Fermi detecta un posible rastro directo de materia oscura en el centro de la Vía Láctea

Última actualización: 29/11/2025
Autor: Isaac
  • Un análisis del telescopio Fermi encuentra un halo de rayos gamma de 20 GeV en torno al centro de la Vía Láctea compatible con modelos de materia oscura.
  • La señal encaja con la aniquilación de partículas WIMP con una masa unas 500 veces mayor que la del protón, según el equipo de Totani.
  • Astrofísicos europeos piden cautela y reclaman verificaciones independientes, especialmente en galaxias enanas ricas en materia oscura.
  • Si se confirma, obligaría a extender el Modelo Estándar e impulsaría nuevos proyectos de telescopios de muy alta energía en Europa.

materia oscura y telescopio de rayos gamma

Durante casi un siglo, la materia oscura ha sido el gran “fantasma” del cosmos: su presencia se nota en la gravedad que ejerce, pero ningún experimento había logrado hasta ahora un indicio directo de sus partículas. Un nuevo análisis de datos del Telescopio Espacial de Rayos Gamma Fermi, de la NASA, sugiere que podríamos estar ante la primera huella observable de esa materia invisible.

El estudio, liderado por el profesor Tomonori Totani de la Universidad de Tokio y publicado en la revista Journal of Cosmology and Astroparticle Physics, identifica en el centro de la Vía Láctea un halo de rayos gamma de unos 20 gigaelectronvoltios (GeV) que encaja de forma notable con las predicciones teóricas para la aniquilación de partículas de materia oscura. El resultado ha despertado un interés considerable en la comunidad científica internacional, con especial seguimiento por parte de equipos europeos, aunque acompañado de una prudencia clara.

De la sospecha de Zwicky al intento de “ver” lo invisible

La idea de que existe un andamiaje invisible que sostiene la arquitectura del universo nació en los años treinta del siglo pasado. El astrónomo suizo Fritz Zwicky observó que algunos cúmulos de galaxias se movían demasiado rápido para la cantidad de materia visible que contenían; era como si faltara masa que aportase gravedad extra para mantenerlos cohesionados.

Con las décadas, las mediciones cosmológicas dibujaron una imagen inquietante: solo en torno al 5 % del cosmos está formado por materia ordinaria —estrellas, planetas, gas—, aproximadamente un 27 % se atribuye a la materia oscura y cerca de un 68 % restante correspondería a la energía oscura, responsable de la expansión acelerada del universo. Ninguno de estos dos componentes dominantes se deja ver directamente mediante la luz.

Hasta ahora, toda la información sobre la materia oscura procedía de efectos gravitacionales indirectos: cómo influye en la rotación de las galaxias, cómo condiciona la formación de cúmulos y filamentos cósmicos o cómo desvía la luz de objetos lejanos a través del llamado lente gravitacional. Faltaba el paso decisivo: encontrar una señal asociada a las partículas que la componen.

El principal obstáculo es que, según los modelos, esas partículas no interactúan con la fuerza electromagnética: no emiten, no absorben ni reflejan luz. De cara a los telescopios tradicionales, son transparentes. Ese carácter esquivo ha convertido su búsqueda en uno de los desafíos más persistentes de la física moderna, también para los numerosos grupos europeos especializados en astrofísica de altas energías.

La hipótesis WIMP y la huella de rayos gamma

halo de rayos gamma asociado a materia oscura

Entre las diferentes teorías propuestas para explicar la materia oscura, una de las más influyentes plantea que estaría formada por partículas masivas de interacción débil, conocidas por sus siglas en inglés como WIMP (Weakly Interacting Massive Particles). Serían mucho más pesadas que un protón, pero apenas se relacionarían con la materia ordinaria salvo por la gravedad y la interacción débil.

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Los modelos teóricos indican que, cuando dos WIMP se encuentran, pueden aniquilarse y convertir parte de su masa en otras partículas, entre ellas fotones de rayos gamma con energías muy concretas. Esa especie de “firma energética” actúa como una huella dactilar potencial: si se observa en el cielo un exceso de rayos gamma con la energía adecuada y una distribución espacial compatible con la de la materia oscura, podría tratarse de su rastro.

Con esa guía, durante años se han vigilado con detalle regiones donde se espera una alta densidad de materia oscura. El centro de la Vía Láctea y las galaxias enanas que orbitan a su alrededor se consideran candidatos ideales. Desde Europa se han impulsado numerosos proyectos, tanto con telescopios terrestres de rayos gamma como con detectores subterráneos y experimentos en colisionadores de partículas, con el objetivo de acorralar a las hipotéticas WIMP desde distintos frentes.

A pesar del enorme despliegue, los resultados seguían siendo esquivos: se habían detectado fluctuaciones y pequeños excesos energéticos en diferentes observaciones, pero ninguna señal cumplía todos los requisitos estadísticos y teóricos para ser aceptada como evidencia de aniquilación de materia oscura. El campo se movía entre indicios tentadores y posteriores descartes.

La señal de 20 GeV en el corazón de la Vía Láctea

El escenario cambia con el nuevo análisis del Telescopio Espacial de Rayos Gamma Fermi, desarrollado por la NASA con una amplia colaboración internacional. Este instrumento está diseñado para registrar los fotones más energéticos del cielo, justo el tipo de radiación en el que se espera la huella de los procesos de aniquilación de WIMP.

Totani examinó en detalle los datos más recientes y afirma haber detectado rayos gamma con una energía cercana a los 20 GeV que se distribuyen en una estructura con forma de halo alrededor del centro de la Vía Láctea. No se trata de una fuente puntual, sino de una emisión extendida, cuya morfología reproduce la silueta esperada de un halo de materia oscura concentrado en el núcleo galáctico.

Según el estudio, el espectro de energía de los fotones coincide con el patrón previsto para la aniquilación de WIMP con una masa unas 500 veces superior a la del protón. Además, la frecuencia estimada de estas aniquilaciones encaja dentro del rango calculado por la teoría, lo que refuerza la consistencia entre modelo y observación.

El trabajo, publicado en Journal of Cosmology and Astroparticle Physics, destaca que la señal no se explica de forma sencilla mediante procesos astrofísicos conocidos en el centro galáctico, como poblaciones de púlsares, restos de supernovas, regiones de formación estelar o radiación difusa producida por rayos cósmicos. En las simulaciones realizadas, ninguna de estas fuentes habituales reproduce simultáneamente la energía, el brillo total y la distribución espacial observadas.

En una suerte de “ficha técnica”, la investigación resume los parámetros clave: energía fotónica en torno a 20 GeV, distribución en halo alrededor del centro de la Vía Láctea, interpretación teórica basada en la aniquilación de WIMP y masa estimada de estas partículas de unas 500 masas de protón. Todo ello respaldado por un análisis estadístico que, según el equipo, reduce de forma significativa la probabilidad de que la señal sea fruto de una mera fluctuación.

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¿Primer rastro directo de materia oscura o señal engañosa?

A partir de estos resultados, Totani sostiene que, si la interpretación es correcta, podríamos estar ante la primera vez que la humanidad “ve” materia oscura. Es decir, ya no solo la notaríamos por la gravedad que ejerce, sino también por la radiación generada cuando sus partículas se destruyen mutuamente.

De confirmarse, esto implicaría la existencia de una nueva partícula elemental que no forma parte del actual Modelo Estándar de la física de partículas. Ese modelo describe con enorme precisión el comportamiento del mundo subatómico conocido, pero no incluye ningún candidato claro para explicar la materia oscura. Incorporar una WIMP con las características sugeridas obligaría a extender la teoría con nuevos componentes.

Para la cosmología, una detección robusta de este tipo sería una pieza clave: permitiría calibrar mejor la distribución de materia en el universo, ajustar los modelos de formación y evolución de galaxias y comprobar con más detalle cómo se ensamblan las grandes estructuras cósmicas que observan los grandes telescopios europeos y espaciales.

En el plano observacional, disponer de una señal con energía y morfología bien definidas ofrece a la comunidad científica un objetivo concreto que rastrear en otras regiones del cielo. Equipos de Europa, Japón y Estados Unidos ya plantean estudiar cúmulos de galaxias, galaxias enanas del halo de la Vía Láctea y otras zonas ricas en materia oscura para comprobar si se repite un patrón similar.

Pese al entusiasmo que genera esta posibilidad, el propio Totani subraya que, a día de hoy, la señal debe considerarse un indicio sólido pero no una prueba definitiva. La región central de la galaxia es extremadamente compleja, y todavía es necesario descartar con detalle que combinaciones de fuentes conocidas puedan imitar, al menos en parte, el comportamiento observado.

Cautela desde la comunidad científica y papel europeo

La respuesta de otros especialistas refleja un equilibrio claro entre expectativa y rigor. Diversos investigadores coinciden en que el resultado es prometedor, pero recuerdan que la historia de la astrofísica está llena de señales llamativas que luego se diluyeron al acumular nuevos datos o mejorar los análisis.

El astrofísico Justin Read, de la Universidad de Surrey (Reino Unido), señala que, hasta ahora, los estudios en galaxias enanas —objetos muy ricos en materia oscura y relativamente limpios en rayos gamma— no han encontrado evidencias contundentes de aniquilación de WIMP. A su juicio, esa ausencia choca con una lectura excesivamente categórica del nuevo resultado y obliga a mantener una interpretación prudente.

Desde el University College London, el profesor Kinwah Wu insiste en que “una afirmación extraordinaria requiere pruebas extraordinarias”. Aunque valora el esfuerzo y la calidad del análisis, considera que el trabajo aún no alcanza el nivel de certeza necesario para hablar de descubrimiento. Su postura es compartida por numerosos grupos europeos que siguen con atención el debate.

En el continente europeo, consorcios implicados en proyectos como el futuro Cherenkov Telescope Array (CTA), que contará con instalaciones en el hemisferio norte y sur, ven en este tipo de señales un objetivo científico de primer orden. Un posible rastro directo de materia oscura se sitúa entre las prioridades de observación previstas para la próxima generación de telescopios de muy alta energía.

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Además, centros de investigación y universidades de España y otros países europeos participan activamente en el análisis de datos de rayos gamma y en el desarrollo de modelos teóricos. Para estos equipos, contar con una señal concreta en torno a los 20 GeV representa una oportunidad para poner a prueba sus herramientas de análisis y contrastar diferentes escenarios físicos.

Qué falta por comprobar y las implicaciones a largo plazo

Uno de los puntos clave de cara al futuro es aclarar si la señal de Fermi puede explicarse mediante fuentes astrofísicas ya conocidas. El centro de la Vía Láctea alberga restos de supernovas, púlsares, nubes de gas caliente y una intensa radiación de fondo, elementos que se solapan y complican la tarea de aislar una contribución concreta de posible origen exótico.

Por este motivo, muchos investigadores proponen ampliar la búsqueda a entornos menos ruidosos, como las galaxias enanas que orbitan la Vía Láctea o algunos cúmulos de galaxias en los que la emisión de fondo es más manejable. Si en estos objetos se detecta un exceso de rayos gamma con la misma energía —en torno a 20 GeV— y con una distribución espacial compatible con la presencia de materia oscura, el argumento a favor de las WIMP se vería notablemente reforzado.

La verificación del resultado requerirá tanto nuevas campañas de observación con Fermi y otros telescopios espaciales y terrestres, como el desarrollo de técnicas estadísticas más refinadas que permitan separar mejor la señal potencial de materia oscura del resto de emisiones. La cooperación entre equipos de Japón, Europa y otros países será determinante en esta fase.

En paralelo, los teóricos exploran las consecuencias de que la partícula responsable de la materia oscura sea, efectivamente, una WIMP con una masa del orden de 500 veces la del protón. De confirmarse, la física de partículas tendría que extender el Modelo Estándar para incluir esta nueva entidad, reordenando muchas de las hipótesis actuales sobre física más allá de dicho marco.

La cosmología también saldría reforzada: disponer de una medida directa de la interacción de la materia oscura permitiría afinar los modelos de formación de estructuras, ajustar la proporción exacta entre materia visible, materia oscura y energía oscura, y comprobar con mayor detalle cómo se distribuye la masa en el universo a gran escala.

En este contexto, el halo de rayos gamma observado por Fermi en el centro de la Vía Láctea se ha convertido en un foco prioritario para la astrofísica de altas energías. Tanto si acaba atribuándose a la aniquilación de partículas de materia oscura como si resulta ser la manifestación de procesos astrofísicos aún mal entendidos, la señal marca un punto de inflexión: obliga a refinar instrumentos, modelos y estrategias de observación, y acerca un poco más la posibilidad de desvelar la naturaleza de esa sustancia que domina la masa del universo y, sin embargo, sigue escondida a simple vista.

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