- Se detectó un fenómeno único: una estrella sobrevivió tras interactuar dos veces con un agujero negro supermasivo.
- El evento, denominado AT 2022dbl, plantea dudas sobre cómo interpretamos los encuentros entre estrellas y agujeros negros.
- La repetición del estallido sugiere que las estrellas pueden experimentar disrupciones parciales y no siempre son destruidas.
- Este caso obliga a replantear teorías sobre eventos violentos cerca del centro de las galaxias y abre nuevas líneas de investigación.

En el vasto universo, los agujeros negros supermasivos se sienten como entidades imposibles de comprender, ya que su gravedad es tan intensa que nada, ni siquiera la luz, logra escapar de su influencia. De vez en cuando, sin embargo, estos objetos cósmicos ponen a prueba los límites de la física, especialmente cuando una estrella se acerca demasiado y es atrapada en su campo gravitacional. Un caso reciente ha sacudido la astronomía: una estrella experimentó no una, sino dos interacciones con un agujero negro y logró sobrevivir.
La historia se desarrolla en una galaxia lejana identificada como WISEA J122045.05+493304.7. En 2022, los astrónomos observaron una inusual explosión de luz procedente de esa zona del cielo, y sorprendentemente, dos años después, detectaron otro destello casi idéntico exactamente en la misma región. Este fenómeno, al que bautizaron como AT 2022dbl, no solo resulta extraordinario por repetirse, sino que desafía los conocimientos sobre cómo los agujeros negros afectan a las estrellas.
El enigma de la estrella reincidente

En el centro de la mayoría de las galaxias, incluidos gigantes como la Vía Láctea, suelen esconderse agujeros negros supermasivos. Aunque son invisibles directamente, los científicos pueden identificarlos cuando una estrella se ve afectada por su gravedad y produce un destello intenso. Habitualmente, estos eventos se conocen como eventos de disrupción por marea (TDE, por sus siglas en inglés), en los que la estrella es destruida, parte de su material es absorbido y el resto es expulsado al espacio, generando una luz que se puede detectar durante semanas o meses.
Lo sorprendente del caso AT 2022dbl es que, tras el primer estallido, la estrella logró sobrevivir y regresó para protagonizar un segundo evento casi calcado. Los expertos, entre los que destacan Lydia Makrygianni e Iair Arcavi, analizaron datos ópticos, ultravioletas, de rayos X y de radio y constataron que ambos episodios no solo ocurrieron en el mismo lugar, sino que compartían la misma evolución espectral, temperatura, brillo y duración. La explicación más plausible es que la estrella sufrió una disrupción parcial: fue dañada, pero no destruida por completo.
Este hallazgo pone en entredicho la idea tradicional de que este tipo de interacciones son mortales para las estrellas. El hecho de que se hayan registrado dos explosiones similares en apenas dos años y en la misma ubicación reduce la posibilidad de una coincidencia a apenas un 0,12%. Esto sugiere que, en ocasiones, las estrellas pueden salir vivas de su encuentro con un agujero negro y volver a repetir la experiencia.
Consecuencias para la astronomía moderna

El análisis detallado de AT 2022dbl ha llevado a los investigadores a preguntarse cuántos otros eventos similares, detectados en el pasado, podrían haber sido también disrupciones parciales y no destrucciones completas. Hasta ahora, se asumía que el acercamiento de una estrella a un agujero negro implicaba su fin, pero este caso abre la puerta a una nueva interpretación y obliga a revisar los datos archivados bajo esa premisa.
En términos prácticos, esto significa que las tasas de eventos de disrupción por marea podrían estar sobrestimadas, porque una sola estrella podría originar varios destellos en diferentes momentos. Además, la similitud entre las observaciones ópticas y ultravioletas de AT 2022dbl y otros eventos “normales” evidencia que quizás las estimaciones anteriores no eran del todo precisas.
El fenómeno también encaja con la teoría propuesta por Hills, que afirma que algunas estrellas quedan atrapadas en órbita cerca de agujeros negros tras ser separadas de un sistema binario. Simulaciones por ordenador han demostrado que en este caso concreto, una estrella de tres masas solares, con una órbita de unos 700 días alrededor de un agujero negro de un millón de masas solares, podría provocar un comportamiento similar al observado: una primera disrupción parcial, seguida de un segundo acercamiento dos años después.
Los investigadores estiman que, si la estrella sigue el mismo patrón, podríamos presenciar una tercera explosión en torno a 2026. Eso proporcionaría la confirmación definitiva de este ciclo, posicionando a AT 2022dbl como un sistema periódico de disrupciones parciales y ofreciendo una oportunidad excepcional para estudiar los límites de la física en condiciones extremas.