Indra muestra en el 5G Forum cómo las redes híbridas y autónomas marcarán el futuro de la conectividad

Última actualización: 14/05/2026
Autor: Isaac
  • Indra Group presenta en Sevilla un modelo de conectividad híbrida que combina redes terrestres y satélites.
  • Las redes 5G evolucionan hacia mayores niveles de autonomía con automatización, IA y operación zero touch.
  • Los sistemas OSS se convierten en pieza clave para gestionar redes híbridas complejas y resilientes.
  • El estándar 5G NTN y programas europeos como IRIS² refuerzan la soberanía tecnológica y espacial en Europa.

Redes hibridas y autonomas en entorno 5G

Indra Group ha aprovechado su presencia en el 5G Forum, celebrado en el Auditorio Cartuja de Sevilla, para enseñar cómo las redes híbridas y cada vez más autónomas pueden redefinir la conectividad en España y en el resto de Europa. La compañía tecnológica ha puesto sobre la mesa un modelo que combina infraestructuras terrestres y satelitales, apoyado en automatización e inteligencia artificial, con el foco puesto en la resiliencia y la seguridad.

Ante un ecosistema telco que busca soluciones más flexibles y fiables, la firma ha mostrado que la integración del satélite en el estándar 5G abre una nueva etapa en la arquitectura de las telecomunicaciones. La red deja de depender solo de antenas y nodos en tierra para convertirse en un sistema distribuido entre superficie y espacio, capaz de responder mejor en zonas remotos, situaciones de emergencia o escenarios críticos. Esta integración se alinea con iniciativas como la de integración del satélite en el estándar 5G.

Un modelo de conectividad híbrida tierra-espacio

Conectividad satelital Hispásat-1
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La propuesta de Indra Group se basa en la convergencia entre redes móviles de última generación y capacidades satelitales, de manera que ambas infraestructuras se complementen en lugar de competir. En este esquema, las comunicaciones por satélite refuerzan a las redes 5G actuales y a las futuras 6G, conformando una malla de cobertura mucho más amplia y con mayor capacidad de adaptación.

Este cambio implica una transformación profunda de la arquitectura de red: la conectividad deja de ser un recurso estrictamente terrestre y pasa a formar parte de un sistema híbrido en el que los recursos orbitales se integran de forma nativa en el estándar 5G. Eso se traduce en una mejor respuesta ante cortes de servicio, mayor continuidad en entornos rurales o aislados y más opciones para servicios de misión crítica.

La compañía subraya que este nuevo paradigma no se limita a desplegar más antenas o lanzar más satélites, sino que exige una coordinación avanzada entre todos los elementos de la red. Al tratarse de una infraestructura distribuida entre diferentes capas (tierra, baja órbita y órbitas superiores), la gestión debe ser lo bastante inteligente como para orquestar recursos en tiempo real y garantizar la calidad de servicio que el usuario espera.

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Gracias a esta combinación, se abren casos de uso que hasta ahora eran complejos o directamente inviables: conectividad estable en zonas rurales, apoyo a comunicaciones de emergencia y refuerzo de redes críticas cuando la infraestructura tradicional sufre incidencias. En la práctica, esto puede marcar la diferencia en operaciones de protección civil, transporte, energía o defensa. La red híbrida permite zonas remotas y situaciones de emergencia recibir cobertura y continuidad.

En este contexto, Indra utiliza el escaparate del 5G Forum para remarcar que el satélite se ha convertido en una parte estructural de la infraestructura global de telecomunicaciones. Ya no se concibe solo como un recurso de respaldo, sino como un componente integrado en el ecosistema 5G, preparado para evolucionar junto a las próximas generaciones de red.

OSS avanzados para gestionar redes híbridas complejas

Uno de los puntos que la compañía considera más delicados es la evolución de los sistemas de soporte a las operaciones u OSS, las plataformas que permiten monitorizar, gestionar y orquestar grandes redes de comunicaciones. Al pasar de una red puramente terrestre a un entorno híbrido con componentes satelitales, estos sistemas deben dar un salto cualitativo.

Los OSS son los encargados de supervisar el estado de la red, detectar problemas y coordinar el uso de recursos. En un modelo híbrido, se convierten en el cerebro que decide cómo y por dónde cursar el tráfico para mantener la calidad de servicio, incluso cuando alguno de los segmentos (terrestre o espacial) se ve sometido a estrés o sufre una incidencia.

En este tipo de infraestructuras, los operadores necesitan herramientas capaces de gestionar de forma unificada redes muy dispares, integrando información procedente de estaciones en tierra, satélites de distintas órbitas y múltiples tecnologías de acceso. Esa visión consolidada es clave para aplicar políticas de calidad de servicio, priorizar tráfico crítico o redistribuir carga en tiempo real.

Según Indra Group, el gran reto no consiste únicamente en que el satélite forme parte del estándar 5G, sino en ser capaces de operar toda la red híbrida como si fuera un único sistema coherente. Eso implica que, para el usuario final, la experiencia no se vea afectada por el hecho de que los datos viajen por una antena cercana o por un enlace satelital a cientos de kilómetros de altura.

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En este punto, voces de la compañía como la de María Lamelas Labrada, responsable de Telecom & Media en Minsait (Indra Group), insisten en que la estabilidad, la resiliencia y la automatización deben ser equiparables a las de una red móvil moderna. El objetivo es que las redes híbridas ofrezcan el mismo nivel de fiabilidad que se espera de un despliegue terrestre convencional, pero con mucha más flexibilidad.

Redes 5G cada vez más autónomas y operación zero touch

Además del enfoque híbrido, Indra Group ha mostrado en el 5G Forum un camino claro hacia redes 5G que se gestionan de forma progresivamente autónoma. La idea es que la red pueda configurarse, supervisarse y corregir fallos con una intervención humana mínima, apoyándose en automatización, observabilidad avanzada e inteligencia artificial.

Durante el evento, la compañía ha enseñado cómo, mediante una interfaz en lenguaje natural, es posible desplegar y adaptar una red 5G de forma ágil. Esta interfaz permite utilizar plantillas estándar o personalizar parámetros específicos en función de las necesidades del entorno, lo que facilita tanto proyectos piloto como despliegues más ambiciosos.

Una vez que la red está en marcha, el sistema admite la validación de su comportamiento a través del registro de usuarios y la simulación controlada de incidencias y escenarios anómalos. Estas situaciones generan métricas operativas que la propia red analiza automáticamente, desencadenando alertas cuando detecta comportamientos fuera de lo normal.

A partir de esas alertas, entran en acción flujos automatizados capaces de identificar la causa raíz de un problema y aplicar la respuesta adecuada, restaurando configuraciones o ajustando parámetros sin necesidad de que intervenga un operador. Esta lógica de remediación inteligente persigue que el servicio se recupere en el menor tiempo posible y con el mínimo impacto para el usuario.

Sobre esta base se construye el concepto de operaciones zero touch, es decir, una red que se despliega, se ajusta y se corrige prácticamente sola. Para los operadores, esto significa tiempo de reacción más corto, menos errores derivados de tareas manuales y una mayor capacidad para escalar servicios sin multiplicar los equipos humanos dedicados a la operación.

El papel del espacio y la soberanía tecnológica europea

La dimensión satelital de la conectividad no solo tiene implicaciones técnicas, sino también geopolíticas. En el 5G Forum se ha subrayado que la soberanía estratégica en el ámbito espacial será determinante para que Europa conserve su autonomía tecnológica en las próximas décadas, especialmente en lo referente a comunicaciones sensibles.

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En este marco cobra relevancia el estándar 5G NTN (Non-Terrestrial Networks), que permite integrar de forma nativa satélites y otras plataformas no terrestres en el ecosistema 5G. Gracias a esta aproximación, las redes pueden extender su alcance más allá de las infraestructuras tradicionales, manteniendo una experiencia uniforme para el usuario aunque cambie el medio físico por el que circulan los datos.

Europa está dando pasos concretos en esa dirección con iniciativas como IRIS² (Infraestructura para la Resiliencia, la Interconectividad y la Seguridad por Satélite), la futura constelación promovida por la Unión Europea para asegurar comunicaciones gubernamentales robustas. Este programa prevé el despliegue de cientos de satélites hacia finales de la década, con una inversión de varios miles de millones de euros canalizada a través de un consorcio industrial europeo.

Empresas como Hispasat, junto a otros actores del sector aeroespacial europeo, participan en consorcios como SpaceRISE para aportar tecnologías clave a esta infraestructura multiórbita, que combinará satélites de órbita baja (LEO) y media (MEO). Uno de los hitos previstos es que se convierta en la primera constelación en incorporar 5G NTN de banda ancha de forma integral.

Desde la óptica de los operadores, apostar por la integración del satélite en el estándar 5G es una manera de asegurar que el espacio forme parte estable de la infraestructura global de comunicaciones, en lugar de ser un recurso puntual. Esta estrategia encaja con la visión de una Europa que refuerza sus capacidades propias para no depender en exceso de soluciones externas en un ámbito tan sensible como el de las telecomunicaciones críticas.

El despliegue de redes híbridas y la evolución hacia modelos de operación autónoma muestran cómo el 5G está dejando de ser solo una cuestión de velocidad para convertirse en una plataforma de resiliencia, soberanía y flexibilidad. Combinando infraestructuras terrestres y satelitales, apoyándose en OSS avanzados y en automatización inteligente, compañías como Indra Group y el ecosistema europeo en su conjunto están sentando las bases de una conectividad que aspira a ser más robusta, ubicua y preparada para los desafíos tecnológicos y estratégicos de los próximos años.