- Martina Talamona, de 16 años, integrará el equipo argentino en la RoboCup Internacional en Corea del Sur.
- Competirá en la categoría Rescate Simulado junto a Ramiro Francavilla y con la mentoría de Emanuel Hamui.
- La delegación argentina se completa con equipos en Soccer y Rescue Line, con fuerte apoyo de la comunidad académica.
- La prueba de Rescate Simulado exige desarrollar un robot autónomo que actúe en escenarios de desastre y genere mapas para los equipos de rescate.
Del 30 de junio al 6 de julio, la ciudad de Incheon, en Corea del Sur, se convertirá en el epicentro de la robótica educativa y competitiva a nivel internacional. Allí se celebrará la RoboCup Internacional 2026, uno de los torneos más exigentes del mundo, que reunirá a equipos estudiantiles de decenas de países con un objetivo común: demostrar hasta dónde pueden llegar la programación, la ingeniería y la inteligencia artificial aplicada a robots.
En ese escenario tan competitivo estará presente la delegación argentina, que volverá a decir presente en este Mundial de Robótica con varias categorías en juego. Una de las protagonistas será Martina Talamona, estudiante del Colegio Galileo Galilei, que con tan solo 16 años representará al país en la prueba de Rescate Simulado, especialidad en la que ya ha cosechado títulos y podios en torneos previos.
Quién es la estudiante que llevará la bandera argentina a Incheon
Martina Talamona es una adolescente de Caballito que, pese a su corta edad, acumula una trayectoria poco habitual en el mundo de la robótica escolar. Alumna del Colegio Galileo Galilei, forma parte del equipo que competirá en la modalidad de Rescate Simulado, una disciplina que combina programación avanzada, toma de decisiones autónomas y resolución de problemas en entornos complejos.
No viajará sola: compartirá equipo con Ramiro Francavilla, otro joven competidor argentino, mientras que la mentoría técnica y estratégica estará a cargo de Emanuel Hamui, estudiante de la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Juntos forman el grupo responsable de desarrollar y ajustar el robot que deberá enfrentarse a los desafíos que proponga la organización en Corea del Sur.
La delegación argentina en la RoboCup se completa con otros conjuntos que competirán en las categorías de Soccer (fútbol con robots) y Rescue Line. En estos equipos participan estudiantes del instituto IITA de Salta, lo que muestra que el interés por la robótica atraviesa distintos puntos del país y no se limita a la ciudad de Buenos Aires.
Para Martina, llegar a representar a la Argentina en un torneo de este nivel no es fruto de la casualidad. Ella misma reconoce que implica muchas horas de práctica, ensayo y preparación, ya que los desafíos se renuevan año tras año y exigen que los equipos estén al día con nuevas técnicas, sensores y enfoques de programación. Aun así, afirma que la experiencia le genera sobre todo orgullo y agradecimiento hacia quienes la acompañan.
Una relación con la robótica que empezó en la infancia
La historia de Martina con este campo comenzó mucho antes de pensar en mundiales y viajes internacionales. Desde pequeña se sintió atraída por la tecnología y la resolución de problemas, sobre todo por la posibilidad de enfrentarse a situaciones nuevas en cada proyecto. Ese interés inicial la llevó a apuntarse a su primer taller de robótica, ChalinTech, al que asistió entre los cinco y los doce años.
Con el tiempo, los retos fueron aumentando. La categoría de Rescate Simulado se convirtió en el desafío más complejo al que se había enfrentado, tanto por la dificultad técnica como por el nivel de precisión que exige. Lejos de desanimarla, esa exigencia fue lo que más la impulsó a seguir, atraída por la idea de superar problemas que no había visto nunca y de aplicar conocimientos de forma creativa.
Hoy asegura que participa en este tipo de eventos desde un lugar muy distinto al de la presión o el estrés. Gracias al apoyo de su familia y su entorno cercano, vive las competiciones como una oportunidad para mejorar su desempeño año tras año, explorar ideas nuevas y aprender de otros equipos. Más que una obligación, lo ve como una motivación constante para seguir creciendo en el ámbito tecnológico.
No es la primera vez que Talamona se mide con equipos de otros países. A sus 16 años ya acumula experiencias internacionales relevantes. En 2025 se consagró campeona en Rescate Simulado en la RoboCup Americas, celebrada en la Mercersburg Academy de Pensilvania, Estados Unidos, junto a Emanuel Hamui. Ese mismo año subió al podio en la RoboCup Internacional disputada en Salvador de Bahía, Brasil.
Un año antes había alcanzado otro hito: el título en Rescate Simulado en la RoboCup 2024, celebrada en Eindhoven, Países Bajos, formando equipo con Ian Molina. Esta continuidad de resultados muestra que su participación en Corea del Sur no es un hecho aislado, sino parte de una trayectoria en crecimiento dentro del circuito de robótica educativa mundial.
El rol de la comunidad académica y los equipos de apoyo
Cada presencia argentina en la RoboCup es el resultado de un trabajo colectivo en el que no solo participan quienes viajan, sino también quienes colaboran desde el país. En ediciones anteriores, los equipos de Rescue Line y Rescue Sim contaron con el apoyo de compañeros que, desde Buenos Aires, se encargaron de tareas de desarrollo, pruebas y análisis de datos, formando parte del conjunto aunque no estuvieran físicamente en la sede de la competición.
En este entramado de colaboración destaca la figura del Lic. Gonzalo Zabala, director del Laboratorio de Robótica Educativa del CAETI (Centro de Altos Estudios en Tecnología Informática) de la UAI. Además de impulsar proyectos vinculados a la robótica, Zabala coordina la Roboliga, una competencia organizada por la Facultad de Tecnología Informática que sirve de semillero para jóvenes interesados en este ámbito.
Su participación no se limita al plano local. En la edición internacional de la RoboCup 2025 formó parte del comité organizador en una de las categorías, aportando su experiencia en la definición de las pruebas y en la evaluación de los equipos. Para la edición de 2026, está previsto que vuelva a desempeñar tareas de organización y coordinación, reforzando el vínculo entre la comunidad académica argentina y la estructura internacional del torneo.
Zabala subraya que estas competencias son un punto de encuentro para estudiantes de todo el mundo que comparten intereses similares. Más allá de las medallas, considera que el verdadero valor está en la posibilidad de intercambiar ideas y desarrollar soluciones que pueden contribuir a problemas reales, como la atención en situaciones de desastre.
En su visión, las pruebas de rescate de la RoboCup son un laboratorio en el que surgen proyectos con potencial para mejorar la respuesta ante emergencias. Los algoritmos, sensores y estrategias que se ponen a prueba en los circuitos de competición pueden ser la base de futuras herramientas empleadas por equipos de rescate profesionales en contextos de riesgo.
Cómo es la prueba de Rescate Simulado en la RoboCup
La categoría en la que competirá Martina, conocida como Rescate Simulado o Rescue Sim, plantea un escenario en el que un robot autónomo debe desenvolverse en un entorno desconocido, similar a lo que podría ser una zona afectada por un terremoto, un derrumbe o un accidente industrial. El objetivo es que el sistema sea capaz de explorar el lugar y proporcionar información útil a los equipos humanos de emergencia.
Para lograrlo, el robot debe desplazarse de forma eficiente, evitando obstáculos y áreas inaccesibles, al tiempo que identifica distintos elementos repartidos por el entorno. Entre ellos se incluyen posibles sustancias peligrosas, restos de estructuras y, especialmente, víctimas que pueden encontrarse en diferentes estados de salud o incluso sin vida.
Durante la prueba, el sistema tiene que detectar y clasificar a las víctimas, reconociendo si se trata de personas heridas, con signos vitales o sin ellos. Además, debe ser capaz de generar un mapa gráfico de la zona recorrida, marcando la ubicación de cada elemento relevante. Ese mapa virtual se concibe como la base de un informe que, en un contexto real, recibirían los equipos de rescate humanos antes de entrar en el área afectada.
La dificultad se incrementa porque el entorno no es estático ni completamente conocido antes de la competición. Los organizadores modifican el diseño del “laberinto” para que los equipos tengan que adaptarse a condiciones nuevas en cada edición. Eso obliga a trabajar con algoritmos robustos, capaces de reaccionar ante imprevistos y de tomar decisiones sin intervención directa del operador durante la ejecución.
El jurado evalúa varios aspectos: la precisión del mapa final, el número de víctimas y elementos correctamente detectados, el comportamiento del robot ante obstáculos y el tiempo que tarda en completar la misión. Todo ello dentro de un margen establecido, lo que añade presión para encontrar el equilibrio entre rapidez y fiabilidad en la toma de decisiones.
Objetivos, desafíos personales y mensaje para futuros estudiantes
De cara a la cita de Incheon, Martina reconoce que uno de sus mayores retos será gestionar las expectativas y las metas que se ha marcado tras los buenos resultados obtenidos en años anteriores. Su intención es superar el desempeño del último Mundial en el que participó, aunque sabe que la categoría de Rescate Simulado sufrirá cambios en varias de sus características generales.
Esos ajustes suponen tener que afrontar problemas diferentes, revisar estrategias y adaptar el software del robot a nuevos criterios de evaluación. Sin embargo, lejos de verlo como un obstáculo, Talamona lo considera un motor que la empuja a seguir mejorando, con la intención de mantenerse en la élite de la disciplina y, si es posible, subir un peldaño más en la clasificación.
Más allá de los resultados, la estudiante insiste en la idea de que la robótica no es un ámbito reservado a unos pocos. Asegura que, para empezar a aprender, no hace falta ser un “genio”, sino tener ganas, curiosidad y constancia. Su experiencia le ha demostrado que el esfuerzo sostenido y la dedicación terminan abriendo puertas, tanto en competiciones como en oportunidades de estudio y desarrollo profesional.
Su mensaje para quienes se plantean entrar en este mundo es claro: lo fundamental es atreverse a dar el primer paso, incluso aunque no se tenga una base previa muy sólida. Talleres, ligas escolares y proyectos guiados son, en su opinión, una buena forma de comenzar a experimentar con sensores, motores y lenguajes de programación sin necesidad de contar con un laboratorio sofisticado.
Mientras ultima los detalles de la preparación junto con sus compañeros y mentores, Martina se centra en llegar a Corea del Sur con un robot capaz de competir al máximo nivel. Su objetivo es mantener a la Argentina en el mapa global de la robótica, consolidando el trabajo realizado en los últimos años por los equipos que han participado en la RoboCup y abriendo camino para que nuevas generaciones se sumen a este tipo de proyectos.
La presencia de esta joven argentina en la RoboCup de Incheon refleja el creciente peso de la robótica educativa en la región, el respaldo de instituciones como la UAI y el compromiso de docentes, mentores y estudiantes que ven en estas competencias algo más que un torneo: un espacio donde se ponen a prueba ideas, se construyen vocaciones tecnológicas y se exploran soluciones que, con el tiempo, pueden trasladarse a la realidad de los equipos de rescate y a otros ámbitos clave de la innovación.