El ecosistema 5G vive un momento de transformación profunda. Mientras los operadores ajustan sus estrategias de espectro para rentabilizar sus inversiones, el mercado global no deja de crecer y las administraciones públicas exploran nuevas aplicaciones para esta tecnología. En España, la reciente devolución de frecuencias por parte de Vodafone ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿están todas las bandas 5G siendo realmente útiles?
La respuesta corta es no, al menos por ahora. La banda de 26 GHz, considerada la joya de la corona para el 5G de altas prestaciones, apenas tiene despliegues en el país. Mientras tanto, los informes de mercado proyectan un crecimiento espectacular para la próxima década, y los proyectos piloto en el ámbito de las emergencias demuestran que el 5G puede ser mucho más que una conexión rápida para el móvil.
Vodafone devuelve 400 MHz de espectro: ¿un síntoma de madurez o de escepticismo?
La operadora Vodafone España ha tomado una decisión que marca un precedente en el sector: devolver al Estado los 400 MHz que obtuvo en la banda de 26 GHz durante la subasta de diciembre de 2022. Esta banda, conocida como milimétrica o mmWave, fue la última de las tres asignadas exclusivamente para el 5G en España, y las operadoras pagaron sumas considerables por ella. Movistar desembolsó 20 millones de euros por 1.000 MHz, mientras que Orange y Vodafone pagaron 8 millones cada una por sus 400 MHz.
La razón esgrimida por la compañía es doble: por un lado, no existen planes concretos para desplegar antenas en esta frecuencia; por otro, la necesidad de recortar gastos en un entorno de márgenes ajustados. La concesión original era para 20 años, prorrogables por otros 20, pero Vodafone ha preferido renunciar a ella. Desde BandaAncha, que ha confirmado la información con la propia operadora, señalan que el uso de esta banda es prácticamente testimonial en todo el país.
Los datos respaldan esta percepción. Según InfoAntenas, solo hay 7 emplazamientos en toda España utilizando frecuencias de 26 GHz: 5 de Movistar en Madrid y Barcelona, y 2 de Orange en Sevilla. Vodafone no tiene ninguno. Esta situación contrasta con las expectativas que se generaron en su momento, cuando se hablaba de esta banda como la solución para proporcionar altas velocidades en zonas de alta concentración de usuarios, como eventos multitudinarios en estadios o estaciones de transporte o centros de grandes ciudades.
No es la primera vez que Vodafone muestra desinterés por ampliar su cartera de espectro. A finales de 2024, la compañía ya rechazó una oferta de Orange para obtener gratuitamente 10 MHz en la banda de 3,6 GHz, una frecuencia mucho más utilizada y que le habría permitido mejorar la velocidad de su 5G en los 2.872 nodos activos. Esta actitud refleja una estrategia clara de la nueva dirección de la compañía, liderada por Zegona, centrada en la rentabilidad por encima de la expansión.
El mercado global 5G: cifras que invitan al optimismo
Mientras en España se devuelven frecuencias, el mercado global del 5G no deja de crecer. Según un informe de Spherical Insights & Consulting, el tamaño del mercado pasará de 20.980 millones de dólares en 2025 a 637.920 millones en 2035, lo que supone una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 40,7% durante el período 2026-2035. Estas cifras reflejan la confianza de la industria en que el 5G será la columna vertebral de la transformación digital en la próxima década.
El informe identifica varios factores que impulsarán este crecimiento. Entre ellos, la expansión de la adopción en economías emergentes, la creciente demanda de soluciones de conectividad específicas para la industria, el aumento de dispositivos compatibles y las oportunidades en sectores como defensa, comunicación por satélite y banda ancha rural. También se espera que el desarrollo de nuevos modelos de ingresos, basados en servicios de red y soluciones empresariales personalizadas, genere oportunidades adicionales para los actores del mercado.
Por regiones, Asia Pacífico dominaba el mercado en 2025 con aproximadamente el 42% de la cuota, gracias al fuerte apoyo gubernamental y la rápida adopción de tecnologías inalámbricas avanzadas en países como China, Japón, Corea del Sur e India. Sin embargo, se espera que América del Norte sea la región que crezca más rápido durante el período de previsión, impulsada por las inversiones en redes privadas 5G y computación de borde e infraestructura de comunicación avanzada.
En Europa, el panorama es más heterogéneo. Mientras países como Alemania y Francia aceleran sus despliegues, España se encuentra en una fase de consolidación, con una cobertura 5G que ya supera el 90% de la población pero con un uso real de las bandas más avanzadas todavía limitado. La devolución de frecuencias por parte de Vodafone podría interpretarse como un síntoma de que el mercado español está priorizando la rentabilidad sobre la innovación, al menos en el corto plazo.
5G para emergencias: la tecnología que salva vidas
Más allá de las cifras de mercado y las estrategias de los operadores, el 5G está demostrando su utilidad en ámbitos donde la conectividad puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. En la Comunitat Valenciana, el proyecto 5G Emergencias, coordinado por la empresa pública ISTEC y financiado con fondos Next Generation EU, ha explorado cómo esta tecnología puede mejorar las capacidades de los servicios esenciales y de emergencia.
Durante el proyecto, que concluyó el pasado 15 de junio en València, se validaron distintos casos de uso orientados a proporcionar a los equipos de intervención comunicaciones fiables, seguras y con mayores prestaciones. Entre las capacidades analizadas destacan la transmisión de vídeo en tiempo real, la interoperabilidad entre organismos, la conectividad móvil de alta capacidad y la gestión avanzada de recursos. Todo ello complementa la red COMDES de la Generalitat, que ISTEC mantiene y opera.
Los resultados de esta iniciativa se presentaron en el Critical Communications World 2026, celebrado en Londres, donde se confirmó una tendencia creciente en el sector: las redes tradicionales de PPDR de banda estrecha avanzan hacia una mayor integración con las redes móviles comerciales y privadas. A esta evolución se sumará la incorporación de nuevas capacidades de comunicación por satélite, lo que abrirá nuevas posibilidades para mejorar la conectividad de los servicios de emergencia.
En esta línea, ISTEC también participó en el proyecto europeo TRANTOR, cuyo evento final se celebró en Madrid el 7 de julio. Este proyecto ha investigado el desarrollo de capacidades 5G NTN (Non-Terrestrial Networks), que integran componentes satelitales en el ecosistema 5G para ampliar la cobertura y garantizar la disponibilidad de los servicios de comunicaciones incluso en zonas donde las redes terrestres no están disponibles o han quedado inutilizadas. La participación de ISTEC en la mesa redonda sobre la visión del usuario permitió analizar el papel que desempeñarán estas comunicaciones 5G satelitales para responder a las necesidades operativas de los servicios de emergencia.
La experiencia acumulada en estos proyectos refuerza la idea de que el futuro de las comunicaciones críticas pasa por la convergencia de redes terrestres y satelitales, con el 5G como elemento vertebrador. La soberanía industrial y operativa a la que aspira Europa, así como la resiliencia ante desastres naturales o incidencias que afecten a infraestructuras terrestres, son aspectos clave que se están abordando desde diferentes frentes.
En definitiva, el 5G se encuentra en una encrucijada. Mientras los operadores ajustan sus estrategias de espectro para maximizar la rentabilidad, el mercado global no deja de crecer y las administraciones públicas exploran nuevas aplicaciones para esta tecnología. La devolución de frecuencias por parte de Vodafone, el crecimiento proyectado del mercado y los avances en comunicaciones de emergencia dibujan un panorama complejo pero lleno de oportunidades. La clave estará en encontrar el equilibrio entre la inversión necesaria para desplegar la tecnología y el retorno real que esta puede ofrecer, tanto en términos económicos como sociales.


