- No desactives las protecciones de seguridad de Windows 11 ni instales software de fuentes poco fiables, son la principal barrera frente a malware y ataques.
- Gestiona con cabeza las actualizaciones y revisa los problemas conocidos para evitar fallos críticos en versiones como 24H2 o 25H2.
- Controla qué aplicaciones instalas, qué se carga al inicio y qué recursos consumen para mantener el sistema ágil y estable.
- Reduce bloatware, publicidad y permisos innecesarios para mejorar tanto la privacidad como la experiencia de trabajo diaria.
Windows 11 ha llegado con un diseño más moderno, mejor integración con Microsoft 365 y novedades como el soporte de apps Android, pero todo ese potencial se puede ir al traste si cometemos ciertos errores de uso y mantenimiento. Muchos problemas de rendimiento, seguridad o estabilidad no son culpa directa del sistema, sino de cómo lo usamos en el día a día.
Además, las últimas grandes actualizaciones (24H2, 25H2, parches acumulativos, etc.) han dejado claro que Windows 11 es potente, pero también delicado: un mal ajuste, una actualización mal gestionada o un exceso de software basura pueden convertir un equipo nuevo en un auténtico quebradero de cabeza. Vamos a ver, con calma y en detalle, qué errores debes evitar al trabajar con Windows 11 para mantener tu PC rápido, seguro y estable.
Errores de seguridad que no deberías cometer nunca en Windows 11

La seguridad es el punto más crítico en cualquier ordenador con Windows 11. Hoy en día, las amenazas no se limitan a los virus clásicos: hablamos de ransomware, troyanos bancarios, spyware, phishing y ataques dirigidos contra empresas y usuarios domésticos. Hay varios errores muy habituales que conviene desterrar cuanto antes.
No desactivar Microsoft Defender sin una buena razón
Uno de los fallos más peligrosos que se siguen viendo es desactivar Microsoft Defender “porque molesta” o “para que el PC vaya más rápido”. Defender es el antivirus integrado en Windows 11, se actualiza a diario, se ejecuta en segundo plano y está diseñado para afectar lo mínimo posible al rendimiento. Quitarlo del medio deja el sistema totalmente expuesto.
Si deshabilitas Microsoft Defender, cualquier archivo malicioso que abras tendrá vía libre: pueden encriptar tus documentos (ransomware), espiar lo que escribes, robar contraseñas o conectarse de forma remota a tu ordenador. Solo tiene sentido desactivarlo si usas una suite de seguridad de confianza que lo sustituya por completo y sabes bien lo que haces.
Instalar programas desde webs dudosas
Otro error clásico es descargar aplicaciones “gratis” desde páginas desconocidas, repositorios de cracks o instaladores llenos de barras y anuncios. Aunque Windows 11 permite usar apps Android (a través de Amazon Appstore) y tiene una Microsoft Store renovada, muchos usuarios siguen recurriendo al primer enlace que aparece en un buscador.
El riesgo de instalar software desde fuentes no oficiales es altísimo: adware, spyware, mineros de criptomonedas o incluso puertas traseras. Estos programas pueden ralentizar Windows, mostrar publicidad intrusiva o tomar el control del equipo. Siempre es preferible descargar desde la web oficial del desarrollador, la Microsoft Store u otros repositorios de confianza bien conocidos.
Conectarte a redes WiFi públicas sin usar VPN
Trabajar con Windows 11 en un aeropuerto, cafetería u hotel cargando documentos o accediendo al correo corporativo sin VPN es una temeridad. En una red WiFi pública, tu tráfico puede ser interceptado con relativa facilidad si no viaja cifrado de extremo a extremo.
Una VPN cifra la conexión y hace mucho más difícil que alguien pueda espiar lo que haces o robar credenciales. Da igual que uses portátil o tablet con Windows 11: cuando la red no es tuya y no conoces quién la administra, lo prudente es activar una VPN antes de iniciar sesión en servicios sensibles.
Seguir usando programas obsoletos e inseguros
Hay aplicaciones antiguas que nos acompañan desde hace años y cuesta soltar, pero en Windows 11 pueden convertirse en un problema serio. El software sin soporte deja de recibir parches, presenta incompatibilidades con versiones nuevas de Windows y, lo que es peor, acumula agujeros de seguridad que nadie corrige.
Ejecutar programas descontinuados en un sistema moderno puede causar cuelgues, fallos extraños y vulnerabilidades abiertas. Siempre que sea posible, busca versiones actualizadas o alternativas modernas. Y si por motivos de trabajo necesitas sí o sí una herramienta antigua, valora ejecutarla en una máquina virtual aislada en lugar de mezclarla con tu entorno principal.
Desactivar el Control de cuentas de usuario (UAC)
El UAC, esa ventana que pide permiso al instalar programas o tocar partes críticas del sistema, se ve a menudo como una molestia, y hay quien opta por desactivarlo del todo. Es un error serio: UAC es una capa de seguridad clave frente a cambios no autorizados.
Si eliminas las notificaciones de UAC, cualquier ejecutable que se ejecute con privilegios de administrador podrá modificar el sistema sin freno. Esto incluye malware, scripts mal hechos o instaladores agresivos. Lo sensato es dejar UAC activo en su nivel recomendado y solo reducirlo si sabes muy bien qué implica.
Usar contraseñas débiles o repetidas
En pleno 2026, seguir usando “123456”, “password” o el nombre de tu mascota como contraseña en Windows 11 es casi regalar tus datos. Las credenciales son la primera barrera entre tus archivos y un atacante, y muchos robos de cuentas llegan simplemente porque la clave era ridículamente fácil.
Lo recomendable es utilizar contraseñas largas, con mezcla de letras, números y símbolos, y no repetirlas entre servicios. Un gestor de contraseñas ayuda a no volverse loco recordando cada combinación y permite generarlas de forma segura. También es muy buena idea activar la autenticación en dos pasos allí donde se pueda.
Actualizar Windows 11: errores habituales y problemas recientes
Otro bloque de errores frecuentes tiene que ver con las actualizaciones de Windows 11. Ni ignorarlas por completo ni instalarlas a ciegas sin leer nada es buena idea. Las grandes versiones (como 24H2 o 25H2) y los parches mensuales de seguridad han causado algunos fallos notables que conviene conocer.
Ignorar las actualizaciones de Windows durante meses
Dejar el apartado de Windows Update abandonado durante semanas o meses es una puerta abierta a problemas de seguridad y rendimiento. Las actualizaciones incluyen parches contra vulnerabilidades, mejoras de estabilidad e incluso nuevas funciones que corrigen carencias del sistema.
Si no instalas las actualizaciones, el sistema se queda con fallos conocidos que los atacantes ya están explotando. Puedes programar las horas activas para que los reinicios no te corten el trabajo y pausar temporalmente las descargas si vas justo de tiempo, pero la idea debe ser tener el equipo al día, no bloquear las actualizaciones de forma permanente.
No controlar cuándo se reinicia el equipo tras un parche
Otro error es dejar que el PC se reinicie cuando le venga en gana tras una actualización importante, sobre todo si trabajas con documentos delicados o máquinas de producción. Windows 11 cuenta con la opción de configurar horas activas para evitar reinicios automáticos mientras estás trabajando.
Si nunca ajustas estas horas, corres el riesgo de que Windows se reinicie en medio de una presentación, una videollamada o un trabajo sin guardar. Basta con entrar en Configuración > Windows Update > Opciones avanzadas y fijar el rango horario en el que el sistema no debería tocar nada crítico.
Problemas conocidos en versiones recientes de Windows 11
En los últimos ciclos de actualización, Microsoft ha reconocido varios fallos críticos tras instalar determinados parches en Windows 11. Conviene conocerlos y revisar errores con Glary Utilities para no volverse loco si te tocan de cerca y, sobre todo, para aplicar las soluciones que la propia compañía ha publicado.
Uno de los incidentes más sonados ha afectado a Windows 11 24H2 tras la actualización KB5062553. Esta actualización ha provocado errores en componentes clave del sistema, como el Explorador de archivos, el menú de Inicio o la barra de tareas. Algunos usuarios se han encontrado con mensajes de fallo en procesos como Explorer.exe, shellhost.exe o componentes XAML ligados a la interfaz.
Los síntomas van desde un menú de Inicio que no responde hasta barras de tareas desaparecidas o ventanas de Configuración que se cierran solas. Microsoft ha sugerido una solución temporal basada en volver a registrar varios paquetes del sistema mediante comandos en PowerShell y reiniciar el equipo después, especialmente en entornos empresariales no persistentes donde el problema es más frecuente.
Errores recientes con acceso remoto y almacenamiento en la nube
En la rama más reciente de Windows 11 (versiones 24H2 y 25H2) también se han detectado fallos ligados a actualizaciones de seguridad concretas. Tras instalar el parche de enero de 2026 (KB5074109), algunos usuarios comenzaron a sufrir errores de autenticación en aplicaciones de conexión remota como Windows App para Azure Virtual Desktop o Windows 365.
El síntoma típico era la imposibilidad de iniciar sesión correctamente en escritorios remotos tras la actualización. Microsoft lanzó una actualización fuera de banda (KB5078127) para resolver el problema, distribuida a través de Windows Update y también manualmente con la opción de “Obtener las actualizaciones más recientes tan pronto como estén disponibles”.
El mismo paquete de enero originó otro fallo importante: aplicaciones que dejaban de responder al guardar o abrir archivos en almacenamiento en la nube como OneDrive o Dropbox. En determinados escenarios de Outlook clásico con archivos PST alojados en OneDrive, el programa se colgaba, costaba volver a abrirlo y los correos se re-descargaban una y otra vez.
De nuevo, la solución vino con una actualización fuera de banda posterior y con recomendaciones de trasladar los PST fuera de OneDrive como medida temporal. Es un buen ejemplo de por qué conviene estar atento a las notas de “problemas conocidos” tras cada parche y no forzar actualizaciones masivas en entornos críticos sin antes probarlas.
Errores al instalar actualizaciones con WUSA desde carpetas compartidas
En entornos empresariales es relativamente común usar el instalador independiente de Windows Update (WUSA) para aplicar archivos .msu. Sin embargo, se ha documentado un problema cuando se usan recursos compartidos con varios .msu en la misma carpeta tras ciertas actualizaciones de 2025.
En esos casos, WUSA puede devolver el error ERROR_BAD_PATHNAME e incluso mostrar en Configuración que el sistema sigue necesitando reiniciarse aunque ya se haya hecho. Microsoft ha propuesto como solución guardar los archivos .msu de forma local antes de instalarlos y esperar unos minutos tras el reinicio para que el historial de actualizaciones se actualice correctamente. También se ha utilizado la reversión de problemas conocidos (KIR) para mitigar el fallo automáticamente en muchos dispositivos.
Conflictos con arranque dual Windows-Linux
Si utilizas Windows 11 en arranque dual con una distribución Linux, también ha habido sustos. Una actualización de seguridad de agosto de 2024 (KB5041592) pudo provocar que algunos sistemas dejaran de arrancar Linux, mostrando errores relacionados con Secure Boot y políticas SBAT.
Este problema se produjo en configuraciones de arranque dual personalizadas donde la detección automática de Microsoft falló y aplicó restricciones de Secure Boot que no debía. La compañía documentó una solución que pasaba por ajustar valores de registro y configuración del firmware, con advertencias claras de que solo se recomendaba a usuarios avanzados. La buena noticia es que parches posteriores corrigieron el comportamiento y ya no se incluye esa configuración conflictiva.
Rendimiento, bloatware y mala gestión de aplicaciones
Más allá de los parches, hay prácticas diarias que pueden ralentizar Windows 11 hasta hacerlo insufrible. Muchas vienen heredadas de versiones anteriores, pero el sistema actual, más visual y con más capas, es especialmente sensible a una mala gestión de programas y recursos.
Instalar todo lo que ves “por si acaso”
Llenar el equipo de aplicaciones que apenas vas a usar es una de las formas más rápidas de degradar la velocidad de Windows 11. Cada programa instalado ocupa espacio, puede añadir servicios en segundo plano y tiende a registrarse para arrancar con el sistema.
Lo sensato es mantener solo el software que realmente necesitas y revisar periódicamente lo que ya no utilizas. En Configuración > Sistema > Almacenamiento puedes ver cuánto ocupan las aplicaciones, y desde “Aplicaciones y características” ordenar por tamaño para localizar a las “tragaldabas” de espacio y desinstalarlas si no son esenciales.
No limpiar archivos temporales y basura del sistema
Windows 11 acumula con el tiempo gigas de archivos temporales, cachés y restos de actualizaciones. Si nunca usas las herramientas de limpieza, el disco se llena y el sistema se resiente. La buena noticia es que la propia configuración incluye opciones para borrar estos datos de forma segura.
Desde el apartado de Almacenamiento puedes entrar en “Archivos temporales” y marcar tipos de ficheros que quieras eliminar (descargas antiguas, miniaturas, registros, restos de actualizaciones, etc.). Con un solo clic en “Quitar archivos” ganas espacio y ayudas a que todo vaya un poco más ligero.
Dejar que todas las apps arranquen con Windows
Otro error muy frecuente es permitir que cada programa que instalas se añada al inicio de Windows 11 sin control. Poco a poco, la pantalla de inicio se convierte en una romería de aplicaciones lanzándose en paralelo, con el CPU y el disco a tope durante minutos.
En el Administrador de tareas, en la pestaña “Inicio”, puedes revisar qué aplicaciones se cargan automáticamente al arrancar y cuál es su impacto. Desactivar las que no necesitas constantemente puede reducir de forma notable el tiempo que tarda tu PC en quedar operativo y liberar memoria para otras tareas.
No vigilar qué apps consumen más recursos
Cuando el ordenador empieza a ir a tirones, mucha gente se limita a reiniciar sin mirar qué está pasando por detrás. El Administrador de tareas no está ahí de adorno: en la pestaña de “Procesos” puedes ver qué aplicaciones están devorando CPU, RAM, disco o red.
Si detectas una app con un consumo anormalmente alto, puedes cerrarla, reiniciarla o investigar por qué se comporta así. A veces el problema es un navegador con decenas de pestañas, otras un cliente de sincronización mal configurado, o incluso malware que ha pasado desapercibido. Ignorar esos picos de consumo solo alarga el sufrimiento.
Privacidad, publicidad y malas decisiones de configuración
Windows 11 puede ser una herramienta profesional muy seria, pero viene de fábrica con decisiones de diseño pensadas más en negocio que en productividad. La publicidad en el menú de inicio, el bloatware preinstalado o los ajustes de privacidad poco claros no ayudan precisamente.
Tolerar publicidad intrusiva y bloatware sin tocar nada
Comprar un PC nuevo y encontrarse el menú de inicio lleno de iconos patrocinados y juegos que no has pedido es ya casi una tradición. Sin embargo, dejarlo todo como viene de serie es regalar recursos del sistema a cosas que no necesitas y, de paso, tolerar que tu entorno de trabajo se convierta en un escaparate.
Es buena práctica desinstalar el software basura que venga de fábrica y desactivar las sugerencias de aplicaciones en el menú de inicio. Así reduces el ruido visual, recuperas espacio y haces que Windows 11 se parezca más a una herramienta profesional y menos a un catálogo de promociones.
No revisar permisos de las aplicaciones
Conforme instalas apps, muchas van pidiendo acceso a ubicación, cámara, micrófono o contactos, y es fácil ir aceptando todo sin pensar. El resultado es un sistema en el que demasiadas aplicaciones tienen más permisos de los que necesitan.
En Configuración > Privacidad y seguridad tienes una sección de “Permisos de la aplicación” donde puedes revisar, tipo por tipo, quién accede a qué. Ir desactivando permisos innecesarios reduce la superficie de ataque y protege mejor tu información, algo especialmente importante si trabajas con datos sensibles.
Abusar de funciones de IA y agentes inteligentes sin valorar el coste
Microsoft está empujando muy fuerte la integración de Copilot y otras funciones de inteligencia artificial en Windows 11, pero eso no significa que todo el mundo las necesite para trabajar. En equipos modestos, estas funciones pueden consumir recursos valiosos que quizás preferirías dedicar a tus aplicaciones de siempre.
Si tu prioridad es un sistema ligero, estable y que haga bien lo básico, conviene revisar qué componentes de IA tienes activos y valorar si realmente te aportan algo. No tiene sentido tener modelos generativos funcionando en segundo plano si luego el Explorador de archivos se arrastra o los juegos pierden rendimiento.
Cuidar la experiencia de uso: contraseñas, redes y cuentas
Por último, hay una serie de decisiones de uso diario que influyen tanto en la seguridad como en la comodidad al trabajar con Windows 11. A menudo se pasan por alto porque “siempre lo he hecho así”, pero merece la pena revisarlas.
Trabajar siempre con la misma cuenta sin separar entornos
Usar una única cuenta para todo (trabajo, ocio, pruebas, juegos, etc.) facilita las cosas al principio, pero complica la vida cuando algo va mal. Instalar software dudoso, modificar ajustes experimentales o probar betas en tu sesión principal aumenta el riesgo de cargarte un entorno que necesitas estable.
Crear cuentas diferenciadas o incluso escritorios virtuales separados para distintos usos ayuda a compartimentar problemas. Otra opción para los más curiosos es usar el programa Windows Insider en una máquina secundaria o en una máquina virtual, en lugar de arriesgar el equipo con el que trabajas a diario.
Descuidar la configuración de redes y compartición
Compartir carpetas, activar zonas con cobertura inalámbrica móvil o abrir puertos sin entender bien las implicaciones puede exponer tu equipo más de la cuenta. Windows 11 facilita convertir el portátil en un pequeño router para otros dispositivos, pero hay que hacerlo con cabeza.
Si activas la zona con cobertura inalámbrica móvil, asegúrate de usar una contraseña robusta y desactivar la función cuando ya no la necesites. Del mismo modo, revisa periódicamente qué carpetas estás compartiendo en la red local y si realmente es necesario que cualquier dispositivo del entorno pueda verlas.
Dominar Windows 11 no es solo conocer sus trucos y novedades, sino también evitar una serie de malas prácticas que, sumadas, pueden convertirlo en un sistema inestable, lento o inseguro. Mantener activas las capas de seguridad, instalar software solo de fuentes fiables, tratar con respeto las actualizaciones, vigilar el consumo de recursos y limpiar tanto el bloatware como los permisos sobrantes marca la diferencia entre un PC que “da guerra” y una herramienta de trabajo sólida con la que puedes contar cada día.
