- La Tierra experimentará en julio y agosto de 2025 los días más cortos jamás registrados debido a una aceleración en su rotación.
- El fenómeno es consecuencia de múltiples factores, destacando la influencia de la Luna y procesos internos aún no totalmente comprendidos.
- Las variaciones, imperceptibles en la vida diaria, requieren ajustes en la sincronización del tiempo atómico a escala global.

La duración de los días ha sido, durante siglos, una referencia confiable para organizar nuestras rutinas y entender el paso del tiempo. Pero, en realidad, no existe una constante absoluta: la rotación de la Tierra nunca ha sido exactamente igual y, de hecho, este verano viviremos el día más corto desde que se tienen registros modernos.
Avances científicos recientes han confirmado que, aunque los cambios son diminutos y solo perceptibles con relojes atómicos de alta precisión, nuestro planeta ha comenzado a girar un poco más rápido en los últimos años. Este fenómeno, observado especialmente desde 2020, plantea nuevas preguntas sobre la naturaleza dinámica de la Tierra y su relación con la Luna, el núcleo terrestre y factores ambientales.
El fenómeno del día más corto
Según predicciones de astrofísicos y organismos internacionales, en el periodo comprendido entre el 9 de julio y el 5 de agosto de 2025, la Tierra completará su rotación en cerca de 1,51 milisegundos menos de lo habitual. Concretamente, el 5 de agosto quedará marcado como el día más corto del año y posiblemente de la era moderna de la medición temporal. Esta diferencia, aunque mínima para la experiencia humana, representa un hito en la historia de la cronometraje planetario.
Referencias científicas como Graham Jones y Christian Bizouard coinciden en situar esas tres fechas —9 y 22 de julio, y 5 de agosto— como los momentos críticos donde la aceleración rotacional será máxima. Las mediciones, basadas en el Tiempo Atómico Internacional, detectan estas variaciones con una precisión que permite distinguir diferencias de milésimas de segundo respecto a la media habitual de 86.400 segundos diarios.

¿Por qué gira más rápido la Tierra?
Para entender por qué ocurre esta aceleración, es importante recordar que, históricamente, la tendencia era opuesta: la Tierra iba frenando su rotación a causa de la fuerza gravitacional de la Luna. Este proceso, conocido como fricción mareal, contribuyó a aumentar la duración de los días desde los 19 o 20 horas de hace miles de millones de años hasta las 24 actuales.
Sin embargo, desde hace un lustro, se registra una aceleración repentina. Los especialistas apuntan a la influencia combinada de factores internos y externos: procesos en el núcleo de hierro líquido del planeta, el desplazamiento de masas como consecuencia del deshielo de los glaciares, la redistribución de aguas subterráneas e, incluso, la posición de la Luna respecto al ecuador terrestre. La posición lunar, en particular, ha sido clave para explicar los mínimos inusuales detectados en julio y agosto.
Durante el verano boreal, la Luna se ubica en un ángulo mayor respecto al ecuador —entre 18° y 28°—, lo que modifica la manera en que su gravedad impacta sobre la Tierra. Cuando se aleja del ecuador, el tradicional “freno de mano” gravitacional lunar se relaja y el planeta puede girar más rápido. Aun así, la ciencia todavía debate si este es el único motor de la aceleración, o si procesos internos poco comprendidos también están jugando un papel relevante.

El papel del clima y los fenómenos terrestres
No solo las fuerzas externas intervienen. Cambios ambientales globales, como el derretimiento de los polos y los movimientos sísmicos, alteran la distribución de la masa terrestre, lo que a su vez afecta la rotación. Según estudios de la NASA, el desplazamiento del eje del planeta por estas causas asciende a unos nueve metros desde el año 2000. Estas contribuciones pueden aumentar o disminuir la duración de los días; por ejemplo, el cambio climático ha expandido ligeramente la atmósfera, afectando la circunferencia planetaria.
Desde la medición moderna, el récord lo ostenta el 5 de julio de 2024, cuando la rotación se adelantó 1,66 milisegundos. Aunque para la mayoría de las personas estos cambios pasan desapercibidos, su impacto es relevante en sistemas de navegación satelital, telecomunicaciones y sincronización digital.
Consecuencias para la medición del tiempo
La aceleración pone a prueba la coordinación entre el tiempo astronómico y el tiempo atómico. Hasta la fecha se han realizado correcciones añadiendo “segundos intercalares positivos” para adaptar el Tiempo Universal Coordinado a las fluctuaciones naturales de la Tierra. Sin embargo, si la tendencia actual persiste, se podría tener que retirar un segundo entero —lo que se conocería como “segundo intercalar negativo”—, algo inédito y que está previsto como posibilidad para el año 2029.
Expertos como Leonid Zotov consideran que, aunque la rotación parece haber llegado por ahora a un mínimo, es probable que el planeta vuelva a su patrón de desaceleración con el paso del tiempo, ya que la influencia lunar y la redistribución de masas siguen afectando el sistema planetario de forma compleja.
Un misterio científico en continua observación
La comunidad científica sigue muy de cerca este fenómeno, tanto por su interés intrínseco como por las implicancias para la comprensión de los procesos internos de la Tierra y la calibración de los sistemas tecnológicos actuales. El núcleo del planeta, su relación con la Luna y los cambios climáticos globales conforman un universo de incógnitas en el que cada milisegundo cuenta.
Los días más cortos previstos para el verano de 2025 serán un nuevo hito en la medición científica del tiempo, recordándonos que incluso las rutinas tan confiables como el amanecer esconden dinámicas planetarias en permanente cambio.