- El Día Mundial de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información se celebra cada 17 de mayo para destacar el papel de las TIC y reducir la brecha digital.
- El lema internacional de 2026, “Líneas de vida digitales para un mundo resiliente y conectado”, subraya la importancia de unas infraestructuras críticas robustas y seguras.
- En España, el #diadeinternet 2026 centra su programa en la “Sostenibilidad en la era digital”, con un acto principal en el Senado y la presentación de un manifiesto.
- La agenda global combina retos técnicos, ambientales, sociales y de derechos digitales, con especial atención a Europa y a la gobernanza de las redes.

Cada 17 de mayo se conmemora en todo el mundo el Día Mundial de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información, una cita impulsada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y respaldada por Naciones Unidas para poner el foco en el papel de Internet y las tecnologías digitales en nuestras vidas. La jornada recuerda, además, los orígenes históricos de la cooperación internacional en materia de comunicaciones y la necesidad de seguir acortando la brecha digital.
En la edición de 2026, el mensaje global gira en torno a la resiliencia de las redes, mientras que en España el #diadeinternet pone el acento en la sostenibilidad en la era digital, abriendo un debate que va mucho más allá de la eficiencia energética o el reciclaje de dispositivos. Se trata de repensar el modelo de transformación tecnológica desde una óptica ambiental, social y democrática, sin perder de vista el impacto de las infraestructuras críticas que sostienen la conectividad mundial.
Un día con raíces históricas y vocación global
La fecha del 17 de mayo no es casual. Ese día se recuerda la fundación de la Unión Internacional de Telecomunicaciones y la firma del primer Convenio Telegráfico Internacional en 1865, cuando una veintena de países europeos decidió coordinar sus redes para hacer compatibles los telegramas que cruzaban las fronteras. Desde 1969 se celebraba el Día Mundial de las Telecomunicaciones, al que se sumó después el Día Mundial de la Sociedad de la Información, unificado finalmente en 2006 en la jornada que conocemos hoy.
El objetivo central de esta efeméride es sensibilizar sobre las oportunidades que ofrecen Internet y las TIC para el desarrollo económico y social, así como sobre la urgencia de reducir las desigualdades de acceso. Aunque la conectividad se ha disparado en las últimas décadas, todavía millones de personas en el planeta permanecen desconectadas o cuentan con servicios de baja calidad, caros o poco fiables.
Entre las metas fijadas por la ONU y la UIT destacan la expansión de la conectividad asequible, la mejora del acceso a servicios digitales esenciales y la defensa de los derechos de la ciudadanía en el entorno en línea. La llamada Agenda Conectar 2030 fija como ejes estratégicos la inclusión, la innovación, el crecimiento, la sostenibilidad y las alianzas como pilares para un ecosistema digital más equilibrado.
En este contexto, Europa y España se alinean con las prioridades internacionales, impulsando estrategias de ciberseguridad, regulación de plataformas, despliegue de redes de nueva generación y medidas específicas para proteger a colectivos vulnerables ante el riesgo de quedar al margen de la sociedad de la información.
El lema 2026: líneas de vida digitales y resiliencia de infraestructuras críticas
Para 2026, la UIT ha elegido el lema “Líneas de vida digitales para un mundo resiliente y conectado”, poniendo el foco en la dependencia creciente de nuestras sociedades respecto a la conectividad ininterrumpida. Redes terrestres, cables submarinos, satélites, data centers y sistemas de datos forman hoy la columna vertebral de la economía global y de servicios tan básicos como la sanidad, la energía, la movilidad, la industria o la administración pública.
El mensaje que se lanza a gobiernos, empresas y ciudadanía es claro: sin infraestructuras digitales robustas, seguras y bien gobernadas, el funcionamiento cotidiano del mundo conectado se vuelve frágil. Fenómenos climáticos extremos, ciberataques, fallos técnicos o incidentes en infraestructuras físicas pueden dejar incomunicadas regiones enteras y comprometer la continuidad de servicios esenciales.
La resiliencia digital no es solo una cuestión de invertir más dinero en redes o desplegar tecnología de última generación. Exige repensar cómo se diseñan, gestionan y supervisan esas infraestructuras, quién decide las rutas prioritarias en caso de crisis, cómo se protege a los usuarios y qué mecanismos de cooperación existen entre estados y sector privado para afrontar incidentes de gran impacto.
En este sentido, la UIT insiste en reforzar la cooperación internacional, la estandarización técnica y la coordinación entre países para garantizar que las “líneas de vida digitales” se mantengan operativas incluso en los escenarios más adversos. La resiliencia deja de ser un lujo y pasa a convertirse en una necesidad estratégica de primer orden.
Sostenibilidad digital: el eje del #diadeinternet 2026 en España
En el ámbito español, las actividades del #diadeinternet 2026 se articulan en torno al lema “Sostenibilidad en la era digital”. La propuesta invita a reflexionar sobre cómo el ecosistema tecnológico atraviesa todos los ámbitos de la vida cotidiana —desde el ocio hasta la administración electrónica— y sobre la responsabilidad de asegurar que ese desarrollo sea compatible con el medioambiente, la equidad social y la calidad democrática.
El acto central tendrá lugar el 18 de mayo en el Senado de España, convocado por el Comité de Impulso del Día de Internet, en el que participan diversas organizaciones de la sociedad civil. Durante la sesión se leerá el manifiesto “Sostenibilidad en la era digital” y se entregarán los Premios de Internet, que distinguen iniciativas en innovación, digitalización responsable y sostenibilidad digital en empresas, administraciones y entidades sociales.
Este evento será retransmitido en directo y busca subrayar el papel de Internet como herramienta al servicio del bienestar social, la igualdad de oportunidades y la protección del entorno. Además, se enmarca en una Semana de Internet que reúne a instituciones, empresas y organizaciones en actividades de sensibilización, campañas informativas y promociones en comercio electrónico a lo largo de los días anteriores y posteriores al 17 de mayo.
Un elemento clave de esta edición es el denominado “Manifiesto de San Millán”, firmado el 17 de abril en la localidad riojana del mismo nombre. Este documento propone un marco para orientar la transformación digital con criterios ambientales, sociales y democráticos, apostando por infraestructuras eficientes, software optimizado y modelos de economía circular, pero también por derechos digitales robustos y una participación ciudadana real en la gobernanza tecnológica.
El manifiesto insiste en reducir la huella ambiental de la tecnología —incluida la que no se ve, como el consumo energético de la inteligencia artificial y de los centros de datos—, proteger la privacidad, garantizar la accesibilidad para todas las personas y fomentar una educación digital crítica y consciente que permita a la ciudadanía comprender y cuestionar el funcionamiento de las herramientas digitales que utiliza a diario.
Sostenibilidad y consumo energético: el reto de la IA y los centros de datos
El crecimiento exponencial de la inteligencia artificial y de los centros de datos está impulsando un fuerte aumento del consumo energético asociado a Internet. Informes recientes de la Agencia Internacional de la Energía alertan de que la electricidad destinada a data centers podría incluso duplicarse hacia 2030, con la IA como principal motor de esta demanda adicional.
Este escenario ha llevado a gobiernos y reguladores, especialmente en Europa, a exigir más transparencia y control sobre los consumos reales de energía y agua, así como sobre la huella de carbono e hídrica de las infraestructuras digitales. La sostenibilidad digital ya no se limita a reciclar dispositivos: implica revisar de arriba abajo el impacto físico del ecosistema en la red, desde los minerales necesarios para los equipos hasta la climatización de servidores y el uso de recursos hídricos.
En España, el Gobierno trabaja en un proyecto de real decreto sobre eficiencia energética y sostenibilidad de los centros de datos, alineado con la regulación europea ya en vigor. Entre las obligaciones previstas figuran la notificación del consumo de energía (incluida la de origen renovable), del uso de agua —también potable—, la reutilización del calor residual y la elaboración de informes sobre el impacto social y económico de estas instalaciones en los territorios donde se ubican.
Este tipo de iniciativas apuntan a un cambio de paradigma: las infraestructuras digitales dejan de verse como un mero soporte intangible y pasan a considerarse equipamientos con huella ambiental tangible, sometidos a reglas similares a las de otros sectores intensivos en recursos. El debate sobre la sostenibilidad digital, por tanto, ya no es solo técnico, sino político y económico.
Desde el ámbito de la sociedad civil, voces como la de Miguel Pérez Subías, presidente de la Asociación de Usuarios de Internet, insisten en que la sostenibilidad debe integrar de manera obligatoria una dimensión social y democrática. No basta con ahorrar energía o reciclar, hay que garantizar que la tecnología sea accesible, segura, transparente y realmente útil para mejorar la vida de las personas, evitando que la concentración de poder en unas pocas plataformas acabe condicionando qué vemos, qué compramos y cómo se desarrolla la conversación pública.
Brecha digital, igualdad y derechos en la sociedad conectada
La conmemoración del Día Mundial de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información mantiene entre sus prioridades la reducción de la brecha digital en todas sus variantes: geográfica, económica, de género, de edad o de capacidades. Pese al avance de la conectividad, continúan existiendo diferencias notables entre países, regiones urbanas y rurales, y grupos sociales con más o menos recursos.
Los lemas de años anteriores reflejan esta preocupación. En 2025, por ejemplo, el foco se puso en la “Igualdad de género en la transformación digital”, resaltando la necesidad de cerrar la brecha que todavía afecta a millones de mujeres y niñas en el acceso a la tecnología, la formación digital y las oportunidades laborales en el sector. Sin su participación plena en educación, innovación, liderazgo y empleo tecnológico, la transformación digital corre el riesgo de reproducir desigualdades estructurales.
En 2024, el mensaje se centró en cómo la innovación digital puede ayudar a afrontar los grandes desafíos globales, desde el cambio climático hasta la pobreza o el hambre, siempre que se garantice que los países con menos recursos cuentan con inversión, capacidades y marcos regulatorios que les permitan subirse al tren tecnológico sin quedar relegados a un papel secundario.
Los derechos digitales —privacidad, libertad de expresión, neutralidad de la red o protección frente a decisiones automatizadas opacas— se consideran ya tan relevantes como los derechos civiles en el entorno físico. Organizaciones y expertos europeos advierten de que, sin un marco normativo claro y exigente, Internet podría convertirse en un espacio dominado por la opacidad y los abusos de poder, en el que la explotación masiva de datos personales y la concentración en unas pocas plataformas limiten la pluralidad y la autonomía de los usuarios.
En este escenario, la Unión Europea ha ido avanzando en regulaciones como el Reglamento de Servicios Digitales, la normativa de mercados digitales o los debates en torno a la IA, buscando un equilibrio entre innovación, competitividad y protección de derechos. España, por su parte, se alinea con estas políticas, integrando la dimensión de derechos digitales en su Estrategia Nacional de Ciberseguridad y en las iniciativas vinculadas a la transformación digital de la economía y la administración.
España, Europa y la ciberseguridad: confianza en la red
La ciberseguridad se ha convertido en un pilar básico para reforzar la confianza en Internet y en las nuevas tecnologías. La Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2019 de España, en sintonía con las prioridades europeas, subraya la importancia de consolidar un ecosistema cibernético seguro que permita avanzar hacia el mercado único digital y aprovechar el potencial económico y social de las TIC sin aumentar los riesgos.
En este marco, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), dependiente del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, impulsa distintas iniciativas de sensibilización y formación. Entre ellas, destaca una jornada nacional dirigida a centros educativos titulada “Seguridad digital para educar en tiempos de IA”, celebrada en Jaén, así como recursos específicos para familias, como un decálogo para el uso seguro y responsable de la tecnología en el hogar.
El objetivo es doble: por un lado, proteger a menores y jóvenes en un entorno cada vez más conectado, donde los riesgos van desde el ciberacoso hasta el acceso a contenidos inadecuados; por otro, fomentar competencias digitales que permitan identificar fraudes, gestionar la privacidad y desenvolverse con criterio en plataformas y redes sociales.
En paralelo, la profesión de los ingenieros e ingenieras de telecomunicación adquiere un protagonismo especial en esta jornada. Colegios profesionales y asociaciones recuerdan que detrás de cada red que funciona, de cada servicio digital operativo o de cada sistema que responde ante una emergencia, hay equipos técnicos que diseñan, despliegan, protegen y mantienen infraestructuras complejas.
Campos como las infraestructuras críticas, la ciberseguridad avanzada, las redes 5G y futuras 6G, la computación cuántica o las comunicaciones de emergencia colocan a estos profesionales en el centro de la transformación digital europea, con la responsabilidad de construir sistemas robustos, seguros y fiables que sigan funcionando incluso en momentos de máxima tensión.
Impacto social: salud, educación y economía en la era conectada
Más allá de la infraestructura, el Día Mundial de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información pone el foco en el impacto directo de las TIC sobre sectores clave como la salud, la educación y la economía. La tecnología digital se ha convertido en una pieza fundamental del engranaje de centros sanitarios, administraciones y empresas.
En el ámbito de la sanidad, el uso de Big Data e inteligencia artificial abre la puerta a diagnósticos más precisos, a una gestión más eficiente de los recursos y a nuevos modelos de atención personalizada. Los hospitales dependen cada vez más de sistemas de información interconectados para coordinar servicios, compartir historiales clínicos y monitorizar a los pacientes en tiempo real.
No obstante, especialistas en comunicación y salud recuerdan que el avance tecnológico debe ir de la mano de una mayor humanización del trato. Expertos como Julio García Gómez inciden en que la comunicación verbal, la voz, la imagen y la gestualidad siguen siendo esenciales en la relación entre profesionales sanitarios y pacientes, y que las herramientas digitales deben complementar, y no sustituir, esa cercanía humana.
En educación, las telecomunicaciones han multiplicado el acceso a recursos de aprendizaje, plataformas en línea y herramientas de investigación. La posibilidad de impartir clases a distancia, compartir materiales al instante o colaborar en proyectos internacionales depende directamente de la calidad y resiliencia de las redes, tanto en grandes ciudades como en entornos rurales.
En el terreno económico, la expansión de Internet ha contribuido a la productividad, el emprendimiento y la innovación, permitiendo a empresas y profesionales ofrecer servicios a escala global, reducir costes de transacción y generar nuevos modelos de negocio. Al mismo tiempo, obliga a revisar normativas laborales, fiscales y de competencia para adaptarse a una realidad en la que la economía digital ya no es un sector más, sino un componente transversal de toda la actividad productiva.
El desarrollo de las telecomunicaciones, en definitiva, ha tenido un impacto positivo en la calidad de vida, pero también plantea interrogantes sobre el reparto de beneficios, la protección de derechos y la sostenibilidad de un modelo que, si no se gestiona con cuidado, puede agrandar brechas sociales y territoriales.
En conjunto, la celebración del Día Mundial de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información 2026 busca recordar que las redes que sostienen nuestra vida cotidiana —desde los cables submarinos hasta los centros de datos— son tan esenciales como vulnerables, y que su evolución debe abordarse con una mirada integral que combine resiliencia técnica, sostenibilidad ambiental, justicia social y garantías democráticas, especialmente en el contexto europeo y español, donde la gobernanza digital se ha convertido en un asunto de primer orden en la agenda pública.