- Microsoft prescindirá de 4.800 empleados en total, afectando especialmente a la división de Xbox con 3.200 bajas previstas.
- Cuatro estudios internos, entre ellos Ninja Theory y Double Fine, dejarán de pertenecer a la compañía para volver a ser independientes.
- La estrategia de la empresa se centrará ahora en priorizar grandes franquicias consolidadas como Fallout, Doom y The Elder Scrolls.
- La dirección justifica estos cambios por una estructura insostenible con demasiadas capas de gestión y un mercado de hardware debilitado.

Parece que las aguas bajan revueltas por las oficinas de Redmond. La división de videojuegos de Microsoft se enfrenta a lo que su propia dirección ha calificado como el reinicio más profundo de su historia. Tras meses de rumores y un cierre de año fiscal que ha servido de punto de inflexión, se ha confirmado que la compañía eliminará un total de 4.800 puestos de trabajo, lo que supone recortar aproximadamente un 2% de su plantilla global para intentar sanear unas cuentas que no terminan de cuadrar en el actual escenario tecnológico.
La noticia ha caído como un jarro de agua fría, especialmente porque el sector del gaming se lleva la peor parte de esta decisión. Asha Sharma, la máxima responsable de Xbox, ha sido la encargada de comunicar a los empleados que el modelo actual no es saludable y necesita una cirugía de urgencia. De la cifra total de salidas, 3.200 trabajadores pertenecen directamente al área de videojuegos, una medida que busca aligerar una estructura que se había vuelto demasiado pesada y difícil de gestionar tras las últimas grandes adquisiciones de la marca.
Un plan de recortes que se extenderá hasta 2027
Aunque el impacto es masivo, Microsoft no va a ejecutar todas las salidas de golpe, aunque sí de forma inminente para una buena parte del equipo. Se ha confirmado que 1.600 empleados han sido despedidos de forma inmediata este mismo lunes, mientras que el resto de las bajas se irán produciendo de manera escalonada hasta el cierre del ejercicio fiscal de 2027. Esta estrategia busca que la transición sea lo menos traumática posible para los proyectos en curso, aunque la incertidumbre planea sobre las mesas de muchos desarrolladores que aún no saben qué pasará con sus puestos a medio plazo.

El origen de este problema parece estar en una burocracia interna asfixiante. Según los informes internos que han visto la luz, Xbox llegó a tener hasta catorce capas de gestión distintas para aprobar cualquier decisión, algo que ralentizaba los procesos de forma absurda. El objetivo ahora es simplificar este organigrama para que solo existan entre tres y cinco niveles directivos, permitiendo que la comunicación fluya mejor y que los equipos de desarrollo no pierdan tanto tiempo en reuniones y procesos administrativos que no aportan nada al producto final.
Independencia para estudios icónicos y foco en las superproducciones
Uno de los movimientos más sorprendentes de esta reestructuración es la salida de varios estudios de renombre del paraguas de Microsoft. Compañías como Ninja Theory, Double Fine, Compulsion Games y Undead Labs volverán a ser independientes o pasarán a manos de nuevos propietarios. Esto significa que títulos tan esperados como las nuevas entregas de Senua o State of Decay 3 seguirán adelante, pero probablemente lo hagan con financiación externa, permitiendo a Xbox centrarse en sus activos más rentables y masivos, como son King y Mojang, que actualmente sostienen gran parte del ecosistema de usuarios.
En cuanto a la división de ZeniMax y Bethesda, el mensaje es claro: hay que ir sobre seguro. La compañía ha decidido priorizar el desarrollo de propiedades intelectuales heredadas y con éxito garantizado, centrando todos sus recursos en franquicias de la talla de Fallout, The Elder Scrolls, Doom o Wolfenstein. Este enfoque busca minimizar riesgos en un mercado donde los costes de desarrollo se han disparado y donde las ventas de consolas Xbox no han alcanzado las cifras esperadas por los inversores, obligando a replantearse incluso la forma en la que se lanzan los juegos en plataformas de la competencia.
Esta situación de crisis también se ha visto alimentada por el enorme gasto que Microsoft está realizando en infraestructuras de inteligencia artificial, lo que ha puesto mucha presión sobre la rentabilidad de otras divisiones menos boyantes. A pesar de que se ha intentado desvincular directamente la IA de estos despidos, es evidente que el cambio de prioridades de la empresa matriz ha obligado a Xbox a apretarse el cinturón como nunca antes. El plan de ruta está trazado y la compañía confía en que, tras este duro proceso de ajuste, el negocio vuelva a mostrar signos de crecimiento sólido de cara a la próxima década, dejando atrás una etapa de expansión descontrolada que se ha demostrado insostenible.
