El tiempo en Marte avanza más rápido que en la Tierra: qué significa y por qué importa

Última actualización: 11/12/2025
Autor: Isaac
  • Un reloj en Marte adelanta de media unos 477 microsegundos al día respecto a uno en la Tierra.
  • La diferencia se debe a la relatividad general de Einstein, que hace que el tiempo dependa de la gravedad y del movimiento.
  • El desfase varía hasta 226 microsegundos diarios según la posición de Marte en su órbita alrededor del Sol.
  • Estas diferencias serán clave para futuras redes de navegación y comunicaciones entre la Tierra y Marte.

Ilustración sobre el tiempo en Marte y la Tierra

Una de esas ideas que solemos dar por hechas es que el tiempo transcurre igual en cualquier rincón del universo. Pensamos que un segundo es siempre un segundo, estemos donde estemos. Sin embargo, las últimas investigaciones del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST) han demostrado que esta intuición falla en cuanto salimos de nuestro planeta.

Un nuevo estudio publicado en The Astronomical Journal muestra que los relojes en Marte se adelantan ligeramente respecto a los de la Tierra. La diferencia es minúscula si miramos un solo día, pero se convierte en un problema serio cuando pensamos en navegación, comunicaciones o en una futura infraestructura interplanetaria que conecte dos mundos con ritmos temporales distintos.

Cuánto más rápido pasa el tiempo en Marte y cómo se ha calculado

Según los resultados del NIST, un reloj atómico situado en la superficie de Marte adelantaría unos 477 microsegundos cada día respecto a un reloj equivalente en la superficie terrestre. Hablamos de 477 millonésimas de segundo diarias, una cantidad que, para la vida cotidiana, parece irrelevante, pero que para la ciencia de precisión es todo menos despreciable.

El equipo liderado por los físicos Neil Ashby y Bijunath Patla ha ido más allá y ha mostrado que esa cifra de 477 microsegundos no es realmente constante. Debido a la órbita de Marte, mucho más excéntrica que la de la Tierra, el desfase puede variar hasta en unos 226 microsegundos adicionales al día, en función de la posición del planeta rojo alrededor del Sol.

Para obtener estos valores, los investigadores definieron en Marte un punto de referencia análogo al «nivel del mar» que usamos en la Tierra, una especie de altura estándar sobre la que comparar relojes. A partir de ahí integraron datos sobre la gravedad marciana, la velocidad de revolución alrededor del Sol, la forma elíptica de su órbita y la influencia gravitatoria del Sol, la Tierra y la Luna.

Patla describió el desafío como un problema de cuatro cuerpos: Sol, Tierra, Luna y Marte. Incluso el clásico problema de tres cuerpos ya es extremadamente complicado, así que añadir un actor más convierte los cálculos en una tarea todavía más delicada, en la que simplificar demasiado significaría perder precisión justo donde más se necesita.

Todo este trabajo de modelización ha dado lugar al modelo más preciso hasta la fecha del tiempo marciano, algo que no sólo tiene interés teórico, sino implicaciones directas para cualquier sistema que dependa de una sincronización fina entre ambos planetas.

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Relatividad general: por qué no todos los relojes del universo laten igual

La base física de estos resultados se encuentra en la Teoría General de la Relatividad de Albert Einstein. Esta teoría describe cómo la presencia de masa y energía deforma el espacio-tiempo y hace que los relojes no avancen al mismo ritmo en todas partes. En campos gravitatorios más intensos, el tiempo transcurre más despacio; en regiones con gravedad más débil, lo hace algo más deprisa.

Además de la gravedad, la velocidad a la que se mueve un objeto también afecta a la marcha de los relojes, lo que se conoce como dilatación del tiempo. Este efecto está en el corazón de la famosa paradoja de los gemelos: si uno de ellos viaja a gran velocidad en una nave espacial y el otro se queda en la Tierra, el viajero regresará habiendo envejecido menos.

En el caso de Marte y la Tierra, entran en juego varios factores a la vez. Por un lado, la gravedad en Marte es aproximadamente cinco veces más débil que en nuestro planeta, lo que en principio hace que el tiempo corra más rápido en la superficie marciana. Por otro, Marte está más lejos del Sol, de modo que su velocidad orbital media es menor, algo que tendería a ralentizar ligeramente sus relojes respecto a los terrestres.

A esa mezcla se añade que la órbita marciana es más excéntrica, es decir, más elíptica que la de la Tierra. Esto provoca que el planeta acelere cuando se encuentra más cerca del Sol y se frene cuando se aleja, cambiando así su velocidad y su distancia al campo gravitatorio solar a lo largo del año marciano.

Si sumamos todas estas contribuciones —gravedad local, velocidad orbital, variación de la distancia al Sol y perturbaciones del sistema Tierra-Luna— el resultado es que, visto desde la Tierra, el reloj marciano lleva un ritmo ligeramente más rápido. Para un astronauta que viva en Marte, un segundo seguirá pareciendo un segundo, pero comparado con un observador terrestre ese segundo habrá pasado un poco antes.

Un desfase diminuto al día que crece con el paso de los años

La cifra de 477 microsegundos diarios puede sonar ridícula cuando pensamos en jornadas medidas en reuniones, desplazamientos o comidas. Sin embargo, la clave está en que el desfase se acumula. Día tras día, esa pequeña diferencia va sumando hasta generar una brecha temporal apreciable en escalas de años o décadas.

Los cálculos de los físicos del NIST indican que, a largo plazo, cada década Marte podría «adelantarse» aproximadamente 1,7 segundos respecto a la Tierra. Extrapolado a una vida humana, una persona que pasara medio siglo en Marte podría llegar a regresar a la Tierra con varios segundos de adelanto en comparación con alguien que no hubiera salido nunca del planeta.

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Desde el punto de vista biológico o cotidiano, esos segundos no van a cambiar la vida de nadie, pero sirven para visualizar de forma muy gráfica que el tiempo no es una magnitud universal. Factores como la gravedad y el movimiento hacen que dos observadores situados en mundos diferentes no compartan exactamente el mismo ritmo temporal.

Donde sí empieza a notarse el impacto es en los sistemas que dependen de sincronizaciones extremadamente precisas. Los errores que hoy se miden en microsegundos mañana pueden convertirse en desajustes críticos en sistemas de navegación, de posicionamiento o en redes complejas de satélites y vehículos robóticos.

A medida que imaginamos misiones largas, bases científicas o incluso futuras colonias marcianas, ignorar este desfase dejaría de ser una mera curiosidad física para convertirse en una fuente real de problemas técnicos entre dos planetas separados por millones de kilómetros.

La navegación y las comunicaciones interplanetarias ante un reto de microsegundos

En la vida diaria, que un reloj se adelante una fracción de microsegundo es irrelevante. Pero las tecnologías más avanzadas de posicionamiento y comunicación funcionan en otro orden de magnitud. Sistemas como el GPS terrestre, o las redes móviles de última generación, requieren que los relojes se mantengan coordinados con una precisión de décimas de microsegundo o incluso menos.

Neil Ashby y sus colegas subrayan que cualquier futura red de navegación en Marte —el equivalente marciano a nuestro GPS— tendrá que incorporar desde el inicio estas particularidades temporales. No se trata sólo de colocar satélites en órbita del planeta rojo, sino de diseñar una arquitectura que tenga en cuenta que los relojes allí no van exactamente al mismo paso que aquí.

Un error acumulado de unos pocos microsegundos puede traducirse en desviaciones de varios metros en la posición calculada de un rover o de un dron que recorra la superficie marciana. Si añadimos la necesidad de coordinar señales de ida y vuelta entre la Tierra y Marte, el problema se multiplica: no basta con conocer la distancia, también hay que entender cómo se están desfasando los relojes en cada extremo.

El propio Ashby ha señalado que si redes terrestres como el 5G exigen precisiones inferiores a una décima de microsegundo, diseñar un sistema interplanetario sin incluir estos efectos relativistas sería una imprudencia. Los ingenieros que trabajen en la próxima generación de infraestructuras espaciales tendrán que asumir que la relatividad no es un detalle teórico, sino una condición de diseño.

Para Europa y España, que participan en numerosos proyectos de exploración a través de la Agencia Espacial Europea (ESA), comprender y modelizar con exactitud el tiempo en Marte es una prioridad estratégica. Cualquier contribución europea a futuras constelaciones de satélites marcianos, misiones robóticas o posibles misiones tripuladas tendrá que basarse en este tipo de cálculos de alta precisión.

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Marte, la Luna y el futuro de las zonas horarias fuera de la Tierra

El estudio del NIST también se enmarca en un contexto más amplio: la necesidad de definir sistemas de referencia temporales para otros cuerpos celestes. Si ya es complejo coordinar relojes en la red de satélites que rodea la Tierra, hacerlo entre planetas distintos añade varias capas de dificultad.

Los científicos llevan tiempo explorando cómo establecer escalas de tiempo específicas para la Luna y para Marte, de forma que cada mundo tenga su propia referencia interna coherente y, al mismo tiempo, se pueda traducir sin ambigüedades a los estándares usados en la Tierra. La propuesta de una zona horaria marciana no es una extravagancia, sino una necesidad práctica para la exploración y la vida cotidiana de futuras tripulaciones.

Hasta ahora, la atención se había centrado en aspectos como la geología de Marte, el clima o los recursos disponibles en Marte. Sin embargo, este trabajo de Ashby y Patla recuerda que también hay que comprender a fondo cómo discurre el tiempo en ese entorno, porque de ello dependerán cosas tan básicas como programar un aterrizaje, sincronizar un experimento o repartir turnos de trabajo en una base científica.

Los científicos conocen relativamente bien cómo actúa la gravedad marciana sobre su superficie, pero traducir esa información a efectos sobre el tiempo es mucho más sutil. Requiere combinar teoría relativista, datos orbitales precisos, modelos de masas en el sistema solar y relojes atómicos capaces de detectar variaciones diminutas.

En el futuro, cuando se planteen las primeras colonias humanas en Marte, la discusión sobre qué hora es exactamente allí dejará de ser una simple curiosidad. Será un tema clave para gestionar todo: desde los horarios de trabajo hasta la coordinación con control de misión en la Tierra, pasando por el funcionamiento de las redes de comunicación locales.

Lo que este tipo de estudios deja claro es que no bastará con «importar» sin más los sistemas de tiempo y navegación que usamos en nuestro planeta. Habrá que adaptarlos a un escenario donde la relatividad deja de ser una corrección minúscula y se convierte en el marco de referencia para diseñar la vida y la tecnología entre dos mundos.

Las nuevas mediciones del NIST muestran que el tiempo en Marte va un poco más rápido que en la Tierra y además lo hace de forma ligeramente variable, algo que puede parecer un detalle técnico pero que será fundamental para la exploración espacial de las próximas décadas. A medida que Europa, Estados Unidos y otras potencias espaciales se preparan para misiones más ambiciosas al planeta rojo, entender cómo laten sus relojes —y cómo encajarlos con los nuestros— será tan importante como estudiar su atmósfera o su suelo helado.

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