La física cuántica abre la puerta a enviar información hacia el pasado

Última actualización: 10/05/2026
Autor: Isaac
  • Un nuevo trabajo del MIT explora matemáticamente canales cuánticos que permiten enviar información al pasado sin violar la relatividad general.
  • El estudio se basa en curvas temporales cerradas y en el entrelazamiento cuántico, sin necesidad de mover objetos físicos ni construir una máquina del tiempo.
  • Los investigadores muestran que, incluso con ruido, estos canales temporales podrían ser más eficientes que canales convencionales igual de defectuosos.
  • La comunidad científica europea mantiene cautela: hoy por hoy no existe ningún mecanismo conocido que permita viajar en el tiempo o mandar señales reales al ayer.

canales cuanticos e informacion temporal

La idea de enviar información hacia el pasado parece sacada de una película de ciencia ficción, pero un conjunto de trabajos recientes en física teórica está obligando a replantear dónde acaban exactamente los límites de lo posible. Lejos de proponer una máquina del tiempo al uso, los investigadores se centran en la forma en que la información cuántica se mueve y se procesa en el tejido del espacio-tiempo.

Un equipo liderado por el físico Seth Lloyd, del MIT, junto a Kaiyuan Ji y colaboradores de otros centros, ha desarrollado modelos matemáticos que describen canales cuánticos capaces de comunicar con el pasado, siempre dentro del marco de la relatividad general. La propuesta no implica que vayamos a mandar mensajes de WhatsApp al ayer desde Europa, pero sí sugiere que las leyes fundamentales del universo no descartan del todo que el futuro pueda influir, de una manera muy peculiar, sobre lo que ya ha ocurrido.

Curvas temporales cerradas: cuando la teoría permite doblar el tiempo

Tres nuevos satélites europeos
Related article:
Tres nuevos satélites europeos para revolucionar la observación de la Tierra

La base de estos trabajos se encuentra en un concepto relativista conocido como curvas temporales cerradas (CTC, por sus siglas en inglés). En la teoría de Einstein, el espacio y el tiempo forman una única entidad, el espacio-tiempo, que puede curvarse bajo la influencia de la masa y la energía. En ciertas soluciones de sus ecuaciones, esa curvatura extrema da lugar a trayectorias que avanzan hacia el futuro y, tras describir un bucle, regresan a un punto anterior en la propia línea temporal.

En lenguaje llano, una curva temporal cerrada describe el camino de un objeto que sale de un momento concreto, se desplaza hacia adelante en el tiempo y, por la forma en que se deforma el espacio-tiempo, termina reapareciendo en su propio pasado. Es un tipo de solución matemática que lleva décadas fascinando y preocupando a los físicos, porque plantea directamente los clásicos dilemas de causalidad, como el famoso “paradigma del abuelo”.

El gran obstáculo es que, para construir una CTC en el universo real, habría que manipular cantidades descomunales de energía y curvar el espacio-tiempo hasta cerrarlo sobre sí mismo. Ese requisito convierte la idea en algo, por ahora, completamente impracticable: no hay tecnología, ni en Europa ni en ningún otro sitio, capaz de generar semejante escenario cosmológico en un laboratorio.

Conscientes de esta limitación, Lloyd y sus colegas desplazan el foco desde los grandes artefactos de ciencia ficción hacia un terreno mucho más manejable: el de la información cuántica y el comportamiento de partículas individuales. La pregunta deja de ser cómo construir una máquina del tiempo física y pasa a ser si es posible definir, al menos en teoría, canales de comunicación que conecten distintos puntos de la línea temporal.

  ¿Qué es la física?

El papel del entrelazamiento cuántico en los mensajes al pasado

El fenómeno clave que entra en juego es el entrelazamiento cuántico. Cuando dos partículas —por ejemplo, dos fotones— se entrelazan, sus estados dejan de poder describirse por separado: lo que ocurra con una está ligado a lo que pase con la otra, aunque se encuentren a gran distancia. Este comportamiento, verificado en numerosos experimentos también en laboratorios europeos, fue descrito por Einstein como una “acción fantasmagórica a distancia”.

La interpretación estándar de la mecánica cuántica no exige que haya nada viajando más rápido que la luz ni retrocediendo en el tiempo, sino que asume un estado conjunto compartido por ambas partículas. Sin embargo, algunos físicos han explorado lecturas alternativas en las que esta correlación se entiende como si una de las partículas enviara “mensajes” temporales a la otra, indicándole cómo debe reaccionar cuando sea medida más adelante.

Seth Lloyd lleva años moviéndose en ese terreno especulativo pero matemáticamente sólido. En 2010, su grupo utilizó fotones entrelazados para simular una curva temporal cerrada cuántica. En esa demostración, un fotón interactuaba de forma efectiva con una versión anterior de sí mismo, como si hubiera retrocedido unos nanosegundos en el tiempo. El propio Lloyd lo describió con una metáfora llamativa: era como enviar un fotón al pasado e intentar que “eliminara” a su yo anterior.

Esos experimentos no suponen un viaje en el tiempo en el sentido popular, pero sí muestran que la estructura de la teoría cuántica admite construcciones equivalentes a ciertos tipos de bucles temporales. Sobre esa base, el nuevo trabajo del MIT plantea un escenario adicional: ¿qué pasa cuando ese canal temporal no es perfecto, sino que se ve afectado por ruido e interferencias, como cualquier sistema de comunicación real?

Canales cuánticos ruidosos que siguen hablando con el ayer

En el estudio más reciente, Lloyd, Ji y su equipo se preguntan qué ocurriría si el canal cuántico que conecta pasado y futuro no funcionara de forma ideal, sino como una línea telefónica defectuosa, plagada de ruido. La cuestión es crucial, porque en la práctica ningún sistema de transmisión de datos —ni los cables de fibra óptica ni los enlaces cuánticos que se están desarrollando en Europa— está libre de errores.

Para abordar el problema, los investigadores aplican herramientas de la teoría de la información, el lenguaje matemático que se utiliza para estudiar cualquier tipo de canal de comunicación, desde las redes clásicas hasta los sistemas cuánticos más avanzados. A partir de esa formalización, modelan un canal temporal en el que la señal que viaja hacia atrás en el tiempo sufre perturbaciones aleatorias.

Lo que encuentran es, como mínimo, contraintuitivo: incluso cuando se introduce ruido, la comunicación con el pasado puede seguir siendo posible. Más aún, en ciertos regímenes, estos canales temporales ruidosos serían capaces de transportar más información útil que un canal convencional con el mismo nivel de interferencias pero operando en la dirección habitual, del pasado al futuro.

  Cómo Conectarse a Internet

El resultado no significa que mañana vayamos a montar desde España una red de mensajería al ayer, pero sí abre un nuevo ángulo para estudiar los límites de capacidad de los canales cuánticos. La paradoja es que el ruido, generalmente un enemigo declarado de las comunicaciones, aquí podría convertirse en un aliado que hace más eficiente el intercambio de datos cuando entra en juego la dimensión temporal.

Desde un punto de vista técnico, el trabajo muestra que la estructura matemática de los canales temporales resulta más flexible de lo que se pensaba. Al tratar el viaje hacia atrás en el tiempo como un problema de codificación y decodificación de mensajes, los investigadores identifican estrategias que permiten extraer información fiable incluso cuando el canal se comporta de manera muy poco ideal.

Memoria del futuro, cine de ciencia ficción y retrocausalidad

Uno de los aspectos más llamativos de esta línea de investigación es la conexión con la llamada retrocausalidad, la posibilidad de que sucesos futuros influyan, de alguna manera, en eventos pasados. En la formulación de Lloyd y Ji, el remitente de un mensaje temporal dispone de un recurso inédito en las comunicaciones habituales: sus propios recuerdos de cómo se interpretó el mensaje en un bucle anterior.

Para explicar esta idea, el equipo del MIT recurre a un ejemplo muy conocido del público europeo: el tramo final de la película Interstellar, de Christopher Nolan. En esa escena, el protagonista, interpretado por Matthew McConaughey, consigue enviar datos cruciales a su hija en el pasado manipulando las agujas de un reloj. La clave conceptual, según los investigadores, no está en el espectáculo visual, sino en la lógica de la codificación.

En el modelo que proponen, el emisor situado en el futuro recuerda cómo el receptor descifró el mensaje en un ciclo previo y puede ajustar sobre esa base la forma óptima de codificar la información para que llegue correctamente. Kaiyuan Ji lo describe de forma sencilla: el padre conoce de antemano la interpretación que hará la hija y, gracias a esa memoria, se “autoenseña” la estrategia de envío que maximiza la probabilidad de éxito.

Este bucle de información crea un escenario que, a primera vista, parece repleto de paradojas, pero que se mantiene coherente dentro del marco matemático utilizado. Lo que para la intuición cotidiana suena a contradicción, en términos de ecuaciones es simplemente una solución más a los problemas de optimización de canales ruidosos con acceso a memoria temporal.

En paralelo a estos trabajos del MIT, otros grupos han estudiado fenómenos cuánticos donde una acción presente parece alterar estados registrados con anterioridad, trabajando con partículas individuales y qubits en condiciones de laboratorio muy controladas. Aunque los detalles técnicos varían, el hilo conductor es el mismo: en el mundo microscópico, el tiempo deja de comportarse como una calle de un solo sentido y se vuelve sorprendentemente flexible a la hora de describir cómo se propaga la información.

  ¿Qué es la física de la biofísica?

Entre la teoría matemática y la imposibilidad práctica actual

Pese a lo sugerente de estas conclusiones, la comunidad científica mantiene una postura prudente y bastante escéptica respecto a las aplicaciones reales de este tipo de modelos. Físicos como Andreas Winter, de la Universidad de Colonia, han recordado que, hasta donde se sabe hoy en día, no existe ningún mecanismo dentro del universo observable que permita construir una curva temporal cerrada física o enviar señales verificables hacia atrás en el tiempo.

La posición de la mayoría de especialistas europeos es clara: lo que han desarrollado Lloyd y sus colaboradores es, ante todo, una posibilidad matemática consistente, no el plano de una máquina del tiempo lista para su montaje. Las ecuaciones muestran que la física conocida no prohíbe de forma tajante ciertos tipos de canales temporales, pero tampoco ofrecen un camino realista para materializarlos con la tecnología disponible.

Aun así, el propio Lloyd ha insistido en que el nuevo resultado podría trasladarse relativamente rápido a experimentos similares a los que su grupo realizó en 2010 con fotones entrelazados. En lugar de recrear una CTC idealizada, el objetivo sería implementar canales cuánticos ruidosos en sistemas ópticos o de otro tipo y comprobar hasta qué punto se cumplen las predicciones teóricas sobre su capacidad de transmisión.

Este tipo de pruebas interesan especialmente en el contexto del desarrollo de redes cuánticas y ordenadores cuánticos, un campo en el que Europa está invirtiendo de manera notable. Entender cómo se comporta la información en escenarios límite —incluyendo modelos donde el tiempo se trata de forma no convencional— puede aportar ideas útiles para diseñar protocolos de corrección de errores más robustos o estrategias de comunicación más eficientes, incluida la gestión de las comunicaciones con Artemis II.

Al margen de los experimentos concretos, buena parte del debate se centra en cómo encajar estas propuestas con otros principios básicos de la física, como la conservación de la causalidad y la segunda ley de la termodinámica. Se están diseñando nuevos estudios teóricos y pruebas de laboratorio para comprobar que las aparentes “influencias desde el futuro” no conducen a contradicciones cuando se analizan con todo el rigor de la mecánica cuántica moderna.

Lo que sí parece claro es que estas investigaciones obligan a revisar algunos supuestos intuitivos sobre el tiempo y la información. Más que prometer viajes al pasado al estilo de Terminator, lo que ponen sobre la mesa es la posibilidad de que, en el nivel más profundo de la realidad física, el futuro y el pasado estén más entrelazados de lo que solemos imaginar.

Al final, la contribución de estos trabajos del MIT y de otros grupos internacionales no reside en ofrecer una guía práctica para construir máquinas del tiempo, sino en ensanchar el marco teórico con el que entendemos cómo se transmiten y procesan los datos en un universo gobernado por la relatividad general y la mecánica cuántica. En ese terreno, aparentemente abstracto, se juega una parte importante del avance de tecnologías que sí veremos de forma tangible, desde mejores canales cuánticos hasta nuevas arquitecturas de computación.