El cometa 3I/ATLAS se acerca a la Tierra: qué sabemos de este visitante interestelar

Última actualización: 11/12/2025
Autor: Isaac
  • El cometa interestelar 3I/ATLAS alcanzará su máxima aproximación a la Tierra alrededor del 19 de diciembre, a unos 270 millones de kilómetros.
  • Presenta un curioso “latido cósmico” en su brillo cada 16 horas, ligado a la rotación de su núcleo y a chorros periódicos de gas y polvo.
  • Hubble, Juice y otros observatorios han detectado una intensa actividad: coma brillante, dos colas bien definidas y fenómenos poco habituales como chorros casi fijos apuntando al Sol.
  • La mayoría de la comunidad científica lo considera un cometa natural, aunque excepcionalmente raro, y está aprovechando su paso para estudiar en detalle un objeto formado en otro sistema estelar.

Cometa 3I/ATLAS acercándose a la Tierra

Aunque se ha hablado de él casi como si fuese un personaje de ficción, los datos acumulados por la NASA, la ESA y numerosos equipos de investigación dibujan un retrato bastante claro: estamos ante un cometa natural, pero con un conjunto de rasgos extraordinariamente raros que lo convierten en uno de los objetos más peculiares observados en las últimas décadas.

Un visitante interestelar en ruta de salida

3I/ATLAS fue identificado en julio de 2025 por el sistema de vigilancia ATLAS y por el telescopio Rubin, en Chile. Desde el primer momento quedó claro que su órbita no encajaba con la de los cometas habituales del vecindario solar: se mueve en una trayectoria hiperbólica, lo que implica que no está ligado gravitatoriamente al Sol y abandonará el Sistema Solar tras este sobrevuelo.

Los cálculos indican que se originó en otro sistema estelar y fue expulsado al espacio interestelar hace millones o incluso miles de millones de años, iniciando un viaje que lo ha traído desde regiones cercanas al el centro de la Vía Láctea hasta nuestro entorno. Es apenas el tercer objeto interestelar catalogado tras 1I/ʻOumuamua y 2I/Borisov.

En cuanto a su tamaño, las diferentes estimaciones a partir de imágenes del Telescopio Espacial Hubble y otros instrumentos apuntan a un núcleo que podría medir desde varios centenares de metros hasta al menos cinco kilómetros de diámetro. En cualquier caso, es un cuerpo notablemente masivo: se ha calculado que podría ser aproximadamente un millón de veces más pesado que ʻOumuamua y muy superior también a Borisov, situándolo entre los objetos interestelares más grandes detectados.

Su velocidad tampoco pasa desapercibida. Viaja a más de 200.000 km/h (en torno a 57 km/s) y, durante su paso más cercano al Sol, ha alcanzado velocidades superiores a los 240.000 km/h. Esta combinación de gran tamaño y alta velocidad es extremadamente rara entre los cometas conocidos, con probabilidades estimadas de menos del 0,1 % según algunos análisis estadísticos.

La órbita de 3I/ATLAS, además, muestra una alineación llamativa con el plano de los planetas del Sistema Solar, con una inclinación inferior a cinco grados. Esta coincidencia, sumada a otros factores improbables, aumenta aún más el interés por este objeto.

Trayectoria del cometa 3I/ATLAS en el Sistema Solar

Cuándo y cómo se acercará a la Tierra

La fecha marcada en rojo en los calendarios de los astrónomos es el 19 de diciembre, cuando 3I/ATLAS alcanzará su máxima aproximación a la Tierra. Dependiendo de la fuente y del momento de los cálculos, las estimaciones sitúan esa distancia mínima en torno a los 270 millones de kilómetros, muy por encima de cualquier umbral de riesgo.

La NASA ha insistido en varias ocasiones en que el cometa no representa peligro alguno para nuestro planeta. De hecho, durante el momento exacto del máximo acercamiento se encontrará al otro lado del Sol respecto a la Tierra, lo que complicará su observación directa desde nuestro punto de vista.

Pese a esa lejanía, se considera un acercamiento relativamente bueno para un objeto interestelar de estas características. Antes de llegar a esa posición, el cometa ha pasado cerca de Marte, Venus y Júpiter, una cadena de encuentros con los planetas cuya probabilidad de ocurrir tal y como se ha producido se ha estimado en alrededor de 0,005 %, otro dato que subraya lo peculiar de su trayectoria.

Durante los meses previos al máximo acercamiento, el cometa se ha desplazado dentro de la órbita de Marte, aproximándose al Sol hasta situarse a algo más de 130 millones de millas (unos 210 millones de kilómetros) de nuestra estrella. Ese paso por el perihelio, registrado a finales de octubre, ha sido clave para despertar su actividad y permitir observaciones más detalladas.

Para los observadores desde España y el resto de Europa, las predicciones señalan que 3I/ATLAS no será visible a simple vista. Su brillo se mantendrá en torno a una magnitud aparente de 10, por lo que será necesario recurrir a telescopios pequeños o binoculares astronómicos y buscarlo, en general, en el horizonte sureste justo antes del amanecer, siempre en función de la ubicación exacta del observador.

Qué muestran Hubble, Juice y el resto de misiones

La singularidad de 3I/ATLAS ha provocado una auténtica campaña de observación coordinada desde la órbita terrestre y más allá. El Telescopio Espacial Hubble fue uno de los primeros en apuntar hacia él poco después de su descubrimiento en julio, obteniendo una imagen detallada de su característica forma de lágrima y de la envoltura gaseosa que lo rodea.

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Posteriormente, el 30 de noviembre, Hubble volvió a observar el cometa cuando se encontraba a unos 286 millones de kilómetros de la Tierra. Utilizando su cámara de campo amplio 3, el telescopio siguió el movimiento del objeto a través del cielo, lo que dejó las estrellas de fondo como trazos de luz alargados mientras el cometa aparecía más definido. En esta segunda ronda, la coma se veía más extensa y brillante, y la cola de polvo se alargaba varios miles de kilómetros.

Paralelamente, la misión Juice (Jupiter Icy Moons Explorer) de la Agencia Espacial Europea, que viaja rumbo a Júpiter, también ha aprovechado una posición favorable para observar 3I/ATLAS. A principios de noviembre, cuando la nave se encontraba a unos 66 millones de kilómetros del cometa, utilizó cinco de sus instrumentos científicos y la cámara de navegación NavCam para registrar la actividad del objeto.

Debido a las limitaciones de comunicación —Juice emplea su antena principal como escudo térmico durante parte de su viaje—, solo se ha podido descargar inicialmente una fracción de una de las imágenes. Aun así, ese fragmento ya muestra una coma bien definida y, lo más llamativo, dos colas diferenciadas: una de plasma, compuesta por gas ionizado arrastrado por el viento solar, y otra de polvo más tenue formada por partículas sólidas.

Otros instrumentos de la NASA, como la misión Psyche, también han recopilado datos, y está previsto que observatorios como el telescopio espacial James Webb continúen monitorizando al cometa mientras sea visible. El objetivo es exprimir al máximo cada ventana de observación antes de que el objeto se pierda definitivamente rumbo al espacio interestelar.

Actividad del cometa 3I/ATLAS con coma y cola

Un «latido cósmico» cada 16 horas

Si hay un fenómeno que ha disparado la curiosidad en torno a 3I/ATLAS es su extraño patrón periódico de brillo, apodado por algunos investigadores como un “latido cósmico”. Observaciones recientes, recogidas en un estudio publicado en Astronomy & Astrophysics, revelan que el cometa muestra destellos de luz que se repiten con enorme precisión cada unas 16,16 horas.

Este ciclo coincide con el periodo de rotación del núcleo. La interpretación principal, respaldada por la mayoría de los autores del estudio, es relativamente sencilla desde el punto de vista físico: el núcleo alberga regiones ricas en hielo —auténticos “volcanes de hielo”— que, al quedar expuestas periódicamente a la radiación solar, liberan chorros de gas y polvo hacia el espacio.

Cuando una de estas zonas activas queda orientada hacia el Sol, el hielo de la superficie se sublima con fuerza, generando una erupción de material que inunda temporalmente la coma, la nube gaseosa que envuelve al núcleo. Ese aumento de partículas y gas produce un incremento puntual del brillo que los telescopios pueden medir. Cuando el núcleo completa su giro y la zona se aleja de la radiación directa, la actividad disminuye y la luminosidad baja de nuevo.

El resultado observado es una variación cíclica, como si el cometa “respirara” lentamente: cada 16 horas aproximadamente la intensidad de su luz crece y se contrae. Para los investigadores, este patrón repetitivo es una herramienta valiosa, ya que permite deducir detalles sobre la estructura y estabilidad del núcleo, la distribución de zonas activas y el ritmo al que se produce la desgasificación.

Los datos apuntan a que 3I/ATLAS es un objeto relativamente sólido y cohesionado, más que un simple conjunto de fragmentos apenas ligados por gravedad. Esa estabilidad, sumada a la precisión del latido luminoso, refuerza la idea de que el núcleo cuenta con regiones bien diferenciadas de actividad y un eje de rotación claramente definido.

Chorros que apuntan al Sol y otros comportamientos inusuales

Más allá de ese pulso luminoso, las observaciones han sacado a la luz otros comportamientos llamativos. Uno de los más discutidos es la presencia de chorros de material que parecen apuntar directamente hacia el Sol y mantener esa orientación incluso mientras el núcleo gira, algo que no encaja del todo con el patrón esperado en la mayor parte de cometas.

En objetos típicos, las eyecciones de gas y polvo tienden a diversificarse en dirección conforme la superficie se va calentando y enfriando, y a dispersarse bajo la influencia del viento solar y de la propia rotación. En 3I/ATLAS, sin embargo, algunos de estos chorros muestran una orientación sorprendentemente estable, un fenómeno que ha sido relacionado con la formación de una llamativa anticola, una estructura de polvo que parece apuntar hacia la estrella en lugar de alejarse de ella.

Otra peculiaridad es el cambio de color observado durante el paso por el perihelio. En ese momento, el cometa exhibió una tonalidad azul intensa, llegando a percibirse como más azul que el propio Sol en determinadas longitudes de onda. Este rasgo apunta a la presencia de partículas o gases diferentes a los habituales en los cometas del Sistema Solar, o a reacciones químicas inusuales en la coma estimuladas por la radiación solar.

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Los análisis espectroscópicos han detectado una mezcla curiosa de dióxido de carbono, agua, compuestos carbonados como el cianuro y una proporción de níquel muy superior a la de hierro, algo que no se corresponden bien con los patrones típicos de los cometas locales. Esta composición sugiere que 3I/ATLAS se formó en un entorno químico muy distinto, posiblemente en un sistema planetario más antiguo que el nuestro.

La combinación de trayectoria hiperbólica, composición poco común, chorros dirigidos de forma peculiar, tonalidad azul anómala y alineación con el plano planetario hace que el conjunto de características de este objeto sea estadísticamente muy improbable si se consideran de forma aislada. Precisamente porque varias rarezas se dan a la vez, se ha disparado el interés tanto entre los especialistas como entre el público general.

Debate científico, teorías audaces y consenso actual

Como ya ocurrió con 1I/ʻOumuamua, las características atípicas de 3I/ATLAS han dado pie a hipótesis más especulativas. El astrofísico de Harvard Avi Loeb ha sido una de las voces más mediáticas al plantear, al menos como posibilidad remota, que algunos de estos visitantes interestelares pudieran tener origen tecnológico, es decir, ser restos de dispositivos artificiales procedentes de otras civilizaciones.

En el caso concreto de 3I/ATLAS, Loeb ha sugerido que vale la pena analizar con detalle la trayectoria de los chorros y la mecánica interna que podría explicar el “latido” luminoso. En su opinión, si se tratase de un objeto artificial —algo que la mayor parte de la comunidad ve como extremadamente improbable—, cabría esperar patrones de expulsión de material no necesariamente orientados al Sol, sino guiados por otros criterios.

Sin embargo, las agencias espaciales y la mayoría de los especialistas se inclinan claramente por una explicación natural. Astrónomos y astrobiólogos como Jason Wright recuerdan que los cometas suelen mostrar comportamientos caprichosos y a menudo difíciles de encajar en modelos sencillos. Entre los científicos planetarios es popular la frase de que “los cometas son como los gatos: tienen cola y hacen lo que les da la gana”, una forma coloquial de subrayar que su actividad puede ser muy variable sin dejar de ser completamente natural.

La NASA, por su parte, ha señalado que no se ha detectado ninguna “tecnofirma” asociada a 3I/ATLAS: ni emisiones de radio anómalas, ni patrones de luz que sugieran control artificial, ni estructuras geométricas identificables en las imágenes de alta resolución. Para responsables como Nicola Fox, lo observado encaja con lo que se espera de un cometa activo compuesto de hielo, polvo y gases volátiles, aunque con particularidades propias de su lugar de origen.

Al mismo tiempo, algunos estudios han destacado que su aceleración no gravitacional —el ligero empuje adicional generado por la expulsión de gases— es inusualmente alta en comparación con otros cometas, lo que requiere tasas de pérdida de masa considerables. No obstante, los análisis más recientes sugieren que esta aceleración, aunque llamativa, puede acomodarse dentro del marco de la desgasificación irregular que muestran muchos objetos helados cuando pasan cerca del Sol.

Polarización de la luz y relación con la “Señal Wow!”

Otro de los aspectos que ha despertado interés entre los especialistas es la forma en que 3I/ATLAS refleja la luz solar. Las mediciones indican una polarización negativa muy marcada, lo que significa que las oscilaciones de la luz reflejada siguen una dirección poco habitual en comparación con la de otros cometas.

Este comportamiento suele estar relacionado con el tamaño, la textura y la composición de las partículas de polvo que rodean al núcleo. Una polarización tan acusada sugiere que los granos podrían tener formas, rugosidad o mezclas químicas inusuales, respaldando la idea de que se trata de material poco procesado procedente de un entorno estelar distinto al nuestro.

Además, la dirección desde la que llega el cometa presenta una curiosa coincidencia: difiere en apenas unos 9 grados de la región del cielo asociada a la famosa “Señal Wow!” registrada en 1977, un breve pulso de radio de origen desconocido. Aunque lo más razonable es considerarlo una simple casualidad, esta proximidad angular ha alimentado debates y titulares llamativos, especialmente en ámbitos más dados a la especulación.

Para la comunidad científica, este tipo de coincidencias sirven sobre todo para afinar los modelos de distribución de objetos interestelares y comparar sus trayectorias con otras señales o eventos registrados en el pasado, sin que ello implique necesariamente una relación causal.

¿Se podrá observar desde España y Europa?

A pesar de toda la expectación, 3I/ATLAS no se convertirá en el gran cometa brillante que muchos aficionados desearían. Los modelos de brillo coinciden en que no alcanzará la visibilidad a simple vista, por lo que habrá que recurrir a equipamiento astronómico para intentar cazarlo en el cielo.

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Para observadores en España y el resto de Europa, las mejores oportunidades se concentran en los meses en torno al máximo acercamiento y los posteriores, cuando el cometa todavía será accesible para telescopios de aficionado. En general, se recomienda buscarlo en las horas previas al amanecer, con el cielo lo más oscuro posible, apuntando a baja altura sobre el horizonte sureste y consultando efemérides actualizadas para ajustar la localización exacta.

Quienes no dispongan de instrumental pueden seguir la evolución del cometa a través de plataformas en línea y simuladores como la herramienta “Eyes on the Solar System” de la NASA, que permite visualizar en tiempo real la posición de 3I/ATLAS y de otros cuerpos del Sistema Solar. Muchos observatorios europeos y españoles también están compartiendo imágenes y datos en abierto, lo que acerca este fenómeno al público general.

Si las condiciones lo permiten, es probable que astrónomos aficionados en la península ibérica logren registrar fotografías del cometa con colas visibles, especialmente usando técnicas de astrofotografía de larga exposición. En redes sociales ya circulan imágenes obtenidas desde distintos puntos del planeta, algunas de ellas con mayor impacto visual que las de grandes observatorios, porque están procesadas con criterios estéticos más que científicos.

Mientras tanto, las grandes instalaciones —desde Hubble hasta telescopios profesionales en Chile, Canarias u otras localizaciones— continuarán dedicando tiempo de observación a este visitante, ajustando sus calendarios para sacar provecho de las ventanas de visibilidad antes de que el cometa se debilite y se pierda en la lejanía.

La mirada puesta en el futuro: misiones para interceptar cometas y objetos interestelares

El paso de 3I/ATLAS no solo está sirviendo para estudiar este objeto concreto, sino que también refuerza el interés por misiones dedicadas a interceptar cometas “vírgenes” o visitantes interestelares en el futuro. En este contexto destaca el proyecto Comet Interceptor (CI) de la Agencia Espacial Europea.

CI es una misión de clase F, diseñada para desarrollarse y lanzarse en un plazo relativamente corto. El plan prevé situar la nave en una órbita de espera en el punto de Lagrange L2 del sistema Tierra-Sol, desde donde aguardará la aparición de un objetivo adecuado. Ese objetivo podría ser un cometa dinámicamente nuevo —un objeto que se acerque por primera vez al sistema solar interior— o, con mucha menos probabilidad, un nuevo objeto interestelar similar a 3I/ATLAS.

Un estudio liderado por el profesor Colin Snodgrass, de la Universidad de Edimburgo, ha analizado las condiciones que debería cumplir el cometa objetivo para que la misión pueda alcanzarlo. Factores como el presupuesto de delta-v (la energía disponible para cambiar de trayectoria), la necesidad de interceptar al objeto entre 0,9 y 1,2 unidades astronómicas, el cruce con el plano de la eclíptica o la limitación de la velocidad de sobrevuelo a menos de 70 km/s condicionan enormemente la selección.

Los autores analizaron más de un siglo de cometas históricos y, aplicando primero criterios de interés científico y después de viabilidad técnica, concluyeron que muy pocos casos hubieran sido alcanzables con las capacidades de CI. La ventana temporal para reaccionar ante el descubrimiento y la imprevisibilidad de la actividad de cada cometa añaden un importante componente de suerte.

Aun así, la combinación de CI con futuras instalaciones como el Legacy Survey of Space and Time (LSST) del Observatorio Vera C. Rubin —capaz de detectar muchos más cometas nuevos y posibles objetos interestelares— aumenta las opciones de encontrar un objetivo “suficientemente bueno” en el plazo de vida de la misión. La ESA espera que CI esté listo para lanzarse en torno a 2029, lo que abriría la puerta a encuentros inéditos con cometas recién llegados al sistema solar interior.

La experiencia acumulada con 3I/ATLAS, tanto en términos de coordinación internacional de observaciones como de respuesta rápida de telescopios y sondas, será un precedente útil para diseñar este tipo de misiones. Aunque el actual visitante no es un objetivo alcanzable por una nave espacial dedicada, su paso está sirviendo de “ensayo general” de lo que podría lograrse en las próximas décadas.

Representación del cometa 3I/ATLAS en el espacio

El recorrido de 3I/ATLAS por el Sistema Solar está ofreciendo una oportunidad difícil de repetir: estudiar de cerca un cometa formado en otro sistema estelar, con una combinación poco habitual de tamaño, velocidad, composición y comportamiento. Su “latido” luminoso cada 16 horas, las colas bien definidas observadas por Hubble y Juice, la química atípica detectada en su coma y la sucesión de alineaciones improbables lo convierten en un objeto extraño pero, según el consenso actual, natural. A medida que se acerque a su punto más próximo a la Tierra y después continúe su ruta hacia el exterior, los astrónomos seguirán exprimiendo cada dato disponible para entender mejor no solo a este visitante concreto, sino también cómo son y cómo se comportan los cometas que viajan entre las estrellas.

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