- La misión Proba-3 de la ESA logra el primer eclipse solar artificial con dos satélites en formación.
- Permite observar la corona solar con gran precisión y durante horas, superando las limitaciones de los eclipses naturales.
- El proyecto integra tecnologías avanzadas europeas para alineación y captura de imágenes del Sol.
- El estudio de la corona solar ayudará a comprender fenómenos como el viento solar y las tormentas solares.

La humanidad ha dado un paso inédito en la observación del Sol. Gracias a un esfuerzo liderado por la Agencia Espacial Europea, por primera vez se ha logrado crear un eclipse solar artificial en el espacio utilizando dos satélites que trabajan en perfecta coordinación. Esta hazaña tecnológica abre una nueva etapa en la investigación solar y nos permite observar detalles del Sol que, hasta ahora, estaban reservados solo para los pocos minutos que dura un eclipse total natural.
La misión que ha hecho esto posible se llama Proba-3, un ambicioso proyecto europeo que ha conseguido lo que parecía ciencia ficción: simular un eclipse cuando y donde haga falta, sin esperar a los caprichos de la naturaleza. Así se pueden estudiar las capas externas del Sol con una precisión y continuidad nunca vistas, lo que puede ayudar a entender fenómenos que afectan a nuestro planeta, como el viento solar o las tormentas que pueden interferir con los sistemas eléctricos y de comunicación.
¿Cómo funciona Proba-3 y cómo se logró el eclipse artificial?

La misión Proba-3, puesta en marcha a finales de 2024, está formada por dos satélites: el Occulter y el Coronagraph, que vuelan en formación separados por 150 metros, controlando su posición con una precisión de menos de un milímetro. El Occulter lleva un disco de 1,4 metros de diámetro cuya función es bloquear la luz directa del Sol, imitando el papel que habitualmente juega la Luna durante un eclipse natural. Por su parte, el Coronagraph, equipado con el instrumento óptico ASPIICS, aprovecha esa sombra para observar y fotografiar la corona solar—la parte más externa y caliente de la atmósfera del Sol—sin quedar deslumbrado por el brillo de la estrella.
Todo este complejo baile orbital se realiza prácticamente de modo autónomo, aunque durante los primeros ensayos el equipo en tierra ha supervisado minuciosamente cada maniobra. Justo en esta fase de pruebas, se obtuvieron las primeras imágenes históricas del Sol «eclipsado», gracias a la alineación precisa de ambos satélites durante varias horas.
Ventajas del eclipse artificial frente al natural

El método tradicional para observar la corona solar requiere esperar a un eclipse total de Sol, un fenómeno escaso y de corta duración. De media, estos eclipses ocurren una o dos veces al año en alguna parte del planeta, y en un punto concreto solo cada varios siglos. Además, la mayor parte del tiempo no son accesibles para la comunidad científica porque hay que estar en el sitio y momento adecuados.
Con Proba-3, este problema desaparece: la misión puede crear un eclipse artificial cada 19,6 horas, en cada órbita. Además, mientras que un eclipse natural dura pocos minutos, los satélites pueden mantener la alineación y la sombra hasta seis horas, permitiendo observaciones prolongadas y repetidas del mismo fenómeno, todo sin depender de la casualidad astronómica.
Las imágenes generadas combinan varias exposiciones con diferentes tiempos, lo que permite detectar detalles que antes eran imposibles de captar y proporciona una visión más completa de la corona solar.
¿Por qué es tan importante estudiar la corona solar?

La corona solar es una de las regiones más misteriosas del Sol. Aunque está mucho más lejos del núcleo que la superficie visible (la fotósfera), su temperatura puede superar los 2 millones de grados Celsius, una paradoja que aún se investiga. En la corona se originan muchos procesos que influyen en el clima espacial—como el viento solar o las eyecciones de masa coronal—que pueden causar problemas en satélites, infraestructuras eléctricas y comunicaciones en la Tierra.
Gracias a crear eclipses artificiales bajo demanda con la tecnología de Proba-3, los científicos pueden observar estas estructuras y dinámicas con una calidad y continuidad hasta ahora inalcanzables. Además, la misión también incorpora instrumentos para medir la energía emitida por el Sol (DARA) y detectar electrones en los cinturones de radiación de la Tierra (3DEES), ampliando el impacto del proyecto más allá de la investigación solar pura.
Tecnología europea al servicio de la innovación espacial
Proba-3 es fruto de un esfuerzo conjunto entre la ESA, institutos científicos y más de 40 empresas europeas, entre ellas varias startups que han desarrollado sensores de posicionamiento, detectores de luz y software de control de formación. Entre los retos superados destaca la precisión de volar dos satélites separados por 150 metros a más de 1 kilómetro por segundo, con correcciones mínimas para mantener alineado el disco que crea la sombra sobre el instrumento observador.
Los datos recabados durante la misión—alrededor de 1.000 horas de observaciones en dos años—serán de acceso abierto para la comunidad científica internacional, lo que representa una gran oportunidad para ampliar nuestro conocimiento del Sol y preparar futuras misiones espaciales con tecnologías similares de vuelo en formación.
Este avance en la creación de eclipses artificiales permitirá una observación más detallada y frecuente del Sol, lo que mejorará nuestra comprensión de sus fenómenos y su influencia en nuestro planeta.