- La Universidad de León exhibe más de un centenar de mapas que recorren la evolución de la cartografía desde sus orígenes hasta hoy.
- La muestra combina piezas históricas singulares con cartografía temática y tridimensional producida por el propio departamento de Geografía.
- La exposición subraya el papel estratégico de los mapas para interpretar conflictos, gestionar el territorio y apoyar la toma de decisiones.
- Fondos de varias facultades e instituciones, como el Instituto Geográfico Nacional y el IES Padre Isla, refuerzan el valor pedagógico e histórico del recorrido.

El hall de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de León se ha convertido, durante varias semanas, en un auténtico laboratorio visual del territorio. Allí se despliega la exposición «Cuando el planeta se hace mapa desde la Geografía», un recorrido que permite asomarse a siglos de historia cartográfica a través de piezas muy diversas, desde antiguos mapas murales hasta modelos tridimensionales.
La muestra reúne algo más de un centenar de documentos y maquetas que ilustran cómo ha evolucionado la forma de representar el mundo: del lápiz sobre pizarra a las aplicaciones digitales que manejan hoy los geógrafos. Además de su atractivo visual, la exposición está pensada como una herramienta docente y de divulgación para reflexionar sobre el papel de la cartografía en la comprensión de los cambios geopolíticos, sociales y ambientales.
Un viaje por la evolución de la cartografía en la ULE
En la entrada principal de Filosofía y Letras se distribuyen cerca de 110-112 mapas y maquetas que trazan una línea temporal desde las primeras formas de representación del espacio hasta los productos cartográficos más recientes elaborados en la propia Universidad de León. El visitante puede apreciar cómo han cambiado las técnicas, los soportes y las intenciones a la hora de dibujar el planeta.
Entre las piezas que más llaman la atención figuran mapas históricos de los siglos XIX y XX, documentos de época republicana en relieve y antiguos mapas escolares. Estas piezas conviven con cartografía temática moderna, elaborada por el Departamento de Geografía y Geología de la ULE, que muestra desde recursos naturales hasta dinámicas socioeconómicas actuales.
La exposición no se limita a exhibir mapas colgados en las paredes: el montaje está planteado como un itinerario que permite entender cómo la cartografía ha ido incorporando nueva información y nuevas tecnologías. De las primeras hojas impresas se pasa a modelos tridimensionales del relieve y a representaciones que integran datos geológicos, ambientales y políticos en un mismo soporte.
Este recorrido, según explican sus coordinadores, muestra cómo la Universidad de León ha ido consolidando una sólida tradición cartográfica, tanto en el ámbito de la docencia como en el de la investigación aplicada al territorio leonés, a España y a otros espacios de referencia en Europa.
La muestra permanecerá abierta aproximadamente un mes en el hall de la Facultad, en horario lectivo, de forma que estudiantes, personal universitario y visitantes externos puedan acercarse con calma a las vitrinas y paneles y detenerse en los detalles de cada mapa.
Mapas que cuentan la historia del mundo
Una parte central de la exposición está dedicada a mapas históricos de gran valor documental. Entre ellos destaca un ejemplar original de una de las primeras ediciones de Heinrich Kiepert, considerado una verdadera joya por la precisión con la que refleja la evolución del mundo conocido en el siglo XIX.
Junto a esta pieza se exhiben mapas vinculados al antiguo imperio de Alejandro Magno, que permiten entender cómo se imaginaba y delimitaba el espacio en diferentes momentos de la Antigüedad, o representaciones de la expansión del mundo árabe en el siglo XII y del mundo romano, que ilustran el avance de culturas y fronteras a lo largo del tiempo.
Los paneles dedicados a la evolución política y económica del planeta muestran cómo la cartografía recoge cambios de régimen, nuevas fronteras y transformaciones territoriales. En uno de los mapas de 1967 se puede ver una España dividida en Castilla la Vieja, Castilla la Nueva y la región leonesa, una organización administrativa y regional muy distinta de la actual.
También se exhiben mapas que documentan la expansión de los grandes exploradores y las rutas que siguieron, con indicación de fechas y trayectos. Estas piezas ayudan a comprender cómo, a medida que se ampliaba el conocimiento geográfico, se iba completando el puzzle del mundo en los atlas y planisferios europeos.
La exposición presta atención, igualmente, a la forma en que se ha ido integrando en los mapas información sobre recursos naturales, tipología de suelos y estructuras económicas. La lectura conjunta de estos documentos permite ver cómo la cartografía ha sido una herramienta clave para planificar usos del territorio y para anticipar conflictos o tensiones derivados de la explotación de esos recursos.
De los relieves en tres dimensiones al mapa geológico de la Península
Otro de los ejes del recorrido se centra en la representación del relieve y en la incorporación de la geología a la cartografía. Entre las piezas más llamativas figura una reconstrucción tridimensional de época republicana, que muestra cómo ya entonces se buscaba plasmar el territorio en volumen para facilitar su comprensión.
El visitante puede contemplar maquetas que reproducen cordilleras, valles y cuencas fluviales, así como modelos elaborados por el Instituto Geográfico Nacional que ilustran en relieve diferentes zonas de España. Estas maquetas resultan especialmente útiles para entender los condicionantes físicos que explican la distribución de poblaciones, infraestructuras y actividades económicas.
Entre los documentos más señalados figura también el primer mapa geológico completo de la Península Ibérica, un hito en la historia de la cartografía científica. Este mapa permitió en su momento disponer de una visión conjunta de las formaciones geológicas del territorio peninsular y se convirtió en una herramienta básica para la planificación minera, agrícola y de infraestructuras.
El recorrido se adentra asimismo en representaciones que incorporan datos sobre el interior de la Tierra y el espacio. La exposición recuerda que la cartografía actual no solo mira a la superficie terrestre, sino que también se apoya en la observación del subsuelo y del universo, integrando información procedente del espectro electromagnético que va más allá de lo que percibe el ojo humano.
Esta ampliación del campo de visión, explican sus responsables, demuestra cómo los mapas se han convertido en un lenguaje capaz de condensar en muy poco espacio un volumen enorme de información sobre procesos geológicos, climáticos o astronómicos, con aplicaciones directas en investigación y en gestión del riesgo.
Mapas escolares, pizarras y memoria de las aulas
La muestra reserva un apartado muy especial a la dimensión pedagógica de la cartografía. En esta sección se exhiben antiguos mapas murales utilizados en la enseñanza de la geografía a finales del siglo XIX y principios del XX, muchos de ellos cedidos por el IES Padre Isla, una institución con larga tradición docente en León.
Entre las piezas más curiosas destacan los mapas elaborados sobre pizarra, que se desplegaban en las aulas y se redibujaban a diario según el contenido de la lección. Estos soportes, que hoy pueden parecer rudimentarios, fueron en su momento una tecnología avanzada que permitía adaptar el mapa a las explicaciones del profesor de forma rápida y económica.
El buen estado de conservación de estos materiales sorprende a muchos visitantes. Pese al uso intensivo, la mayoría de los mapas murales y pizarras presentan solo el desgaste lógico del paso del tiempo, lo que habla tanto del valor que se les otorgaba como del cuidado con el que se manejaban en las clases.
Junto a estos fondos históricos, la exposición incluye cartografía temática producida recientemente en la Universidad de León, utilizada tanto en la docencia del Grado en Geografía y Ordenación del Territorio como en proyectos de investigación aplicados. Se trata de mapas digitales impresos que representan, por ejemplo, riesgos naturales, usos del suelo o dinámicas urbanas.
Esta convivencia entre materiales antiguos y recientes permite entender cómo la enseñanza de la geografía ha ido incorporando nuevas técnicas sin perder de vista la importancia de que el alumnado aprenda a leer, interpretar y cuestionar los mapas como fuente de información.
Fondos y colaboración entre instituciones
La riqueza de la exposición se explica en gran parte por la diversidad de procedencias de sus fondos. Una parte destacada del material procede del propio campus leonés: Escuela de Ingeniería Agraria y Forestal, Facultad de Educación, Departamento de Geografía y Geología y Museo de Colecciones de la ULE, que han puesto a disposición de la muestra piezas que habitualmente no están abiertas al público general.
La Escuela de Ingeniería Agraria ha aportado mapas que muchos visitantes consideran auténticas obras de arte elaboradas con muy pocos medios, pero de una precisión notable. Estas representaciones del territorio físico permiten apreciar la minuciosidad con la que se cartografiaban parcelas, cauces y relieves en una época en la que no existían las herramientas digitales actuales.
A estos fondos se suman colecciones cedidas por instituciones externas, como el IES Padre Isla, que ha prestado sus mapas escolares históricos, y el Instituto Geográfico Nacional, que ha contribuido con maquetas tridimensionales y otros materiales de referencia. En algunos casos también se mencionan aportaciones del ámbito geológico y minero que completan el panorama.
Esta colaboración entre facultades y entidades refuerza el carácter transversal de la cartografía, que sirve tanto a la docencia de Humanidades como a la formación en ingenierías, ciencias ambientales o educación. Los organizadores subrayan que el proyecto ha permitido poner en diálogo colecciones que normalmente permanecen separadas en despachos, archivos o almacenes.
La coordinación de la exposición ha corrido a cargo del profesorado del Departamento de Geografía y Geología, con la participación destacada de Rosa Blanca González, Javier Ordás y Carlos Relea, y el apoyo del equipo decanal. Este grupo se ha encargado de seleccionar las piezas, diseñar el itinerario de la visita y elaborar los materiales explicativos que acompañan a los mapas.
La cartografía, antes que la escritura y clave para entender el presente
Uno de los mensajes más reiterados por los responsables de la exposición es que la cartografía probablemente es anterior a la escritura. Diversos estudios apuntan que, mucho antes de que se fijaran textos sobre tablillas o pergaminos, ya se dibujaban esquemas espaciales para localizar recursos, caminos o asentamientos estratégicos.
Ese origen remoto ayuda a entender por qué los mapas siguen siendo hoy una herramienta tan poderosa. La rectora de la Universidad de León, Nuria González, subraya que los mapas han acompañado a la humanidad a lo largo de toda su historia y continúan siendo esenciales para transformar información territorial en decisiones concretas que afectan a la vida cotidiana.
El decano de la Facultad de Filosofía y Letras, Javier Rodríguez, insiste en que la cartografía resulta especialmente relevante en un contexto internacional marcado por cambios geopolíticos y conflictos. En su intervención recordó que los mapas permiten condensar en un pequeño espacio la ubicación de fronteras, focos de tensión y dinámicas globales, algo imprescindible para comprender tanto la escena mundial como la realidad leonesa.
Desde el Departamento de Geografía, su director Javier Santos destaca que los mapas ayudan a prevenir riesgos, localizar conflictos y tomar decisiones informadas sobre el territorio. La cartografía se convierte así en una pieza estratégica para planificar infraestructuras, definir políticas ambientales o diseñar rutas seguras, entre otros muchos usos.
Los organizadores insisten en que, aunque hoy muchas personas se apoyan de manera casi automática en aplicaciones móviles para orientarse, es fundamental entender qué hay detrás de esas representaciones: qué variables se han elegido, qué se muestra y qué se omite, y cómo esa selección influye en la imagen que tenemos del mundo.
De la pizarra al satélite: tecnología y democratización del mapa
Un aspecto llamativo de la exposición es el contraste entre los mapas de pizarra dibujados a mano y las cartografías generadas a partir de imágenes de satélite y datos digitales. Este salto tecnológico resume siglos de innovación en los que se han ido incorporando nuevos instrumentos de medición y observación.
Hoy, la recopilación de información se apoya en técnicas como la teledetección y el análisis del espectro electromagnético, que permiten captar aquello que el ojo humano no ve, tanto bajo la superficie terrestre como en la atmósfera o en el espacio. Esa información se vuelca en sistemas de información geográfica (SIG) que facilitan elaborar mapas interactivos y actualizables.
Rosa Blanca González subraya que se ha producido una auténtica «democratización» del acceso a la cartografía. Si en tiempos de Felipe II solo un círculo muy cercano al monarca tenía acceso a determinados documentos estratégicos, hoy cualquier persona puede utilizar plataformas como Google Earth para explorar prácticamente cualquier punto del planeta en cuestión de segundos.
En la exposición se recuerda cómo, en el siglo XVI, Felipe II encargó a Abraham Ortelius la elaboración de un atlas que se publicó en 1570 y que está considerado el primer atlas moderno de la historia. Ese tipo de obras estaba reservado a un público muy restringido, mientras que ahora la mayoría de los mapas de referencia son de consulta libre y gratuita.
Esta apertura no significa, sin embargo, que todos los mapas sean equivalentes. Los comisarios de la muestra insisten en la necesidad de mantener un lenguaje cartográfico riguroso, accesible y actualizado, capaz de reflejar con precisión un mundo en constante cambio por efecto de las decisiones políticas, las guerras, los avances científicos y los conflictos sociales.
Formación en Geografía y Ordenación del Territorio en la ULE
A lo largo de la presentación de la exposición, tanto la rectora como el decano han aprovechado para poner en valor la formación en Geografía y Ordenación del Territorio que ofrece la Universidad de León. Consideran que la sociedad necesita profesionales capaces de elaborar, interpretar y aplicar mapas con criterio técnico y sentido crítico.
El Grado en Geografía y Ordenación del Territorio de la ULE prepara a su alumnado para trabajar con cartografía en múltiples contextos: desde la planificación urbanística y rural hasta la gestión de riesgos naturales, el análisis de movilidad o la evaluación de políticas públicas. La exposición sirve, en este sentido, como escaparate de las competencias que se desarrollan en el aula y en los laboratorios.
Los responsables académicos resaltan que el perfil del geógrafo actual combina conocimientos clásicos de lectura del paisaje y análisis territorial con un manejo avanzado de herramientas tecnológicas. La cartografía deja de ser solo un producto final para convertirse en un proceso de análisis y síntesis de información que ayuda a responder preguntas complejas.
La presencia de estudiantes en el montaje y en las visitas guiadas que se han organizado en torno a la muestra pone de relieve el papel de la exposición como recurso didáctico. Para muchos de ellos, poder observar de cerca mapas y maquetas históricas constituye una oportunidad de conectar los contenidos teóricos de las asignaturas con ejemplos concretos.
Al mismo tiempo, la muestra abre una ventana al público general para entender por qué la geografía va mucho más allá de memorizar capitales y ríos, y por qué los mapas siguen siendo herramientas clave en la toma de decisiones que afectan al territorio y a la vida cotidiana.
Este recorrido por los fondos cartográficos de la Universidad de León y de otras instituciones permite constatar cómo la representación del mundo ha cambiado con el tiempo, pero también cómo persiste la necesidad de traducir la complejidad del planeta en imágenes comprensibles que orienten nuestras acciones, algo que la ULE aprovecha para reforzar su compromiso con la formación de geógrafos y con la difusión del valor estratégico de la cartografía.