Europa acelera su estrategia de soberanía digital: entre la dependencia y la necesidad de medir

Última actualización: 11/07/2026
Autor: Isaac
  • La Comisión Europea presenta el Paquete de Soberanía Tecnológica con foco en chips, nube, IA y código abierto.
  • Una encuesta en España revela que el 87% de la población apuesta por desarrollar tecnología europea.
  • Expertos advierten de la falta de indicadores para medir el avance de la soberanía digital.
  • El debate sobre la dependencia de proveedores extranjeros y la necesidad de alternativas abiertas gana peso.

Soberanía digital europea

El concepto de soberanía digital ha pasado de ser un debate de nicho a convertirse en una preocupación central en la política europea. Con la reciente presentación del Paquete de Soberanía Tecnológica, la Comisión Europea ha trazado una hoja de ruta para reducir dependencias y construir una autonomía estratégica en el ámbito digital. Sin embargo, como señalan expertos y encuestas recientes, el camino está lleno de desafíos: desde la falta de métricas claras para medir el progreso hasta una ciudadanía que, aunque cada vez más concienciada, aún no termina de entender qué implica realmente la soberanía digital.

En España, la primera gran encuesta sobre este tema, elaborada por Fundación Telefónica junto con Metroscopia, revela que el 87% de la población cree que Europa debería desarrollar sus propias tecnologías, mientras que el 82% considera que la dependencia de proveedores extranjeros es real. Estos datos, presentados en un contexto de incertidumbre geopolítica, ponen sobre la mesa la urgencia de actuar, pero también la necesidad de que las instituciones europeas traduzcan las buenas intenciones en políticas concretas y medibles.

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Tecnología y soberanía digital

La Comisión Europea presentó a mediados de 2026 un conjunto de medidas que buscan reforzar la capacidad del continente en semiconductores, inteligencia artificial, nube y código abierto. El paquete incluye la nueva Ley de Chips y una estrategia integral, la Ley de Desarrollo de la Nube y la IA (CADA), una Estrategia de Código Abierto y una Hoja de Ruta para la Digitalización y la IA en el Sector Energético. En su definición, la soberanía tecnológica se entiende como una estrategia de reducción de riesgos de coerción, interrupción de acceso y vigilancia extranjera, un enfoque que ha generado un amplio consenso entre los Estados miembros, especialmente tras las tensiones comerciales con Estados Unidos.

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El programa de la Década Digital, que debe ser revisado antes del 30 de junio de 2026, es el marco en el que se integrarán estos objetivos. Según el último informe de progreso, Europa sigue lejos de cumplir las metas fijadas para 2030: solo el 13,5% de las empresas utiliza inteligencia artificial y el 38,9% servicios en la nube, muy por debajo del 75% previsto. La brecha digital entre grandes empresas y pymes se ha convertido en un problema estructural, y la dependencia de tecnologías externas lastra cualquier intento de autonomía.

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La dependencia europea: cifras que preocupan

Infraestructura digital y soberanía

Uno de los datos más repetidos en los análisis es que más del 70% de la infraestructura cloud europea depende de tres hiperescalares estadounidenses. A esto se suma que los chips de inteligencia artificial que alimentan los centros de datos están sujetos a controles de exportación de Washington, y que el sector público y privado europeo gasta 264.000 millones de euros anuales en productos y servicios informáticos mayoritariamente no europeos. La situación se agrava cuando se observa el caso de ASML: los Países Bajos prohibieron a la empresa exportar sus máquinas de litografía más avanzadas a China, lo que pone de manifiesto que la soberanía digital europea tiene límites claros cuando depende de tecnología que no fabrica y de normas que no controla.

En España, la encuesta de Fundación Telefónica muestra que el 49% de las empresas considera que esta dependencia supone una amenaza para la seguridad europea, y el 73% cree que el continente se está quedando atrás frente a Estados Unidos y China. Sin embargo, el 54% de las compañías confía en que la soberanía tecnológica europea aumentará en la próxima década, una mezcla de realismo y esperanza que también se refleja en la ciudadanía: el 70% de los encuestados afirma que elegiría una plataforma europea si ofreciera los mismos servicios que una no europea.

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La necesidad de medir: indicadores para la soberanía

Uno de los principales problemas que señalan los expertos es que la Década Digital carece de indicadores para medir la dependencia y no solo la adopción. El Índice DESI actual mide cuánta tecnología se usa, pero no de quién se depende ni qué riesgos geopolíticos se asumen. En el evento organizado por Byte TI en Sevilla, Fernando Gordillo, jefe de informática del Parlamento de Andalucía, defendió que la soberanía digital debe entenderse como autonomía estratégica, no como autarquía, y que es necesario medir la exposición por capa tecnológica: concentración de proveedores, redundancia operativa y sujeción a legislación extraterritorial como el Cloud Act estadounidense o las leyes chinas de inteligencia.

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Por su parte, Ignacio M. Llorente, de OpenNebula Systems, recordó que el mercado cloud europeo presenta una anomalía estructural: los mismos tres hiperescalares que dominan el mercado global acaparan cerca del 75% en la UE. Para Llorente, la soberanía no es solo un problema de ubicación de datos, sino de control sobre el hardware, el software y los componentes que hacen posible el servicio. La propuesta de la Comisión de establecer cuatro niveles de garantía de soberanía en la CADA es un paso, pero aún falta un marco común que evite la fragmentación entre los 27 Estados miembros.

La combinación de un impulso regulatorio, una demanda ciudadana creciente y las iniciativas industriales como EuroStack sugiere que Europa está en un punto de inflexión. Pero sin un sistema de medición robusto y un compromiso real con la construcción de alternativas, el riesgo es que la soberanía digital se quede en un eslogan político más que en una realidad tangible. La pregunta que queda en el aire es si el continente será capaz de pasar de ser un consumidor de tecnología a un productor con capacidad de decidir su propio futuro digital.

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