escenarios previstos para este episodio se sitúan en rangos moderados, los operadores europeos y norteamericanos mantienen protocolos de vigilancia reforzada cuando se anuncia una posible tormenta G2 o superior.
Monitorización constante desde Europa y Estados Unidos
La magnitud y el rápido desarrollo de AR 4366 han activado una vigilancia coordinada entre agencias espaciales y centros de investigación. El Solar Dynamics Observatory (SDO) de la NASA ofrece imágenes en alta resolución de la región, mientras que el NOAA Space Weather Prediction Center actualiza de forma continua sus pronósticos.
En Europa, distintos observatorios solares y redes de monitorización integradas en programas de la ESA siguen de cerca la evolución de los campos magnéticos y la llegada de partículas energéticas. La colaboración internacional permite cruzar datos de magnetómetros, coronógrafos y satélites de observación para afinar los modelos de propagación de las CME.
Los boletines emitidos por estos organismos recogen que, pese a la intensa actividad, no se ha confirmado por ahora ninguna eyección masiva dirigida de lleno hacia la Tierra. Sin embargo, el carácter cambiante de la mancha gigante obliga a mantener la guardia alta, especialmente mientras permanezca cerca del centro del disco solar visto desde nuestro planeta.
Los meteorólogos espaciales coinciden en que AR 4366 seguirá siendo “la región a vigilar” durante los próximos días, tanto por su tamaño como por su complejidad magnética. La posibilidad de nuevas llamaradas de clase X continúa sobre la mesa, lo que podría modificar de forma sustancial las previsiones de tormenta geomagnética.
La presencia de una estructura tan grande en pleno máximo de actividad del ciclo solar actual refuerza la importancia de contar con sistemas de alerta temprana de clima espacial, capaces de informar con horas de antelación a sectores críticos como la aviación, la navegación y la gestión de infraestructuras eléctricas.
La evolución de la mancha solar gigante AR 4366, su crecimiento fulgurante hasta acercarse a la mitad del tamaño del evento Carrington y la cadena de llamaradas X que ha desencadenado confirman que nos encontramos ante uno de los episodios solares más llamativos de los últimos años; aunque los modelos actuales no apuntan a una tormenta geomagnética extrema, la combinación de riesgo moderado para sistemas tecnológicos, posible aparición de auroras en latitudes más bajas y la expectación científica generada por esta región hacen que el comportamiento del Sol durante los próximos días siga siendo un asunto a tener muy en cuenta.
