HD 137010 b, el exoplaneta helado que se parece a la Tierra y desafía la idea de habitabilidad

Última actualización: 02/02/2026
Autor: Isaac
  • HD 137010 b es un exoplaneta rocoso, solo un 6% más grande que la Tierra, con un año de unos 355 días.
  • Orbita una enana K similar al Sol a unos 146 años luz y recibe menos de un tercio de la energía que llega a la Tierra.
  • Los modelos apuntan a temperaturas medias cercanas a –68 ºC y una probabilidad del 40–51% de situarse en la zona habitable.
  • Su estatus sigue siendo de “candidato”: solo se ha visto un tránsito y se necesitan nuevas observaciones con TESS y CHEOPS.

Ilustración de exoplaneta parecido a la Tierra

Un posible mundo rocoso muy similar a la Tierra se ha colado en la lista de los exoplanetas más prometedores, pero con un giro inesperado: podría ser tan frío —o más— que Marte. El objeto, bautizado como HD 137010 b, se perfila como un candidato intrigante para estudiar cómo funciona la habitabilidad en condiciones extremas de frío.

Este planeta se ha detectado en los datos del Telescopio Espacial Kepler, ya retirado, y se describe como un “gemelo frío” de la Tierra: casi el mismo tamaño, una órbita muy parecida y una estrella que recuerda al Sol, aunque algo más tenue. Sobre el papel suena a “Tierra 2.0”, pero los números indican un escenario dominado por el hielo.

Un exoplaneta casi calcado a la Tierra… pero en versión helada

Los cálculos del equipo internacional responsable del hallazgo señalan que HD 137010 b es solo alrededor de un 6% más grande que la Tierra. Es decir, se sitúa firmemente en la categoría de planeta rocoso de tamaño terrestre, lejos de los gigantes gaseosos u otros mundos mucho más masivos.

Además de su tamaño, destaca su periodo orbital de unos 355 días, prácticamente un año como el nuestro. Esta coincidencia en el “calendario” lo sitúa en una región de su sistema donde, en principio, podría haber condiciones compatibles con la presencia de agua en estado líquido si la atmósfera colaborase.

En cuanto a su entorno, el planeta orbita la estrella HD 137010, una enana de tipo K que comparte varias propiedades con el Sol, pero que es más fría y menos luminosa. Esta diferencia resulta clave: al emitir menos energía, la zona donde un planeta puede mantener temperaturas moderadas se desplaza hacia órbitas más cercanas que en nuestro sistema solar.

La distancia de HD 137010 b a su estrella hace que reciba menos de un tercio de la energía que la Tierra recibe del Sol. Ese déficit energético es el que empuja el escenario hacia un clima gélido, pese a que, en tamaño y estructura, se parezca mucho a nuestro planeta.

Representación artística de exoplaneta habitable helado

Temperaturas de “superbola de nieve” y una posible Tierra congelada

Los modelos climáticos elaborados por el equipo liderado por Alexander Venner —doctorando de la Universidad de Southern Queensland y actualmente en el Max Planck Institute for Astronomy— apuntan a una temperatura media cercana a los -68 ºC (unos -90 ºF) en la superficie de HD 137010 b.

Para hacerse una idea, la temperatura media de Marte ronda los -65 ºC, de modo que este exoplaneta podría resultar incluso más frío que el planeta rojo. De ahí que varios investigadores recurran a la expresión “superbola de nieve” para describirlo: un mundo de tamaño terrestre, recubierto por una gruesa capa de hielo, donde el agua líquida, de existir, quedaría probablemente atrapada bajo kilómetros de hielo.

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La propia NASA ha señalado que la superficie del planeta difícilmente superaría los -68 ºC con la cantidad de luz y calor que recibe. En ese caso, el panorama sería el de un desierto helado perpetuo, con un paisaje mucho más cercano al de Marte que al de la Tierra tal y como la conocemos.

Sin embargo, el clima no está escrito en piedra. El estudio subraya que la atmósfera es el factor decisivo: con una capa de gases con mayor concentración de dióxido de carbono que la atmósfera terrestre, el efecto invernadero podría intensificarse lo suficiente como para transformar ese mundo en un entorno más templado o incluso apto para océanos superficiales.

Esa doble posibilidad —un planeta congelado hasta el extremo o un mundo frío pero habitable gracias a una atmósfera densa— es precisamente lo que hace que HD 137010 b se haya colado en el centro del debate sobre habitabilidad en exoplanetas parecidos a la Tierra.

Zona habitable y probabilidades de que pueda albergar agua líquida

Desde el punto de vista orbital, HD 137010 b se sitúa cerca del borde exterior de la zona habitable de su estrella. Esta región se define como la franja en la que la radiación estelar permitiría la existencia de agua en estado líquido en la superficie, siempre que la atmósfera sea adecuada.

Los modelos numéricos utilizados por los investigadores arrojan una probabilidad aproximada del 40% de que el planeta esté dentro de la zona habitable “conservadora”, aquella que emplea criterios más estrictos. Si se aplica una definición más amplia y optimista, esa probabilidad sube hasta en torno al 51%.

Esto significa que no hay garantías: del mismo modo que las cifras apuntan a un buen candidato, también sugieren una posibilidad comparable de que quede fuera de cualquier rango razonable de habitabilidad. En otras palabras, HD 137010 b se mueve en la frontera misma de lo que entendemos como un entorno potencialmente habitable.

La estrella anfitriona ayuda en otro aspecto esencial: la observación futura. HD 137010 es relativamente brillante y se encuentra a unos 146-150 años luz de distancia, lo que la convierte en un objetivo mucho más accesible que otros sistemas similares. La astrónoma Chelsea Huang, de la Universidad de Southern Queensland, ha subrayado que, en comparación, Kepler-186f —uno de los exoplanetas más citados como candidato similar a la Tierra— está cuatro veces más lejos y su estrella es bastante menos luminosa.

En el contexto europeo y español, este tipo de objetivos cercanos resulta especialmente atractivo para los programas de observación de la Agencia Espacial Europea (ESA), ya que su brillo y distancia moderada encajan bien con las capacidades de telescopios como CHEOPS y con futuras misiones en las que participan centros de investigación del continente.

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Cómo se encontró: Kepler, la misión K2 y un único tránsito

El descubrimiento de HD 137010 b procede del re-análisis de los datos de la misión extendida K2 del Telescopio Espacial Kepler. Aunque el observatorio espacial de la NASA fue retirado en 2018, sus registros siguen ofreciendo sorpresas cuando se revisan con técnicas más refinadas.

En este caso, el equipo internacional detectó una leve caída de brillo en la estrella HD 137010, interpretada como el paso del planeta por delante del disco estelar. Ese evento, conocido como tránsito, duró en torno a diez horas, un detalle clave para estimar el tamaño y la órbita del planeta. A modo de referencia, un tránsito de la Tierra visto desde lejos duraría unas 13 horas.

A partir de la duración del tránsito y de la curva de luz registrada, se pudo inferir que se trata de un planeta rocoso de tamaño terrestre con un periodo orbital cercano al de nuestro planeta. Esa combinación de datos es la que ha disparado el interés, ya que no es frecuente encontrar mundos tan parecidos a la Tierra en varios parámetros a la vez.

El hallazgo y su análisis detallado se han publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters, lo que ha dado visibilidad al caso dentro de la comunidad académica europea y mundial. Varios grupos de investigación, incluidos equipos vinculados a instituciones españolas, han destacado el valor de este tipo de análisis “a posteriori” de misiones ya finalizadas como fuente de nuevos candidatos a exoplanetas habitables.

Para la NASA y la ESA, este tipo de resultados refuerza la estrategia de combinar grandes misiones históricas —como Kepler— con observatorios más recientes, especializados en la caracterización de planetas que ya han dado alguna señal prometedora.

Un candidato pendiente de confirmación: el papel de TESS y CHEOPS

Pese al revuelo que ha generado HD 137010 b, es importante subrayar que sigue siendo oficialmente un “candidato a exoplaneta”. La razón es sencilla: hasta ahora solo se ha detectado un tránsito, y la práctica científica habitual exige al menos tres eventos periódicos para confirmar con seguridad la existencia de un planeta.

Confirmar un objeto con un periodo orbital de casi un año no es tarea sencilla. Detectar un segundo o tercer tránsito puede llevar varios años de seguimiento, y no siempre es posible disponer de telescopios apuntando a la misma estrella durante tanto tiempo, algo que afecta tanto a agencias como la NASA como a los programas europeos.

Para intentar resolver estas incógnitas, se han propuesto observaciones adicionales con el satélite TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite), dedicado precisamente a buscar exoplanetas mediante el método del tránsito, y con el telescopio CHEOPS (Characterising Exoplanets Satellite), de la ESA. Ambos instrumentos cuentan con participación y colaboración científica de equipos europeos, incluidos grupos españoles que trabajan en caracterización de exoplanetas.

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Si estas misiones logran registrar nuevos tránsitos de HD 137010 b, se podría consolidar su estatus como exoplaneta confirmado y refinar parámetros clave como su radio, masa estimada y posibles rasgos de su atmósfera. En el mejor de los casos, futuros observatorios de mayor resolución podrían incluso analizar la composición atmosférica en busca de rasgos asociados a habitabilidad.

Entre tanto, la comunidad astronómica se mantiene prudente. Voces como la de la astrofísica Sara Webb recuerdan que el objeto podría resultar ser un mundo completamente helado sin apenas margen para la vida, o incluso que, en un escenario menos deseable, la señal inicial se deba a algún fenómeno distinto de un planeta, algo que solo nuevas observaciones podrán descartar.

Una “Tierra fría” que redefine qué entendemos por planeta habitable

Más allá de la etiqueta concreta que acabe recibiendo HD 137010 b, lo cierto es que su posible existencia pone sobre la mesa preguntas de fondo sobre la habitabilidad. El caso muestra que tener prácticamente el mismo tamaño que la Tierra y un año casi idéntico no garantiza en absoluto un clima parecido al nuestro.

Este candidato pone en primer plano el papel de la estrella anfitriona: aunque HD 137010 se parezca al Sol en algunos aspectos, su menor temperatura y brillo obligan a reconsiderar qué distancias son realmente “cómodas” para la vida. Lo que en nuestro sistema sería una órbita templada, en el suyo se traduce en un invierno prácticamente eterno.

También invita a revisar cómo definimos la zona habitable. Los porcentajes del 40% y 51% de probabilidad —según se adopte una definición conservadora u optimista— evidencian que no hay una línea clara que separe los mundos aptos de los estériles. Todo depende de una combinación delicada de radiación estelar, composición atmosférica y dinámica climática.

En Europa, donde la búsqueda de exoplanetas habitables es una de las prioridades científicas de la ESA y de numerosos institutos nacionales, casos como HD 137010 b ayudan a afinar los criterios con los que se seleccionan objetivos para futuras misiones. La posibilidad de estudiar de cerca una “Tierra congelada” relativamente próxima ofrece un banco de pruebas ideal para poner a prueba los modelos de clima planetario.

Mientras los telescopios actuales y los que están por venir se preparan para seguirle la pista, HD 137010 b se ha convertido en un recordatorio de lo compleja que es la receta de la vida. Un planeta puede aparentar ser un gemelo casi perfecto de la Tierra en tamaño y órbita y, sin embargo, esconder bajo su atmósfera —si la tiene— un paisaje radicalmente distinto, dominado por el hielo y el frío extremo, pero igualmente valioso para entender nuestro lugar en el universo.

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