- Indra valida en España un sistema de detección y evitación de colisiones para drones desarrollado en el Polo Aeroespacial de Galicia.
- El sistema fusiona cámaras 360º y radar de apuntamiento electrónico para anticipar maniobras de evasión hasta a 2.000 metros de altura.
- Las pruebas con drones Tarsis se realizaron en el aeródromo de Aerohíspalis, en Sevilla, en entornos que simulan gestión UTM.
- El desarrollo se orienta a usos civiles y de seguridad como rescates, vertidos marítimos y lucha contra incendios, con plataformas VTOL híbridas.
Indra ha dado un paso relevante en el impulso de la operación segura de drones en Europa al completar en España una campaña de vuelos de prueba de un sistema avanzado de detección y evitación de colisiones para aeronaves no tripuladas. El desarrollo forma parte del programa estratégico del Polo Aeroespacial de Galicia, uno de los ecosistemas más activos en el campo de los sistemas aéreos no tripulados en el ámbito europeo.
El proyecto se lleva a cabo en unión temporal de empresas entre Indra y Tecnobit, del Grupo Oesía, y está orientado a facilitar que los UAV puedan integrarse con garantías en espacios aéreos cada vez más concurridos. La idea de fondo es clara: si se quiere que los drones compartan cielo con aviones tripulados y con otros UAV en escenarios complejos, hace falta una tecnología fiable que les permita detectar riesgos y esquivarlos de forma autónoma.
Pruebas en vuelo con drones Tarsis y validación del sistema
Para comprobar el rendimiento del sistema anticolisión, la compañía ha realizado múltiples vuelos de ensayo con un dron multirrotor equipado con cámaras y radar. Este aparato actuó como plataforma de pruebas encargada de detectar otra aeronave no tripulada, un UAV de la familia Tarsis de Indra, que se utilizó como «tráfico» objetivo durante los ejercicios.
Según los datos difundidos por la empresa, el sistema fue capaz de identificar al dron Tarsis a distancias de hasta un kilómetro y de iniciar maniobras de evasión de manera completamente autónoma. No se trata solo de «ver» a otro aparato en el aire, sino de reaccionar con suficiente antelación y precisión como para garantizar que no se produzca un encuentro peligroso.
Las pruebas se llevaron a cabo en el aeródromo de Aerohíspalis, en Sevilla, donde se reprodujeron perfiles de vuelo habituales en operaciones reales. Se ensayaron aproximaciones desde diferentes trayectorias, con distintas altitudes y velocidades, para poner a prueba el comportamiento del sistema ante una amplia variedad de situaciones y geometrías de conflicto.
Este tipo de campañas es clave para demostrar que la tecnología funciona en entornos propios de la gestión del tráfico aéreo no tripulado (UTM), desde vuelos muy cerca del suelo hasta operaciones que se extienden hasta los 2.000 metros de altitud. Es precisamente en ese rango donde se prevé que los drones compartan espacio aéreo con otros usuarios en Europa.
Combinación de cámaras 360º, radar y algoritmos de decisión
Uno de los puntos fuertes del proyecto reside en la fusión de información procedente de varios sensores. El dron de pruebas está equipado con un conjunto de cámaras embarcadas que proporcionan cobertura de 360 grados, lo que permite vigilar todo el entorno inmediato y distinguir objetivos de pequeño tamaño o a larga distancia.
A la información óptica se suma la aportada por un radar de apuntamiento electrónico, especialmente útil en condiciones de baja visibilidad o iluminación reducida. La combinación de ambos tipos de sensores refuerza la fiabilidad del sistema, al ofrecer redundancia y complementariedad en la detección de otras aeronaves y posibles obstáculos.
Todos estos datos se procesan en tiempo real a bordo del propio UAV mediante una arquitectura de computación de alta capacidad. Sobre este hardware se ejecutan algoritmos avanzados que evalúan continuamente el entorno aéreo, identifican potenciales trayectorias de conflicto e inician las maniobras evasivas apropiadas sin intervención humana directa.
Este enfoque, conocido en la industria como capacidad Detect-and-Avoid (DAA) o «detectar y evitar», resulta esencial para habilitar vuelos con un alto grado de autonomía, incluidos aquellos que se realizan más allá de la línea de visión del operador (vuelos BVLOS). Sin una solución robusta de este tipo, la integración masiva de drones en los cielos europeos quedaría seriamente limitada.
Operaciones complejas y enjambres de drones
Los ensayos llevados a cabo muestran que el sistema no solo está pensado para vuelos sencillos, sino que apunta a operaciones de alta complejidad. La capacidad de detección temprana y respuesta automática cobra especial importancia en misiones donde participan varias aeronaves simultáneamente, como ocurre en operaciones con enjambres de drones.
En este tipo de escenarios, varios UAV comparten rutas, cambian de altitud de forma dinámica o actúan de manera coordinada sobre una misma zona. Contar con un sistema anticolisión fiable permite que estas plataformas puedan volar en proximidad sin comprometer la seguridad, lo que resulta clave tanto en aplicaciones civiles como en contextos de defensa.
Además, la tecnología está pensada para facilitar la coexistencia segura de drones con aeronaves tripuladas en un mismo espacio aéreo. La automatización de la detección de tráfico y la maniobra de evitación reduce la carga de trabajo de los operadores y contribuye a un uso más eficiente del espacio aéreo, un objetivo que comparte buena parte de la regulación en desarrollo en la Unión Europea.
La experiencia acumulada por Indra en otros ámbitos relacionados, como las defensa antidrón y sistemas C-UAS, aporta una base tecnológica que se está trasladando ahora a capacidades de navegación segura y autonomía de vuelo. El foco ya no está solo en neutralizar amenazas, sino también en lograr que los propios UAV sean capaces de protegerse de posibles colisiones.
Marco europeo y papel del Polo Aeroespacial de Galicia
El desarrollo de sistemas DAA como el que está probando Indra se enmarca en una carrera tecnológica a nivel europeo para dotar a los drones de mayores niveles de autonomía y seguridad operacional. En este contexto, el Polo Aeroespacial de Galicia se ha consolidado como uno de los polos de referencia en España para el ensayo y validación de tecnologías UAS.
En Europa, diversas empresas trabajan en soluciones de detect-and-avoid y gestión de enjambres tanto para plataformas tácticas como para grandes drones de media altitud y largo alcance. Programas como Eurodrone han incorporado requisitos exigentes en este campo, y proveedores tecnológicos como HENSOLDT desarrollan capacidades complementarias orientadas a integrar estas funciones en sistemas de mando y control más amplios.
El proyecto de Indra y Tecnobit se sitúa en esa misma línea de evolución tecnológica, con una orientación clara a la integración futura de los UAV en las redes ATM y UTM europeas. La posibilidad de que los drones compartan información con el resto de usuarios del espacio aéreo y se ajusten automáticamente a las normas de separación mínima se considera un requisito indispensable para que el mercado crezca.
El marco regulatorio comunitario, que avanza de forma progresiva, exige precisamente este tipo de capacidades para autorizar operaciones de alta densidad de tráfico y vuelos de larga distancia. Disponer de sistemas anticolisión probados en escenarios reales facilita la adaptación de la industria a esas exigencias y refuerza la posición de las empresas europeas frente a la competencia internacional.
Aplicaciones civiles: rescate, vertidos y lucha contra incendios
Más allá del interés que estas tecnologías puedan tener para misiones de defensa, el proyecto desarrollado en el Polo Aeroespacial de Galicia tiene un marcado carácter dual, con aplicaciones directas en el ámbito civil y de protección ciudadana. Indra y Tecnobit trabajan ya en soluciones basadas en drones para operaciones de salvamento y rescate, detección de vertidos en el mar y apoyo a la lucha contra incendios forestales.
En misiones de búsqueda y rescate, disponer de un UAV capaz de volar con seguridad en entornos complejos y mantenerse en el aire durante largos periodos puede marcar la diferencia. La capacidad de evitar colisiones permite operar más cerca de otras aeronaves de apoyo, incluso en condiciones de visibilidad reducida, y coordinar mejor los esfuerzos de los distintos equipos desplegados en la zona.
En el caso de la detección de vertidos marítimos, los drones equipados con sensores específicos pueden sobrevolar amplias áreas de costa y mar abierto para identificar manchas de contaminación y seguir su evolución. De nuevo, la seguridad en vuelo es clave para operar a baja altura sobre el agua o cerca de otras plataformas aéreas y marítimas implicadas en las tareas de respuesta.
En la lucha contra incendios forestales, el uso de UAV se está extendiendo para tareas de vigilancia, cartografía de perímetros, evaluación de frentes de fuego y apoyo a la coordinación de medios. Un sistema anticolisión fiable ofrece un plus de seguridad en entornos donde pueden coincidir helicópteros, aviones de carga de agua y otros drones, a menudo en condiciones de humo y visibilidad comprometida.
Plataformas VTOL híbridas y carga útil de hasta 20 kilos
Los desarrollos que forman parte de este programa se apoyan en plataformas UAS de tipo VTOL (despegue y aterrizaje vertical), diseñadas para ofrecer una elevada flexibilidad operativa. Este tipo de aeronaves combina las ventajas del vuelo estacionario, útil para observación o vigilancia puntual, con la capacidad de cubrir largas distancias en vuelo de crucero.
Estas plataformas incorporan sistemas de propulsión híbridos, que combinan motores eléctricos con motores de combustión, con el objetivo de aumentar la autonomía y la carga de misión disponible. Esta configuración permite adaptar el perfil energético a cada fase del vuelo y responder mejor a las necesidades de operaciones largas o en zonas remotas.
Los drones que se están desarrollando dentro de este proyecto están concebidos para transportar cargas útiles de hasta 20 kilogramos, una cifra que encaja con la demanda creciente de UAV de tamaño medio para usos civiles e institucionales. Esa capacidad de carga resulta suficiente para embarcar cámaras de alta resolución, sensores especializados, equipos de comunicaciones o pequeños suministros de emergencia.
La combinación de mayor autonomía, versatilidad VTOL y sistemas anticolisión avanzados abre la puerta a nuevos modelos de operación en sectores como la gestión de emergencias, la vigilancia ambiental o la seguridad pública. Para administraciones y organismos europeos, contar con soluciones desarrolladas y probadas en el entorno regulatorio comunitario resulta especialmente atractivo.
Con la validación de este sistema anticolisión para drones, Indra y su socio Tecnobit consolidan su posición en el segmento de los sistemas aéreos no tripulados de nueva generación, aportando una pieza clave para la integración segura de los UAV en el espacio aéreo español y europeo. Las pruebas realizadas en Aerohíspalis y el impulso del Polo Aeroespacial de Galicia apuntan a un escenario en el que los drones, dotados de capacidades avanzadas de detección y evitación, podrán asumir misiones cada vez más exigentes sin comprometer la seguridad del resto de usuarios del cielo.