- La IA y el Big Data se consolidan como palancas clave de eficiencia y resiliencia en el sistema energético español y europeo.
- El Congreso RE:ENERGÍA reúne a empresas, reguladores y centros tecnológicos para alinear innovación, regulación y uso responsable de los datos.
- Casos reales muestran el uso de modelos predictivos, gemelos digitales y gestión inteligente de la demanda para optimizar redes y activos.
- Las comunidades energéticas y la comunicación transparente amplifican el impacto social de la digitalización en la transición energética.

La combinación de inteligencia artificial, Big Data y digitalización ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en una pieza central de la transición energética. En España y en buena parte de Europa, el uso avanzado de los datos ya está influyendo en cómo se genera, transporta, distribuye y consume la energía, con un impacto directo en la eficiencia, los costes y la descarbonización.
En este contexto, el I Congreso Nacional RE:ENERGÍA, celebrado en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la UPM, ha funcionado como una radiografía bastante precisa de este cambio de paradigma. Empresas energéticas, centros tecnológicos, asociaciones sectoriales, expertos legales y representantes de la administración coincidieron en una idea básica: sin datos y sin IA, será muy complicado sostener el ritmo de la transición hacia un sistema energético más limpio, seguro y sostenible.
Un congreso para ordenar la nueva ola de datos e inteligencia artificial

El encuentro, impulsado por EIFEDE con el apoyo del Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI), reunió a más de una treintena de ponentes procedentes de compañías energéticas y centros de investigación, asociaciones y administraciones públicas. La jornada se articuló en cinco paneles temáticos que recorrieron desde los casos de uso más prácticos de la IA hasta la forma de comunicar a la ciudadanía esta transformación.
Para José Moisés Martín Carretero, director general del CDTI, el momento actual exige “responsabilidad y acción” en la gestión energética. Remarcó que la transición energética es una prioridad estratégica para el organismo, que ya ha comprometido más de 360 millones de euros en proyectos vinculados a innovación y digitalización del sector. Según explicó, el valor de foros como RE:ENERGÍA está en crear un espacio común donde empresas y administraciones puedan coordinarse en torno a esa agenda.
La perspectiva de los centros tecnológicos la aportó Laura Olcina, directora gerente de ITI y presidenta de FEDIT, que puso el foco en la “economía del dato” como palanca de transformación. Su mensaje fue claro: la tecnología por sí sola no basta; es necesario conectar legislación, comunicación, datos y casos prácticos para que las soluciones basadas en IA lleguen de verdad a las empresas y al tejido productivo. Solo así, insistió, la innovación deja de ser un discurso y se convierte en algo tangible. La economía del dato como palanca de transformación requiere además infraestructuras y edificios preparados para la gestión avanzada de la energía.
Desde el ámbito de la eficiencia energética, Carlos Ballesteros, director general de ANESE, fue muy contundente: la descarbonización “solo será viable si se apoya en un uso intensivo del dato y en una digitalización real del sistema energético”. Subrayó la necesidad de acompasar el crecimiento de las renovables con una gestión inteligente de la demanda, para evitar vertidos y garantizar una red más robusta. Las empresas de servicios energéticos, recordó, ya están desplegando medición avanzada, verificación y soluciones inteligentes en sectores industriales, terciarios, residenciales y agrarios.
En la misma línea, Daniel Sáez, director de Inteligencia Estratégica de ITI y presidente de Gaia-X España, incidió en que la IA y los datos avanzados ya están modificando tanto la eficiencia operativa como los modelos de negocio. De su mano, la energía se llena de nuevos servicios personalizados, esquemas de mantenimiento predictivo y plataformas digitales que ofrecen valor añadido más allá del kilovatio/hora.
De los datos al impacto en la operación: IA, redes y activos energéticos
El primer panel del congreso, centrado en la innovación energética en la práctica, reunió a directivos de compañías como Acciona Energía, Naturgy, Enagás, Endesa o E-REDES. Todos coincidieron en que la digitalización ha pasado de ser un soporte a convertirse en un elemento estructural del negocio, con proyectos que ya muestran resultados medibles.
Entre los casos expuestos, destacaron los modelos predictivos que anticipan fallos en redes y activos críticos, permitiendo programar intervenciones antes de que ocurra una avería. Esta capacidad de predicción, alimentada por grandes volúmenes de datos históricos y en tiempo real, reduce costes de mantenimiento, mejora la continuidad del suministro y alarga la vida útil de infraestructuras clave.
Otro bloque importante fue la optimización dinámica de infraestructuras renovables mediante datos meteorológicos y operativos. Combinando pronósticos atmosféricos avanzados con información de plantas solares, eólicas e hidráulicas, las compañías ajustan la producción y la operación de forma casi continua, lo que ayuda a estabilizar el sistema eléctrico y a aprovechar mejor cada recurso disponible.
Los ponentes también mencionaron sistemas automáticos capaces de reconfigurar la red ante incidencias, herramientas de analítica avanzada para detectar pérdidas no técnicas o fraudes, y el despliegue de gemelos digitales que permiten simular escenarios complejos antes de realizar inversiones reales. Todo ello dibuja un sistema energético mucho más sensorizado, modelizado y gobernado por datos que hace apenas unos años.
IA bajo control: regulación, estándares y responsabilidad
El segundo panel se adentró en un tema que preocupa tanto como la propia tecnología: cómo controlar y regular el uso de la IA en el sistema energético. Expertos de UNE, AENOR, ITCL, Edison Next y A&O Shearman analizaron el encaje entre la rápida expansión de estas herramientas y un marco normativo europeo que todavía se está terminando de definir.
El punto de partida fue el Reglamento Europeo de IA, que introduce una clasificación de riesgos y obligaciones para desarrolladores y usuarios de sistemas inteligentes. Los ponentes insistieron en que el sector energético, por su relevancia crítica, tendrá que acomodarse a exigencias estrictas en materia de seguridad, transparencia, gobernanza del dato y supervisión humana.
Se subrayó que la innovación no puede ir por un lado y la regulación por otro: las empresas tendrán que apoyarse en estándares técnicos en desarrollo, mecanismos de certificación como la norma ISO/UNE 42001 y marcos de gobernanza interna del dato que aseguren trazabilidad, calidad y protección. El reto, admitieron, es que muchos de estos estándares aún están madurando mientras las aplicaciones avanzan muy deprisa.
Otro asunto delicado fue el fenómeno del “shadow AI”, es decir, el uso de herramientas de inteligencia artificial en organizaciones sin un control suficiente por parte de los responsables tecnológicos o legales. En un entorno tan sensible como el energético, este uso desordenado puede derivar en riesgos operativos, de ciberseguridad o de incumplimiento normativo.
Ante este panorama, la receta propuesta pasa por una mayor colaboración entre instituciones, industria y organismos de certificación, así como por una cultura corporativa que asuma la IA como algo estratégico y no como un simple experimento aislado en cada departamento.
Tecnologías duales: de la defensa a la resiliencia energética
El tercer panel abordó el papel de las llamadas tecnologías duales, desarrolladas inicialmente en entornos militares o de defensa y hoy muy presentes en el ámbito civil y energético. Bajo este paraguas se agrupan soluciones como la robótica avanzada, la visión artificial, los sensores de alta precisión o los drones de última generación.
Los ponentes explicaron cómo estas herramientas se están utilizando para inspeccionar infraestructuras energéticas (parques eólicos, líneas de alta tensión, subestaciones, plantas solares, oleoductos o gasoductos) de forma más segura y eficiente. Frente a las revisiones tradicionales, las misiones con drones y robots reducen la exposición de los trabajadores a entornos de riesgo y permiten recopilar datos visuales y térmicos de enorme valor para el análisis posterior.
El uso de estos dispositivos también impulsa la operación remota y la ciberseguridad. La combinación de sensores avanzados y sistemas de monitorización continua hace posible detectar intentos de intrusión física o digital, evaluar en tiempo real el estado de activos críticos y actuar con rapidez ante cualquier incidente.
Según destacó Héctor Olarte, CEO de Zefiro Partners, tecnologías hoy tan normalizadas como el GPS, internet o los propios drones son ya piezas estructurales para la evolución de las energías renovables. Además, abren la puerta a soluciones de protección de la biodiversidad (por ejemplo, monitorizando fauna cercana a parques eólicos u observando cambios en ecosistemas) y a estrategias de resiliencia frente a fenómenos climáticos extremos.
En ningún caso, remarcaron los expertos, se trata de sustituir el trabajo humano, sino de desplazarlo hacia tareas de supervisión, análisis y toma de decisiones. La automatización, en este sentido, se concibe como un multiplicador de capacidades, no como un reemplazo directo de los equipos sobre el terreno.
Comunidades energéticas: datos, participación local y nuevos modelos
El cuarto bloque temático puso el foco en las comunidades energéticas, una figura cada vez más relevante en la política energética europea y española. Estos proyectos, que agrupan a vecinos, pymes, administraciones y otros actores locales en torno a instalaciones de generación distribuida, son vistos como un vehículo para democratizar la energía y repartir mejor los beneficios de la transición.
Especialistas del IDAE, UNEF, ENGIE, CETIC, CEDRO y Vinci Energies Spain aportaron perspectivas complementarias desde la administración, las asociaciones sectoriales, las propias compañías energéticas y los centros tecnológicos. Coincidieron en que las comunidades energéticas combinan una dimensión social muy potente con una complejidad técnica que solo se puede gestionar adecuadamente mediante datos.
No obstante, para que estas iniciativas se consoliden a gran escala, los ponentes señalaron varios condicionantes: un marco normativo estable, mayor implicación de los municipios, acceso a financiación adecuada, profesionalización de la gestión y un soporte tecnológico sólido. Todo ello con el objetivo de pasar de proyectos piloto a un despliegue masivo que haga de estas comunidades un pilar real de la transición energética.
diversos programas y proyectos ya en marcha en España se mencionaron durante la sesión, con configuraciones muy distintas según el territorio, pero todos ellos atravesados por la misma idea: sin una buena capa de datos y analítica, la complejidad de estos ecosistemas energéticos locales resulta difícil de manejar. Diversos programas y proyectos ya en marcha muestran distintas aproximaciones territoriales.
Comunicar la transición energética en la era de la IA
El quinto y último panel se centró en un aspecto menos técnico, pero igual de decisivo: cómo se cuenta todo esto a la sociedad. En un entorno marcado por la desinformación y la rapidez con la que circula cualquier mensaje en redes, la transición energética se juega buena parte de su legitimidad en el terreno de la comunicación.
Moderado por la Asociación Empresarial Eólica, el debate reunió a portavoces de EDP Europe y Endesa, junto a periodistas de medios especializados como El Periódico de la Energía, El Español e InnovaSpain.
Uno de los diagnósticos compartidos fue que las fake news y los bulos en redes sociales se han convertido en un obstáculo serio, generando desconfianza y ruido alrededor de las renovables, las infraestructuras y, ahora también, de la inteligencia artificial.
Los ponentes defendieron la necesidad de humanizar el relato de la innovación energética, explicando de forma sencilla el propósito de los proyectos, sus impactos positivos y también sus riesgos o limitaciones. La IA, en este marco, no debería presentarse como una caja negra inaccesible, sino como una herramienta al servicio de objetivos reconocibles para la ciudadanía: facturas más asumibles, menos emisiones, mayor seguridad de suministro o empleos de calidad.
Se reivindicó asimismo el papel de los medios de comunicación como garantes de credibilidad y de contraste de la información, así como la importancia de que las empresas energéticas apuesten por una transparencia proactiva. La comunicación con las nuevas generaciones, habituadas a otros formatos y canales, se identificó como uno de los grandes retos de los próximos años.
En paralelo, se apuntó que la propia IA puede ayudar a mejorar esta comunicación —por ejemplo, personalizando contenidos o detectando desinformación—, siempre que su uso se haga de forma responsable y respetando los marcos éticos y legales ya comentados en los paneles anteriores.
El I Congreso RE:ENERGÍA dejó una sensación compartida entre ponentes y asistentes: el sector energético ha entrado ya de lleno en una fase en la que los datos, la inteligencia artificial y la digitalización son tanto un desafío como una oportunidad. Proyectos de mantenimiento predictivo, gemelos digitales, gestión activa de la demanda, tecnologías duales, comunidades energéticas y nuevos marcos regulatorios dibujan un escenario en el que la colaboración entre empresas, administraciones, centros tecnológicos y ciudadanía será clave para consolidar un sistema energético más eficiente, resiliente y justo, en el que la innovación basada en IA y Big Data forme parte de la normalidad cotidiana del sector.