- Un equipo liderado por instituciones españolas ha detectado dos planetas masivos orbitando la estrella joven HD 114082.
- Uno de los mundos es un 36% más grande que Júpiter y tiene una densidad tan reducida que flotaría en el agua.
- El sistema es significativamente más joven, caliente y luminoso que nuestro propio sistema solar.
- Los datos fueron obtenidos mediante telescopios espaciales como TESS y CHEOPS, además de observatorios terrestres.
Un grupo de trabajo internacional, donde han tomado la batuta la Universidad de LaLaguna y el Instituto de Astrofísica de Canarias, ha logrado localizar dos mundos extraterrestres de dimensiones colosales. Estos cuerpos celestes, que se encuentran fuera de los límites de nuestro sistema solar, presentan unas características físicas bastante peculiares, destacando especialmente uno de ellos por tener un volumen muy superior al de Júpiter pero una masa sorprendentemente ligera.
Este descubrimiento, cuyos detalles han sido compartidos en la publicación Astrophysical Journal Letters, nos permite asomarnos a la infancia de otros sistemas planetarios. Los astrónomos han analizado la estrella HD 114082, un astro muy joven que apenas cuenta con 15 millones de años, lo que supone una diferencia abismal frente a la edad de nuestro Sol, que ya ronda los 4.600 millones.
Un entorno extremo y una estrella inquieta
La estrella que alberga a estos gigantes no se parece en nada a la nuestra; es mucho más caliente, luminosa y masiva. De hecho, HD 114082 rota sobre su eje 15 veces más rápido que el Sol y emite una radiación térmica superior en mil grados. Esta intensidad provoca que los planetas que la orbitan estén expuestos a una cantidad de luz y calor unas 200 veces mayor que la que recibe Júpiter en nuestro vecindario espacial.
En cuanto a la configuración del sistema, el equipo ha identificado que el planeta interior tiene un tamaño comparable al del gigante gaseoso de nuestro sistema, situándose un poco más cerca de su estrella de lo que la Tierra está del Sol. Por otro lado, el planeta exterior, denominado HD 114082 c, se ubica a una distancia orbital muy similar a la terrestre, aunque su tamaño es un 36% mayor que el de Júpiter.
El misterio de los planetas que flotarían en el agua
Lo que ha dejado boquiabiertos a los investigadores es la densidad del planeta más externo. Se ha calculado que su densidad media es más de 7,5 veces menor que la del agua, lo que significa que, si existiera un océano lo suficientemente grande, el planeta simplemente flotaría en la superficie. Esta característica lo convierte en un objeto sumamente raro y fascinante para la astronomía moderna.
Para dar con estos datos, se ha recurrido a una combinación de tecnología espacial y terrestre. Se utilizaron los telescopios TESS y CHEOPS, junto con el apoyo de estaciones en Chile y la Antártida. Mediante el análisis de las curvas de luz, detectaron los tránsitos, que son básicamente los momentos en que el planeta tapa la luz de su estrella, permitiendo calcular sus periodos orbitales.
Origen y dinámica orbital
El proceso de formación de estos mundos comenzó en el disco de polvo y gas que rodeaba a la estrella joven. Los científicos creen que primero se crearon núcleos sólidos que luego absorbieron gas de forma acelerada, expandiendo sus atmósferas debido al calor interno, similar a cómo se ha captado un planeta recién nacido en su propio disco. Existe la duda de si estos gigantes nacieron en su posición actual o si se formaron en zonas más gélidas y remotas para después migrar hacia donde están ahora.
Además, se ha observado que ambos planetas se desplazan en órbitas casi circulares y comparten el mismo plano. Esta disposición sugiere que podría existir una resonancia orbital entre ellos, creando una especie de juego de atracción gravitatoria que altera ligeramente los tiempos de sus tránsitos. Se sospecha que esta danza gravitatoria también ha reorganizado los cometas y asteroides del sistema, alineándolos en un cinturón común.
El siguiente paso para la comunidad científica es coordinar la búsqueda de un segundo tránsito del planeta exterior para precisar su periodo de órbita. Una vez conseguido esto, se espera que el Telescopio Espacial James Webb entre en juego para analizar la composición química de sus atmósferas y ajustar las mediciones de sus masas reales.
Este hallazgo pone de manifiesto la existencia de sistemas planetarios muy jóvenes con gigantes gaseosos de bajísima densidad, orbitando estrellas mucho más activas que el Sol y ofreciendo una perspectiva distinta sobre la evolución de los mundos fuera de nuestra propia casa.