Dos asteroides de tamaño similar al de Cheliábinsk rozan la Tierra este lunes

Última actualización: 19/05/2026
Autor: Isaac
  • Dos asteroides, 2026 JH2 y 2026 KB, pasan este lunes a entre 91.000 y 230.000 km de la Tierra.
  • Ambos miden en torno a 20 metros, un tamaño comparable al meteorito de Cheliábinsk de 2013.
  • Las agencias espaciales y laboratorios confirman que no existe riesgo de impacto en este acercamiento.
  • El asteroide 2026 JH2 podría observarse con telescopios semiprofesionales desde zonas de cielo oscuro.

asteroides cerca de la Tierra

Dos rocas espaciales de alrededor de 20 metros de diámetro, muy parecidas al meteorito de Cheliábinsk que explotó sobre Rusia en 2013, están protagonizando este lunes un acercamiento inusual a la Tierra. Se trata de los asteroides 2026 JH2 y 2026 KB, cuyo paso casi al unísono ha despertado el interés de observatorios y agencias espaciales de todo el mundo.

Los cálculos de trayectoria indican que ninguno de los dos asteroides chocará con nuestro planeta, pese a que uno de ellos pasará a menos de una cuarta parte de la distancia media que nos separa de la Luna. Aun así, el fenómeno sirve como recordatorio de lo imprevisible que puede ser la aparición de objetos cercanos a la Tierra y de la importancia de los sistemas de vigilancia, también para Europa y España, donde la comunidad astronómica sigue el evento de cerca.

Quiénes son 2026 JH2 y 2026 KB y por qué su paso es tan raro

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Los dos cuerpos han sido catalogados oficialmente como asteroides cercanos a la Tierra (NEA) y responden a las denominaciones 2026 JH2 y 2026 KB. Ambos comparten un tamaño estimado en torno a los 15-30 metros de diámetro, con un valor más probable cercano a los 20 metros, lo que los convierte prácticamente en “gemelos” del meteorito de Cheliábinsk, considerado el mayor objeto que ha impactado contra la Tierra en lo que llevamos de siglo.

El fenómeno resulta llamativo porque se produce el paso casi simultáneo de dos asteroides grandes en un intervalo de pocas horas. El Laboratorio de Astronomía Solar de la Academia de Ciencias de Rusia lo ha descrito como un suceso “bastante raro”, al tratarse de dos rocas de tamaño similar que se aproximan a nuestro planeta con una diferencia temporal muy pequeña.

Según este laboratorio ruso, los objetos fueron detectados apenas unos días antes de su máximo acercamiento: 2026 KB se identificó el 10 de mayo y 2026 JH2 el 13 de mayo, en gran parte gracias a los programas de búsqueda como Mount Lemmon Survey, en Arizona (Estados Unidos), y a las redes internacionales de vigilancia en las que colaboran instituciones europeas.

Esta detección tan tardía ha llevado a los científicos a subrayar que todavía queda mucho por descubrir sobre la población de asteroides de este tamaño que se mueven en las inmediaciones de la órbita terrestre. Varios expertos recuerdan que sólo se ha localizado un pequeño porcentaje de los objetos de este rango, lo que explica que algunos se descubran cuando están ya muy cerca de su punto de máxima aproximación.

ilustracion de dos asteroides

A qué distancia pasarán de la Tierra y en qué momento

Los datos orbitales recopilados por el Laboratorio de Astronomía Solar, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA coinciden en que ambos asteroides pasarán a distancias seguras, aunque notables en términos astronómicos. La distancia clave para comparar es la que separa a la Tierra de la Luna, unos 384.000 kilómetros de media.

En el caso de 2026 KB, el asteroide ligeramente más pequeño, el acercamiento se produce primero. Las efemérides calculadas indican que su punto de máxima aproximación se sitúa en torno a los 230.000 kilómetros de la Tierra. Es una cifra inferior a la separación media Tierra-Luna, pero muy holgada para descartar cualquier riesgo de choque. Este máximo se ha fijado, según distintas fuentes, sobre el mediodía en Europa, en torno a la franja horaria de las 15:15 GMT.

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El protagonista principal del día es, no obstante, 2026 JH2, algo mayor y bastante más cercano. De acuerdo con la Base de Datos de Cuerpos Pequeños del JPL (NASA) y con la ESA, este cuerpo pasará a alrededor de 91.000-91.600 kilómetros de nuestro planeta. Eso equivale aproximadamente a un 24 % de la distancia media a la Luna y a algo más del doble de la órbita de los satélites geoestacionarios, que se sitúan en torno a los 36.000 kilómetros de altura.

La hora prevista de máxima aproximación de 2026 JH2 se sitúa en la tarde-noche del lunes, con pequeñas variaciones según la referencia: poco antes de las 18:00 (hora peninsular española), alrededor de las 18:00 de la costa este de Estados Unidos o las 21:00 GMT, según las distintas fuentes consultadas. Para la población general, el matiz horario es secundario: en cualquier caso se trata de un acercamiento muy breve, que se produce en cuestión de minutos mientras el asteroide cruza rápidamente el cielo.

Los especialistas apuntan que, aunque no se trata del récord absoluto de proximidad, sí sería uno de los pasos más cercanos del año de un objeto de este tamaño. Esto refuerza el interés científico por caracterizar su órbita con el máximo detalle posible, de cara a afinar las predicciones futuras.

¿Existe algún tipo de peligro para la Tierra?

Pese a lo llamativo de las cifras, los astrónomos insisten: no hay motivo para la alarma. Tanto los cálculos de la Academia de Ciencias de Rusia como las evaluaciones de la ESA y la NASA coinciden en que las trayectorias de 2026 JH2 y 2026 KB no cortan la posición de la Tierra en este paso.

Expertos como Richard Binzel, profesor de ciencias planetarias en el MIT y creador de la Escala de Torino —la herramienta que clasifica el riesgo de impacto de objetos cercanos—, subrayan que el nivel de peligro de 2026 JH2 en este acercamiento es nulo. En sus palabras, se trata de un evento “habitual” dentro de lo que ven los sistemas de vigilancia: rocas del tamaño de un coche cruzan entre la Tierra y la Luna prácticamente cada semana, y objetos comparables a un autobús escolar lo hacen varias veces al año.

Lo que ocurre ahora es que disponemos de programas de búsqueda cada vez más sensibles, capaces de detectar cuerpos que antes nos pasaban completamente desapercibidos. Esa mejora de la tecnología hace que “veamos” más rocas de este tipo, no que haya más que antes. Desde el punto de vista de la seguridad, ese aumento de detecciones es una buena noticia.

El Laboratorio de Astronomía Solar ha sido especialmente tajante al recalcar que ninguna fuerza natural puede desviar en el último momento estos asteroides hacia la Tierra. Las órbitas están suficientemente determinadas y no hay procesos físicos capaces de cambiar de manera abrupta su trayectoria pocas horas antes del paso. Sólo una intervención externa hipotética, señalan con cierta ironía, podría alterar ese resultado.

De cara al futuro, los cálculos a largo plazo de la NASA y la ESA no indican que 2026 JH2 o 2026 KB representen una amenaza en el horizonte de predicción de aproximadamente un siglo. Los catálogos de objetos potencialmente peligrosos, en los que participan numerosos observatorios europeos, no recogen por ahora ningún escenario de impacto para estos asteroides en ese plazo.

Qué tamaño tienen y qué pasaría si algo similar entrara en la atmósfera

Uno de los aspectos que más se comparan en este caso es el tamaño de los asteroides con el del meteorito de Cheliábinsk, que explotó sobre Rusia el 15 de febrero de 2013. Aquella roca tenía unos 20 metros de diámetro y una masa aproximada de 13.000 toneladas; al desintegrarse en la atmósfera generó una onda de choque que rompió ventanas y causó heridas leves a unas mil personas, sobre todo por cristales.

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En el extremo inferior de las estimaciones, los científicos calculan que 2026 JH2 podría tener unos 15 metros, lo que lo situaría en la escala de un bólido como el de Cheliábinsk. En el extremo superior, rondando los 30 metros, se acercaría más al tamaño de la roca que originó el famoso evento de Tunguska en 1908, que arrasó una amplia zona de bosque en Siberia al estallar en la atmósfera.

Sin embargo, los expertos se apresuran a aclarar que ninguno de los dos asteroides actuales va a entrar en la atmósfera terrestre. Por tanto, no habrá explosión ni onda de choque. La comparación con Cheliábinsk y Tunguska sirve sólo para ilustrar el orden de magnitud del fenómeno, no para anticipar un escenario similar.

La estimación del tamaño no es trivial. Cuando un telescopio óptico detecta por primera vez un objeto, la principal información disponible es su brillo en el rango visible. A partir de esa luminosidad se infiere un tamaño suponiendo un determinado grado de reflectividad (albedo). Pero, como explican astrofísicos como Patrick Michel, un objeto puede ser relativamente grande y oscuro o pequeño y muy reflectante, y producir el mismo brillo en las imágenes.

Para precisar mejor el diámetro harían falta observaciones en el infrarrojo, donde la cantidad de radiación emitida se relaciona de manera más directa con el tamaño real. Este tipo de medidas, sin embargo, son más complejas desde Tierra y no suelen emplearse en el momento del descubrimiento, por lo que inicialmente se maneja un rango de tamaños en vez de una cifra exacta.

Cómo se detectó su llegada y qué papel juegan Europa y España

Los dos asteroides fueron descubiertos gracias a la red internacional de vigilancia de objetos cercanos a la Tierra, en la que participan estaciones de Estados Unidos, Rusia y Europa. El programa Mount Lemmon Survey, en Arizona, figura entre los responsables de la detección de 2026 JH2, mientras que el Laboratorio de Astronomía Solar de la Academia de Ciencias de Rusia ha liderado parte del seguimiento.

En paralelo, centros como la Agencia Espacial Europea (ESA) y el Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA han ido refinando las órbitas con nuevas observaciones. Aunque buena parte de los telescopios estén situados en Estados Unidos o en el hemisferio sur, los datos se comparten casi en tiempo real, lo que permite a observatorios en España y otros países europeos colaborar en el seguimiento.

La comunidad científica subraya que este episodio pone de relieve tanto los avances como las carencias del sistema actual. Por un lado, se ha logrado identificar y seguir con precisión dos objetos de apenas unas decenas de metros, descubiertos días antes de su acercamiento. Por otro, se recuerda que la pérdida del radiotelescopio de Arecibo y la parada por mantenimiento de la antena de radar planetario de Goldstone han reducido temporalmente la capacidad para obtener datos muy finos sobre la forma y rotación de estos cuerpos.

En el ámbito europeo, la ESA financia proyectos específicos para mejorar el inventario de asteroides, entre ellos misiones dedicadas a la defensa planetaria y nuevas infraestructuras de seguimiento.

España participa activamente en estas iniciativas con observatorios en Canarias y en la península, que forman parte de redes internacionales como el Virtual Telescope Project o colaboran en campañas de seguimiento coordinadas. Aunque el protagonismo mediático recaiga en las grandes agencias, la vigilancia del cielo es una tarea distribuida que depende de docenas de centros en todo el mundo.

¿Se podrán ver los asteroides desde España o Europa?

En condiciones normales, acercamientos como el de hoy pasan totalmente inadvertidos a simple vista. En este caso, los astrónomos señalan que sólo el asteroide 2026 JH2 cuenta con opciones de ser observado desde la superficie terrestre, y siempre utilizando instrumental adecuado.

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Debido a su relativamente corta distancia, 2026 JH2 podría detectarse con telescopios pequeños o catalejos de aumento superior a +12, especialmente desde lugares con cielos muy oscuros y poca contaminación lumínica. Algunas retransmisiones en directo, como las del Virtual Telescope Project desde Italia, han programado emisiones coincidiendo con el máximo acercamiento, lo que facilita que cualquier persona en España o Europa pueda seguir el evento online.

Ahora bien, incluso con buen equipo, los expertos advierten de que no será una observación sencilla. La roca se desplaza a gran velocidad angular sobre el fondo de estrellas, lo que complica mantenerla en el campo del telescopio y mucho más aún captarla con claridad en fotografías de larga exposición. En la práctica, la mayoría de aficionados que lo intenten verán un débil punto de luz moviéndose con rapidez, si las condiciones lo permiten.

Para el público general, lo más cómodo será recurrir a las retransmisiones organizadas por observatorios y proyectos de divulgación, que suelen añadir explicaciones en tiempo real. Desde la perspectiva de España y el resto de Europa, las franjas horarias más favorables se sitúan durante la tarde y el comienzo de la noche del lunes, siempre que el cielo esté despejado y el asteroide resulte accesible geométricamente desde la latitud del observatorio.

En cualquier caso, los profesionales insisten en que no se verá ningún espectáculo tipo “bola de fuego” ni rastro brillante cruzando el cielo, como ocurre con algunos meteoros. Se trata de un evento principalmente científico, relevante por los datos que aporta y por la forma en que pone a prueba las redes de vigilancia.

Un recordatorio de la vigilancia planetaria y de próximos acercamientos

El paso de 2026 JH2 y 2026 KB encaja en un contexto más amplio de monitorización continua de objetos cercanos a la Tierra. Astrónomos como Jean-Luc Margot recuerdan que, hasta la fecha, sólo se ha observado en detalle alrededor del 1 % de los asteroides de tamaño similar al de 2026 JH2, lo que deja un amplio margen de desconocimiento.

Este déficit de información se considera inquietante, pero a la vez está impulsando nuevas inversiones en telescopios y misiones específicas dedicadas a la defensa planetaria. La buena noticia, coinciden los expertos, es que no se ha identificado ningún asteroide con riesgo real de impacto dentro del marco temporal que son capaces de calcular, que abarca aproximadamente un siglo de media.

En el horizonte ya asoma otro visitante mucho más grande que estos dos: el asteroide Apophis, unas diez veces superior en tamaño, que pasará a unos 32.000 kilómetros de la Tierra el 13 de abril de 2029. En este caso también se descarta cualquier impacto, pero la proximidad será tal que su brillo llegará a ser visible a simple vista desde Europa, África y parte de Oriente Medio, algo que los astrónomos verán como una oportunidad única para estudiarlo en detalle.

Mientras tanto, episodios como el de este lunes funcionan como un ensayo general del sistema de alerta temprana. Cada nuevo asteroide descubierto, cada órbita afinada y cada retransmisión en directo contribuyen a poner a punto los protocolos y tecnologías que, en caso de que alguna vez se detecte un verdadero objeto peligroso, podrían marcar la diferencia.

Con el paso de 2026 JH2 y 2026 KB, la Tierra vuelve a recibir la visita de dos pequeños vecinos cósmicos que se aproximan, saludan de lejos y siguen su camino sin consecuencias. El episodio deja sobre la mesa varios mensajes: la rareza de ver dos asteroides de este tamaño pasar tan cerca en cuestión de horas, la tranquilidad de contar con órbitas bien calculadas que descartan un impacto y la constatación de que aún queda mucho por conocer y vigilar en el entorno inmediato de nuestro planeta.