- 3I/ATLAS, tercer cometa interestelar conocido, ha sido detectado emitiendo rayos X por XMM-Newton y posiblemente por XRISM.
- Las observaciones en rayos X permiten estudiar gases "ocultos" como hidrógeno molecular y nitrógeno, imposibles de ver bien en óptico y ultravioleta.
- El cometa muestra una evolución visible: ha pasado de tonos rojizos a un brillo verdoso asociado al carbono diatómico (C₂).
- Su máxima aproximación a la Tierra ronda los 270 millones de kilómetros y no supone ningún riesgo, pero ofrece una oportunidad científica excepcional.

Las nuevas observaciones, realizadas en los últimos días por observatorios espaciales de rayos X y por grandes telescopios terrestres, llegan justo cuando el cometa se aproxima a su punto de mayor interés científico, con un paso relativamente cercano a la Tierra pero sin suponer ningún peligro. Aun así, la distancia seguirá siendo enorme: del orden de cientos de millones de kilómetros.
Un visitante interestelar que emite rayos X
El 3 de diciembre, la Agencia Espacial Europea (ESA) apuntó su observatorio de rayos X XMM-Newton hacia el cometa durante casi 20 horas, cuando se encontraba a unos 282-285 millones de kilómetros de la nave. Para ello se empleó la cámara EPIC-pn, el detector más sensible del telescopio en el rango de rayos X de baja energía, con el objetivo de capturar cualquier señal emitida por la coma de gas que rodea al núcleo.
El resultado fue una imagen en la que el fondo del cielo aparece dominado por tonos azulados, mientras que el cometa destaca como una región rojiza asociada a emisión de rayos X de baja energía. Para los investigadores no fue una sorpresa total: se esperaba que un cometa activo generase este tipo de radiación cuando sus gases interactúan con el viento solar, pero lograrlo en un objeto interestelar supone un salto cualitativo en el estudio de este tipo de visitantes.
Paralelamente, la misión japonesa XRISM, operada por JAXA, llevó a cabo una campaña de observación de 3I/ATLAS entre el 26 y el 28 de noviembre. Con el telescopio de rayos X suaves Xtend y unas 17 horas de exposición efectiva, los científicos han detectado un resplandor muy débil y extendido en rayos X alrededor del cometa, que se expande hasta unos cinco minutos de arco, lo que equivale a aproximadamente 400.000 kilómetros en torno al núcleo. Aunque por ahora se mantiene cierta cautela —el equipo insiste en que aún se debe descartar la influencia de efectos instrumentales como el viñeteo o el ruido—, este posible halo de rayos X refuerza la idea de que el viento solar está interactuando intensamente con la nube de gas que envuelve a 3I/ATLAS.
En conjunto, las medidas de XMM-Newton y XRISM aportan la evidencia más sólida hasta la fecha de un cometa interestelar emitiendo rayos X, un hito que abre un campo de comparación directo con los cometas “domésticos” que se formaron alrededor del Sol.

Cómo se enciende un cometa en rayos X
La explicación física del brillo en rayos X es bien conocida desde que se detectó por primera vez en el cometa Hyakutake en la década de 1990. El fenómeno se debe a un proceso llamado intercambio de carga: los iones del viento solar —partículas cargadas que fluyen continuamente desde el Sol— chocan con átomos y moléculas neutras del gas que exhala el cometa, transfiriendo carga y emitiendo fotones de rayos X en el proceso.
En el caso de 3I/ATLAS, se sabe que la coma contiene vapor de agua, dióxido de carbono y monóxido de carbono, identificados previamente por instrumentos como el Telescopio Espacial James Webb y la futura misión SPHEREx de la NASA. Sin embargo, las observaciones en rayos X añaden una capa de información completamente distinta, porque son especialmente sensibles a gases ligeros como el hidrógeno molecular (H₂) y el nitrógeno (N₂), que resultan prácticamente invisibles para las cámaras ópticas y ultravioleta de telescopios como Hubble o JUICE.
Es decir, el brillo en rayos X permite asomarse a una parte de la química del cometa que normalmente queda oculta. En el espectro preliminar obtenido por XRISM en la región central de 3I/ATLAS se han identificado señales compatibles con carbono, nitrógeno y oxígeno, lo que encaja bien con el escenario de intercambio de carga entre el viento solar y la nube de gas cometario. Esta información ayuda a precisar la proporción de diferentes moléculas presentes en la coma y a reconstruir mejor las condiciones físicas en las que se formó el cometa en su sistema de origen.
Para la ESA y los equipos implicados, estas observaciones en rayos X no sustituyen a las imágenes en luz visible o infrarroja, sino que las complementan de forma decisiva. La combinación de datos de XMM-Newton, XRISM, James Webb y otros telescopios ofrece un retrato mucho más completo de 3I/ATLAS, algo que no fue posible con 1I/’Oumuamua, que se alejó demasiado rápido como para estudiarlo con tanto detalle.
Un tono verdoso que delata cambios en la actividad del cometa
Las sorpresas no vienen solo de los rayos X. En el rango visible, el telescopio Gemini North, en Hawái, ha revelado que 3I/ATLAS ha desarrollado un tenue brillo verdoso tras reaparecer de detrás del Sol. Las imágenes, tomadas el 26 de noviembre con el instrumento GMOS, muestran claramente un cambio respecto a observaciones previas, en las que el cometa se apreciaba con un tono más rojizo.
Ese color verde se asocia de manera típica a la emisión del carbono diatómico (C₂), una molécula que aparece con frecuencia en cometas del Sistema Solar cuando se activan por el calor solar. Ver este mismo comportamiento en un objeto interestelar indica que, a medida que 3I/ATLAS se calienta, empiezan a sublimarse nuevos compuestos que hasta ahora permanecían congelados en capas más internas del núcleo.
El cambio de tonalidad sugiere una evolución en el ritmo de liberación de gases y en la química dominante de la coma. A medida que el calor penetra en profundidad, se exponen zonas con composiciones algo distintas, lo que puede dar lugar a fases de actividad más intensa o a variaciones notables incluso después de haber pasado el punto más cercano al Sol.
Para los astrónomos, esta transformación cromática es una pista valiosa: al comparar la evolución de 3I/ATLAS con la de otros cometas, se puede evaluar hasta qué punto se parece a los cuerpos helados “locales” o si presenta rasgos que apunten a una procedencia química más exótica.

Trayectoria, acercamiento a la Tierra y posibilidades de observación
Desde su descubrimiento el 1 de julio de 2025 por el sistema ATLAS en Chile, 3I/ATLAS ha seguido una órbita hiperbólica que confirma su origen externo al Sistema Solar. Tras alcanzar el perihelio —su punto de máximo acercamiento al Sol— a finales de octubre, el cometa se dirige ahora hacia el exterior mientras se aproxima a la órbita de la Tierra.
El punto de mínima distancia a nuestro planeta está previsto para el 19 de diciembre, cuando se situará a alrededor de 1,8 unidades astronómicas, es decir, unos 270 millones de kilómetros. Es más de 700 veces la distancia que nos separa de la Luna, por lo que no existe riesgo alguno de impacto. Tanto la NASA como la ESA han insistido en que el paso es científicamente interesante, pero totalmente seguro.
Para quienes quieran intentar verlo, la realidad es que 3I/ATLAS no llegará a ser visible a simple vista. Las predicciones apuntan a que se mantendrá demasiado tenue incluso en su máximo acercamiento, por lo que será necesario recurrir a instrumentos de cierta potencia. Se recomienda el uso de telescopios con aperturas de al menos 30 centímetros y cielos muy oscuros, lejos de la contaminación lumínica urbana.
Las mejores oportunidades se darán en las horas previas al amanecer, mirando hacia el este o noreste. En torno a la noche del 18 al 19 de diciembre, el cometa se localizará cerca de la estrella Regulus, en la constelación de Leo, subiendo de altura conforme avanza la madrugada. Para la mayoría de aficionados, la opción más práctica puede ser acudir a actividades organizadas en observatorios o agrupaciones astronómicas, donde la combinación de equipo adecuado y experiencia maximiza las posibilidades de detectarlo, aunque sea como una débil mancha de luz.
Una herramienta clave para desentrañar la química interestelar
Más allá de la espectacularidad de las imágenes, lo que realmente interesa a los investigadores es lo que estas observaciones en rayos X pueden contar sobre la composición de 3I/ATLAS. Desde el descubrimiento de 1I/’Oumuamua, varios equipos han propuesto que algunos objetos interestelares podrían estar formados en parte por “hielos exóticos” de nitrógeno o hidrógeno, difíciles de identificar con telescopios convencionales.
En el caso de ‘Oumuamua, el objeto se alejó con rapidez y ya no es accesible para este tipo de estudios detallados. 3I/ATLAS ofrece, por tanto, una segunda oportunidad para comprobar esas hipótesis con datos observacionales directos. La sensibilidad de XMM-Newton y XRISM a líneas de emisión vinculadas al hidrógeno y al nitrógeno puede ayudar a determinar si estos gases están presentes en cantidades significativas y si su proporción guarda similitudes o grandes diferencias con la de los cometas del Sistema Solar.
Los datos de rayos X se suman, además, a las mediciones realizadas en otras longitudes de onda, que ya han revelado la presencia de agua, dióxido de carbono, monóxido de carbono y otras moléculas volátiles en la coma del cometa. Esa visión multidimensional —del ultravioleta a los rayos X— permite reconstruir mejor la historia térmica y química del núcleo, así como el entorno en el que se formó alrededor de otra estrella.
En paralelo, el seguimiento continuo de 3I/ATLAS con telescopios espaciales y terrestres está sirviendo también como banco de pruebas para campañas de observación coordinadas a escala internacional, algo que puede ser muy útil de cara a futuros visitantes interestelares, o incluso para mejorar los protocolos de vigilancia de objetos potencialmente peligrosos, aunque este no sea el caso.
Todo este esfuerzo conjunto está convirtiendo a 3I/ATLAS en una especie de laboratorio natural en movimiento: un fragmento de otro sistema planetario que, durante unos meses, se deja estudiar en detalle mientras atraviesa nuestro cielo, ofreciendo a la ciencia europea y mundial información inédita sobre la materia que se forma en torno a otras estrellas y sobre cómo responde al entorno del Sol.