- La prueba de Matemáticas II destaca por un problema de optimización de un ventanal que ha generado opiniones divididas entre los estudiantes.
- Andalucía alcanza una participación histórica con más de 53.000 alumnos presentados en esta convocatoria.
- Se refuerzan los controles antitrampas con el uso de inhibidores de frecuencia y detectores electrónicos en las sedes.
- La probabilidad y las matrices se mantienen como los bloques más asequibles según el sondeo a pie de aula.
La segunda jornada de la Selectividad ha arrancado con los nervios a flor de piel, especialmente para quienes se enfrentaban a la temida hoja en blanco de los números. En los pasillos de las facultades españolas, el murmullo era constante antes de entrar a las aulas, ya que el examen de Matemáticas II suele ser el gran muro que separa a muchos estudiantes de la nota de corte necesaria para acceder a sus carreras deseadas. Aunque este año el ambiente general ha sido de cierta calma, no han faltado los rostros de preocupación al leer los enunciados de la parte obligatoria.
Tras salir de las pruebas, los alumnos han puntuado la dificultad global con una nota media de entre seis y siete, lo que indica que, si bien no ha sido un camino de rosas, tampoco se ha llegado a los extremos de años anteriores que terminaron en protestas masivas. La sensación predominante es que quien se había preparado bien el temario ha podido defenderse con soltura, a pesar de que siempre hay algún ejercicio con «mala leche» diseñado para marcar la diferencia entre el notable y el sobresaliente.
El reto de la optimización y la geometría en los bloques obligatorios

El primer gran obstáculo del examen ha sido un problema de optimización que ha pillado a más de uno con la guardia baja. Los estudiantes debían calcular las dimensiones idóneas para un ventanal de estructura rectangular rematado por un semicírculo, buscando maximizar la entrada de luz solar disponiendo de un perímetro total de ocho metros. Este tipo de aplicaciones prácticas de las derivadas suele atragantarse a quienes prefieren la mecánica pura, aunque los docentes han señalado que era un planteamiento clásico que no debería haber causado mayores problemas.
Por otro lado, la geometría del espacio ha tenido un papel protagonista en la segunda tarea obligatoria del cuadernillo. Los alumnos han tenido que lidiar con el estudio de la coplanaridad de varios puntos en función de un parámetro desconocido, para después pasar a calcular áreas de triángulos y volúmenes de tetraedros. Esta parte ha sido descrita por muchos como laboriosa pero justa, exigiendo una gran precisión en el manejo de los vectores y los determinantes para no arrastrar errores en los cálculos finales.
En contraste con la rigidez de los ejercicios anteriores, la mayoría de los consultados ha coincidido en que la probabilidad ha sido el salvavidas de la jornada. El problema de las dos bolsas con monedas de oro y plata, donde se pedía aplicar los teoremas de Bayes y de la probabilidad total, ha resultado bastante directo y similar a lo practicado en clase durante el curso de Bachillerato, permitiendo a muchos recuperar el aliento antes de entregar el examen.

Álgebra y sistemas: las opciones para subir nota
En el bloque de optatividad, el álgebra ha permitido a los alumnos elegir entre dos caminos muy distintos. Por un lado, se ha planteado la discusión de un sistema de ecuaciones lineales con un parámetro, un ejercicio de manual que suele ser el favorito de quienes buscan asegurar puntos. Por otro lado, el cálculo matricial ha exigido un conocimiento profundo de las propiedades de los determinantes y las matrices inversas, siendo valorado por algunos expertos como la parte más técnica y compleja de toda la prueba celebrada este miércoles.
Las funciones y las integrales también han tenido su cuota de protagonismo, especialmente con una propuesta que requería hallar una primitiva específica mediante un cambio de variable exponencial. Este ejercicio estaba vinculado a una condición de tangencia geométrica, lo que obligaba a los aspirantes a conectar diferentes áreas del análisis matemático en una sola respuesta. A pesar de la dificultad técnica, el tiempo de hora y media ha sido suficiente para la gran mayoría, que ha apurado hasta el último minuto para repasar los signos.

Participación récord y nuevas medidas de control
Andalucía se ha convertido en el epicentro de estas pruebas con un despliegue sin precedentes, superando los 53.000 inscritos en toda la comunidad autónoma. Es destacable que casi el 60% de los aspirantes son mujeres, una tendencia que se consolida año tras año en el distrito único andaluz. La logística ha sido inmensa, con 138 sedes repartidas no solo por las ocho provincias, sino llegando incluso a ciudades marroquíes y a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla para facilitar el acceso a todos los estudiantes.
Como novedad en esta convocatoria, se han extremado las precauciones para evitar el fraude académico en un mundo cada vez más tecnológico. Las universidades han implementado barridos selectivos con inhibidores de frecuencia y detectores de dispositivos electrónicos para garantizar que nadie utilice la inteligencia artificial o relojes inteligentes durante las sesiones. Además, se ha puesto un foco especial en la corrección gramatical y ortográfica, que ahora penaliza de forma más rigurosa incluso en las asignaturas de ciencias como las matemáticas.
A pesar del susto inicial con el ventanal y las matrices, la sensación general al abandonar las aulas ha sido de alivio. La jornada se ha cerrado sin incidentes reseñables y con la mirada ya puesta en las materias de los próximos días, mientras los correctores comienzan a evaluar unas pruebas marcadas por el enfoque competencial y la exigencia de una mayor pulcritud en la expresión escrita. Los resultados provisionales se conocerán en un par de semanas, cerrando así un ciclo de esfuerzo y nervios que para muchos supone la puerta de entrada a su futuro profesional.

