- Los grandes fabricantes solo podrán cubrir alrededor del 60 % de la demanda mundial de DRAM hasta 2027
- La inversión se está volcando en memorias HBM para inteligencia artificial y centros de datos
- Los precios de la RAM para consumo se han disparado y afectan a PCs, móviles y consolas
- Analistas sitúan un posible alivio de la crisis entre 2028 y 2030, sin garantías claras

La escasez de memoria RAM ha pasado de ser un problema puntual a convertirse en uno de los grandes quebraderos de cabeza de la industria tecnológica. Comprar hoy un ordenador, un móvil o incluso una consola se ha encarecido notablemente y, en buena medida, la culpa no es del dispositivo en sí, sino de uno de sus componentes más básicos: la memoria.
En cuestión de meses, la RAM ha pasado a ser uno de los elementos más caros de cualquier aparato electrónico, hasta el punto de condicionar el precio final de smartphones, portátiles, consolas y todo tipo de equipos. Y lo más preocupante para el usuario europeo es que no se trata de una racha pasajera: los datos que manejan fabricantes y analistas dibujan un escenario de tensión que podría prolongarse hasta bien entrada la próxima década.
Un déficit estructural: cuando solo se cubre el 60 % de lo que se pide
Las tres grandes compañías que dominan el mercado de memoria DRAM —Samsung, SK Hynix y Micron— concentran alrededor del 90 % de la producción mundial. Sus planes de expansión son ambiciosos, pero los números no cuadran con lo que el mercado está reclamando. Distintas estimaciones industriales, recogidas por medios asiáticos especializados, apuntan a que, incluso con nuevas plantas, solo podrán satisfacer en torno al 60 % de la demanda global prevista para 2027.
Esta brecha entre oferta y demanda no es un mero desajuste puntual, sino un déficit que se prolonga año tras año. Firmas de análisis como Counterpoint Research han calculado que, para equilibrar el mercado, la producción de memoria debería crecer en torno a un 12 % anual en 2026 y 2027. Sin embargo, con los proyectos confirmados sobre la mesa, se espera únicamente un aumento de alrededor del 7,5 %, claramente insuficiente para cerrar el hueco.
El presidente de SK Group, Chey Tae-won, ha llegado incluso a advertir de que las limitaciones de suministro de memoria para IA y, por extensión, la presión sobre la RAM de propósito general, podrían alargarse hasta 2030. Es decir, no se trata de un bache que se vaya a resolver con un par de trimestres de bonanza, sino de un problema con horizonte de varios años.
Este desfase se traduce de forma directa en precios más altos y en una disponibilidad más reducida, algo que ya están notando tanto los grandes fabricantes de equipos como los consumidores finales en Europa y el resto del mundo.

La IA se queda con la RAM: prioridad absoluta para centros de datos y HBM
La raíz del problema no es solo la falta de fábricas, sino un cambio de prioridades en toda la industria. El auge de la inteligencia artificial generativa y de los grandes centros de datos ha disparado la demanda de memoria de alto rendimiento. En ese contexto, los fabricantes han reorientado sus inversiones hacia productos más rentables, dejando en segundo plano la RAM para ordenadores y móviles.
El gran ejemplo de este viraje son las memorias HBM (High Bandwidth Memory), un tipo de DRAM apilada y de altísimo ancho de banda diseñada para acelerar cargas de trabajo intensivas, como el entrenamiento y la inferencia de modelos de IA. Estas memorias requieren procesos de fabricación y empaquetado más complejos y lentos, consumen mucha capacidad de producción y desplazan líneas que antes se dedicaban a DRAM convencional para consumo.
Samsung, SK Hynix y Micron han ido adaptando sus fábricas a este nuevo escenario. Parte de las instalaciones que están levantando o ampliando se destinará casi en exclusiva a memoria avanzada para servidores, nube e inteligencia artificial, no a los módulos de RAM estándar que se montan en PCs domésticos o portátiles de oficina.
Esta reasignación de recursos tiene un efecto muy claro: lo que gana la IA lo pierde el usuario de a pie. Los grandes contratos de los hiperescaladores —grandes plataformas en la nube y compañías de servicios de IA— aseguran márgenes más elevados que el mercado tradicional de consumo, de modo que la prioridad está clara para los fabricantes. El resultado es un cuello de botella persistente para la RAM generalista.
Incluso dentro del propio segmento de IA se anticipan tensiones. Algunas voces del sector señalan que, a pesar del esfuerzo inversor, la memoria destinada a inteligencia artificial también podría verse limitada durante varios años, precisamente por la complejidad técnica de las nuevas generaciones de chips y la velocidad a la que crece la demanda.
Cómo están reaccionando los grandes fabricantes de memoria
Para intentar aliviar la situación, los tres gigantes de la DRAM han puesto en marcha planes de expansión a medio y largo plazo. Sin embargo, los plazos industriales son muy largos y, en el mejor de los casos, los beneficios de estas inversiones no se notarán de forma clara hasta la segunda mitad de la década.
Samsung Electronics prevé poner en marcha este mismo año una cuarta planta de fabricación de memoria en Corea del Sur. Aun así, esa instalación no alcanzará una producción masiva a gran escala hasta, como mínimo, 2027. Además, no estará dedicada exclusivamente a la RAM de consumo: también se utilizará para fabricar otros tipos de chips, lo que limita su impacto real sobre la oferta de DRAM estándar.
En paralelo, la compañía surcoreana está levantando una quinta planta orientada a memoria HBM, pensada específicamente para alimentar el crecimiento de la inteligencia artificial. Las operaciones de esta fábrica se situarían ya en el horizonte de 2028, un calendario que ilustra bien lo lenta que es cualquier ampliación significativa en este sector.
SK Hynix, por su parte, ha sido la primera en lograr que una nueva instalación entre en funcionamiento. Dispone ya de una planta adicional en Corea del Sur que comenzó a operar en febrero, y es la única de las tres grandes que aumentará de forma relevante su capacidad de producción en 2026. Además, está acelerando la construcción de otra fábrica que debería completarse a principios de 2027, adelantando varios meses su puesta a punto.
Micron sigue una hoja de ruta similar, aunque algo más retrasada en el tiempo. La compañía tiene previsto iniciar la producción de memorias HBM en sus instalaciones de Estados Unidos y Singapur durante 2027 y levantar una nueva factoría en Japón que no entrará en producción masiva hasta 2028. Paralelamente, ya ha dejado claro que su foco estará en la demanda de IA y centros de datos.
El abandono de la RAM de consumo: marcas que desaparecen y gamas que suben
La forma en que algunas compañías están reorganizando sus catálogos deja claro hacia dónde se dirige el negocio. Micron anunció hace unos meses que dejaba de comercializar su marca Crucial de memorias RAM y SSD para consumo, con el objetivo de destinar esos recursos a productos para centros de datos y aplicaciones de inteligencia artificial. Es un movimiento simbólico, pero muy revelador del cambio de prioridades.
En el terreno de la memoria soldada para dispositivos móviles y portátiles ultrafinos, Samsung también ha empezado a marcar distancias con las generaciones más antiguas de memoria LPDDR4 y LPDDR4X. Según fuentes de la industria, el fabricante estaría reduciendo de forma notable el suministro de estos módulos, que hasta ahora se utilizaban masivamente en gamas de entrada y media para mantener los costes contenidos.
La estrategia pasa por reconvertir esas líneas de producción para fabricar LPDDR5 y LPDDR5X, versiones más modernas y rápidas, pero también más caras. El salto tecnológico mejora el rendimiento de los dispositivos, sí, pero empuja al alza el coste de móviles, tablets y portátiles que antes podían apoyarse en memorias algo más modestas.
En la práctica, esto implica que muchos fabricantes de smartphones de gama asequible tendrán que adoptar memorias de nueva generación aunque no lo tuvieran en sus planes iniciales. El resultado previsible es un incremento de precio por unidad que, en los segmentos de entrada y media, puede ser especialmente doloroso para el consumidor.
Este mismo dilema se traslada al mundo del PC y de las consolas portátiles, donde la presión para montar memoria más rápida choca de frente con la necesidad de ofrecer modelos competitivos en precio, especialmente en mercados sensibles al coste como buena parte de Europa.
Subida histórica de precios: de la DDR4 a la DDR5 y más allá
El impacto más inmediato de la escasez de RAM está siendo el precio. Desde otoño del año pasado, el coste de los módulos de memoria ha subido hasta un 180 % en algunos casos, según diversas fuentes del sector. La RAM se ha colocado así entre los componentes más caros a la hora de fabricar un ordenador, un móvil o cualquier dispositivo que dependa de ella.
La situación es especialmente visible en la memoria DDR5, estándar que se ha ido generalizando en equipos de sobremesa y portátiles de nueva generación. Los precios de estos módulos se han disparado desde finales de 2025 y distintos analistas prevén aún incrementos adicionales de entre el 50 y el 60 % a lo largo de 2026, conforme la demanda siga tensionada y la oferta continúe siendo insuficiente.
Ante este panorama, muchos usuarios han tratado de refugiarse en plataformas más antiguas con DDR3 y DDR4, confiando en encontrar precios más razonables. Pero el efecto arrastre de la escasez ha llegado también a esas generaciones: aunque el encarecimiento no es tan extremo como en DDR5, los módulos de memoria de generaciones anteriores también han sufrido subidas notables.
La propia Samsung había valorado dejar de fabricar DDR4 en 2025, pero el repunte de la demanda y la rentabilidad de estas líneas han llevado a la compañía a prolongar su producción al menos hasta finales de 2026. Esa decisión ilustra cómo el mercado se ha visto obligado a estirar estándares veteranos para intentar amortiguar un poco la presión sobre la oferta.
Este encarecimiento se refleja directamente en el presupuesto de cualquier dispositivo. En el caso de un smartphone asequible, la memoria puede representar ya alrededor del 20 % del coste total de fabricación, y algunas estimaciones apuntan a que esa proporción podría llegar al 40 % en 2026 si la tendencia continúa. Algo similar ocurre en portátiles y PCs de sobremesa, donde la RAM se ha convertido en uno de los principales factores que disparan el precio final.
Consecuencias para el mercado de PCs, móviles y consolas
La tensión en el suministro de RAM no se queda en los balances de las fábricas: se traslada al escaparate. En el último año, varios fabricantes de referencia del mercado de consumo han empezado a ajustar los precios de sus productos para reflejar el nuevo coste de la memoria y otros componentes asociados.
Empresas como Microsoft y Sony han anunciado incrementos de precio en dispositivos como Surface y PlayStation 5, respectivamente, en parte ligados a la subida de costes internos. Valve, por su lado, ha advertido de que la disponibilidad de su videoconsola portátil Steam Deck puede verse afectada por la escasez de memoria, hasta el punto de agotarse en determinadas regiones.
En el ámbito del PC, los primeros meses de 2026 aún han mostrado cierta fortaleza en las ventas de ordenadores, con un crecimiento interanual moderado impulsado por renovaciones asociadas a la transición a Windows 11 y por la llegada de nuevos chips con capacidades de IA integrada. Sin embargo, varias consultoras avisan de que parte de este tirón responde a compras adelantadas ante el temor a futuras subidas de precio.
De cara a los próximos trimestres, las previsiones son bastante más prudentes. Si los costes de la RAM siguen al alza, muchos fabricantes podrían reducir el ritmo de lanzamiento de modelos nuevos y concentrarse en gamas más rentables, orientadas a empresas o a clientes dispuestos a asumir un mayor desembolso. El segmento básico, tanto en sobremesa como en portátil, es el que corre más riesgo de quedarse desabastecido o de resultar poco atractivo por precio.
Para quienes montan o actualizan su propio equipo, especialmente jugadores o profesionales creativos, la subida de la DDR5 ha obligado a aplazar o recortar proyectos de renovación. Lo que hace un par de años era una mejora relativamente asumible —añadir más RAM o pasar a una plataforma más reciente— se ha convertido para muchos en una inversión difícil de justificar.
Impacto en Europa y papel de los nuevos actores
En Europa, donde una parte importante del parque informático se renueva por ciclos asociados a cambios de sistema operativo, normativas o planes de digitalización, la carestía de memoria RAM introduce un factor de incertidumbre. Las administraciones públicas, las pymes y los usuarios particulares se enfrentan a equipos más caros justo en un momento en el que la demanda de potencia de cálculo no deja de crecer.
La dependencia de un número tan reducido de fabricantes globales complica todavía más la situación. Aunque hay empresas chinas que tratan de ganar peso en el mercado de la memoria, su capacidad actual está lejos de ser suficiente para compensar las limitaciones de los tres grandes. A corto y medio plazo, lo más probable es que Europa siga expuesta a las mismas tensiones de oferta que el resto del mundo.
A este contexto se suma el esfuerzo que están realizando también países europeos para impulsar su propia infraestructura de centros de datos y capacidades de inteligencia artificial. Esa apuesta refuerza, de forma indirecta, la competencia interna por la memoria: los proyectos de nube y de IA que se levantan en suelo europeo compiten por los mismos chips HBM y DRAM que necesitan los equipos de consumo.
La consecuencia lógica es que cualquier plan de renovación tecnológica en la región, ya sea en educación, sanidad, administración o industria, tendrá que tener en cuenta que la memoria será un recurso caro y potencialmente escaso durante varios años. Las decisiones de compra, los plazos de actualización y las especificaciones técnicas podrían adaptarse a esta nueva realidad.
Con todo este escenario sobre la mesa, la sensación compartida en el sector es que la crisis de escasez de memoria RAM está lejos de resolverse. Mientras la demanda de inteligencia artificial siga disparada y la estructura del mercado continúe tan concentrada, lo más probable es que la RAM siga siendo un componente clave, caro y muy disputado, obligando tanto a fabricantes como a usuarios a replantearse cómo, cuándo y con qué equipos actualizan su tecnología.